REPUBLICA DE HAITI REPUBLICA DO MINICAN A - [PDF Document] (2024)

REPUBLICA DE HAITI REPUBLICA DO MINICAN A - [PDF Document] (1)

COLECCI6N DEL TERCER CINCUENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA DE HAITI

DR. JEAN PRICE-MARS

LA

REPUBLICA DE HAITI y LA

REPUBLICA DO MINICAN A DIVERSOS ASPECTOS DE HISTORICO, GEOGRAFICO

UN PROBLEMA y ETNOLOGICO

TRADUCCI6N DE MARTIN ALDAO y JOSÉ LUIS Mui'loz AzPlRI

TOMO II

Oesde el origen de la poblaci6n de la isla antillana en 1492 hasta la evoluci6n de 109 dos Estados

que comparten la 80berania de

la misma en 1953

PUERTO PRINCIPE 9 5 3

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Deposito legal M. 10.629.-1958

IMPRESO EN ESPAJ\lA

INDUSTRIAS GRAFICAS ESPANA, S. L. - MADRID

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Colecci6n deI Tercer Cincuentenario de la Independencia de lIaitt

DR. JEAN PRIeE-MARS

LA

y LA

R EPUBLICA DOlVIINICANA DIVERSOS ASPECTOS DE UN PROBLEMA HISTORICO, GEOGRAFICO y ETNOLOGICO

TOMO III

Desde el origen de la poblacion de la isla antillana en 1492 hasta la evolucion de los dos Estados que comparten la soberanîa de

la mis ma en 1953

PliERTO PRINCIPE

1953

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Price-Mars, Jean, 1876-1969.

La república de Haití y la República Dominicana / Jean Price Mars. Puerto Principe : Colección del Tercer Cincuentenario de la Independencia de Haití, 1953.

3 v. (330, 239, 253 p.)

1. Haiti --Relations --Dominican Republic. 2. Dominican Republic --Relations --Haiti. 3. Haiti --History. 4. Dominican Republic --History.

=

1. Haïti - Relations extérieures -- République dominicaine. 2. République dominicaine -- Relations extérieures – Haïti. 3. Haïti – Histoire. 4. République dominicaine -- Histoire

CDD : 327.729407293 22

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CAPITULO PRIMERO

LAS NEGOCIACIONES DOMINICANAS CON LAS PO­

TENCIAS EXTRANJERAS. LA ENTRADA EN ESCENA

DE LOS EST ADOS UNIDOS DE NORTEAMERlCA

El 5 de diciembre de 1844. Santana, Presidente de la Republica Dominicana, acredito a José Maria Caminero en calidad de agente especial ante el Presidente John Tyler para solicitar el reconocimiento de la Republica Domini­cana coma Estado independiente.

Caminero presento la solicitud en los términos que si­guen a John C. Calhoun, secretarÎo de Estado, después de haber mantenido una entervista con dicho alto funciona­rio (1):

uSenor: La antigua parte espanola de la isla de Santo Domingo,

permaneci6 hasta principios de 1822 bajo el dominio de Espafia. Par una de esas fatalidades a las cua/es las na-

(1) WILLIAM R. MANNlNG: Diplomatie correspondance of the United States. Inter american affaira, 1851-1860. Washington, 1935, pag. 27.

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ciones se hallan sujetas y a consecuencia de Jacciones sur-

gidas de cambios poUficos, por un lado, y teniendo, por el otro, a enemigos naturales lI) como vecinos, el pais ha es­tado unido de Jacto, a la Republica de Haiti, la cual en este momento ocupaba la parte occidental de la isla, per­ieneciente antes a Francia. Dicha uniôn y la abolici6n de la esclavitud (2) que la sigui6, dieron origen a un trastorno general en las costumbres y principios de vida social, a los cuales los habitantes espanoles se hallaban habituados.

Después de haber soportado durante veinte anos el pesado yugo deI despotismo haitiano, los blancos domi­

nicanos (3) con objeto de poner Jin a sus padecimientos, mediante un esJuerzo de naturaleza contraria, se aprove­charon de la oportunidad ofrecida por la revoluci6n que derroc6 a Boyer, y en la noche dei 27 de febrero de /844 lanzGron el grito de independencia que fué coreado por todas las clases de la poblaci6n. Se apoderaron de la capi­tal de Santo Domingo li de otros puntos fortificados pr6-ximos y consiguieron al dia siguiente, 28, provocar la ren­Jici6n y capitulaci6n dei comando general dei distrito y

las fuerzas haitianas, las cuales pocos dias después se em­l-arcaron para Puerto PrÎncÎpe.

La nueva bandera dominicana fué izada sobre los edi­ficios li se nombr6 en la capital un gobierno provisorio, con el nombre de Junia Central de Gobierno, compuesla de once individuos, pertenecientes a distritos diversos y cuya auioridad Jué reconocida espontaneamenie por las oiras ciudades, animadas iodas del mismo entusiasmo li resuel­las a deJender, con las armas en la mano, la justa y noble causa de su amado paÎs.

Tai es d exacto y verdadero aspecto dd estado y orga-

(1. Z y 3) E.l subrayado es nuestro.

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nizacion de la nueVa Rep6blica Dominicana, la cual se considera calificada como para ocupar un puesto en el concierto de las naciones, en virtud deI reconocimiento que solicita de la magnanima nacion cristiana de los Estados Confederados de la Union Americana, a la cual se dirige, con preferencia, como jundadora de la libertad real en el Nuevo Mundo.

Con el reconocimiento de nuestro pais como Estado in­dependiente y el establecimiento de relaciones de amistad y comercio (entre nosotros y vosotros) , la Rep6blica Domi­nicana sera enteramente respetada, puesto que por la iden­tidad de nuestros intereses. el vigor de sus juerzas e ins­tituciones sera acrecido, restablecida la conjianza y reno­cados y florecidos la ciencia, el arte y el comercio. Final­mente, podra colocarse en una situacion segura de progreso y estabilidad.

La cuesti6n de su reconocimiento como Estado inde­pendiente puede ser resuelta ajirmativamente, ya que Ella r,o imp7ica responsabilidad de ninguna naturaleza, como en otros ca.~os. relativos a los estados que, hasta el dia de hoy, se presentaron con ifJual objeto en este hemis/erio.

En lo que respecta a la Rep6blica haitiana, cuya exis­tencia politica no ha sido reconocida por los Estados Uni­dos, debe considerar que no na efercido. ni podda naberlo hecno. dominacion legltima sobre la parte espafiola, por <:uanto su vergonzosa ocupacion ha sido jruto de un ver­dadero acto usurpador.

En 10 que concierne a Espafla, duefla antiguamente de este territorio y de la cu al los dominicanos eran s6bdttos. su indiferencia. indolencia y abandono, durante los vein­te aflos que estuvimos sometidos a la opresion y veja­menes de los negros de Haïti (l), mu estran y establecen

(1) El subrayado es nuestro.

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positivamente el derecho de los dominicanos a asumir su propia soberanfa y gozar con entera libertad de ella, cons­tituyéndose en estado independiente. Es incuestionable el hccho de que, al cesar la protecci6n de un soberano termina también el deber de obediencia de un subdito. Los habi­tantes de la parte espanola no habran de s~r abandonados­a una condidan peor que las demas Republicas dei Sur, las cu ales han sido reconocidas por Espana.

Con tal motivo, etc ....•

1 1

El 25 de enero de 1845 Caminero dirigio una nueva nota a Calhoun, en la cual explicaba como se forjo la unidad polltica de la isla bajo la administraci6n haitiana.

Declaro especialmente que Nunez de Caceres dio el nombre de «Haitl espanola » al nuevo Estado que acababa de constituirse el 30 de noviembre de 1821:

«La denominacion de "Haiti espafiola" -agrego- . coincidente con la de "Republica de Haitf" que habia sido ya adoptada por los negros y mulatas (1) que acupaban la parte franêesa de la isla , era un error ; contribuyo a limitar el entusiasmo e impedir la colaboracion de una parte de los habitantes. Por otro lado , la poblacion urbana no habla sido previamente advertida de dicho cambio polftico y no se les requirio informase dei punta a la opinion publica . Tai omision determino que el pueblo no aceptara con una­nimidad la celebracion de la independencia. La diferencia de puntos de vista provoco. en pocos dias , la oposicion de dos 0 tres lu gares en la parte septentrional a incitacion de algunos espanoles de origen europeo , hostiles a la libertad

(1) El subrayado es nuestro.

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americana. Enarbolaron la bandera de la Republica de Haiti en Montecristi, Santiago de los Caballeros, de acuerdo con el jefe de dicha Republica.»

Seguidamente Caminero explic6 c6mo Boyer aprovech6 de la disposici6n de los espanoles deI Cibao para rehusar la alianza ofensiva y defensiva, ofrecida por Nunez de Ca­ceres e invadi6 la parte deI Este el 12 de febrero de 1822, a la cabeza de un ejército de diez mil hombres, aboliendo la esclavitud, proclamando la Constituci6n de Haiti e impo­niendo leyes e instituciones haitianas, completamente di­versas de las espanolas. «Debido a dicha raz6n, nunca e~ tuvieron realmente unidas ambas naciones.»

Por ultimo, Caminero terminaba su nota diciendo que la porci6n de gente de color que existe en la parte oriental se compone «de mulatos y zambos», nacidos todos libres, sobre el suelo dominicano. Se mantuvieron unidos al blanco en la observancia de la religi6n y la moral, 10 cual es comun a todos los pueblos de la América deI Sur en que se en­cuentren los mismos tipos de humanidad».

1 1 1

John C. Calhoun, secretario de Estado. respondi6 el 21 de febrero de 1845 (1) a ambas notas. diciendo que las comunicaciones dirigidas por Caminero al Presidente de los Estados Unidos. y en las cuales el agente especial ofreda un resumen de los acontecimientos que condujeron a la declaraci6n de la independencia. por parte de la Republica Dominicana. habian sido sometidos al jefe deI Estado y

examinados por éste con la mayor atenci6n. En 10 que respecta al reconocimiento de la Republica

Dominicana. como estado independiente. objeto de sus

(1) MANNING: Op. cit .• pags. 3 y siguientes.

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gestion es , el secretario de Estado informo al agente espe­cIal que el Presidente de los Estados Unidos esperaba que la nueva nacion supiera mantener la independencia conquis­tada. A mas, el Presidente le habîa dado instrucciones para que, de acuerdo con los usos establecidos por el gobierno en parecidas circunstancias, se enviase un comisario en­cargado de examinar los hechos y circunstancias relativos a la situacion dominicana y de informar acerca de ellos al poder ejec'utivo, antes de tomar ninguna decisi6n al res­pecto. Con tal objeto, el Departamento de Estado nombro a John Hogan, de Nueva York, en caracter de comisiona­do encargandolo de investigar en la Republica Dominica­na todos los aspectos de la vida publica y de elevar un informe acerca de ellos, en el menor tiempo posible.

IV

Tai coma acabamos de senalar en el documento con­signado, Calhoun dirigi6 las siguientes instrucciones a John Hogan:

((Los puntos acerc'a de los cuales debera especialmente encaminar la investigaci6n, son los que siguen:

» 1.0 Determinar los lImites deI territorio sobre el cual el gobierno dominicano ha proclamado jurisdicci6n.

»2. 0 Especificar el caracter y composici6n de la po­blaci6n de dicho pals y el grado de inteligencia de los me­jor dotados. (. Hay unanimidad de criterio en todas las c1a­ses acerca deI mantenimiento de la independencia?

»3. 0 Determinar el numero, disciplina y equipo de las tropas. (. De cuales fuerzas regulares 0 irregulares podrîa disponer en caso de emergencia?

»4. 0 Determinar la proporci6n de europeos, africanos

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y razas mestizas que entran en la composiciôn de esta po­blaciôn. su disposiciôn mutua hacia las autoridades existen­tes y los nombre y canicter de las principales personas que componen el Poder ejecutivo. legislativo y judicial de di­cho gobierno .

)}5.0 Informar acerca deI sistema financiero y los re­cursos de la Republica respecto deI comercio exterior. In­terior y de cabotaje. (Tiene conexiôn con algunas poten­cias extranjeras?

En una palabra. Hogan debla informar acerc'a de todos los puntos indic ados en el memorial de Caminero. cuyo texto ofrecemos. y sefialar cualesquiera otros asuntos rela­tivos a la mision de que se hallaba investido .

v

Por su parte. con fecha 22 de febrero de 1845. Caminero escribla a Calhoun para acusar recibo de la respuesta que se habla dado a su pedido y rogar al secretario de Estado le hiciera conocer la decisi6n. tomada por el gobierno. ya que el tiempo apremiaba.

Ademas. acentu6 el interés que existla porque la gran Republica Federal ayudara a América a sustraerse a toda in­fluencia europea. merced a la fuerza de sus recursos y el poder de sus instituciones.

Estaba persuadido. ademas. de que Hogan tropezarla con el cuadro exacto que él. Caminero. habla presentado acerca de la situaci6n dominicana y que el gobierno nor­teamericano reconocerla prontamente la independencia do­mInlCana. tanto mas cuanto que «el firme establecimiento de .. esta independencia" redundana en beneficio de la

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mayor seguridad de las islas y posesiones vecinas, donde existe la esclavitud, considerando que los dominicanos se han liberado de los negros haitianos, atenuando as! el mal ejemplo ofrecido por dichos negros, y limiMndoles, a la vez, su capacidad para usurpar territorio ajeno» (1) (2).

VI

Hogan parti6 en seguida para Santo Domingo, y al Ile gar a destino dirigi6, el 12 de junio de 1845, un memorial a Bobadilla, ministro de Relaciones Exteriores. Al mismo tiempo. recab6 informaci6n circunstanciada sobre los pun­tos que estaba encargado de examinar. de Abner Burbank y Francis Harrison (3), dos norteamericanos que residlan en el paIs. Pocos meses mas tarde. el 4 de octubre de 1845. rend la cuenta de su misi6n al Departamento de Estado. en un documento muy extenso. cuy os pasajes mas salientes pueden ser resumidos deI siguiente modo:

Exalta, en primer lugar. la excelente posici6n geografi­ca de la isla de Haitl, la cuaI. colocada en el centro dei archipiélago antillano. ofrece los mejores recursos marlti­mos para la esta dIa de los navlos y las mas favorables po­siciones para el es~ablecimiento eventual de estaciones car­boneras.

Habla de las principales riquezas de la parte deI Este: la cana de azucar, el tabaco y el algod6n, extendiéndose sobre la posibilidad de aumentar su desarrollo. Se extasIa ante la valuaci6n de las riquezas deI subsuelo que adquirie­ron en el pasado legendario renombre. Estima en alrede-

(1) MANNINC: Loc. cit.. pag. 32. (2) El subrayado es nuestro. (3) CHARLES CAILAN TANSH..: The United States and Santo Domin­

go. 1798-1873, Baltimore. The John Hopleins, 1938. p&g. 126.

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dor de 230.000 aImas la poblaci6n de la parte oriental. cuarenta mil de las cuales son negros. Concluye. en fin. senalando que. si se de jar a a la Republica Dominicana en libertad de proseguir. sin interferencias extranas. con sus propios destinas. se encontrara en condiciones de poder de­fender su independencia (1).

Tai fué también la opinion de Burbank y Harrison. apo­yada por la deI obispo cat61ico Portas y la dei pastor meto­dista Stevenson. quienes habî'an provisto algunos de los ma­teriales sobre los cuales Hogan construyera su investigaci6n.

Dicho informe encuadraba en el estilo de la convenien­cia deI momento. ya que Calhoun. al confiar a Hogan la misi6n que debîa cumplir. hubo de advertirle que el Presi­dente era favorable a la causa dominicana. El informe no Ilego al Departamento de Estado sino bajo la administra­cion de Polk. en la cual Buchanan se desempefiaba como secretario de Estado.

Aun cuando. unD y otro, asignaran importante valor al documento que les fuera sometido a examen, no creyeron. por elIo. fuese menos oportuno. de jar de designar un nue­vo investigador de la situacion dominicana. La eleccion recayo en el teniente David D. Porter. quien llego a Santo Domingo en mayo de 1846.

Reyford W. Logan pone de relieve, a este proposito, que el hecho que la administraci6n hubiese elegido un ofi­cial de marina para cumplir con esta tarea sugiere la idea de que habla necesidad de confirmar el valor estratégico de la bahta de Samana. ante la perspectiva de posibles disensio­nes con Gran Bretafia en la disputa anglonorteamericana de Oregon, y, en vIsperas de la gue rra con Méjico. en momen­tos en que prevaleda la doctrina deI mani/est destiny (2).

(1) MANNINC: Loc. cil.. pags. 34 a 41. (2) RAYFORD W. LOCAN: Diplomatie relations of the United States

w.th Haïti, 1776-1801, Chapel Hill the North Caroline Press, 1841. p. 240.

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De cualquier modo que fuese, el teniente Porter, des­p,-,és de haberse puesto en contacto con las autoridades dominicanas y recorrer el territorio del pais, expres6 una opini6n no tanto entusiasta acerea de las aptitudes de este pueblo -al menas ·en dicho momento-, para gober­narse por SI mismos, aun cuando 10 colocase por encima de su vecino, el pueblo haitiano. respecto de dicha dis­posici6n. Pero asign6, también él. grandisimo valor a los productos naturales deI pals, cuya explotaci6n merecla ser intensificada.

La guerra que esta1l6. en mayo de 1846, entre los Es­tados Unidos y Méjico. con motivo de California, oblig6 a suspender momentaneamente toda politica activa deI go­bierno norteamericano en las Antillas. Polk. inquieto, con todo, por la agitaci6n a la cual se libraban ciertos perso­najes rumorosos en Santo Domingo. en favor de un pro­tectorado sobre el paIs en beneficio de cualquier potencia europea, decidi6 enviar aUl a Francis Harrison. en calidad de agente comercial.

En su corta permanencia. Harrison no dej6 de senalar que la marina francesa efectuaba incesantes sondajes en la bahia de Samana. Dichos trabajos reforzaron el interés de los partidarios del plan que anhelaban la intervenci6n de Francia en los asuntos dominicanos.

Harrison muri6 de forma imprevista. y el Departamento de Estado confi6. entonces, a Jonathan Elliot. la tarea de proseguir con la misma polftica de observaci6n atenta de la situaci6n dominicana. En dicho intervale, se oblig6 a Santana. que se encontraba enferme. a retirarse a su pro­piedad de Seybo. A ello, sumaronse. ademas. los proble­mas de la lucha con las dificultades de la polftica partida­ria. todo 10 eual le oblig6 a dimitir.

El 4 de septiembre de 1848. Manuel Jiménez. que aca­baba de ser nombrado ministro de Guerra en el ultimo

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gabinete de Santana y conspiraba contra su jefe. fué ele­gido Presidente de la Republica Dominicana. con la una­nimidad de votos del Congreso.

El nuevo Presidente no pareda muy apto para enfren­tar los problemas. y aun los peligros. que se cernian sobre la comunidad dominicana ·en esta grave hora de su exis­tencia. HDedicaba la mejor parte de su tiempo a la prepa­racion y adiestramiento de sus gallos de pelea y a los en­cuentros en el redondel. Alli era donde haMa que enviarle frecuentemente las actas oficiales para que las firmase»). asegura Benjamin Green (1).

VII

Con motivo de la iniciativa belicosa tomada por los hai­tianos. al otro lado de la frontera. la situacién comenzaba a revestir un caracter de excepcional gravedad para sus vecmos.

En efecto. el 6 de marzo de 1849. Soulouque abando­naba Puerto PrIncipe a la cabeza de un ejército de 18.000 hombres. y luego de una marcha fulmfnea, llegaba a Mi­rebalais en el mismo dia. El 9 de marzo. en las Cahobas. dividi6 sus tropas en varias columnas. bajo la direcci6n de los generales Thomas. Héctor. Louis-Michel. GeHard. Bobo. Vincent y Jean Francois (2) ..

Atac6 vigorosamente Las Matas. en San Juan, y la tomo por asalto. Los dominicanos establecieron sus lî'neas en T a­bara. perseguidos por el ejército haitiano. En dicha loca­lidad hubo un severo encuentro que duro cuatro horas, en el transcurso dei cual se distingui6 especÎalmente Fabre

(1) BENJAMiN E. GREEN: Rapport au Secrétaire d'Etat John M. Clay ton du 27 septembre 1849. Manning, op. cil., p. 46.

(2) JusriN Bouz6N: Op. loc. cit., p. 132.

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Geffrard. quien a consecuencia de la hazana recibi6. mas tarde. el tÎtulo de Duque de T abara. El enemigo. derrotado. se retir6 sobre Azua. donde connaba detener al invasor.

Dos dias mas tarde. Soulouque continuo con su ofen­siva victoriosa en direcci6n de Arua. El 6 de abril empe­nose otro sangriento combate en los alrededores de dicha ciudad, que oblig6 a los dominicanos a evacuar el punta precipitadamente, luego de perder una bue na parte de los efectivos en el famoso encuentro.

De hecho. el ejército de Soulouque pare da irresistible. Lo cierto es que el ininterrumpido avance de las tropas

haitianas habÎa originado suma confusi6n en Santo Damin­go y despertado la mas viva consternaci6n en todas sus fuerzas sociales.

Jonathan Elliot, en un mensaje deI 24 de abril de 1849. al secr-etario de Estado. John M. Clay ton. anuncia 10 si­guiente:

«El ejército haitiano se halla sobre nosotros. Casi todos los grandes comerciantes han embalado ya sus mercandas y las han expedido a las islas vecinas. donde piensan tras­ladarse con sus familias. La ciudad (de Santo Domingo) esta llena de mujeres y ninos provenientes deI campo. Se terne falten alimentos. Los dominicanos han solicitado la pro­tecci6n de Francia y esperan una respuesta (dei gobierno francés) que debera llegar aqui dentro de cuatro dias. El capitan Warren, deI barco de S. M. T ricomalee. actualmen­te en la rada. me ha ofrecido todos los recursos de que ne­cesite en casa de urgencia. Grandes cantidades de merca­deri'as. pertenecientes a exporta dores de Nueva York. han sido confiadas a mi recaudo.

)lEI Presidente me confes6 que estaba resuelto a incen­diar la ciudad. antes que entregarla a los haitianos ... )) (1).

(1) MANNING: Op. lac. cit.. p. 42.

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En confirmaci6n deI testimonio transcrito, reproducimos copia de la carta escrita por José Maria Caminero, nombra­do ministro de Relaciones Exteriores en medio deI trastor­no poHtico provocado por el pimico de la proximidad deI ejército haitiano:

Santo Domingo, a 19 de abril de 1849 (1).

José Maria Caminero, Ministro de Relaciones Exteriores de la Rep{zblica

Dominicana, al ST. Place, Consul/rancés.

Senor Consul: T engo el honor de haceros saber que el Congreso Na­

cional, en su sesi6n dei 19 de abril, a la cual asistieron el Presidente de la Rep{Zblica y sus cuatro ministros, ha re­suelto, como primera y pronta medida, solicitar y colocar a la Rep{zblica Dominicana bajo la protecciôn de la Repu­blica Francesa.

Con toI motivo, etc ...

VIH

La alarma fué terrible y los dominicanos se encontra­ron desesperados ante la situaciôn. Benjamin E. Green. designado el 2 de mayo de 1849 sucesor de Jonathan Elliot. Ieprodujo, en su informe deI 27 de septiembre de clicho ano, el verdadero aspecte de la comunidad dominicana. en el momento preciso en que Soulouque amenazaba c'on plantar sus tiendas al pie de los muros de Santo Domingo.

«Jiménez, escribi6, ocupado en su favorito entreteni-

(1) MANNING: Op. loc. cit .• p. 47.

17 TOMO Ill.-2

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miento de la rina de gallos. no ha tomado ninguna medida para rechazar al enemigo 0 fortificar. siquiera. la defensa de la capital. Reinaba un ambiente de absoluta conster­naci6n. Entonces, el Congreso emitie un vibrante llamado de auxilio a Santana. que se encontraba en Seybo. para im­plorade aceptase venir a tomar medidas en defensa de la séllvaci6n publica» (1).

Santana obedeciô al l1amado y se dirigi6 a la capital. Reunie alH los restos de las fuerzas dispersas. die nuevo valor a los animos y marché hacia Azua para conjurar el temible peligro de una victoria total de los odiados hai­tianos.

Encontre a las tropas de Soulouque a orillas dei Ocoa. La vanguardia haitiana franque6 el lecho casi seco dei

torrente y escale el talud opuesto para desplegarse en la otra ribera y rechazar a los dominicanos dispersos que. en numero reducido, se encontraban al este deI valle. cuando. de pronto, sonaron extranos clarines tocando a retirada.

c Qué? (Retirada? Hubo un momento de estupor entre las tropas que mar­

cha ban a través de este espacio estrecho. La victoria les sonreîa ya que eran mas numerosas que las del adversario. mejor armadas. mas aguerridas y con mas c'onfianza en SI mÎsmas, por los triunfos anteriores.

AI estupor. sucedi6 el desbande. Los dominicanos hicieron facil presa de los fugitivos

enloquecidos. Y. al parecer. las tropas haitianas. domina­das por el panico. cerca de la babla de Ocoa. ·en procura deI camino de vuelta al Oeste. fueron acogidas por el bombardeo de la Aotilla dominicana anclada en la bahla, acci6n que multiplic6 la confusién y el extravlo.

Pero ë quién habîa dado la orden para el toque de re-

(1) MANNNINC: Op. loc. cit .• p. 46.

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tirada? é El propio Soulouque, general en jefe? é Y pOf

qué? è A cuales signos, impresiones 0 consideraciones cre­y6 oportuno ceder, si es que fué él el autor de la orden?

Hasta ahora ninguna respuesta ha si do dada ni ninguJ1a explicaci6n se ha provisto sobre este golpe de escena. r~s posible suponer atm, que se haya impuesto aIli menos un factor militar que una circunstancia psicol6gica, ya que, <."n realidad, no se necesita ser un técnico ni un estratega para saber que, en un hecho guerrero, la noci6n de retirada Je t.na tropa empefiada en combate, no es concebible sino cuando el comandante advierte la debilidad de la respuesta de sus efectivos ante el fuego adversario, ya por un doble­gamiento de sus fuerzas, ya por la falta de municiones, ya por las bajas experimentadas 0 por el desgaste de una lar. ga batalla, acompafiado por la llegada de refuerzos frescos al ejército enemigo.

Nada de esto sucedi6 en Ocoa. Al contrario, nos en­c.ontrabamos al comienzo de la bataIla. El ejército haitianc> se- hallaba en plena actividad combatiente y mejor arma­do que su adversario. é Como explicar entonces la brusca retreta?

Quiza Soulouque haya sido asaltado por alguna repen­tina oleada de terror y desconfianza por la situacion polf·· tica en Puerto Principe, donde germinaba la pesadilla de las conspiracio·nes. Durante su avance por tierra do mini­cana envio, en efecto, la orden, firmada en su cuartel ge­neraI. de detener y encarcelar a Similien, el ex jefe de su guardia.

é Penso, acaso, en que una prolongaci6n de las Hneas guerreras, hasta el propio Santo Domingo, hubiera sido fa­tal para su permanencia en el gobierno?

Lo cierto es que se apresuro y lleg6, a marchas forza­das, a Las Matas. Luego, abandono completamente el te­rritorio dominicano y volvi6 a Puerto Principe.

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Seme jante actitud, t podn~. ser explicada c'on razones mi­litares 0 psicologicas?

En todo caso, si nos remitimos a la justificaci6n que el propio Soulouque dio de su retirada, deberemos dete­nernos en motivos de orden psic'ol6gico, cinéndonos al texto de la proclama oficial de Le Moniteur, deI 5 de mayo de 1849, donde se ofrece la siguiente version deI asunt,:) de Ocoa:

(( j Soldados! De triunfo en triunfo habéis llegado hasta las orillas de Ocoa. Ocupabais en dicho sitio una posicion cuyas ventajas hubieran permitido conduciros todavia mâs lejos. Pero no cre! deber abusar de vuestro valor» (1).

Magnifico eufemismo para disfrazar una derrota a la cual se quiso convertir en clamorosa victoria, ya que el re­greso de Soulouque a Puerto Principe fué saludado con acla­maciones y la celebracion de un Te deum ,en acci6n de gracias.

Soulouque explot6 el estado de espiritu engendrado por el miedo, la cobardia y la intranquilidad, para hacerse proclamar emperador, el 25 de agosto de 1849, en medio de una atm6sfera artificial de fastos, lujo y grandeza.

En todo caso, la inflexible voluntad, el puno brutal. la rigurosa firmeza, sobre las cu ales se apoyaba su carâcter obstinado, y de las que eran testimonio fehaciente sus dos anos de' gobierno, hadan presagiar un terrorifico reinado imperial, tejido de audaces iniciativas y tentativas osadas.

Dicha particular aprensi6n inquieto a las esferas inter­nacionales y movilizo la atencion de las cancillerias en torno a las posibles consecuencias de la tension haitiano­dominicana.

(1) GUSTAVE D'ALAUX: L'Empereur Soulouque et son Empire. Pa· ris. 1865, pag. 193.

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REPUBLICA DE HAITI REPUBLICA DO MINICAN A - [PDF Document] (21)

IX

AI otro lado de la frontera, en Santo Domingo, a pe­ser de la derrota haitiana, subsistla el temor por un retor­no ofensivo de Soulouque, 10 cual inspir6, al decir de

Green, una reforma basica en el gobierno. Santana, acla­mado una vez mas como salvador de la patria, inspir6 una revoluci6n palaciega. Jiménez fué obligado a dimitir, y Baez elegido en su lugar. El palS continuaba pres a de in­mensa inquietud. Las gestiones para el protectorado ex­tranjero se multiplicaban en todas las cancillerlas. F ué en dicha ocasi6n que Green escribi6 a Clay ton las siguientes palabras henchidas. de vivacidad e ironia: ((El mas acérri­mo de los cat61icos aceptaria aqui la protecci6n deI judio, el infiel 0 el turco antes que volver a caer bajo la domina­ci6n haitiana)) (1).

Y la oferta dei protectorado, a cualquier potencia eu­ropea 0 americana, prosigui6 con ardor incansable. Tenia por objeto, no solamente defender a la comunidad domi­nicana contra toda eventual dominaci6n haitiana, sino ase­gurar definitivamente la supremada blanca en el palS, y anular, para siempre, la primada deI eIemento negro. La diplomacia dominicana no ceso de hacer valer este punto d~ vista; creyose a punto de realizar estos deseos, cuan­do Francia, Inglaterra y Espafia reconocieron la indepen­dencia dominicana. y fueron imitadas, tiempo después, por los Estados Unidos, los cuales le propusieron la con­clusion de un tratado de comercio. amistad y navegacion.

Sin embargo, ningl1na de dichas potencias consintio en comorometerse a establecer un protectorado sobre la Re­publica Dominicana.

ASI y todo, la actitl1d negativa de di chas naciones no

(1) MANNING: Op. loc. cit., p. 46.

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descorazono a Baez. quien continuo siendo partidario en­carnizado deI protectorado a cualquier precio. y. como sus simpatfas -hasta ese momento- se inclinaban hacia Francia. empefiose en hallar por dicho lado la solucion deI problema.

La indicada tendencia provoco cierto maiestar en los animos deI cônsul inglés y el agente norteamericano. quie­nes trataron de neutralizarla. Desde entonces. iniciose una sorda competici6n entre los representantes de las tres gran­des potencias en Santo Domingo. para saber quién de ellos obtendrîa el triunfo en la lucha de influencias que cada cual libraba para hacer prevalecer los intereses de su pals sobre el de los otros.

En la primera entrevista que Green, agente norteame­ricano. mantuvo con el nuevo ministro de Relaciones Ex­teriores. Manuel Delmonte, tratô de demostrar que ni Fran­cia ni Gran Bretafia en sus posesiones de las AntiIlas. ha­blan dado pruebas de establecer buenas administraciones en favor de dichas colonias. y que un gobierno dominica­no no podîa esperar de dichos palses ning6n meioramien­to en la economîa nacional si consentla en colocarse bajo su protectorado.

A la cual. el ministro respondiô lôgicamente con la pro­puesta de que los Estados Unidos se sustituyeran a ambas potenClas en la posibilidad de aceptaciôn dei protectorado dominicano.

El agente eSQuiv6 la propuesta alegando que. a su go­bierno. le agradana mucho mas ver a los propios domi­nicanos como duefios y defensores de su independencia.

La situaci6n permaneciô aSI durante alg6n tiempo. con­fusa y alarmante.

BenjamIn E. Green. resolvi6 hacer c'omprender con claridad a Washington ~a necesidad que tenia el gobierno norteamericano de poseer una base estratégic'a en este sec-

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tor de la cuenca del Caribe. 'lue bordea las costas meridio. nales de los Estados Unidos. A mas. subray6 la idea de fo mentar el ascendiente de la raza blanca sobre el territorio dominicano. coma medida defensiva contra las intenciones y objetivos de Soulouque. Admitie. con todo. que los mes­

tizos y los negros eran superiores a los blancos en la co­munidad dominicana. A tltulo de ejemplo. sefial6 que San­tana y Baez eran mestizos de blanco y mujeres de color. pero haciendo resaltar también que el prestigio deI blanco en -el pais habla adquirido tanto valor que todos deseaban hacerse pasar por tales.

A este respecto. dijo. no es raro olr afirmar al negro mas auténtico que pertenece a la raza caucasica. ((Soy negro. pero negro blanco. Aunque tenga el cutis negro mi cora­zen es blanco» (1) (2).

<lDespués de haber reflexionado mucho acerca de estos problemas de raza. agrege. pienso que debemos, no sola­mente reconocer la independencia dominicana. sino ayu­dar a este pueblo en la forma mas efectiva posible. ofre­ciéndole ayuda, no tanto en razon de nuestros beneficios comerciales, si no a causa de la pugna entre haitianos y do­minicanos. por el lugar que correspondera a la raza blan­ca en esta isla. Mas aun. El objeto de la guerra (haitiano­dominicana) es la instauraci6n de un pueblo de pura raza negraen la isla, punto éste al cual se aspira a hacer cen­tro de un imperio negro que debera extenderse por todas las Antillas... El emperador que acaba de coronarse. se propone efectuar la reconquista deI territorio dominicano como primera etapa de dicho plan. incitando a los negros de Cuba y Puerto Rico a levantarse y unirse con él.

llPor improbable que parezca (el triunfo) de este proyec-

(1) En francés y espaiiol en el original (N. deT T.) (2) MANNING: Op. lac. cil.. p. 46-60.

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toen este momento, no me cabe duda alguna de que es acariciado n.rmemente por Soulouque. Y si consiguiera, por las armas 0 por mediaci6n de Francia, restablecer sus po­deres aquI (en Santo Domingo), ter~inarlan por ocasionar­nos -él 0 sus sucesores- fastidios muy serios, no s610 en Cuba y Puerto Rico, sino en nuestros propios Estados deI Surn (1).

TaI era el temor que inspiraba 10 que podrlamos deno­minar el iluminismo negro atribufdo a Soulouque.

En tal modo, la disputa haitianodominicana revestfa un significado que sobrepasaba la simple noci6n de un pro­blema de indivisibilidad territorial de la isla de Haitl 0 deI derecho a la independencia nacional de la comunidad do­minicana; se ampli6, agrand6 y tom6 la n.sonomla drama­tica de un antagonismo de razas, enfrentando el grupo in­n.nitesimal de unos seiscientos 0 setecientos mil negros y mestizos haitianos con los centenares de millones de blan­cos europeos y americanos; lleg6 a tomar la altura de un problema ético, por cuanto los adversarios de Soulouque velan, en el establecimiento deI imperio, un motivo de desasosiego para la existencia misma de la esclavitud, en la cual se apoyaba la economla de los estados meridionales de la Uni6n y de las posesiones coloniales europeas en la zona deI Caribe. Hait! se transformaba ipso facto en la reivindicadora deI respeto de la dignidad de la persona humana, la campeona de los derechos deI hombre, cuales­quiera fuesen su color 0 su estirpe. El estatuto de naci6n negra independiente de Haitl, representaba una anoma­Ha internacional, una amenaza de conflictos internos para la seguridad social de las otras naciones de este hemisfe­rio, fundada sobre la mas abominable de las iniquidades.

Nada importa que el propio Soulouque estuviese pro-

(1) MANNING: Op. loc. cit., p. 46.

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bablemente muy lejos de sospechar que encarnaba un tal poderfo ideol6gico.

Por otra parte. tenfa a su lado a hombres de gran valer que integraban su elenco de gobierno. c'omo al menor de los Salom6n y a Francisque. que fueron partidarios deci­didos de una polftica enérgica con los dominicanos. El jefe de la cancillerfa haitiana. al cu al correspondfa la tarea de sostener los derechos deI pafs. era. a mas. el general Du­frêne. duque de Tibur6n. cuya ((apariencia. maneras e in­teligencia cuItivada» (1) ha celebrado Walhs. lntratable negr6fobo. a cargo de una misi6n deI Departamento de Estado en Puerto Prfncipe. en 1850; al mismo personaje al que John Bigelow. diplomatico y escritor norteamericano ha rendido el siguiente tributo:

((No conozco polftico que ostente. mejor que éI. los sig­nos externos de una alta ilustraci6n» (2).

y nada digamos deI propio Soulouque. quien mantenfa la inRexible voluntad de que los dominicanos volviesen a la un id ad nacionaI. de acuerdo con la divisa de ((un solo territorio y una sola bandera».

Por cierto que la tradici6n ha hecho de él un personaje tragicomico. espanto y hazmerrefr de su tiempo.

El recuerdo de las innumeras hacatombes que jalonaron su presidencia y su reino imperial. el régimen tiranico que impuso implacablemente a la comunidad haitiana durante doce anos. el espanto que su nombre inspir6 y el ridlculo con que la prensa extranjera cubrio sus menores gestos y actos. han hecho de él un monstruo temible. una especie de mito malé6co deI paIs de las leyendas.

Con todo. si Soulouque no hubiese sido nada mas que ese personaje grotesco e inquietante cuyo per6l historico

(1) TANSIL: Loc. cil.. p. 159. (l) LOGAN: Loc. ci!.. p. 253.

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se ha perpetuado a través de las edades, no habrî'a pasado de un buf6n neroniano, de un aventurero polî'tico, al cual el hado maléfico habrî'a elevado al poder para desolaci6n y vergüenza de Haitl.

y bien, crea que dicha imagen tiene algo de cari ca tu­resco, transmitido por sus innumerables adversarios y el miedo burgués que inspiraba.

No negaré la violencia y crueldad de algunos de sus actos, ni excusaré las anacr6nicas extravagancias de su im­perio 0 las graves faltas de su gobierno en muchos dominios de 10 administrativo; pero reivindico para él el hecho de que ningun jefe de Estado haitiano ha llevado a un punta mas alto el celo por defender el paî's de la codicia extran­jera, ninguno ha desafiado con mayor arrogancia las ame­nazas de las potencias coligadas para reconquistar 10 que él crela fuese una parte deI patrimonio nacional. ninguno ha puesto mas obstinaci6n y grandeza en salva!ruardar la integridad de su patria negra contra el imperialismo dt" las naciones blancas. disfrando de humanidad. que las movla a intervenir en la disDuta haitianodominicana en favor de una comunidad. a la cual. la comolacencia in­teresada !"le ciertas cancillerî'as querî'a convertir en naci6n

de raza blanca. y par cuanto habla en el fondo de la disputa haitiano­

dominicana una cuesti6n de supremacla de razas. debere­mas inclinarnos ante la arrogancia de Soulououe. en quien encarn6se. a mediados deI siglo XIX. el onmllo altivo deI negro oue se alzaba contra el dogma de la suprem?'cla de la ra7a blanca ante el resto de la humanidad.

Veamos al humilde soldado. surgido de las filas subal­ternas deI eiército y elevado a la dignidad imperial. con el nombre de Faustin 1. en el ejercicio de sus augustas fun­

clOnes. ((Este personaje inculto habî'a sabido encontrar, de3de

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el primer momento. la oHmpica majestad de los semidio­ses)) (1).

Frente a Francia. lnglaterra y los Estados Unidos. su po desempeiiar su papel con una gravedad y dosis de presti­gio que logré imponerse a sus adversarios.

En 1850. los dos primeros de dichos palses. habian re­conocido la independencia dominicana. y el tercero. se aprestaba a hacerlo. obstinandose. ademas. en no admitir a Haitf en el numero de naciones independientes. para que los altos dignatarios de la Unién no tuviesen oportuidad de hacer buenas migas con un diplomatico negro en Wash­ington.

Tai era la peculiaridad de nuestra posicion internacionaI. después de cuarenta y siete aiios de vida auténoma, y el ejercicio de un intercambio comercial importante con todas las potencias extranjeras Y. principalmente. a los Estados Unidos.

Ahora bien. la guerra haitianodominicana habîa conti­nuado despertando el mas vivo interés entre estas tres na­ciones. las cuales. celosas entre ellas. no querian conceder­se mutuamente el privilegio de instalarse como dueiias en las orillas deI Ozama, tanto desde el punto de vista comer­cial como poHtico. reservandose para sI. problemente. el èerecho de aprovecharse de alguna oportunidad histérica para cumplir con un proposito oculto e inconfesable.

Empero. los gobiernos dominicanos. inquietos por no poder defenderse indefinidamente de nuevas invasiones haitianas. no ceiaban en ofrecer la comunidad. en forma su­cesiva 0 simultanea, al protectorado de alguna de las tres potencias. Ninguna de ellas acent6 desempefiar el panel que les era propuesto. S610 se hallaban aparentemente de

(1) FRÉDrnlc MARCELIN: Ducas Hippolyte, son Epoque, ses Oeut/res. Puerto Principe. 1878, p. 8.

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acuerdo en un punto, 0 sea. el de impedir que el gobierno haitiano volviese a emprender nue vas expediciones milita­

res en la parte oriental. Un juego diplomatico premioso comenz6 a realizarse entre las c'ancillerlas inglesa, france­sa y norteamericana. El intercambio de notas prosigui6. con ritmo acelerado, para encontrar una f6rmula aceptable

sobre un modo colectivo de intervenci6n ante el gobierno haitiano, a fin de cercenar la libertad de éste para volver

a emprender la ofensiva contra los dominicanos.

lnglaterra parecîa dirigir la coalicion.

En junio de 1849. Lord Palmerston. sec'retario de Es­ta do en el Foreing Office, escriMa a Schomburg, con;;ul

britanico en Santo Domingo. que ccel gobierno de S. M. no tenla ningUn interés especial en gastar dinero y hacer co­

rrer la sagre de sus subditos interviniendo militarmente en la disputa haitianodominicana. Pero no por eso se hallaba

menos dispuesto a sugerir la conciliaci6n y la paz entre ambos pueblos en guerran (1).

19ual polftica practico, hasta el ano siguiente. el F 0-

reign Office.

Sin embargo, el 1.° de marzo de 1850, Clay ton, secreta­

rio de Estado de la Uni6n. mantuvo una conversaci6n con Sir Henry Bulwer. ministro plenipotenciario de S. M. B.

en Washington. en el curso de la cual hizo saber al diplo­

matico inglés que el gobierno norteamencano no tenfa nin­guna intenci6n de tomar bajo su protecci6n a la Republica Dominicana. pero que en la disputa entre dicho pais y Haitl «los blanc os norteamericanos acordarlan todas sus simpa­das a los blancos (dominicanos) empefiados en la lucha y

que le resultarîa grato ver a los Estados Unidos. Gran

(1) F. O. 27/836. nnm. 268 en TANSIL: Op. loc. cit .. p. 144 y siguientes.

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Bretana y Francia asociarse para conseguir la cesacion de hostilidades entre ambas razas» (1).

El diplomatico inglés transmitio la proposicion a su go­bierno.

Siguiendo el mismo orden de ideas. Lord Palmerston, en junio de 1850. ordeno a Lord Normandy, plenipotenciario inglés acreditado en Paris. hiciese saber al Quai d'Orsay que el gobierno inglés tendria sumos deseos de cooperar con el francés para ofrecer. en comun, sus buenos oficios ante el gobierno haitiano, con el objeto de impedir que este ultimo librase nuevos ataques contra los dominica­nos (2).

A consecuencia de este c'ambio de notas, el Foreign Office informé al Departamento de Estado que los gabi­netes inglés y francés se hallaban completamente dispues­tos a cooperar con el gobierno norteamericano en la tare a «de detener el conflicto entre las razas de Santo Domingo, y que. segUn el gobierno inglés. el me;or medio de obtener el resultado deseado, era dar instrucciones a los represen­tantes inglés. francés y norteamerÎcano en Puerto Principe, para efectuar una gestion colectiva ante el gobierno haitia­no. a fin de obligarle a firmar un tratado de paz y amistad con la Rep6blica Dominicana» (3).

Pero è en qué forma el gobierno norteamericano podia participar en tal gestion cuando. hasta dicho ano de 1850, las relaciones diplomaticas entre Puerto Principe y Wash­ington. no se hallaban establecidas sobre las bases nor­males que indican las tradiciones internacionales ~

No obstante eso, si la voz de Hait! no podia ser oida directamente en el Departamento de Estado por las razo­nes que enunciamos. el gobierno norteamerÎc'ano habîa

(l, 2 y 3) F. O. 27/836. num, 268 en TANS IL : Op. loc. cit.. p, 144 y siguientes.

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inaugura do la pf<ktica de servirse de algunos de sus con­ciudadanos. a los cuales conferia el titulo de agentes co­merciales. para ponerse en contacto con el gobierno haitia­no; a mas. en ocasiones. delegaba agentes especiales. en misi6n temporaria. a Puerto Principe. Pero todo esto no los obligaba a una reciprocidad de cortesias con Haiti. De este modo. Benjamin Green. de Kentucky (1). surgi6 con condiciones especiales como para cumplir con el papel de agente especial en Puerto Principe. en 1850.

Por 10 demas. en los primeros dias de julio dei mismo ano. hubo una cierta presi6n. entre miembros deI Congreso. para que se ejerciese una acci6n coercitiva contra Haitf. destinada a obligar a dicho pals a regularizar un viejo liti­gio monetario con algunos ciudadanos norteamericanos.

En ambas Camaras fueron propuestas resoluciones de acuerdo a las cuales el Congreso autorizaba al Presidente a organizar una expedici6n marltima contra Hait! para obligar a dicho pa~s a pagar las sumas debidas a comer­ciantes norteamericanos. conforme a reclamaciones que. hasta el momento. no hablan sido aceptadas por el gobier­no haitiano.

Dichas resoluciones fueron rechazadas. Con tal motivo. Daniel Webster pregunt6 si era lIcito

que las fuerzas publicas hubiesen de ser pues tas en acci6n para satisfacer el pago de sumas privadas.

De todos modos. esta presi6n parlamentaria. pareci6 estar hecha en conjunci6n con el movimiento esbozado en las conv·ersaciones e intercambio de notas diplomaticas. inaugurados por Clay ton.

De pronto. la escena cambi6 de decorado. El Presiden­te Taylor muri6 imprevistamente el9 de julio de 1850. yel Vicepresidente Millard Filmore ocup6 la primera ma gis-

(1) LOGAN: Op. lac. cit.. p. 244.

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tratura hasta el final dei periodo, eligiendo a Daniel Web­ster, como secreta rio de Estado. en reemplazo de Clay ton.

El citado hombre de gobierno no se apresuro a dar cuerpo a la proposici6n de su predecesor y organizar una coalicion militar contra Haiti. Con todo, no dej6 de confir­mar a Benjamin Green en la misi6n temporaria que le fuera asignada por Clay ton, de ir a Santo Domingo y Haiti, en calidad de agente especial dei gobierno norteamericano. Pero las instrucciones que habfan sido dadas al agente re­vestian un cierto caracter de ambigüedad en 10 que respec­ta al proyecto de cooperacÎon entre los tres gobiernos, so­bre el cual pareda haber habido acuerdo previo.

Green debî'a «presentarse ante la sede deI gobierno hai­tiano sobre un barco de guerra y exigir el arreglo inmediato de las reclamaciones en cuesti6n. En caso de recibir satis­facciones, no quedaba ninguna otra observaci6n que for­mulaI. Si sucedia 10 contrario, debia informar al gobierno de Haiti que el gobierno de los Estados Unidos no tolera­ria se m.aIgastasen en una guerra los recursos deI pais. en lugar de destinarlos a satisfacer a sus acreedores» (1).

Es necesario convenir en que no se vela aIli tendencia ninguna de cooperaci6n con las otras potencias; inclusive se hada notar el espfritu de un aislamiento calculado. è Era sincero Clay ton al conversar con Sir Bulwer acerca de un procedimiento de coerci6n colectivo para estrangular las que él suponfa actividades belic'osas deI gobierno haitiano? è Mantuvo, por el contrario, restricciones mentales al con­versar con el diplomatico inglés sobre dicho tema, subor­dinando la participaci6n norteamerÎcana a la acci6n colec-

(1) Bulwer a Palmerston. 29 de abril de 1850. segûn TANSILL. lac, Clt., p. 144.

MANNING: Op. lac. cit., p. 10.

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tiva referente a ésta u otra modalidad de circunstancia? No 10 sabemos. De cualquier modo que fuese. Green sigui6 al pie de la

letra las instrucciones de Clay ton. cuyo texto hemos visto. y aun después de la muerte deI Presidente Taylor hubiera colocado a Deniel Webster en la jefatura deI Departamento de Estado.

T anto fué asî que cuando los c6nsules de Francia ,e In­glaterra apremiaron a Green para actuar en conjunto ante el gohierno haitiano. con el objeto de hacerle cambiar de actitud respecto de los dominicanos. rehus6 dar el paso en compafifa. pese a 10 cual intervino separadamente ante el gabinete de Puerto Prîncipe en dicho sentido.

Por otra parte. tenemos que sefialar todavîa algunos vaivenes. ya que no flagrantes contradicciones de esta fase de la diplomacia norteamericana.

Debemos advertir que. al mismo tiempo que Green. habîa. en Puerto Prlncipe. un agente comercial norteame­ricano. George F. Usher. el cual. nombrado desd.e hacîa poco en dichas funciones. sol!a desempenar. ocasionalmen­te. un pa pel diplomatico (1).

Resulta asombroso comprobar. en efecto. que. un mes después que Green hubo rehusado nrmar la nota colectiva dirigida al gobierno de Puerto Principe. el agen­te comercial Usher. quien habia recibido la sugestion de los consules inglés y francés en Santo Domingo para aso­ciarse a la accion de apremio que emprenderÎan sus co­legas de Puerto Principe contra Haitî. aceptase unirse a

(1) Conviene no confundir a George F. con Thomas R. Usher, c6nsul inglés. en la misma época. en Puerto Prfncipe, y vinculado igualmente a esta acciôn diplom,itica. Pero, durante el verano de 1850, el c6nsul inglés estaba de licencia y habla sido reemplazado en sus funciones, en Puerto PrIncipe, por .el vicec6nsul Lenox Wyke.

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los representantes de ambas potencias con los fines indi­

cados. En tal modo, el 18 de junio de 1850, Wike. c6nsul inte­

rino inglés; Ralbaud. c6nsul generaI de Francia. y Usher.

agente comercial norteamericano, firmaron y dirigieron al

gobierno de Puerto Prîncipe una nota concebida en estos

términos: «Los abajo nrmantes se apresuran en informar al Em­

perador que sus respectivos gobiernos desean renuncie a toda invasi6n deI territorio que perteneci6 a Espai'ia, y el cual se ha constituîdo en estado independiente. Al reco­

nocer el hecho consumado, S. M. debeni conduir un tra­

tado de paz y amistad con la Republica Dominicana.» y los tres diplomaticos finalizaron su nota solicitando

que, por 10 menos. se conviniese un armisticio entre el Emperador y los dominicanos.

Dufrêne, nuestro ministro de Relaciones Exteriores, res­

pondi6 a la comunicacion anunciando que el gobierno, ce-10so de ahorrar una nueva efusi6n de sangr·e, consentîa de buena gana en «la suspensi6n de armas solicitada, fijando como limite la fecha deI 30 de septiembre de 1850)).

Estipul6, a mas, que los beligerantes admitiesen un mes de pre aviso para la denuncia de la tregua, en casa que las hostilidades debieren reanudarse. Respecto de la me­diaci6n de las potencias. sobre el asunto en sI, nuestra

cancillerîa fué categorica. No la acept6 sino a condici6n

de que las provincias orientales retornasen bajo el gobierno legîtimo de Puerto Prîncipe. hallandose dispuesto éste, con

el auspicio de las naciones mediadoras, a dar a las pro­

vincias todas las garantîas que deseasen. No se debîa ha­blar. por tanto, de renuncias a la unidad territorial, ya que

dicha unidad representaba la garantîa de la nacionalidad

33 TOMO III.-3

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haitiana y la existencia dei pals, no pudiendo ser sacrifica­da bajo ningUn pretexto (1).

La firmeza de nuestra diplomacia, de que da muestras esta respuesta, no fué nunca desmentida, desde el princi­pio al fin de la crisis.

Ya, en enero de 1849, Thomas R. Usher, el consul in­glés, habfa enviado un informe a Lord Palmerston, en el cual relataba una entrevista que tuvo con Soulouque, a pe­dido de éste. Habiendo si do informado el jefe de Estado, por el ministro Dufrêne, de la comunicacién que la can­cillerfa recibiera de Usher, acerca del deseo expresado por el Foreign Office, de que el gobierno no emprendiese nin­guna campana contra los dominicanos para evitar los ho­rrores de una guerra de "~·t~:;minio, llamo el citado jefe al consul inglés y le explic6 la posici6n de su gobierno en esa trâgica cuesti6n.

AI subir al poder, le dijo, jur6 mantener la integridad del territorio para asegurar la independencia dei paiS, y

no habrla sabido c6mo sustraerse al imperativo de su de­her. Se hallaba segura de derrotar al enemigo, agreg6.

A 10 cual objet6 Usher que los dominicanos, para de­fenderse, podrlan contar con la ayuda europea y que, en clicho caso, el destino podria muy bien resultarles favo­rable.

Soulouque ((sonri6 y replic6 que ha sido informado de dicha eventualidad y que nada podria servir mejor a su causa que el desembarco de fuerzas extranjeras sobre et suelo de Haiti. En dicho caso la naci6n entera se levantaria como un solo hombre para hacer frente a la agresi6n» (2).

Asistido de tal determinaci6n, ninguna amenaza pudo

(1) ABEL N. LÉGER, lac. cit., p. 227. Léger indica coma referencia lo~ archivas de la Legaci6n de Haiti en Paris.

(2) Carta dei 22 de enero de 1849, de Usher a Palmerston, F. 0, 35-36.

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conmoverlo. El propio descala bro de la campana de 1849 nr menguô su irreductible voluntad de sorne ter a los domi­nicanos a la uniôn nacional. Faustin 1 era inflexible coma el Presidente Soulouque. Se erizô colérico ante la intimida­ciôn dei extranjero; se re belô contra los 0 bstaculos; ri6se de la adversidad.

La misma actitud intransigente guard6, cuando, en abri! de 1850, Green apareci6 en la bahia de Puerto Principe, a bordo dei Wixen, y escoltado por el Albany y el Ger­mantown, de la Marina de guerra de los Estados Unidos, dispuesto a ajustar las reclamaciones pendientes entre Hai­ti y los Estados Unidos y notificar al Emperador la decisi6n de su gobierno de poner fin, por la fuerza, a las hostilida­des haitianodominicanas.

La amenaza lIegaba esta vez sin disfraces. La diplomacia haitiana par6 el golpe. Antes de iniciar la discusi6n dei problema de las deudas

con Norteamérica, determin6, en primer lugar, una vez mas, la posici6n nacional en la querella haitianodominicana. Sostuvo que nadie coma el Emperador deploraba la situa­ci6n existente en la parte oriental de la isla. Pero que, al haber cOfisagrado nuestra Constituci6n la unidad territorial. el deber imprescriptible deI Emperador era salvaguardar di­cha unidad a cualquier precio. Era, ademas, un problema de polltica interna que no podia ser resuelto sino en fami­lia (1).

((El Emperador, agreg6 Dufrêne, al cual repugna la idea de guerra, no recurrira a ella sino en casa extremisimo, ya que la cree legitima cuando se trata de sofocar la insurrec­ci6n y preservar la independencia y nacionalidad haitia­nas)) (2).

(1 y 2) Ver en MANNliNG loc. cil. la traducci6n integral dei oficio de Dl1frêne, p. 83-84.

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En cuanto al problema de las reclamaciones pecunia­rias de los Estados Unidos. nuestro canciller solicit6 un plazo de quince dfas para efectuar las investigaciones ne­cesarias y fijar su naturaleza estricta.

( En qué consistfan realmente las citadas reclamacio­nes~

Se remontaba a una disputa que databa deI tiempo de Christophe. cuando el rey. en 1810. habla expedido café y letras de cambio a la casa ((Kapff & Brune» de Baltimore. por valor de 130.681.83 d61ares. para cubrir el costo de un encargo necesario para los servicios oficiales.

La firma citada no cumpli6 con el encargo ni devolviô los fondos al remitente. Entonces. el 5 de octubre de 1810. Christophe form6 una comisiôn compuesta de Dodge. Mar­pIe. French Myers y Obrien. para examinar los libros de los comerciantes norteamericanos establecidos en el Cabo y en las Gonaïves. Dicha comisi6n fué encargada de revisar el monta efectivo de la cuenta que Kapff & Brune debfan al gobierno. Este se redujo a 124.955.19 d6lares. mientras que el activo de las casas norteamericanas en las dos ciu­dades se evalu6 en 132.428.52 d61ares. El rey orden6 que se descontase de dicho valor la suma efectiva ad eu dada por la firma de Baltimore y que los 124.955.19 d6lares en cuesti6n. fuesen depositadas en las arcas deI Estado (1).

TaI era el origen deI litigio pecuniario entre el gobierno haitiano y el Departamento de Estado. el cual tom6 en ma­nos la defensa de los demandantes norteamericanos. De­hemos agregar que este valor inicial se aument6 con otras sumas provenientes de embargos obrados sobre barcos mer­cantes y comerciantes norteamericanos. especialmente sobre aquellos que infringfan las prescripciones relativas a la ley por la cual se multiplicaba la discriminaci6n de la tas a de

(1) TANSILL: Loc. cit .• p. 113-114.

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aduana de un JO por' 100 a toda mercanda proveniente de paIses que no mantuviesen c6nsules en Haiti. Dicha dispo­ski6n afectaba particularmente al comercio norteamericano.

De todos modos. cuando Green. en abril de 1850. se pre­sento con sus barcos de guerra para sostener las pretensiones norteamericanas. estimadas ahora en medio mill6n de d6-lares, no recibi6 satisfacci6n ninguna. La diplomacia haitia­na hizo saber que el agente norteamericano carecÎa de po­deres suficientes coma para tratar con él dichas reclama­ciones. Por 10 demas. Puerto Principe se hallaba siempre dispuesto a volver a abrir negociaciones sobre dicho punto toda vez que el gobierno norteamericano 10 desease (1).

En tal manera. fracas6 practicamente la doble misian de Green.

Por otra parte. visto que el plazo de armisticio conce­di do por el gobierno de Haitl a los dominicanos. habla ca­ducado, con fecha 30 de septiembre. volvi6 éste a tomar su libertad de acci6n. Y para senalar su voluntad de per­seguir los fines que se proponîa alcanzar. el Emperador or­dena iniciar las hostilidades en la Frontera.

Eran solo escaramuzas de vanguardia. sin caracter de verdadera ofensiva. Pero dichas acciones resultaban tanto mas necesarias cuanto que algunos meses antes. dos naves de guerra dominicanas, el bergantln 27 de /ebrero y la goleta Constituci6n, a ordenes de un marino francés, Carlos Salgade (2). habîan aparecido en las costas medidio­nales de Haiti e incendiado las poblaciones IILes Anses a Pitres)), a mas de poner en fuga a los habitantes de SaI· trou. La impunidad de dicha pequena campana naval alen­t6 a los dominicanos. quienes reforzaron su marina con otras

(1) LOGAN: Loc. cit.. p. 252. (2) Jos~ GABRIEL GARdA; Compenclio cie la hi.foria cie Sanlo Do.

mingo. tomo JI,. p. 60.

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Cos goletas armadas; reaparecieron ante Dame-Marie, a la cual saquearon e incursionaron en la bahîa de Cayes, don­de encontraron una flotilla. haitiana que les presento com­bate sin resultado decisivo.

Pese a esta disposici6n guerrera del adversario, conti· nua ban siempre desarrollandose diligencias premiosas de Francia e lnglaterra, ante el Departamento de Estado, para decidir al gobierno norteamericano a asociarse con ella .. , a fin de imponer a Soulouque la cesaci6n de las hostilida­des contra los dominicanos, sea por medio de un tratado de paz, sea, en ultimo caso, a través de una prolongada tregua.

El juego diplomatico entre Londres, Paris, Washington. Santo Domingo y Puerto Principe c·ontinuo siendo cada vez mas intenso.

El objeto perseguido era Împoner por supuesto la vo­luntad de las tres potencias mediadoras al gabinete de Puerto Principe. Pero como habîa que prever siempre que la referida voluntad chocarîa con la no menos obstinada de Faustin I. orientada a contrarrestar dicho objetivo, se hactit necesario encarar igualmente las medidas a que deberia recurrirse en casa de derrota.

Este fué el punto fundamental deI intercambio de opinio­nes. Ninguna de las tres potencias se hallaba decididq a lanzarse a la aventura deI desembarco de tropas en Haiti. La amarga experiencia deI pasado influîa en los animos y

los inclinaba a la prudencia. Y, a mas, vivra la secreta aprension de saber a cuâl de las tres beneficiaria mas la coyuntura. Ya para entonces la elecci6n de Benjamin E. ·Green, como agente especial de una misi6n en el mismo ano de 1850 y la actitud de dicho agente, en el momento ·de la acci6n comun, habian hecho nacer la sospecha de que .el Departamento de Estado celase intenciones secretas en su polftica ante el imbroglio haitianodominicano. Sir Bul-

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wer habla recordado precisamente al F oreing Office la participaci6n de Duff Green. padre de Benjamin. en la rara <:onquista de T ejas y sefialado. a la vez. los movimientos precursores dei manifest destiny.

Por otra parte. pese a las seguridades redprocas de <.:ompleto desinterés que se habian dado mutuamente los gabinetes de Paris y Londres. no dejaba de subsistir un sen­timiento inexpresado de desconfianza en el subconciente de los negociadores deI pacto de la mediaci6n tripartita.

Como resultado final. se cifieron a una f6rmula de blo­queo colectivo de las costas haitianas. principalmente de las ciudades de Puerto Principe. las Gonaïves. Jacmel. Aux Cayes. etc .. la cual se aplicarla en casa que el Emperador resistiese la presi6n de las potencias mediadoras.

Para sellar dicho acuerdo. Daniel Webster confi6 a un virginiano. Robert M. Walsh. representase en misi6n espe­cial al gobierno norteamericano en Puerto Principe y Santo Domingo. con instrucciones de proceder a diligencias co­lectivas, junto con los c6nsules de Inglaterra y Francia. ante el gobierno imperial, a fin de obtener una paz definitiva en­tre Haiti y la Republica Dominicana. 0 hacer. por 10 menos, que el emperador Faustin 1 se decidiera a conduir una tregua de diez anos con sus adversarios.

Pero antes que el agente norteamericano hubiese lle­gado a destino. Ussher y Raybaud. a mediados de diciem­bre de 1850. hadan ya saber verbalmente a Dufrêne que habian recibido 6rdenes de sus respectivos gobiernos de pre­sentar iguales demandas ante el gobierno haitiano.

Mientras tanto. Lord Palmerston. a la vez que sostenia la tesis sefialada a través de su representante en Puerto Principe. sugeria por su parte que los dominicanos consÎn­tiesen en algunos socrificios. tales como ciertasconcesiones territoriales que deberi'an hacer a Haiti en el momento de establecerse las fronteras entre ambos Estados. A mas. de-

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berian tomar a su cargo una parte de la deuda de Haiti con Francia.

Dichos puntos de vista no eran compartidos por Daniel Webster. quien instruia secretamente a Walsh para que, en el casa que Ussher los pusiera en la balanza de las con­diciones dei eventual tratado de paz a concluirse entre do­minicanos y haitianos, no los aceptase.

El 26 de diciembre. el consul inglés Ussher. obtuvo au­diencia deI Emperador y durante dos horas trat6 de conven­cer al soberano para que adm.itiese su propuesta de acordar por 10 menos una tregua de diez aiios a los dominicanos.

Faustin se sostuvo inquebrantablemente en su posici6n. Observ6 que un armisticio tan prolongado no tendrla otro resultado fuera deI de permitir al enemigo se prepara se mejor para la resistencia.

En fin, cuando el 2 de febrero de 185 1, Walsh arrib6 a Puerto Principe, mantuvo primero una entrevista con sus colegas de Francia e Inglaterra, quienes 10 pusieron al co­rriente deI fracaso de sus gestiones. A partir de dicho mo­mento qued6 convencido de que ûnicamente una polîtica de fuerza con el gobierno haitiano induciria a éste a renun­ciar a su voluntad de guerra.

Solicit6 de Dufrêne una audiencia y. en el curso de ella. habl6 con altaneria deI derecho de los dominicanos a disponer de SI mismos, dado que gozaban efectivamente, desde hacîa siete aiios. de su independencia. Merecîan ser reconocidos coma naci6n soberana por el gobierno haitia­no. as! como 10 hablan sido ya por Francia, Inglaterra y 10 eran virtualmente por los Estados Unidos. Agreg6 que «el gobierno de los Estados Unidos esta convencido de que el Emperador no tardara en imitar a las otras naciones en re­conocer la independencia domincana en el mas breve plazo de tiempol).

Dufrêne permaneci6 impasibIe ante la enfatica exposi-

Cil

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Clon deI diplomatico norteamericano e insisti6 en la argu­mentaci6n fundamental de la diplomacia haitiana desde el triple punto de vista geogrâfico, hist6rÎco y constitucional. sosteniendo que la unidad polî'tica de la isla bajo la direc­ci6n deI gobierno imperial era la principal salvaguardia de nuestra independencia nacional.

La entrevista no tuvo resultado. Este nuevo contraste determin6 a los tres agent es diplomaticos a firmar una nota colectiva el 1 1 de febrero de 1851, en la cual exigÎan, en nombre de sus gobiernos «una respuesta categ6rica a la proposici6n siguiente: S. M. I. debe concluir un tratado definitivo de paz 0 una tregua de diez ail08 entre el Impe rio de Hait! y la Republica Dominicana)) (1),

Esta actitud conminatoria no conmovi6 a Dufrêne. Después de transcurrida una semana sin que el canciller

haitiano respondiese al ultimatum, los tres diolomâticos reclamaron una audiencia para conocer «la respuesta cate­g6rica)) a la nota,

El ministro les respondi6 entonces que el Senado iba a ser convocado a finales de marzo para examinar la grave cuesti6n que representaba la nota amenazadora, Pero in­sinué con cier ta malicia su duda acerca de que el Sena do 0

el Emperador estuviesen en grado de violar el texto constέtucÏonal que prohibfa la enajenacién deI territorio de la naci6n, acto al cual conducirîa. sin duda, el objetivo que pugnaban por obtener, No obstante esto, el 21 de febrero de 1851, les envio un memorandum donde anunciaba que una comision formada por altas personalidades habîa sida nombrada para discutir con ellos la cuestion, Tres dîas mas tarde, en una nueva nota, se informaba oficialmente «de los motivos que han determinado a vuestros gobiernos a iniciar gestiones ante el gobiero de S. M, l, para decidir a éste a

(1) MANN1V-IG; Op. loc. cil., p. 109 a 113.

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conduir un tratado de paz 0 una tregua de diez anos con los dominicanos)) .

Era una manera oportuna de reabrir la discusi6n. Los agentes mediadores respondieron por un me monin­

dum deI 4 de marzo en el cu al reafirmaban. una vez mas. e! derecho de la Republica Dominicana a constituirse en Estado independiente, y dos dias mas tarde se presentaron ante la comision compuesta de los senadores Larochel. La­bonté. Plésance y Laforestrie.

Los agentes diplomaticos pretendieron evitar toda dis­cusion sobre el nudo deI problema y circunscribieron la entrevis ta a saber cual habîa sido la eleccion deI gobierno haitiano entre un tratado definitivo de paz 0 una tregua de diez anos con los dominicanos.

Los comisionados no cayeron en dicho lazo, insistieron fuertemente en la argumentacion basica de la cancillerîa haitiana y rehusaron acatar la orden de las potencias me­diadoras.

Por ultimo, el 19 de abril de 1851, el gobierno haitiano hizo saber a los representantes de las tres potencias la imposibilidad constitudional en que se enc'ontraba para acordar la tregua de diez anos, 10 cual equivaldrîa a un re­conocimiento tacito de la independencia dominicana en 10 que no podrîa consentir. a menos de desconocer el mas im­perativo de sus deberes; el Emperador. en tal modo. habria sido perjuro ante su pueblo haciendo traici6n a sus de­rechos.

La misi6n padfica de los agentes se habîa. por tanto. frustrado. No les quedaba sino recurrir a las medidas coer­citivas con las cuales amenazaron al Emperador.

Pero aquî volvieron a aparecer otra vez los puntos de vista divergentes. Walsh. en primer lugar, no podîa con­sentir en utilizar la amenaza sin consultar a su gobierno y

éste. a su vez. no podia tomar seme jante medida sin'autori-

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zùciôn expresa dei Congreso, procedimiento. sin duda. com­plicado y dilatorio. T odo esto impulsô al agente norteame­ncano a llevar a cabo la resoluci6n que habîa tomado unos dias antes, seg{In la declaraci6n siguiente que hizo a sus colegas:

[(En verdad, senores, hemos tenido oportunidad de asombrarnos de las continuas dilacÎones deI gobierno hai­tiano. dijo. Parece que quisiera mofarse de nosotros. Hace ya mucho tiempo que este gobierno esta al tanto de la re­soluciôn de las tres potencias. No quiero. por mi parte. aguardar mas; me veré forzado a partir sin respuesta y mi gobierno hara 10 que considere conveniente» (1).

En efecto. el 1 de mayo de 1851. Walsh abandonô Puer­to Principe y se dirigi6 a Santo Domingo a bordo de la nave de guerra francesa Le Crocodile, en compaiifa de Raybaud. Ambos agentes obtuvieron una audiencia deI Presidente Baez, qui en se enter6 con pesar deI fracaso de la mediacién tripartita. Luego se les uni6 Ussher. y los tres SI'" embarcaron para los Estados Unidos. después de pasar una breve temporada en Santo Domingo.

En Washington, el plenipotenciario inglés Sir Bulwer se apresurô a tomar contacto con ellos y en dicha ocasi6n advirti6 cuan impregnado se hallaba Raybaud de '<una es­pecie de odio nacional contra los haitianos que inRuîan en todos sus sentimientos. y cuân dominado se encontraba a su vez Walsh por la negrofobia propia de sus origenes vir­ginianosll (2).

En suma; la coaliciôn contra Haiti estaba completamen-

(1) Estasexpresiones. consignadas en el acta deI 5 de marzo de 1851 y transcritas pOT don Jean-Joseph en La Question Dominicaine. publicada en 1893. demues!ran cu;,n convencido estaba Walsh desde un principio de la inutilidad de sus esfuerzos y las grandilocuentes amenazas de la misi6n !ripartita.

(2) MANNloNG: Op. loc. cit.. p. 166.

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te dislocada y el resultado se debia a la firmeza de la diplo­macia haitiana. que no accediô a abdicar de ninguno de sus derechos. junto con la inflexible voluntad de F austÎn I. el cual. despreciando la amenaza. sostuvo 10 que él crda ser el cumplimiento deI mas imprescriptible de sus deberes.

Evidentemente. Dufrêne no dejô. por ello. de continuar . persuadiendo a los representantes de Francia e Inglaterra acerca de los sentimÎentos padficos deI Emperador. La prue­ba es que aceptô reducir el armisticio de diez ailos a uno. plazo que el Emperador acordara en un Memorial dei 14 de mayo de 185 J a los dominicanos.

Por su parte. el canciller el 14 de julio «habla dado nue­vamente seguridades a las potencias sobre los sentimientos padficos de su soberano.))

La verdad era que. a la sombra de esta garantfa leni­tiva y calculada. el Emperador se dedicaba a preparar una nueva campana hacia el Este. dedicando a ella su tiempo con resoluciôn y disimulo.

Del otro lado. por supuesto. las potencias mediadoras. que tenî'an poca confianza en las promesas padficas de Faustin. quisieron poseer garantîas formales de que S. M. 1. no volver{a a comenzar la lucha sin haberla advertido con doce meses de anticipacion.

A decir verdad. tanto de una coma de olra parte. se intercambiaban las notas en una atm6sfera de desconfianza mutua y. considerando que la alianza tripartita est ab a que­bTantada. Inglaterra y Francia ordenaron a sus escuadras de la region antillana se pusieran a las ordenes de sus res­pectivos consules en Puerto Principe, con el objeto de obe­decer las disposiciones que los mismos le impartiesen.

En tal forma la cuestiôn haitianodominicana evolucÎona­ba dia a dla. hasta revestir el caracter de verdadero con­fiicto internacional.

Las intrigas locales entre los cônsules de las grandes

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potencias en Santo Domingo se habÎan hecho cada vez mâs vivas y penetrantes.

Washington, bajo la administraci6n deI Presidente Pier­ce, que tenÎa por secretario de Estado a William L. Marcy, habîa elegido a William L. Cazneau para representar al gobierno norteamericano en Santo Domingo el 2 de noviem­bre de 1853 (1).

La elecciôn era indice de los nuevos designios que pre­valedan en las es feras de la Casa Blanca. Recordemos que. en dicho momento. las doctrinas deI mani/est destiny se desarrollaban en medio de una especie de embriaguez na­cional expansionista. Y William L. Cazneau era un ejem­plar deI tipo de hombre de esa época fecunda en aventuras y proezas. Natural de Boston, habîa dedicado su juventud fogosa a empresas en las cuales la piraterfa se mezclaba al nacionalismo. empefiado en que T ejas se separara de Mé­jico. se proclamase repûblica independiente y se incorporara en se guida a los Estados Unidos. Fué uno de los dignatarios deI Estado tejano y en él obtuvo su tî'tulo de general. Pero adquiriô también la reputaciôn de ser un amante de los «medios sucintos)) de hacer fortuna. No se sabe en raz6n de qué viôse obligado, en cierto momento. a abandonar a T ejas precipitadamente. Aqul tuvo noticias de otros

(1) SUMNER WELlES en su iibro Naboth' 8 Vine Yard. The Domini. can RepubTie. Nueva York. Pays on and Clark Limited. 1928. ofrece. en las paginas 136 y 137 un muy colorido retrato de Cazneau, cuya de­signaci6n como agente especial hace remontar al 17 de junio de 1854. Pero MANNING en Diplomatie correspondance of the United States. pa. ginas 16 y 17. public a las instrucciones impartidas a Cazneau, por Mar. cv, el 2 de noviembre d" 1853, en calidad de agente especial norte· americano en Santo Domingo. El equîvoco proviene de que el 17 de junio de 1854, Marcy escribi6 a Cazneau que el Presidente 10 habîa designado en calidad de agente confiriéndole entera autoridad para negociar un tratado de comercio con la Republica Dominicana. Eran. en derta forma, los «pie nos poderes» que le habîan sido otorgados en dicha fecha para hallarse en situaci6n de negociar el tratado. Pero. en los hechos, actuaba como agente desde el 2 de noviembre de 1853.

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parajes en los cu ales podria, una vez mas, desplegar sus acostumbradas actividades. Y. en dicha encrucijada de su existencia y en la época dramatica dei diferendo haitiano­dominicano, fué enviado por el secretario de Estado Marcy, el 2 de noviembre de 1853, en calidad de agente especial dei gobierno norteamericano a Santo Domingo. Se encon­tré aIl! en su elemento al hallar un medio presa de la in­quietud, la ambici6n y la intriga. Se instal6 aU! en for­ma permanente. T ocabale responder a las preguntas pre­cisas. formuladas por el secretario de Estado. en su despacho el 2 de noviembre de 1853. relativas a ((cuâles eran las condiciones actuales de la Republica Dominicana en 10 concerniente a sus relaciones con el imperio de Haiti. te­niendo en cuent' que un armisticio cuyo plazo todavla no ha expirado. mantiene a ambos paÎses en estado de alerta; cual era el valor relativo de las fuerzas que se enfrentan y cual serIa el probable resultado de la lucha si se reiniciasen las hostilidades. é Se encontraba la Republica Dominicana en situaci6n de po der defender por SI misma su independen­cia? c Existîan en ella elementos de perduraci6n? é Se ha­llaba dirigida por un gobierno constitucional? ë Habla sido reconocida por las potencias europeas? ê Se hallaban éstas representadas por agentes diplomâticos en Santo Domin­go 1» (1).

Era deseo deI secretario de Estado que, hasta tanto el Presidente Pierce decidiera 10 contrario. la misi6n de Caz­neau tuviese, en ID posible. caracter secreto. Mientras tan­to. se prohibia al comisionado inmiscuirse en cualquier asunto polltico referente a otras naciones, y se Je ordenaba terminantemente abstenerse de iniciar empresas privadas de ninguna clase, actividades éstas incompatibles con las funciones que le habian sido connadas.

(I) MANNING: Loc. cit., pags. 16 y 17,

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Cazneau redactô su primer informe el 23 de enero de 1854. Declaraba especialmente:

IILa actual situaciôn de la Republica Dominicana es tan peculiar camo embarazosa. Estâ obligada. contando con una poblaci6n menor de 300.000 aimas. a retirar de sus fuerzas dedicadas al trabajo. el numero suficiente de hombres como para defenderse de los ataques de su irreconciliable vecino de Haiti, que tiene casi tres veces su poblaci6n.

llF uera dei abrumador pro blema de la guerra con Haiti. Santo Domingo posee Înternamente elementos aptos para fomentar su propia perduraciôn.

nQuizâs no haya pais en el mundo con tantos recursos minerai es y agrkolas como éste. entre los cuales se pueden contar el café. el cacao. la caaba. las maderas tint6reas y otros artkulos que no se producen en los Estados Unidos.

llLos dominicanos han dado muestras de constancia y valor en defender su independencia y conHan en el patrio­tismo de su caudillo. el general Santana. el cual. por segun­da vez. ha sido colocado a la cabeza de la naci6n. La in­dependencia dominicana fué reconocida por Inglaterra. Francia. Dinamarca y los Paises Bajos. naciones todas que han concluido también tratados con la Republica.

»La hipôtesis de que el conHicto de razas (entre Haiti y Santo Domingo) haya sido fomentado a no por terceros o creado para fomentar prejuicios contra el pueblo de los Estados Unidos. serâ objeto de otra comunicaci6n.

»Haitî es. exclusivamente. una naci6n de negros. No acuerda derechos de ciudadania a los blancos ni permite a los inmigrantes de raza blanca establecerse en sus vastas tierras para cultivarlas 0 autorizarIos a explotar sus minas virgenes. En Santo Domingo. par el contrario. los blancos constituyen esencialmente la clase dirigente -aunque la Constituci6n no establezca ninguna distinci6n de raza 0 de color- y, en estos momentos. el sentimiento publico preco-

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niza la inmigraciôn. Los blanc os comienzan a darse cuenta de que es éste el mejor medio de aumentar su proporciôn en numero y capital y de obligar a los haÎtianos a hacer la paz)) (I).

Cazneau, después de esta primera toma de contacto con la Republica Dominicana, volviô a los Estados Unidos para conferenciar con las autoridades de Washington. Reapare­ciô en Santo Domingo el 17 de julio de 1854 y entablô in­mediatamente batalla con los elementos hostiles a su misiôn, entre los cuaIes, los cônsuIes de Francia e Inglaterra fueron 1 J.~ mas ardientes y encarnizados. Su presencia en dicho me­dio habla da do Iugar a multiples sospechas basadas, ade­mas, en su reputaciôn harto dudosa. Se le habîa reunido su mujer, especie de virago, a la cual se adjudicaba un pa­sél.do tormentoso y que era acusada de haber dejado enten­der que, en un plazo de «seis meses, los Estados Unidos serIan los amos deI territorio dominicanoll (2).

Cazneau habla logrado, de todos modos, que Washing­ton le connase la negociaciôn de un tratado de amistad, comercio y navegaci6n con la Republica Dominicana. Este paso representaba algo mas que un acto de reconocimiento oncial del nuevo Estado por el gobierno norteamericano, ya que tenla el valor de un futuro embargo de los Estados lInidos sobre la Republica Dominicana: el tratado, en su artIculo 28, concedîa a la UnÎôn el derecho de establecer una estaciôn naval y un depôsito carbonero en la bahîa de Sélmana.

Esta clausula debla ser la mancha de aceite que se expanderfa desde el territorio oriental a la isla entera.

Tan pronto como se conoci6 el texto, se desencadeno

(1) Carta deI 23 de febrero de 1854, enviada por Cazneau a Marcy y con data de Dcoa, en la Republica Dominicana. V. MANNING. loc. cit., pags. 119 a 123.

(2) TAN51L: Loc. cit., p. 179.

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una campana en contra de su adopci6n. por parte deI go­bierno de Santana. al cual se acusô de traiciôn. Se manifes­taba en alta voz que el objeto norteamericano era restable­cer la esclavitud de los negros y acaparar las riquezas deI palS. Y dicha campana pareci6 tanto mas justificada cuan­h' que. aun antes que Cazneau hubiese presentado sus car­tas credenciales al gobierno. se habîa visto a C. Clean, ingeniero militar, arribar en el barco de guerra Columbia, comandado por el capitan Newton para comenzar explo­raciones y sondajes en la bahia de Samana.

Pronto se encendieron las pasiones y se acentuaron las maniobras e intrigas.

Schomburg, cônsul de Inglaterra. y Darasse, cônsul de Francia. hicieron presentaciones verbales a Juan N. Tejera, ministro de Relaciones Exteriores. acerca deI peligro que representaba consentir en la concesion de una estaci6n na­"al ante una potencia tan ambiciosa como la F ederaci6n de Estados norteamericanos.

Bien pronto Ueg6 el barco de guerra inglés La Devas­taci6n para echar anclas en la bahla de Samana, con una misiôn de control de las maniobras norteamericanas, y otras unidades 10 siguieron.

Tai suma de inquietudes contrarié las actividades de Cazneau y entorpeci6 la buena voluntad de los oficiales dominicanos. Y. de acuerdo al informe detallado que el agente dirigié a Marcy el 23 de noviembre de 1854, en el cual hizo la crônica cotidiana de los acontecimientos que suscitaron las negociaciones deI proyecto tratado. viôse obligado a suprimir el artîculo 28, que daba lugar a pro· testas tan numerosas. Pero la prudente reserva no desarmo la adversa disposicion hacia dicho documento diplomatico. Cazneau advertla que el 27 de octubre. Raybaud. consul general y encargado de negocios de Francia en Haiti. llego a Santo Domingo. Al dîa siguiente. Schomburg aviso oh-

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cial mente a Juan N. T ejera, de parte de Lord Clarendon, secretario de Estado deI Foreign Office. que el gobierno de S. M. B. se hallaba sorprendido al ver que, no obstante los consejos de las potencias de Francia e Inglaterra, el gobierno dominicano habfa conclufdo un tratado con los Estados Unidos que ponfa en peligro la seguridad y bien­estar de su pueblo. Ambas potencias mas de una vez habfan intervenido para preservar dicha seguridad y bienestar del Estado dominicano contra las acciones condenables de una naci6n vecina; ambas tenfan. pues. el derecho a esperar que negociaciones relativas a un tratado. tai como el que ha sido indufdo. no hubiesen sido emprendidas sin haberlas consultado previamente. Lo imprevisto de la decisi6n no podla sino justificar las sospechas a que di6 origen acerca

de las previsibles consecuencias deI mismo (1). A dicha protesta agreg6se la de Raybau, quien, en nom­

bre de Francia, se asoci6 a la gestiôn deI cônsul inglés. A mas. ambos diplomaticos hicieron saber que las potencias mediadoras. Francia e Inglaterra. que hasta entonces habfan intervenido ante el Emperador de Haitf para impedirle re­novar sus ataques contra la Republica Dominicana, se des­interesanan en 10 sucesivo de su su-erte y la entregarfan a merced de Haiti, a menos que el tratado entre la Uni6n y Santo Domingo se anuIase.

Ademas de esto, el 14 de diciembre de 1854, en un memorandum confidencial, 6rmado por Darasse. c6nsuI de Francia, y Schomburg, c6nsul de 1 nglate rra , dirigido al Pre­sidente Santana, dichos agentes sonsignaron los selS puntos er. virtud de los cuales las potencias mediadoras de Francia e Inglaterra, se obligarian a obtener deI Emperador da Haiti una tregua de diez aDOS, en las hostilidades contra la

(1) MANNING, p. 160.

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l~ep6blica Dominicana, siempre que esta 6ltima se com­prometiese a aceptarlos. Eran los siguientes:

1 . ° La interdicci6n de alienar, arrendar, hipotecar y transferir en forma temporaria 0 permanente cUalquier par­te del territorio dominicano, en especialla bahla de Samana a cualquier estado extranjero.

2.° La interdicci6n de contratar compromisos hnancie­ros con cualquier estado foraneo 0 de aceptar subsidios extranjeros a cambio 'de ceder en prenda 0 hipotecar cual­quiera de las rentas deI Estado dominicano.

3.° La interdicci6n de alienar en favor de dichos Es­tados cualquier parte de la soberania nacional.

4.° La interdicci6n de acordar a ning60 gobierno ex­tranjero el derecho de establecer en el territorio una base marîtima 0 de cualquier otro tipo.

5.° La interdicci6n de tolerar el desembarco de tropas o de aventureros armados, 0 sin armas, sobre el suelo do­mlnlcano.

6.° La interdicci6n de conduir tratados acordando a cualquier potencia que fuese, privilegios concedidos con anterioridad a otras por c'onvenciones previas y, sobre todo, conduir tratados que no garantizasen igual tratamiento. ventajas y privilegios para todos los dominicanos, sin dis­tinciones de color u origen.

Los abajo firmantes. considerando la urgencia de la situaci6n, suplican de S. E .. el Presidente de la Rep6blica, les haga conocer su respuesta a la brevedad posible (1).

A esta altura de la discusi6n. los funcionarios dominica­nos que habîan ya firmado el tratado, sometiéndolos a la sanci6n legislativa, se sobresaltaron ante las consecuencias dramaticas que de tales negociaciones surgian y se reco­nocieron impotentes para seguir adelante. El propio Con-

(II IViANNINC. p. 160.

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greso dominicano formul6 pertinentes objeciones a la forma y fondo dei tratado.

En tales condiciones y ante tantos obstaculos, Cazneau retir6 el tratado con la comprensible demostraci6n de mal humor. Después de haber recibido una carta priva da y con­fidencial de Juan N. T ejera, en la cual el ministro 10 ponia al corriente de la fuerte presi6n de que el gobierno era objeto por parte de las potencias europeas, crey6 oportuno dirigir la nota siguiente a los c6nsules inglés y francés:

((Santo Domingo, a 17 de diciembre de 1854.

))El suscripto, enviado plenipotenciario de los Estados Unidos de América ante este gobierno, en conocimiento de buena fuente, de que los agentes de Francia e Inglate­rra han tratado por medios diversos, especialmente me­di ante el uso de la amenaza de fuerzas armadas en esta capital. de trabar y vigilar la libre acci6n de la Republica en su comportamiento con los Estados Unidos, protesta, en nombre de su pais, contra este ataque a la buena fe de su gobierno e injustificable usurpaci6n de los derechos sobe­ranos de una naci6n americana independiente.

liT odo gobierno civilizado, amigo de los Estados Unidos, se halla perfectamente informa do acerca de la determinaci6n de mi pais de oponerse a cualquier medida que tendiera a someter un pueblo americano a la voluntad arbitraria de una potencia extranjera 0 a hacer depender sus actividades y hasta su existencia, de un poder extranjero, y los Estados {Tnidos no exceptuan a ningUn pais de esta regla concer­ni ente a la realizaci6n de un principio inmutable deI sis­tema americano. No hacen diferencia ninguna entre una u otra de las Republicas hermanas deI continente, pode­rosas 0 no, por 10 cual se encuentran plenamente justifica-

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dos como para esperar que su ejemplo sea seguido por las fuertes y magnimimas naciones europeas.

)lAI referir estos hechos, debo llamar partiéularmente la atencion de los sen ores consules sobre la desconsiderada violacion de las relaciones de comercio y amistad existentes hoy dîa entre nuestros respectivos paÎses. que esta actitud entrana, y, a los cuales. los representantes responsables de tan altos gobiernos en esta capital, habrîan debido tratar de no perturbar.

»Pero, aun descartando dicha reserva, el pueblo y el go­bierno de los Estados Unidos podrfan concebir que tienen justos motivos para dudar de la sinceridad y la buena fe de un gobierno, cuyos agentes en este paîs se permiten in­miscuirse en los asuntos y negociaciones que competen cxclusivamente a los Estados Unidos y la Repûblica 00-Dllnlcana.

» T engo la seguridad, sen ores, de que, al igual que yo, deploraréis las consecuencias que podrîan derivarse de esta intervencion no autorizada que afecta a la santidad y li­bertad de las relaciones interamericanas» (1).

No hemos encontrado en la coleccion de las publicacio­nes oficiales deI gobierno norteamericano, la respuesta de lo~ consules de Francia e Inglaterra a esta extra na comuni­cacion deI colega. Pero 10 que sabemos de cierto es que la divergencia de puntos de vista entre ellos fué acentuandose (onjuntamente c'on la poHtica imperialista norteamericana en esta zona de las Antillas. donde intensificose con mayor fuerza cada dia e intento aprovechàrse del· con:Aicto de Francia e Inglaterra con Rusia. en la gueTTa de Crimea. para reforzar la posiciôn de los Estados Unidos de este lado deI Atlantico y dar consistencia al ambicioso sueno dei ma­

ni/est desfiny.

(1) MANNING. p. r 19 a 164,

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De todos modos, la OpOSIClon a esta polftica de inter­venClOn norteamericana en el litigio haitianodominicano nc venfa solamente de los agentes diplomâticos acreditados en la isla de Haitî, sino que se hallaba también fuertemente alimentada por la division de los partidos en el se no mis­mo de los Estados Federales americanos. La lucha era muy viva entre dem6cratas y republicanos.

La cuestion de mantener 0 abolir la esclavitud en los Estados meridionales. amanaza ba. célda vez mâs. con ter­minar por dislocar la Union y extremar. hasta el dramatismo. la posici6n de los partidos.

As! tenemos que Cazneau planteaba en forma comple­tamente inapropiada en tal momento. el problema de la intervenci6n norteamericana en el litigio haitionodoœi­nicano. fundândolo en razones éticas y haciendo asumir a los Estados Unidos el papel de protector de la raza blanca dominicana contra la opresi6n de los negros de Haiti.

La prensa opositora norteamericana ataco violentamente dicha pretensi6n. El Evening Post. de Nueva York. en su edici6n deI 2 de septiembre de 1854. desautorizo el slo­gan publicando el origen de las principales personalidades de] gobierno y ejército de la Republica Dominicana para

.probar que el predominio de los blancos. tantas veces In­

vocado en la discusion de los asuntos. era un mito.

AsÎ tenfamos que:

1. Pedro Santana. Presidente de la Republica. es hi.io de Hinche. que fué esclavo de don Miguel de la Cayo. En 1801 meron a vivir a Seybo.

2. El ministro Miguel Bartedo, es mulato. hijo de mulato. :J. El ministro Aba Al Fau y sus hermanos son todos mu­

latos. Su madre era mulata, hija natura} deI senor 1us­tamante.

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4. El general Antonio Duvergé. uno de los mas grandes generales dominicanos. es un mulato nacido en Mira­balais. de origen haitiano.

5. El general Messed Marcano es un mulato de -,rigen sudamericano.

6. El general Moreno es un negro que comandaba Baya Monte Plata.

7. El general Aranjo es un negro que se hallaba a cargo de un comando en Seybo. Su padre es haitiano.

8. El general Romejio deI Castillo. mulato de padre y

madre. 9. El general Juan Rosa. a cargo de un comanao en Sey­

bo. mulato. W. El general Bernardino. jefe de un escuadcon de caba­

lleria en Seybo. es negro. Comenzo su carrera como cria do de Santana.

11. El general 1. Esteban Aybar, ex ministro de Guerra. enviado en misi6n a Euro pa. mulato.

12. El general Ramon Meija. mulato de padre y madre. 13. Jl:.an Evangelista. comandante de Azua. es hijo de una

africana dd nombre de Mainena. 14. Perdonio. mulato. l ~. T. B. Dobelas. mulato de padre y madre. 16. F. M. Castro. alias «(Delmonte». l11ulato. 17. Espayar. mulato. 18 T ejera. mulato. 19 T. R. BernaI. mulato. 20. Buenaventura Baez. ex presidente de la Republica;

tiene la tez deI mulato oscuro. con sangre africana en las venas. tanto por parte deI padre coma de la ma­dre. Esta ultima habîa sido esclava de su padre.

21. Gene,:al Pedro Florentino. negro. n. Generl'l Santiago Suero. comandante de la frontera

del Sur. h{\mbre de color.

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23. 24. )" -,. 26.

General Mejia .. hombre de colOT. General Gomez. hombre de color. General Ramon Vido. ex ministro de Guerra. mulato_

General Pedro Mena. de sangre africana por parte de padre y madre.

27. General Contrera. de sangre africana pOT parte de padre y madre.

28. General Fransica Sanchez. zambo; su padre era ne· gro y su madr; mu]ata.

2Q. General Jacintho Con cha y hermanos. todos de sangre mezclada. blancos. por el lado paterno y negres por el de la madre. Esta era hija de Ho Jacinthe Lapez. cuyos parientes eran casi todos negros que han residido en Seybo.

30. General de marina J. Alejandro Acarta, mulato. Su madre era mulata y su abuela negra.

31. General Santa var . comandante de la plaza de Llanas Ariebo. mulato.

32 Coronel Patricio de Azua. hijo de un ex esclavo de don Miguel de la Atalaya.

33. Coronel Bruno Beta.oce. mulato; hijo de MarvÏco Be­tance, un' esclavo de la familia de Betance. qui en en 1801 emigro a Puerto Rico. donde aquéIla reside.

34. Coronel de Polida Pattin. mulato de padre y madre. }'l. Coronel Santiag,? Basora. africano. esclavo de don

José Ba80ra que emigr6 a Puerto Rico en 1822. 36. Coronel Balantin Sanchez, comandante de la ciudad

de San Juan; es de origen africano. 37. Coronel T. L. Ravelo, mulato. de sangre africana.

Su madre es hija de Fio José Losreyes. 38. COlOnel Juan Contrera. comandante de Banica, negro. 39. Martin de Bargas. de oligen africario.

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40. Coronel Grera. de origen africano. 41. Coron el Sirverio Rîo, negro. 42. Coronel Ariseto, de origen africano, por parte de pa-

dre y madre. 43. Coronel Florentino. negro. 44. Coron el Manuel Bautista. negro. 45. Coron el Te 1 efora, mulato de padre y madre.

40. Coronel Pepe Gomes. de la familia Gomes, de Santo Domingo, mulato por parte de padre y madre.

47. Coronel Juan Ruis, negro; hijo de un maestro carpin­tero negro.

48. Coron el T orivio Maton, director deI hospital; hombre de color.

4Q. Corone! Eusevia Pereira, comandante de la plaza de San Cristobal; mulato de padre y madre, miembro deI Congreso de Revision de 185'.

50. Domingo Pichardo y sus padres, mulatos descendien­tes de africanos por parte de su abuela. El primer Pi·

chardo fué un blanco que vivio en el siglo pasado y

desempenose como curador en Santiago. T uvo un hijo

de su sirvienta negra. A su vez. M. Seresera. auditor de la corte de Santo Domingo, tuvo una hija con una de sus negras. Ambas personas dieron buena educa­cion a sus vastagos y los casaron. De dicha union na· cieron los Pichardo. que han hecho tanto ruido en el

mundo.

51 Benigno Roxas, de Santiago. mulato de igual origen

que los Pichardo de Santiago .. T odas estas gentes han tomadosu nombre de la misma casa en que nacieron

sus padres. 52. Antonio Cambrey, hombre de color. 53.· Felez Mercenario. mulato por el lado paterno. 54. Teleforio Ojio. mulato por parte de padre y madre.

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Su famîlia vive en Macaibo y atiende una carnicerîa en un barrio llamado El Empedrado (1).

Toda esta curiosa genealogia destruye el mito funda­mental dei cual se prevaHan los imperiaiisITlo5 europeo y

norteamerÎcano para intervenir en el litigio haitianodo­minicano y que consistfa en hacer creer que las naciones blancas de Europa y América acudîan en auxilio de la naci6n blanca dominicana para protegerla contra la opre­sion de los negros de Haiti.

En una nota explicativa. el Evening Post destaca que el territorio orietal sufri6 la emigracion de la casi totalidad de su poblacion blanca en cuatro periodos distintos:

1.0 En 1795. cuando por el tratado de Basilea. Espafia cedi6 la parte del Este a Francia, puso a dÎsposici6n de la gentry espafiola. poco dispuesta a permanecer en el te­rritorio cedido, algunas naves de guerra que anclaron en la bahfa de Ocoa y embarcaron, con destino a Cuba y Puerto Rico, a todas las familias que deseaban emigrar con destino a dichas posesiones dei rey de Espafia.

2." En 1801, cuando Toussaint-Louverture tomb pose­sion deI territorio. en nombre de Francia. los blancos, que habfan vacilado en abandonar el pals en 1795, 10 hicieron esta vez. dirigiéndose a las mismas islas que sus predece­sores.

3.° En 1821. cuando Nufiez de Caceres inicio su mo­vimiento de independencia. favorecib la partida de jefes y funcionarios de la metrbpoli hacia otras playas.

4.° En 1822. al realizarse la unidad poHtiCa y ad minis­trativa de la isla bajo la presidencia de Jean Pierre Boyer. hubo una nueva emigraci6n blanca.

(1) Como· se ve hemos conaervado la ortograHa de los nombres y ciudades tal como se encuenuan en el Eacsl'mil de) numero dei Eve­ning Post.

si

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L6gicamente, debemos deducir de todo esto que el éxo­

do de la poblacién blanca, en clichas ocasiones, haba dis­minuldo la importancia de la misma en una proporci6n considerable, sobre todo si se considera que el numero to­t'-li de los habitantes de la regi6n no ha sobrepasado nunca las 125.000 aImas. de las cuales 15.000 eran esclavos ne­gros. Inclusive. hay publicistas dominicanos que han redu­cido ohcialmente dicha cifra a menos de 70.000, para el ano 1822 (1).

De modo que. hablar. hacia media dos deI siglo pasado. de una naci6n blanca dominicana. constituîa la mâs fla­grante mentira convencional. para uso de potencias con apetitos de aventuras coloniales. La comprobaci6n fun­damental es que unic'amente los intereses de dominio y con­auista de las mismas dictaban los movimientos de su polî­tica intervencionista. la cual no tardé en hacer que se en­frentasen mutuamente cuando sus ambiciones respectivas y contradictorias se entrechocaron.

En el hecho, todos los tratos. combinaciones y manio­bras de que hablamos. eran cumplidos. por las grandes po­tencias. en beneficio de una polîtica de hegemonîa y ab­sorci6n que se presentaba como inspirada en razones de humanidad. Los barcos de guerra de las grandes naciones surcaban el maT. desde Puerto PrIncipe a Santo Domingo. y desde Santo Domingo a Puerto PrIncipe. con la ame­naza de bloquear los puertos de Haitl en caso que el Em­perador no obedeciese a sus reclamos. y de librar a los do­minicanos. al arbitrio de Haitf. si éstos no se allanaban a sus exigencias. T odo no pasaba de extorsion y espantajo.

Faustin 1 no se decidi6 a tener temor. Cuando creyé

(1) Memoria dominicana dirigida en 1896 a S. S. Le6n XIII. juez y arbitro en el litigio existente entre las Republicas Dominicana y d .. Haitî.

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llegado el momento, moviliz6 sus fuerzas e invadi6 el te­rritorio oriental.

En la segunda quincena de diciembre de 1855, atacô a los dominicanos con tres cuerpos de ejército; uno, por el norte. al mando deI general Décayette; otro, por el sur, comandado por el general Garat, y el tercero, en el cen­tro. a las 6rdenes deI comandante supremo, el propio Em­perador.

Las tropas haitianas penetraron en el territorio domini­cano por las tres direcciones, Los primeros combates fue­ron favorables al ejército haitiano, el cual rechaz6 a las fuerzas que cubrfan las ciudades de Neiba y Las Matas. y los puestos de Meseta y Cachiman. Pero en la saba na de Santomé. los invasores sufrieron un serio revés. acerca deI cual ningUn historiador ha podido determinar las causas.

Empero. Antoine Michel, en su monograffa Advenimien­to dei general Fabre Nicolas Geffrard a la presidencia de Haitî (1) demuestra que la octava columna comandada por el general Voltaire Castor, que formaba la vanguardia. re­cibi6 orden de batirse en retirada. en momentos en que la acci6n era mas viva. Dicha orden pareci6 emanar deI Em­perador, quien. sin embargo. no la habla dada. Y fué ésta la senal de la catastrofe ...

19ual que en Oc'oa. hubo aqui una nueva traici6n. que Faustin puntualizo en la proclama publicada en el M oni­teur deI 9 de febrero de 1856. Para castigarla, aplic6 san­ciones ciegas y duras. fusil6 a Voltaire y a buen numero dt" otros generales.

Finalmente. luego de sufrir nuevas derrotas al norte, el 24 de diciembre de 1855. en Sabana Mula. y el 26 de

. enero de 1856. en Sabana Larga. debi6 resignarse, una vez

(1) ANTOINE MICHEL: L'eoénement du Général Fabre Geffrard à la Présidence d'Haiti. V. Valcin, impresor, Puerto Principe. 1932.

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mas, a abandonar la partida, y esta vez, fué la ultima, que sell6 la renuncia a toda tentativa para atraer a los domini­canos a la uni6n politica con Haiti.

En todo caso, el descalabro puso fin al inutil ensueno de quienes consideraban que, aun por medio de la fuerza. era necesario que toda la isla se sometiese a la direcci6n de la Repûblica haitiana, cuya independencia habrla es­tado amenazada si una parte dei territorio hubiese sido ocu­pado por una gran potencia. El temor a este peligro era tanto mas legitimo cuanto que las condiciones hist6ricas en I~s cuales nuestra nacionalidad habla nacido, su constitu­ci6n étnica y el significado simb61ico de su existencia en relaci6n con la esc1avitud de los negros. hadan de ella una campeona de las libertades humanas y una defensora d~ los derechos dei hombre, fuesen 0 no producto inten­cional dichos prop6sitos.

8astaba con que existiesen para que, de por si, repre­sentaran una ideologia.

Ahora bien, en el otro campo, vemos que los domini­canos, en una exaltaci6n de bovarysme colectivo, creian pertenecer a la raza blanca, duena dei universo. Se per­suadieron de que eran blancos. Aferrados a dicho postula­do, debieron creerse, como sus seme jantes de igual espe­cie, superiores al resto de la creaci6n. Pues, <'. no es ver­dad, acaso, que no hay mas hombre que el blanco? <'. No es, acaso, de él de quien habla el Salmista cuando se diri­ge al Eterno:

((Lo has hecho un poco inferior a Dios. le has dado dominio sobre las obras de tus manos. y has puesto todo bajo sus pies ... )) ? (1).

Entonces, { en base a qué transmutaci6n de val ores po-

(1) Salmo 8. verslculos 6. 7 y 8.

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drlase pensar que el dominicano se asimilase al negro, y

merced a cual abominaci6n querriase asociarlo a la vida social y poHtica de una categorla de seres a la cuai te610gos. sabios, juristas y traficantes, consideraron. en un momen­t0, como insfrumenium vocale, es decir, como material explotable, igual que cualquier otra materia animal 0 ve­getal?

y si, al otro lado de la frontera, en un momento de gloria y de côlera, esta materia explotable se habla convertido milagrosamente en energfa explosiva; si la muchedumbre de réprobos. la horda de negros, hizo del estado de servi­dumbre, condiciôn huma na : si jefes tales coma T oussaint­Louverture, Dessalines y otros encarnaron de pronto el sentimiento de desquite y rencor, reclamando su inalienable derecho a ser hombres entre los hombres; si en una parte del globo que ellos humanizaron. crearon una patria, la pa­tria de ellos. é no habla, 0 no hay, acaso, entre dominica­nos y haitianos, un conHicto ideol6gico irreducible. un es­tado de alma inconciliable y una diferencia fundamental y tragica de mentalidades que deberfa, tarde 0 temprano. fatalmente, conducirlos a un enfrentamiento como el de la larga y sangrienta guerra en que se empeiiaron durante once aiios?

Ante este infranqueable foso se debatiron los adversa­rios. de 1844 a 1855, fortificados cada uno en su posici6n respectiva.

La aspiraçi6n a reivindicar la unidad territorial de la isla, como parte de una herencia paternal que deseaba res­tituir Integra a sus descendientes. fué el significado ultimo que asumi6 la obstinaci6n de Faustin Soulouque.

Pero. é por cuaJes medios? S6]0 disponia de uno. la fuerza, con la cual se habfa impuesto a la comunidad hai­tiana. Quienes 10 elevaron al sill6n presidencial con el pro­p6sito de transformarlo en juguete de sus maquiavélicas

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intenciones, no pudieron suponer que el bonachôn Coachi estuviese dotado de tan dominante personalidad. Para mostrarla emple6 la fuerza bruta, y alz6. sobre unos ci­mientos de sangre, el trono de S. M. I. Faustin I. El clau­dicante elemento humano sobre el cual se impuso, era un -conglomerado blando, amorfo, hecho de bajeza, sumisi6n

• y acritud. En este cenagal infecto germino la traicion. dis­puesta a manifestarse siempre en el momento oportuno. Tanto en Ocoa como en Santomé. la ocasion fué propicia para hacer que el imperio se hundiese. a través deI des­gaste y dislocaci6n de su instrumento vital: la fuerza.

El enemigo interno, adversario emboscado, supo apro­vecharla con arte consumado y diabolico.

No sé si convendni remitirse al polemista aspero que fué Antonio Michel, y evocar las sugestiones que su obra despierta. por la cuai nos vemos obligados a meditar sobre el pérfido apotegma de « buscad a quien el cnmen apro­vecha)).

De cualquier modo, tres anos después de la derrota de 5antomé. el imperio se derrumb6 en la indiferencia y el desprestigio. por el golpe de mana de Fabre Nicolas Gef­hard. duque de Tabara. jefe dei estado mayor de S. M. l.

Asistiremos ahora a otra fase de la historia de las rela­ciones haitianodominicanas y examinaremos un nuevo as­pecto de eHas.

e Cual sera la polftica exterior dei gobierno de Gef­hard, después de la caîda dei imperio. en 10 relativo al territorio dei Este? i.. Cuâl sera la de sus sucesores? è Cu al habra de ser la actitud dominicana ahora que la hostilidad de los haitianos no ha de interferir ya mas en el anhelo de realizar sus aspiraciones nacionaJes?

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CAPITULO Il

EL GOBlERNO DE FABRE NICOLAS GEFFRARD

ANTE EL PROBLEMA DOMINICANO

LAs DlFICULTADES DE UNA DECISION. LA ANEXION VOLUNTARIA DE LA

REPUBLlCA DOMINICANA A EsPANA, OBLIGA AL GOBlERNO HAITIANO A TOMAR

POSICIONES

El advenimiento de Fabre Nicolas Geffrard al poder su­premo, luego de la triunfante rebeIi6n que e ncabeza ra , creaba al nuevo gobierno un doble problema: el primero relativo al régimen interna, y, el segundo, vinculado a la polîtica exterior. Concretamente, habla que decidir sobre conservar a repudiar el imperio, y hacer la paz 0 continuar la guerra con los dominicanos.

Ahora bien, la insurrecci6n dei 22 de diciembre de 1858 habîa estallado. no solamente contra Soulouque. coma jefe de Estado, sino contra el propio régimen imperial, en cuanto sistema de gobierno. De modo que, el primer acta de los revolucionarios, fué anular la Constituci6n de 1848. que habla instituldo y organizado el imperio. En seguida. restableci6se la Constituci6n de 1846, la cual, en su artÎcu­la 117. pre vela la presidencia perpetua deI jefe deI Estado.

y Geffrard fué proclamado, por tanto, Presidente per··

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petuo de la Republica. El Sena do imperial, conservado en­tre los organismos dei régimen depuesto, 10 connrmô en dichas atribuciones.

Si consideramos que la forma democnitica de nuestras i.nstituciones, tales como las Camaras legislativas de dele­gaciôn popular, la distinciôn y separaciôn entre los poderes deI Estado, la rotaciôn temporaria de los funcionarios que dirigen los organismos publicos, etc., no llega, en denni­tiva, a limitar el absolutismo de los jdes dei poder ejecu­tivo, el origen dei cual esta inspirado en nuestras c'ostum­bres, a 10 largo de extensa perspectiva histôrÎca, la inves­tidura constitucional que connere al Presidente de la Re­publica el goce deI po der durante todo el curso de su exis­tencia, hace deI mismo un soberano tan temible coma cual­quier déspota legendario antiguo.

Sucede que, cuando los constituyentes. preocupados por 1"eaccionar contra es as tendencias riesgosas, se ingenien, i:on lujo de precauciones, en limitar en las Cartas funda­mentales los términos deI mandato, de manera expresa y 'formaI. a periodos estrictos y prohiban, mediante clausulas severas, la renovaciôn inmediata de los mismos, los jefes dei poder ejecutivo , con pocas excepciones, desencadenan a una cierta altura dei e;ercicio de su mandato, movimien­tos de muchedumbres, con toda especie de maniobras, y en virtud deI sacrosanto princÏpio de la soberania popular, hacen votar plebiscitariamente la duraciôn de su gobierno. hasta que estalla un movimiento insurreccional que los pre­i:ipita en la ruina.

De modo que cuando. en 1858, Geffrard fué elegido Pre­sidente perpetuo de la Republica, encadenô «la continua­ciôn dei imperio de Faustin I. sin el emperador y sin la no­bleza, coma anota justamente Louis-Joseph Janvier (1).

(1) LOUIS-JOSEPH JANVIER: Les Constitutions d'Haïti, p. 270.

85 T OMO III .-5

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El contenido de la materia social y poHtica permaneClO siendo .el mismo, y no hubo sino un simple cambio de ro­tulo en el recipiente.

Es evidente que la multiplicacion de graves errores ha­bia hecho impopular y hasta odioso al imperio, pero Cf.e­yose que, por la virtud magica de una candida sustitucion de rotulo, la Republica habria de operar el restablecimien­to de una situacion que era deplorable desde muchos pun­tos de vista. TaI como si el esta do social de una comuni­dad pudiese depender de su denominacion politica, y no fuese, en primer lugar, el fruto de condiciones historicas previas, la resultante de la coordinacion de los elementos demograficos que forman la comunidad, la adapta ci on de sus recursos economicos a la progresion de sus necesida­des colectivas, y, por .ultimo, una elevacion subsecuente y

armoniosa de las diversas capas que constituyen el conglo­merado.

Ahora bien, ,en 1859, el estado social de Haiti era toda­via parecido al de una crisalida en proceso de transforma­cion. Poco importaba el rotulo polltico con que se ataviase; la realidad social debia poner en relieve las contradicciones que enfrentaban las aparÏencias con la realidad objetiva de los hechos.

Las instituciones que antes sostenÎan el ,edificio impe-· rial, Camaras egislativas, Cortes de justicia. Ejército. pa­saron al servicio de la Republica. tal coma si nada hubiese' cambiado. y el jefe deI Poder ejecutivo, ayer gran digna­tario de la corte imperial, troco su titulo de duque de T a­bara, por el de Presidente perpetuo de la Republica. Un nuevo soberano tomaba el poder en la comunidad haitia­na, sedienta de estabilidad, progreso y seguridad.

A mas, Geffrard se vi6 también enfrentado al insoluble problema deI litigio haitianodominicano.

(Habla que proseguir la guerra 0 firmar la paz?

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La opInIOn publica era contraria, tanto a la guerra. en la cual se habian producido derrotas continuas que la exas­peraron, como a la instauracion de una Republica Domi­nicana. en las condiciones de dependencia internacional, que paredan ser el predo de su existencia y que ponia en peligro la propia autonomia haitiana. ganada a tan duro precio en los campos de batalla.

Ante tal disyuntiva. Geffrard opt6 por un término me­dio. un compromiso.

Acepto la intervenciôn de dos potencias mediadoras, de Francia e Inglaterra. y concluyô una tregua de cinco anos con los dominicanos. La tregua no era. en realidad. sino un primer paso hacia la aceptaciôn deI hecho consu­mado. En tal modo, pensô encontrar al menos. una solu­cion provisoria. un c'ompas de espera en el angustioso pro­blema de las relaciones haitianodominicanas.

De pronto, la escena cambi6. El 6 de abri! de 1861, el c6nsul general de S. M. C. en

Puerto Principe inform6 oficialmente al gobierno haitiano que, en virtud de un acuerdo entre el gobierno de Pedro Sé:ntana. Presidente de la Republica Dominicana y la Corte de Madrid. todo el territorio dominicano habia sido anexa­do a la corona de Espafia, y que el pabe1l6n espafiol sus­tituÎria. en adelante. al dominicano.

La suerte estaba echada. El crimen, consumado. La catastrofe. tan temida por el pueblo haitiano desde

la fundaci6n de la nacionalidad. y que consistia en impedir que una gran potencia pudiera instalarse sobre el territo­rio oriental. a fin de salvaguardar su autonomia contra toda absorci6n eventual, acababa de abatirse sobre nosotros. en los precisos momentos en que tratabamos, mediante un compromiso. de adaptarnos a la existencia de una vecina Republica Dominicana. libre e independiente.

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(Qué hac'er? El gobierno de Geffrard publicô de inmediato una

«(Protesta», en francés y espaiiol, dirigida a los pueblos haitiano y dominicano. y que hizo insertar en el Moniteur dei 6 de abri! de 1861. La pieza decîa aSI:

HF abre Geffrard.

Presidente de Haitl.

llEI general Santana. al consumar el atentado que pre­meditaba desde hace mucho. ha hecho izar el pabe1l6n espafiol sobr,e el territorio dei este de Haiti. El gobierno haitiano ha sido notificado dei hecho por oncios emanados dei propio general. y por una nota de fecha 6 de abril dei corriente ano. deI Consulado de S. M. Cat6lica. en Haitl.

llEn verdad que el gobierno de Haitî no podla prever se­me jante noticia.

llLas relaciones amistosas que la corte de Madrid man­tenfa con el mismo. desde hace algunos anos. acreditando c6nsules ante la Republica. no hacîa anticipar tal acto, y si. de acuerdo a los consejos de las potencias mediado­ras .. el gobierno se habfa apresurado a acordar a los domi­nicanos una tregua de cinco aDOS. no era, sin duda. para que se le preparase. a la sombra de la tregua y de la leal medi~ci6n de F ranciae Inglaterra. una acci6n de este tipo.

llt Qué derecho le asiste a Espafia para posesionarse hoy de la parte deI Este? (No habla. acaso. dicha provin­ciao desde hace muchos ~fios. dejado de ser por completo su colonia? (No habla aceptado Espafia. en efecto. duran­te caSl un cuarto de siglo. la incorporaci6n voluntaria de

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la parte deI Este a la Republica de Haiti? Y, a mas, ê no habla reconocido la independencia de la Republica Domi­nicana, y tratado con ella de estado a estado? Espafia no tiene hoy ningtin derecho que invocar sobre la parte deI este de Haiti, y sus pretensiones sobre dicho territorio son las mismas que podrian sostener Francia e Inglaterra; la toma de posesi6n de la zona por Espafia es un hecho tan desproporcionado y an6malo como si 10 hubiesen reali­zado Jas propias Francia e lnglaterra. Si admitiésemos que Espafia conserva aun derechos sobre la Republica Domi­nicana, deberfamos aceptar que también los tiene, en la actualidad, sobre Méjico. Colombia. Peru y, en fin. sobre todas las repûblicas independientes de América de origen espafiol.

))Y, por su parte, è con cuales derechos el general San­tana y su facci6n entregan, a Espaiia. el territorio domi­nicano?

llEs voluntad deI pueblo, dicen. llAfirmaci6n falaz. ))La poblaci6n, estremecida bajo el reglmen de terror

organizado por el general Santana. esta incapacitada para manifestar libremente su voluntad. Multitud de ciudada­nos esclarecidos y honorables, de abnegados patriotas de la Repûblica Dominicana, expulsados de su patria por el general Santana, protestan, con todas sus energfas, contra esta enajenaci6n de la patria, a la cual califican de vil traici6n.

)lEs incontestable el derecho de Haiti para impedir que­ninguna potencia extranjera se establezca en la parte orien­tai de la isla.

>lDesde el momento en que dos pueblos habitan con­juntamente en una misma isla, sus destinos. en 10 que res­pecta a tentativas invasoras deI extranjero, se haèen ne ce­sariamente solidarios. La existencia deI une se halla fnti-

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mamente ligada a la deI otro, y es forzoso que se ofrezcan garantîas de seguridad mutua.

»5upongamos la probabilidad de que Escocia pasara, de pronto, al dominio de los rusos 0 los franceses, <: podrla decirse que no se hallase comprometida de inmediato la existencia de Inglaterra?

»T ales son los lazos necesarios que unen a las partes oriental y occidental de Haiti. Tales son los poderosos motivos que han hecho que nuestras Constituciones decla­raran constantemente, desde nuestros orlgenes polfticos. que la isla entera de Haitî no formaba sino un solo Estado. y no era una ambiciôn de c'onquista 10 que dictabaesta declaracion. sino solo un sentimiento profundo de la pro­pia seguridad. pues los fundadores de nuestra joven na­ciôn manifestaban, al mismo tiempo, que Hait! prohibfa toda actividad que pudiese turbar el régimen interior de las islas vecinas.

)lEI gobierno haitiano. interpretando. en el mejor senti­do. las condiciones de independencia y seguridad de las naciones. ha querido formar. por tanto. con la poblaciôn dominicana, un estado hom*ogéneo. Durante veintidos anos este noble proposito viôse realizado por la libre y propia voluntad de las poblaciones deI Este. Ambos pueblos se han mezclado entre sI, han vivido la misma vida polftica y social y han formado un estado ûnico. debiéndose adver­tir. ademâs. que la administraci6n de dicha mitad de la patria cost6. durante veintidôs anos. grandes sacrificios pe­-cuniarios al gobierno haÎtiano.

»5i el pueblo oriental se ha separado en 1844. 10 ha hecho unicamente con el objeto de reivindicar su pro pia autonomla.

)11nspirado en un peculiar sentimiento de su libertad. na querido sustituir el gobierno unico por dos gobiernos distintos. sin desconocer. por otra parte. los lazos ÎntÎmos

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y la comunidad de intereses entre ambas poblaciones. La escÎsi6n deI Este no ha sido provoc'ada. en el fondo. si no en virtud de una querella ac'erca de la forma de gobierno. Pueblos tan celosos de su libertad no pueden ser entre ga­<los a una potencia extranjera. como tampoco el gobierno haitiano podra aceptar nunca nada que no sea esta auto­nomla. objeto de sus mas caros deseos. con el objeto de salvaguardar los intereses corn unes de la comun indepen­dencia de ambos pueblos.

lJEI gobierno de Haitl protesta. por tanto. solemne­mente ante Europa y América por la ocupaci6n deI terri­

torio dominicano por parte de Espana; declara que la facci6n ((Santana)) no tiene derecho ninguno de enajenar.

bajo ningtin concepto. dicho territorio. que nunca habra de reconocer la citada cesi6n y que al formular firme men­te toda c1ase de reservas a dicho respecto. se reservara, a la vez. el empleo de todos los medios que. de acuerdo a

las circunstancias. podrian resultarle apropiados para am­parar y garantizar sus mas preciosos intereses.

nDado en el palacio nacional de Puerto PrIncipe. el 6 de abril de 1861. ano 58° de la lndependencia.

(Firmado): G eifrard,

Por el Presidente: El secretario de Estado, presidente <leI Consejo: J. Paul,

El secretario de Estado en el departamento de Guerra y Marina: T. Déjoie,

El secretario de Estado en el departamento de Justicia y CuIto: F. E. Dubois.

El secretario de Estado 'en los departamentos de lnte­rior y Agricultura: F, Jean Joseph.

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El secretario de Estado en los departamentos de Finan­zas. Comercio y Relaciones Exteriores. V. Plésance.

El secretario de Estado en el departamento de Polida general: Joseph Lamothe.»

Mas tarde. el 18 de abril. Geffrard lanzo al pueblo haitiano un LLAMADO A LAS ARMAS.

Los términos deI documento. tales como los reprodu­cimos seguidamente. son tan inflamados. que parecîan ha­ber debido conducirnos a una guerra inminent.e con Es­pana. Pero no hubo nada de eso. por la sencilla razon de que la existencia misma de la pieza plantea un problema historiografico sumamente desconcertante.

F ué reproducida. en apéndice. en las paginas 417 y siguientes deI primer tomo de la obra Anexion y guerra de Santo Domingo, dei generai La Gândara. Con todo. no he­mos podido encontrar ninguna huella de la misma en los archivos haitianos. Empero. no es apOcrifa. Su autentici­dad tiene origen en las circunstancias que la hicieron na­cer. El gobierno de Geffrard, que en ninglin modo estaba preparado para desencadenar y sostener una guerra con Espafia. después de haber lanzado este «Hamado a las ar­mas)). ha debido meditar, probablemente. en las conse­cuencias de semejant.e provocacion, y ha hecho desapare­c'er el comprometedor documento. cuyas copias se han conservado. con todo. en las oficinas de la legacion de Espafia en Puerto Principe. Gracias a ello podemos repro­ducirlo aqul:

«Al Pueblo y al Ejército.

llHaitianos; ))EI general Santana. que dirige el destino de nuestros

hermanos dei Este de la isla. ha enarbolado la bandera

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espafiola sobre las murallas de Santo Domingo. En Cuba y Puerto Rico viven miIlones de nuestros hermanos y con­ciudadanos, a la sombra de una bandera que al flamear sobre Santo Domingo nos hace presagiar el fin de nuestra libertad.

» 1 Haitianos ! »( Consentiréis ,en perder vuestra libertad y veros re­

ducidos a la esclavitud? »Hoy, en pleno siglo XIX, cuando los pueblos de Italia.

Hungria y Polonia luchan por emanciparse y conseguir su independencia. (. podrfais consentir en que arraigara en nuestro suelo la autoridad de un gobierno extranjero deci­dido a conspirar contra nuestra voluntad y a destruirla me­diante la violencia y la astucia?

llNo; jamas sufriréis una tal ignominia. La patria esta en peligro, nuestra nacionalidad amenazada, nuestra liber­tad, comprometida.

))1 A las armas, haitianos! i Corramos a las armas para rechazar a las hordas invasoras! i Que vuestra consigna sea la frase inmortal que sirviô de divisa a los fundadores de le Republica: Liberiad 0 muerte. i Respondamos a la fuer­za con la fuerza !

llNo vacilemos ante ningun sacrificio. ni retrocedamos ante ningûn obstaculo. T odos los medios son buenos cuan­do se aplican para defender la libertad. Aunque lleguemos a ver a nuestro pueblo reducido a un mont on de ruinas. y el pals entero convertido en un inmenso sepulcro, comba­tiremos sin tregua ni c'uartel. Dios dara la victoria a los

haitianos. llAun cuando el ûltimo de los nuestros exhala se el ulti­

mo suspiro. Espana no conseguiria. de ningun modo. sus fines. ya que ni Europa ni América consentirÎan nunca en que su aborrecido estandarte fuese plantado en el suelo de

nuestra querida patria.

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» j A luchar! Es necesario que termine la dominaci6n de Espaiia ·en América. Expulsaremos al invasor de Santo Domingo, y este triunfo precedera al de su expulsi6n den­nitiva deI golfo de Méjico.

llEspafia aspira a destruir nuestra nacionalidad, y no sabe que, con ello, se cava su propia tumba. El futuro con­firmara esta predicci6n.

»j A las armas, haitianos! Marchemos al combate y no abandonemos las armas hasta que la autoridad espafiola desaparezca deI territorio de Haitî. Si la suerte nos fuese desfavorable. comportémenos de manera que el estandarte espafiol no Ramee sino sobre nuestras cenizas y nuestros cadaveres.

llLa historia y la posteridad celebraran nuestro herOls­mo. Las naciones civilizadas vengaran nuestra derrota y

nuestra ruina. »)Dado en el palacio nacional de Puerto Principe. el

18 de abril de 1861.

Fabre G effrard. ))

Era la guerra. Sin embargo. en vez de recurrir a ella, iniciando las

primeras hostilidades. tal como el tono de su discurso 10 hacîa presentir. Geffrard volvi6 sobre su propia determi­naci6n. ReSexion6 acerca de las deplorables condiciones en las cuales las acciones se desenvolvian, ya que el ejér­cito haitiano no se encontraba en situaci6n de intervenir en un conRicto de envergadura, previendo un descalabro. prenri6 mejor solicitar la intervenci6n de las potencias me­dia doras de Francia e Inglaterra en esta nueva fase de la cuesti6n haitianodominicana. para 10 cual entablé> las ne­goclaclOnes siguientes:

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Memorandum dirigido pOT el gobierno haitiano a los gobiernos de Francia e Inglaterra (1).

«(El lB de rnarzo ûltirno, el pabell6n de Espafia ha sido izado en la entera parte oriental de la isla de HaitI. la cual, a partir deI 27 de febrero de 1844, se habÎa consti­tuido en estado soberano con la denorninaci6n de Repû­blica Dorninicana. Las serias cornplicaciones que dicho acontecirnÎento ha provocado y las que podrÎan seguÎrle. no habrfm de resultar, sin duda. indiferentes a las dos grandes potencias que rnarchan a la cabeza de la civiliza­c16n. y que ejercen, en particular. sobre la polltica de estas regiones deI Nuevo Mundo una tan saludable influencia.

),EI gobierno de Haiti ha tornado. en esta grave circuns­tancia, la deterrninaci6n de efectuar un importante paso diplornâtico ante los gobiernos de Francia e Inglaterra. Seriamente arnenazado pOT la inopinada transforrnaci6n de un estado de cosas que las dos grandes potencias reco­nocieron y consagraron. ha creÎdo obedecer a un deber imperioso al recurrir a los gobi.ernos de Francia e Ingla­terra. cuya bienhechora intervenci6n puede, con tanta fa­cilidad. anular las funestas consecuencÎas que se derivarân inevitablemente deI inaudito acto dei 18 de rnarzo.

fI) Deploramos tener que reproducir aqui la misma pieza que pu­bhcamos en un estudio aparecido, en enero de 1939. en el numero 32. de la Retlue de la Société d'Histoire et de Geographie d'Haiti, tituladq .La Diplomatie Haïtienne et nndependance Dominicaine, 1858-1867 •. Advertimos, entonces, que algunas partes deI documento I1egado a nos­ottos -y se trataba dei original- hab{an sido destru!dos por insectos. no habiéndonos sido posible recomponer los fragmentos destruÎdos. No obstanle esto. la esencÎa dei pensamiento dei firmante. que provee -dei sentido y alcanee a la gestiôn de su gobierno. ha podido ser sal­vada. por 10 cual creemos que el documento conserva su valor intrin­"seco.

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IIEI gobierno de Haiti no querrîa entrar en exposlClones­harto circunstanciadas para atraer sobre este asunto toda la

atenci6n que la gravedad dei mismo reclama. Antes, pues,

de relatar con toda veracidad los hechos que han originado· esta complicaci6n y exponer imparcialmente la conducta respectiva de las partes que se enfrentan en estas circuns­tancias, interesa efectuar algunas consideraciones indispen­sables para apreciar la pol(tica deI gobierno haitiano con

el Este de la isla. »La naci6n haitiana se encontr6 en sus orfgines, y se

encuentra aun, en condiciones particularfsimas.

(1 ),

atenci6n de sus fundadores. aSI c'omo de los hombres que han sido lJamados después a dirigir sus destinos. Compues­

tas de descendientes de una raza oprimida, cuya suerte se· halJa lejos aûn de haber sido m,ejorada en proporci6n de los generosos esfuerzos que han hecho en su favor Francia e lnglaterra, las potencias que mas han trabajadoen dicho sentido, debi6 encarar constantemente la situaci6n diffcil y peligrosa que representaba el predominio a su alrededor de un sistema odioso, cuya existencia no puede desarro­llarse sino en d.etrimento de Hait!, deI cual es la negaci6n. El pueblo haitiano, por tanto. rodeado de colonias 0 esta­dos, en los cuales las instituciones hablan deeretado la ser­yidumbre de hombres d.e la misma raza que la suya, no podfa defenderse sino previniéndose de la ocupaci6n de

(1) N. B.-Las presentes llneas de puntos y las que siguen, sefialan 1 .. 5 partes deI memorândum ro'das por los insectes, las cuales nos hemos. vislo imposibilitados de reconstruir.

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eualquier punto deI territorio. bastante reducido ya. de la lsla.

))Tal es la raz6n politica de dicha disposici6n conser­vada en los diferentes pactos fundamentales que han regi­do el pais desde su independencia. por la cual se asigna eomo territorio a la nacionalidad haitiana a toda Haiti y las islas adyacentes. Para comprender la justicia de esa declaraci6n. dictada por el sentimiento de la conservaci6n nacional y confirmada por veintid6s anos consecutivos de uni6n y confraternidad. basta recordar el origen comun y. en consecuencia. la identidad de intereses de la gran ma­yoria de las poblaciones deI oriente con las deI Oeste de Haiti. La inquietud. por 10 demas. dfè la unidad deI terri­torio. no se ha manifestado solamente a partir de la procla­maci6n de la independencia de Haiti. Mucho antes de esa fecha. en una época en que otros destinos reg{an a la isla y sus razones se basaban en intereses de un orden mucho menos elevado. la neoesidad de no pertenecer si no a una uni ca potencia se habia revelado y dado origen a negocia­ciones reiteradas en 1698, 1740. 1783 y, sobre todo, en 1795.

Esta necesaria unidad de la isla de Haiti desde su apa­rici6n en la vida politica, habia ... con sus deseos mas ar­dientes. se realiz6 en 1822 ... voluntad de los habitantes deI Este ... participado de la constituci6n originaria de dicho Estado. La uni6n intima de las dos poblaciones de Haiti dur6 desde entonoes a 1844. Durante esos veintid6s anos de paz y prosperidad, la nacionalidad haitiana establecida sobre la isla entera fué definitivamente reconocida. taci­ta oexpresamente. por las principales potencias extran­jeras. Después de este largo periodo de armonia y buena inteligencia. y con motivo de acontecimientos que resul­tana inutil repetir aqui, la era de las disensiones intesti­nas volvi6 a abrirse para HaitI. y los habitantes deI Este. guiados menos por sus verdaderos intereses que por la am-

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bicion de algunos hombres, resolvieron separar su suerte de la de sus hermanos deI Oeste. Esta fatal division de la isla en dos republicas, cuyos funestos resultados cran faci­les de prever, tuvo coma primer efecto modificar profun­damente el car acter simpatico y amistoso que guardaron, aun durante .el cisma, las relaciones entre ambas poblacio­nes. Si de un lado los hombres que tomaron la direccion de los asuntos orientales se mostraron mas dispuestos a sacrificar su patria, pidiendo para ella la dominaci6n ex­tranjera, que a hermanarse con el Oeste, deI otro, el go­bierno de Haiti, justamente alarmado por el peligro que entrafiarfa infaliblemente la desuni6n de los haitianos y la divisi6n del territorio, rehus6 toda aprobaci6n deI hecho consumado en Oriente el 27 de febrero de 1844. Dos ten­dencias tan contrarias debfan hacer, en una y otra parte, un espfritu de hostilidad, el cual, salvo dos tentativas ex­expedicionarias, no se manifest6 durante mucho tiempo, si no a través de combates aislados en la Frontera de los pafses antag6nicos. A partir de 1849, la situaci6n se agra­va con motivo de la resoluci6n que tom6 el gob~erno de entonces de poner fin a la escisi6n por medio de las armas. Los deplorables sucesos que acompafiaron y siguie­ron a la expedici6n, intentada sin éxito hasta dicho mo­mento, la actitud amenazadora que conservo durante toda su duraci6n, frente al Este, el sistema polftico tan poco apropiado para ofrecer garantfas a las poblaciones de esa part.e de la isla y, sobre todo, la nueva expedicion em­prendida en 1855, parecieron haber descartado por mucho tiempo todo espfritu de reconciliacion. Durante ... este ul­timo perIodo, la intervenci6n oficiosa ... de una y otra par­te por los gobiernos de Francia e Inglaterra, se esforzo en ejercer saludables efectos. Ambas potencias, después de haber dado propuestas de expansi6n en el Este, termi­naron por reconocer la independencia de la Republica

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Dominicana. Animadas de idénticos sentimi,entos en favor de ambas poblaciones, cuyas existencias pollticas habfan aprobado, tuvieron la generosa idea de interponerse c'omo mediadoras entre los litigant,es y aconsejar continuamente la adopci6n de las medidas que juzgaban mâs apropiadas para poner fin a una lucha estéril.

Tai era el panorama en el momento en que la revolu­ci6n deI 22 de diciembre de 1858 instaur6 un nuevo poder en la direcci6n de los destinos dei pals. El gobierno de la Republica restaurada, al apreciar las sabias indicaciones de las potencias mediadoras, las cuales concordaban tan por ent,ero con sus miras personales, resolvi6 sustituir el sistema de hostilidades dei pasado con un nuevo régimen de paz. Una tregua de cinco anos inaugur6 esta nueva era. Gracias a dicho perlodo de calma y seguridad, el gobier­no de Haitl esperaba de jar a los habitantes deI Este el tiempo para meditar seriamente acerca de su determina­ci6n de regirse por ellos mismos, decidido, coma estaba, después de esta ultima e indispensable prueba, a sancio­nar solemnemente su voluntad nacional si persistla por igual camino. Se habla propuesto, igualmente, con tal me­dida, destruir toda causa de irritaci6n y rencor entre los hijos de una misma tierra y de volver a estrechar coma antano, entre una y otra poblaci6n, nacida para entender­se, los lazos de amistad que no debenan de jar de existir por el hecho de que viviesen independientes. El gobierno de la Republic'a creia su deber seguir esta conducta prudente, pero leal y sincera, antes de tomar la grave resoluci6n de aceptar la divisi6n deI territorio de Haiti.

Las poblaciones orientales, especialmente las de las honteras, no vacilaron en aceptar esta reconciliaci6n. De­di caron aun tal celo a renovar antiguas y utiles ... que ha­bÎan interrumpido quinte anos de error... de sus gober­nantes de entonces ... de oponerSe a cualquier precio. Se

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tomaron medidas rigurosas con dicho objeto y esta1l6 una .revuelta. Las comunicaciones cambiadas, con motivo de dicho acontecimiento, entre el gobierno de Haiti y los agentes de la mediaci6n, son demasiado recientes coma para que necesiten ser record ad as aqul.

Ya, entonc'es, los gobiernos deI Este perseguian con ar­dor la realizaci6n de un proyecto desleal, tan contrario a 105 auténticos intereses de ambas poblaciones cuanto a los

'manifi,estos anhelos de los gobiernos de Francia e lnglate-rra. El general Santana y sus consejeros, a pesar de los de­'beres que les imponia la misi6n sagrada de regir los asuntos deI Este , demostraron, repetidas veces, cUéin poco aprecio tenîan por la independencia de su patria. La intervenci6n de las potencias media doras habia sido constantemente ne­cesaria para frustrar sus funestas tentativas contra dicha ïndependencia. Al volver a emprender sus actividades, los gobernantes deI Este se hablan decidido a emplear esta vez todos los medios que les pudiesen asegurar el éxito.

A principio de 1860 el gobierno de Haiti fué advertido acerca de estas maquinaciones ocultas. pero, a 10 que se deda, tratabase en este casa de negociaciones entabladas 'con los Estados Unidos para el avasallamiento deI Este . Meses mas tarde , informaciones precisas indicaron que el trato era c'on Espafia. Se sabia , al mismo tiempo, que un personaje dominicano se habla dirigido a la corte de Ma­-drid. Mientras tanto, la llegada de canadienses y. sobre todo, de espafioles provenientes de la penlnsula misma , a la parte oriental de la isla , suscitaba la seria atenci6n deI gobierno de Haiti, pero, en noviembre ûltimo, un anuncio proveniente de fuente respetable, revel6 d.e manera posi­tiva que habian sido entabladas negociaciones con Espafia. Un agente espafiol, llegado de La Habana , habla manteni­do con el general Santana en Los Llanos, sitio apartado de la capital , una conferencia secreta , a la cual asistieron

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el c6nsul de Espafia. el vicepresidente y dos rmntstros do­minicanos. Inmediatamente después de esta conferencia el agente volvi6 a partir para La Habana. acompaîiado del. .. y de otros dos ministros dominicanos ... de Relaciones Ex­teriores. Dichos personajes. segUn se afirmaba . se entende­nan sobre la base deI establecimiento de un protectorado 0

de una toma completa de posesi6n. Otros hechos. todavîa mas caracterîsticos. fueron suc'esivamente seîialados . Asl. en dlciembre. oficialesespaîioles fueron Hamados para ocupar altos puestos en el ejército dominicano. al mismo tiempo .. que un diario fundado .en Santo Domingo y redactado por esos mismos oficiales predicaba en mal disimulados términos. la anexi6n de la Republica Dominicana a su antigua metr6poli. El general descontento manifestado por la poblaci6n. re­tard6 durante algUn tÏempo la ejecuci6n deI atrevido golpe que proyectaban el general Santana y sus con se je ros . Bajo el falso pretexto de distribuir armas de calidad superior recibidas dei extranj.ero por el gobierno dominicano . se habîa desarmado a la poblaci6n sin efectuarle el cambio prometido. En las principales ciudades se crearon juntas para cambiar ide as acerca dei modo de resistir. las cuales se pusieron en contacto con los numerosos desterrados que habîan debido abandonar el pais por orden de Santana durante toda su dominaci6n tiranica. Impotentes para actuar en el interior dei paîs. todos volvlan sus miradas hacia el gobierno de Haiti. cuyo auxilio reclaman. en la creencia de que los hechos acontecidos hasta .entonces bastan para mo­tÏvar la ruptura de la tregua.

Entretanto. los agentes de las potencias mediadoras que se habian hallado en grado de comprobar. en una en­trevista con el propio Presidente de Haiti. la' sinceridad de las intenciones dei gobierno haitiano . con el deseo. sin duda. de retirar al general Santana todo pretexto para la perpetraci6n dei acto que se le imputaba. no vacilaron en

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T OMO III.-6

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anunciarle que este gobierno estaba dispuesto a reconocer lp.. independencia dei Este. lnformaron de dicho paso al gobierno haitiano y 10 invitaron a que les indicase sus pro­posiciones de arreglo. El general Santana y sus con se je ros. quienes solo pensaban en ganar tiempo para asegurar mejor ei logro de su proyecto. pidieron a los agentes de la media­ci on que se les .formulasen proposiciones explicitas y que se designase un lugar para iniciar conversaciones.

Mientras tanto. el gobierno de HaitI. inquieto por las rev.elaciones que recibia incesantemente acerca de la deter­nmiacion deI general Santana . .. . .. .. . . .. . .. .. . . . . ... . . _ la mediacion.

Luego de exponer en un despacho deI 10 de febrero la conducta seguida desde la restauracion de la Republica. el gobierno de Haitf pasaba resumen a los datos fehacientes liegados a su conocimiento y prosegufa en estos términos: (,Cada vez que hemos debido conversar acerca deI proble­ma deI Este . os habéis siempre limitado a comunicarnos que vuestras instrucciones os prescribfan velar por el man­tenimiento de las dos nacionalidades ,en el territorio de la isla.

)lé Qué resultarîa entonces de vuestro mandato . permi­tid que os 10 demandemos. si adquirfais conviccion de que los gobernantes deI Este se asignaban un protector 0 re­querfan directamente la dominacion extranjera?»

Al responder el dIa 18 a dichas comunicaciones. los re­presentantes de Francia ,e Inglaterra dedan. a su vez al go­bierno de Haitl:

(Aun admitiendo por un instante y como posibles las hipotesis mas extremas. tenemos todo el der-echo de creer que la tregua sera escrupulosamente respetada por las au­toridades deI Este . Pero . si desgraciadamente . no fuese asf. · el gobierno haitiano puede estar seguro que no le faltarâ nuestro auxilio para preservarla y mantenerla. Para finali-·

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zar, no sabriamos como celebrar la reserva con la cual el gobierno haitiano declara querer seguir los acontecimientos a la espera que éstos le indiquen claramente la lînea de conducta que debe adoptar, actitud en la cual 10 instamos a perseverar. Permanecer en los lîmites estrictos deI propio derecho, no crearse complicaciones inûtiles, queriendo pre­venirse de peligros eventuales 0 imaginarios, mediante el enviO de tropas sobre la lInea de fronteras en litigio, ab ste­nerse de todo acto inoportuno y, por consiguiente, suscep­tible de ser mal interpretado 0 de servir de pretexto mas o menos plausible para recriminaciones, aun injustas en el fondo, tales son, creemos, las condiciones con las cuales Haiti sera preserva do de todo ataque y podrâ ser, en caso de necesidad, objeto de la solicitud activa de nuestros gobiernos, a los cuales nos apresuramos en dirigir por el proximo packet copias de la comunicacion que recibimos anteayer y de la presente ... ».

En este momento ... en el Este y al aislamiento dei ge­ne raI Santana, quien no habîa sustituido todavia su autori­dad por la de una potencia extranjera. el gobierno de Haiti podîa salir de su reserva y volver a tomar, que brando con pleno derecho la tregua, su entera libertad de accion. Confiado completa mente en las indicaciones de los agentes de la mediacion, prefiriô persistir en la idea de continuar con los procedimientos amistosos y pacî6cos cuya adopciôn le aseguraba la aprobaciôn, y. en caso de necesidad, la ayuda activa de Francia e Inglaterra. A partir de entonces, no se ocupo sino de elaborar la importante acta que debfa poner fin a las disensiones de ambos partidos de la isla de Haiti. Después de haber establecido, de acuerdo con una comisi6n de nueve senadores, las bases deI arreglo y haber obtenido la aprobac!on completa deI Senado, informaba a los agentes de Francia e Inglaterra. que, con el objeto de entablar negociaciones. habla escogido la ciudad de Kings-

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ton {]amaica} para sede de las mismas . y hacia dicho punto se disponfa a hacer partir pronto a sus plenipotenciarios.

Los representantes de Francia e Inglaterra. confiados en la buena acogida que. para engafiarlos y ocultar sus verda­deros propositos. habfa efectuado aparentemente Santana. a la propuesta de un tratado con Haiti. encargaron a sus colegas. en Santo Domingo. anunciasen a los gobernantes dei Este las ultimas intenciones deI gobierno haitiano. a fin de que ellos. por su parte. correspondiesen en forma ana­loga. Pero ya el general Santana y sus c6mplices se habîan arrancado impudicamente la mascara. haciendo enarbclar sobre el territorio oriental el pabell6n de Espafia. El 6 de abri! la noticia de esa accion inaudita lleg6 a conocimiento deI gobierno haitano. aSI como la deI desembarco de trop as espafiolas en la citada zona. y el mismo dia. el consul de Espai'ia en Puerto Prfncipe comunicaba la toma de posesiéfl deI Este por su gobierno.

Seme jante traicién suscité un movÎmÎento general de În­dignacion e hizo brotar en todos los animos un sincero sen­timiento de adhesién a la causa de la independencia na­cionai. Al elevar su protesta. el gobierno de HaitÎ recibié de todas las localidades... anunciando la intencion de garan­tizar ...

En tal dificil coyuntura. el gobierno de Haiti pens6 en los esfuerzos que habfan hecho constantemente las dos po­tencias media doras para el mantenimiento de ambas nacio­nalidades en la isla. Recordé también las seguridades que le habfan dado los agentes de la mediacién acerca deI apo­yo activo de sus gobiemos para el casa que la aplicaci6n de sus c'onsejos no hubiese logrado el objeto deseado.

Desde entonces. este gobierno. prosiguiendo con su COl1-

duda honesta y moderada. ha tomado la determinacién 2e solicitar en este asunto la intervenci6n de Francia e IngIa­terra. 10 cu al puede conducir con facilidad a una soluci6n

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satisfactoria y. en consecuencia. prevenir de mayores males. Dicha intervenci6n descartarfa igualmente las nuevas y gra­ves complicaciones que pueden nacer de la actitud amena­zadora que parece dispuesto a adoptar. en esta cuesti6n. el gobierno de los Estados Unidos.

No hay que equivocarse acerca deI alcance y valor deI hecho cumplido en el Este. el 18 de marzo ultimo. para apreciar con exactitud la situaci6n a la cual ha dado origen. El general Santana. al aceptar la presidencia de la Repu­blica Dominicana. habla jurado mantener una constituci6n cuyo artIculo 3.° esta concebido en estos términos:

«Ningun poder 0 autoridad podra alienar el todo 0 parte cual quiera deI terri torio. »

Ninguna de las disposiciones de este pacto fundamental. aun en la forma mas indirecta 10 autorizaba a ejerc'er un derecho reservado al conjunto de sus conciudadanos, Con el atropello de dicho pacto y menosprecio de la soberania popular. de la cual provenian empero todos sus poderes. asistido de su propia autoridad y sin haber consultado al Congreso 0 al pueblo, reunido en comicios solemnes. ha declarado elestablecimiento dei dominio de Espafia. en el Este, Y. este acto, preparado con astucia y secreto y ejecu­tado por sorpresa. ha querido hacerlo aceptar, coma un he­cho consumado y jactandose de ello. sin duda, para ofre­cer apariencias de legalidad. por medio de las fuerzas de que dispone. contra una poblaci6n desarmada y contenida por medio de la intimidaci6n. Pero seme jante combina­ci6n .. , frutos y ... Uesultara legitimada por el éxito? .. , pre­cedente podria ser establecido ... bases esenciales de la po­lltica internacional? No es justo que resulte suficiente para modificar la condici6n de un estado. la pérfida voluntad de algunos hombres en una época en que el derecho de los pueblos a decidir acerca de sus propios destinos. recibe. gracias a los esfuerzos corn binados de Francia e Inglaterra

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y con la realizaci6n de hechos memorables, su mas brillante consagraci6n. La soberanla de la voluntad popular, acla­mada y homada en ciertas regiones deI globo, no habni de ser desconocida y sacrificada en otras, y el amor de la independencia nacional es un sentimiento demasiado sa­grado coma para no estar rodeado de unanime respeto, doquiera se manifieste.

Las observaciones de las dos poderosas naciones, a las cuales el derecho de gentes debe el triunfo de dichos gran­des principios, no de jar an de hacer comprender a Espafia que debe abstenerse de sancionar un acto consumado por medios desleales y con menosprecio de toda ley. Espafia no podra negarse a reconocer que todo acto producido du­rante la ocupaci6n, hijo de la arbitraria cesi6n dei general Santana, resultara viciado de nulidad y que, para contar con la expresi6n deI deseo popular debera, antes que nada. retirar sus tropas y perm tir que las poblaciones de dicha regi6n de Haitl se desenvuelvan en condiciones indispensa­bles de libertad e independencia.

Puerto Principe. a 24 de abri! de 1861. Firmado: Plésance.

Este magnlfico alegato reflejaba un alma profundamente herida. Sin embargo, no podfa conmov,er a aquellos a quienes estaba dirigido porque, en el fondo, se trataba de una apelaci6n a los sentimientos de equidad y justicia de naciones que, en circunstancias mas 0 menos similares, se habla comportado coma Espafia, de acuerdo siempre a sus intereses dei momento y, sin reparar en el perjuicio infli­gido a los demas. En resumidas cuentas, la actitud espafiola no Tevelaba sino una trivial aplicaci6n de la ley de bronce que prevalece muy a menudo en este bajo mundo. pOT la -cual la raz6n dei mas fuerte es siempre la mejor. Espafia,

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en este caso, se habla simple mente aprovechado dei avido capricho de los gobernantes dominicanos deseosos de aso­.ciarse a una potencia extranjera, cualquiera que ésta fuese. con tal que los librara de la pesadilla haitiana. Espana se habla apresurado, por tanto, a agregar un nuevo Boron a la corona de Castilla. No quedaba mas salida que oponerse con la fuerza a la realizacion de la maniobra dominicana y

espafiola. Y por cuanto el gobierno haitiano no se sentia. con fuerzas suficientes como para afrontar tal empresa.

veamos como se resolvio a hacer frente al peligro que ame­nazaba a su pals.

Las gestiones diplomaticas resultaban tan vanas como improductivas. Francia e Inglaterra aceptaron el hecho con­

sumado. de jan do las manos libres a Espafia, la cual. por otra parte. nunca se habrla aventurado a participar dei imbro­glio dominicano si no hubiese obtenido la promesa tacita o formai de ambas grandes potencias europeas en el sentido de no presentar obstaculos a la realizaci6n de sus deseos.

En cuanto a los Estados Unidos, cuya fiebre de expan­~ion habla sido muy ardiente en la década de 1850 y los cuales hablan mostrado tan vivo interés en los asuntos

dominicanos, se hallaban tan sumergidos en las peripecias de la guerra de Secesi6n que. practicamente, no habrlan podido ocuparse seriamente de ninglin problema al margen de los que atanaran a su presente inmediato. Aunque pro­testaran de todos modos contra la violacion de la doctrina de Monroe que implicaba concretamente la actitud de Es­pana, habrlan carecido de todo medio de hacer su protesta efectiva, obligados como esta ban a concentrar todas las actividades en la atenci6n de su polltica interior.

De modo que el gobierno haitiano, reducido a sus solos recursos, fué obligado a tascar el heno, permaneciendo re­suelto, por otra parte, a usar «de todos los medios que.

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seg{m las circunstancias, pudiesen resultar apropiadas para salvaguardar y garantizar sus mas legltimos intereses».

De esta manera favoreci6, coma pudo, la aparici6n de las fuerzas insurrectas que, a partir deI mes de mayo de 1861, se manifestaron en Moca contra la anexi6n.

En Jacmel desembarcaron los generales Sanchez, José Maria Cabral, Pedro Alejandrino, Ramlrez Baez y Manuel Maria Gautier, quienes avanzaron a través de la Frontera para combatir contra las tropas espaiiolas. Junto con los patriotas dominicanos marchaban haitianos, que ayudaban a aquéIlos a liberar el territorio de soldados extranjeros. Hubo inclusive unidades militares que participaron en estas insurrecciones, ya que documentos comprometedores, fir­mados por oficiales deI ejército haitiano, a cargo de la vi­gilancia de la Frontera deI Norte, aparecieron en manos de prisioneros. A mas, voluntarios !laitianos que vol vian de los combates librados contra los espafioles en la regi6n de Cibao desfilaron en ciertas ocasiones por las calles de Puerto Principe, haciendo gala de ostentaci6n provocativa.

TaI numero de manifestaciones determinaron al go bierno espafiol a efectuar una expedici6n punitiva contra Puerto Principe, la cu al fué confiada al almirante Rubalcava.

He aqulel texto de las instrucciones que el capitan ge­neral de Cuba di6 al almirante el 12 de junio de 1861 :

«Vuestra Excelencia se dirigira a Santo Domingo con algunas de nuestras unidades navales y, junto con las que ya se hallan aIl!, destacara las que le resulten necesarias para emprender operaciones hostiles contra Puerto Principe y otros puntos vulnerables de la costa de Haitl, de acuerdo a las indicaciones que siguen:

» 1.° Vuestra Excelencia se dirigira a Santo Domingo deI Ozama y aUI se enterara d.e la situaci6n, conferenciando con las autoridades y los jefes de las tropas y tomando las disposiciones que juzgue mas apropiadas para el buen éxito

es

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de su empresa y para sacar el mejor partido de las circuns­tancias.

»2. 0 En casa que las tropas haitianas invadan el territo­rio y prosigan en él las hostilidades, Vuestra Excelencia se dirigira de inmediato a Puerto Principe, con las naves que juzgara necesarias y abrira las hostilidades, luego de efec­tuar los anuncios e intimaciones usuales a los residentes ex­tranjeros, destruyendo, en dicho punto, las baterfas y for­talezas y produciedo los mayores danos posibles.

»3. 0 La misma operaci6n sera practicada .en Jacmel, en el Cabo Haitiano y en otros puntos vulnerables de la costa, siempre con el prop6sito de causar el mayor dano al enemlgo.

»4. 0 En el momento oportuno Vuestra Excelencia toma­ni disposiciones apropiadas para que sean aprehendidos los barcos de guerra, de cabotaje y de toda otra clase, con pabe1l6n haitiano y los conducira a algunos de los puertos espanoles de las Antillas.

,,s.o En casa de que al arribar Vuestra Excelencia a Santo Domingo deI Ozama la invasi6n deI terrÎtorio haya si do rechazada y castigada por tierra, coma resulta presu­mible, V. E. no sera dispensado por ello de efectuar ope­raciones maritimas contra los haitianos. Pero. en dicho caso. antes de comenzar las hostilidades dirigira al Presi­dente Geffrard un ultimatum en términos enérgicos, .exi­giendo de él. en un plazo limitado. la reparaci6n completa de las ofensas recibidas y una garantia suficiente de que no habran de repetirse en el futuro. En casa de no ser ac.eptado 0 que la respuesta dirigida a V. E. no parezca satisfactoria, hara arriar nuestro pabe1l6n en el consulado, efectuara las intimaciones ordenadas, de acuerdo a 10 pre­visto en ,el artlculo 2. 0 y procedera a las hostilidades en la forma indicada en el mismo artlculo.

»6. 0 El c6nsul de S. M. en Haitl y don Manuel Cruzat

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que ha estado a las ordenes de V. E. durante su prImera expedicion a Santo Domingo, 10 acompafiarim esta vez, a fin de que bajo su direccion y de acuerdo a las instrucciones de V. E., le presten los servicios que exigen las circ uns­tancias.

»7. 0 Durante el curso de las operaciones es muy con­veniente y encarezco de ello a V. E., trabajar en armonia .con las autoridades y los jefes de los ejércitos de S. M. en Santo Domingo, y siempre en la medida que sea posible. con.el digno general Santana» (1).

El almirante Rubalcava se apresto a ejecutar el punta quinto de las instrucciones. Entro con su escuadra en la rada de Puerto Principe el 6 de julio de 1861. y luego de efectuar las intimaciones de practica, exigio dei gobierno de Geffrard 1.ln saludo -sin reciprocidad- de veintiun canonazos a la bandera espafiola y el pago de 200.000 piastras fuertes en el plazo de cuarenta y ocho horas.

Gracias a la intervencion de Byron, consul general de Il1glaterra y decano deI cuerpo diplomatico y consular, el almirante Rubalcava contemporizo devolver el saludo a la bandera y reduciendo la indemnizacion a 25,000 piastras fuertes (2).

Después de esta dura experiencia. Geffrard se constrifio a observar una neutralidad aparente. No demostro intervenir para nada en las insurrec'ciones que se renovaban conti­nuamente en la region de Cibao. pese a la represion san­grienta e implacable que las autoridades espafiolas hicie­ron. Pero, con discrecion y en forma constante, les facilito provisiones de gu,erra y de boca que, a poco, hicieron la rebelion permanente, renaciendo en une y otro lado, de

(1) GANDARA: Op, lac. cil., toma Il, pag, 427, (2) SIR SPENCER ST. JOHN: Haïtf ou la République Noire, traducido

clel inglés par J- West, "Plon, Nourrit & Cie .•. impresores y editores. Parts, 1886, p. 100,

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una parte a otra, multiplicandose en guerrillas incesantes que resultaban extenuadoras y mortlferas para las tropas europeas que debian combatir en un clima tropical.

Los insurgentes constituyeron sus propios gobiernos, dis­pnsieron de partidarios decididos, armas y municiones y

tllvieron en jaque a toda la organizaci6n expedicionaria de Madrid, inquietada ante la perspectiva de lanzar a un abis­mo insondable una ola creciente de hombres y una catarata de dinero; en cuatro anos de ocupacion -dice un historia­dor- (1), fué necesario recurrir a 30.000 hombres y a mas <-le quinientos millones de francos.

Una aventura sin gloria. Una estupida ratonera. La opinion pliblica se conmovi6en la metropoli. La opo­

sici6n parlamentaria se agit6. Las Cortes asediaron al gabi­nete con interpelaciones.

ë Como escapar del calle jan sin salida? El gobierno haitiano estaba representado en Madrid por

Thomas Madiou, el cual. seglin instrucciones llegadas de Puerto Principe, ofreci6 la mediaci6n dei Presidente de Haitl. La tentativa no logr6 resuItado. Geffrard trato de interesar a los gabinetes de Paris, Londres y Washington, pero no obtuvo éxito.

y la batalla prosigui6 entre pérdidas de vidas humanas, epidemias mortlferas y encuentros interminables.

ë Qué salida encontrar? El j,efe dei ejército expedicionario, general don José

de la Gandara y Navarro, envi6 al corone! Van Halen, a entrevistarse con Geffrard para pedirle interviniese ante los jefes revolucionarios con el fin de gestionar un sistema de intercambio de prisioneros.

Este primer contacto produjo otros. Luego Geffrard, m-

(1) ANTONIO DE LA ROSA: Les Finances de Saint-Domingue et le Controle américain, Paris. "A. Pédonc., 1915, p. 59.

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formado por Madiou deI estado de espiritu que reinaba en Madrid, dond.e la ansiedad por el conRicto creda dia a dia y cuyos drculos de opini6n anhelaban ardientemente que el gobierno se liberase del 'imbroglio dominicano, renov6 SUF- tentativas de mediaci6n.

Madiouentrevist6 con tal motivo a Llorente, ministro de Estado, quien le indica la forma y modalidades en que habria podido ser aceptable una mediaci6n de Geffrard entre el gobierno d.e S. M. y sus subditos en revuelta.

El diplomatico haitiano elev6 la respectiva minuta al ga­binete de Puerto Principe. Entonces, Gefrard, con gran lujo de precauciones, envi6 a la Frontera septentrional al coronel Ernest Roumain, quien se dirigi6 a Ouanaminthe para entrar en conversaciones con el gobierno provisorio de los insurrectos, el cual tenia la sede en Santiago de los Caballeros y estaba compuesto por U. F. Espaillat, ]. Cu­riel. R. Obijo. Silverio Delmonte. Rafael Maria Lérida y Pablo Pujol, bajo la presidencia de G. Polanco.

Se trataba de conv,encer a los insurgentes que debian consentir en dirigir una suplica aS. M. la Reina de Espaiia. para pedirle la paz. en nombre deI pueblo dominicano. cuya independencia habia sido abolida. sin que renunciase a ella. apelando a las tradiciones caballerescas de la corona de Espaiia, de la cual S. M. era la suprema guardiana y rigida defensora y que ninguna gloria ni laureles habrian de obtenerse en una lucha sin grandeza.

El 6rgano ejecutivo de los insurrectos se resisti6 ante esta f6rmula de paz y no quiso negociar si no de beligerante a beligerante con entera igualdad de derechos.

Pero el emisario haitiano insisti6 en su cometido. Sub­ray6 la importancia deI objetivo que se deseaba alcanzar. tanto de una parte como de otra, 0 sea. la conclusi6n hono­rable de un conflicto que terminara con un estado de alarma e incertidumbre. en el cual las vidas humanas y los bienes

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materiales eran derrochados. inconsideradamente. sin nin­guna firme perspectiva de fin pr6ximo. ni de eventuales reparaClOnes.

A fuerza de insistir. los jefes rebeIdes se dejaron conven­cer y firmaron la suplica que Geffrard habla hecho redactar por su gabinete y cuya copia, que aqul reproducimos. fué

conservada en el archivo dei comisionado Roumain.

(ISenora:

»EI pueblo dominicano. representado por los jefes que suscriben.en las manos de los cuales ha depositado su con­

fianza. el cuidado de sus intereses y la defensa de sus de­rechos.

»Suplica. con profundo respeto. de Vuestra Majestad, se digne lanzar una mirada compasiva sobre la desastrosa si­tuaci6n de la parte oriental de la isla de Haitî.

»Dicha porci6n de territorio. patria dei pueblo domini­

cano, se habla constitufdo hace apenas cuatro anos en Re­publica libre e independiente.

))Por circunstancias que Vuestra Majestad quizas ignore y que resultaria demasiado penoso recordar aqul. la libertad

e independencia les fueron arrebatadas al pueblo domini­cano. cuya patria ha sido anexada a las posesiones, tan

vastas ya. de vuestra gloriosa Corona. »Durante cuatro anos, el pueblo dominicano soport6,

con impaciencia. la pérdida de sus derechos mas caros y

sagrados. hasta el dfa en que, con sentimiento unanime. apel6 a Dios y a su valor para recuperar a su patria.

»Desde hace mas de dieciséis meses. esta pequena por­

ci6n de tierra ofrece al mundo entero el triste espectaculo de una lucha que hace padecer a la humanidad.

»Dignaos escuchar. senora, la voz unanime de todo un pueblo que se dirige a vuestra magnanimidad y a los senti-

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mientos generosos de vuestro gran corazon para pediros que cese esta lucha y se le restituya 10 que ha perdido.

»La voz deI pueblo es la voz de Dios, es la de la verdad. »El pueblo dominicano, con profundo dolor, dice a

Vuestra Majestad: »Donde hubo ciudades florecientes hoy se alzan monto­

nes de ruinas y cenizas ;en las ca~pinas, cubiertas antano de frutos y por donde vagaban tropeles de ganados, hoy no se ven sino extensiones devastadas y desiertas ... ; la deses­peraci6n y la muerte reinan en todas partes.

»eOn profundo dolor el pueblo haitiano dice todavla a Vuestra Majestad:

»Es sangre preciosa la que corre de un lado al otro, en medio de este drama homicida.

»Por una parte, la sangre deI pueblo desgraciado e ino­cente, pero arrogante coma la estirpe de la cu al desciende, la sangre de un pueblo animoso, ya duramente experimen­t<1do, pero resignado a todos los sacrificios y resuelto a se­pultarse entre ruinas antes que a de jar de ser libre e inde­pendiente.

»Por otra parte, la sangre de una naci6n grande, gene­rosa y caballeresca, arrastrada a esta lucha sin provecho ni grandeza y cuyos valerosos batallones. lanzados a dis­gusto sobre este suelo y solo resueltos a luchar en defensa deI honor militar, perecen, antes de combatir, vktimas de un clima letai.

( Tai es Senora la verdad; tal es la situacion sobre la cual llamamos la ilustrada atencion de Vuestra Majestad.

»Entre el pueblo dominicano y la naci6n espafiola. no pueden existir ni animosidades ni odios. El pueblo nunca ha tenido la presunci6n de querer atentar contra el lustre de las armas espafiolas. Si entre ambos pueblos, ligados desde hace tanto tiempo por profundas simpatlas. se ha sus­citado una lucha fatal, la culpa no es de uno ni deI otro.

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»En el convencimiento de que prolongando por mas tiem-· po esta lucha no harfa sino sumar nuevos males a las ante­riores desgracias y que, en definitiva, a pesar de su valor,. sus heroicos esfuerzos y todos sus sacrificios la victoria. como siempre, correspondera a la superioridad de fuerzas. el pueblo dominicano, movido por sentimientos de huma­nidad, ha resuelto someter a Vuestra Majestad esta simple relaci6n dei esta do de cosas de su patria.

)}y, henchido de confianza en la magnanimidad de que tantas pruebas ha dado desde que ascendi6 al trono ilustre de sus antepasados. el pueblo dominicano, a través de los fieles y leales intérpretes que abajo firman, suplica todavfa. una vez mas. a Vuestra Majestad dete~ga la efusi6n de sangre y ponga fin a esta deplorable situaci6n.

Jl5i Vuestra Majestad acepta que la paz se haga. la paz se hara.

»Que esta porci6n de tierra. patria de los dominicanos. sea sustrafda, mediante vuestra voluntad magnanima, a las vastas posesiones de vuestra gloriosa corona. La naci6n es­pafiola aplaudira esta resoluci6n generosa. que no la hara ni menos potente ni menos grande.

»Vuestra voluntad real al dar la paz y la tranquilidad al pueblo dominicano cumplira une de los actos mas glorio­sos de vuestro reinado. ya que sera un acto de humanidad y esplendorosa justicia.» (1).

La presente suplica. con excepci6n de la palabra ((jefes). de la primera frase. reemplazada por la de «gobernan­tes)) (2), fué traducida exactamente al espafiol, transcri­biéndosela ((sobre papel blanco sin ning6n membreten. con

(1) PIERRE-EUCF.NE DE LESPINASSE: Gen5 d'autrefois. Vieux .ou­veni,..,. tome J. Editions de la «Révue Mondiale •. Parfs, 1926. p. 266.

(2) Ibid. pag. 268. Carta deI coronel Roumain deI 8 de enero de 1865 al Presidente

Geffrard.

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la firma de los miembros dei gobierno provisional de San­tiago de los Caballeros, G. Polanco, U. F. Espaillat, ]. Cu­riel, R. Obijo, Silverio Delmonte, Rafael Maria Lérida y Pablo Pujol, pero sin que fueran seguidas ni precedidas de ningun tftulo. tal como 10 habia recomendado expresamen­te el Presidente Geffrard (1).

El original de dicho documento fué consignado al jefe deI Estado haitiano, quien 10 remiti6 al encargado de nego­cios de Espafia, don Marciano Alvarez, para que éste, a su vez, 10 elevara a su alta destinataria, en Madrid. Se enc'ontrani el texto completo en el instructivo y apasionan­te libro de De la Gandara, quien fué, recordémoslo, ca pi­tan general de Santo Domingo y general en jefe de las tropas expedicionarias. Su comentario es .el siguiente: ((La historia puede leer y comentar este escrito imparcialmen­te después de los cuatro lustros de vida que tiene. No en­cerrani ning6n dafio para la patria y su buen nombre. el hecho de que yo proclame aqUI que el Presidente de la Republica haitiana efectuo, en 'este momento, un eficaz re­sumen de la cuestion dominicana, sus vicisitudes y el esta­do en que seencontraba en 1865. Tan excelente result6. a mi juicio, que veo indicado, inclusive en la division de sus parrafos, la forma como debî'a terminarse el conflicto.» (2).

He aqul un altisimo testimonio y un tributo rendido a la afortunada iniciativa dei Presidente Geffrard. Dicho tes­timonio ofrece tanto mas valor cuanto que procede deI hombre al cu al cabfa la grave responsabilidad de dirigir las hostilidades, en nombre de su pals y su gobierno, y a quien dominaba una sola ambicion: la de poner fin a la lucha entre espafioles y dominicanos, reduciendo a estos

(1) Cf. PRICE-MARS: La Diplomatie Haïtienne et l'Indépendance Dvminicaine . • Révue de la Société d'Histoire d·Haiti •. num. 32.

(2) C\NDARA: Op. cit .. tomo I. p. 212 y 213.

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ultimos a una sumlSlOn completa a la Corona de Espaiia. La suplica de los insurgentes fué el elemento que deci­

dio al gobierno espaiiol a ordenar la evacuacion de sus tropas deI suelo dominicano. Dicho documento, en su ori­ginal transmitido a S. M. c., constituye la carta funda­mental de la nueva independencia dominicana. Sin embar­go, ningtin historiador dominicano, que yo conozca. ha hecho mencion de la misma en ninguna parte. Ningun analista, allende el Cibao, la ha publicado nunca. i Ningtin hombre de gobierno de la Republica vecina ha rendido tri­buto jamas al mérito de la intervencion de Haiti en el esta­blecimiento efectivo de la independencia dominicana!

Pues, en realidad, entre la accion de Geffrard y la de sus predecesores, desde Toussaint-Louverture a Faustin I. hay un corte concreto de concepcion acerca de la impor­tancia de la unidad polltica y administrativa de la isla. Hasta el advenimiento de Geffrard prevaleci6, en la parte occidental, la idea de que la indivisibilidad del territorio de Haiti era indispensable para defender la seguridad deI gobierno y deI pueblo de la isla. Hasta Geffrard primo el "Sentimiento expreso 0 subconsciente de que dicho pueblo y gobierno no eran sino aquellos que, surgidos de la escla­vitud. forjaron en la parte occidental una patria para un sector de humanidad, al cual la mayoria de los hombres -no habia querido reconocer ninguna cualidad espedfica­mente humana. Sostener el derecho de la autenticidad hu­mana, de la variedad de Haiti, era el ideal de grandeza y nobleza, al cual se habian consagrado los gobiernos hai­tianos.

Pero se partia de una ilusion 0 de un error, cual era creer 0 suponer que en toda la extension deI territorio, des­de el Cabo Engano al Muelle Saint-Nicolas. no habla sino un unico grupo humano, un solo pueblo. cuya adhesi6n

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unanime al ideal perseguido debfa realizarse en una sola comunidad.

Empero, habla aun en la estructura Hsica de la isla, en la divisi6n de las aguas y las montanas, algo como la indicaci6n de una Hnea divisoria, por decirlo asl. entre la parte occidental y la oriental. Esta ultima estaba, 0 esta, habitada por una agrupaci6n que invoca otra procedencia humana, 0 sea, aquella a la cual se halla adscrita la iniqui­dad milenaria que hizo nacer sobre el planeta la esclavitud deI hombre negro por el hombre blanco.

Toussaint-Louverture y sus sucesores, hasta Ceffrard. lucharon por someter, mediante la persuasi6n 0 la fuerza, la parte oriental a la parte occidental.

No se trata de que este ultimo hubiese traicionado el ideal de sus padres, si no que desde 1801 a 1865 los tiem­pos hablan cambiado. La tierra de Haiti estaba surcada de sangre y matanzas. Se podla incorporar el ideal paterno a otra f6rmula apta para realizar los mismos objetivos de amparo y seguridad.

Por cuanto, al otro lado deI Cibao, habla caudillos que con absoluta sinceridad deseaban que su pals viviese en la independencia y la libertad, correspondia confiar en ellos y ayudarlos, inclusive, a popularizar sus anhelos crean­do un estado de alma colectivo.

La primera condici6n para el éxito de una empresa de este tipo era descartar, en forma categ6rica y absoluta, toda posibilidad de que una grande potencia pudiera estable­cerse, bajo cualquier pretexto, en una u otra parte deI te­rritorio.

Ceffrard se ingeni6 para conseguir esto, una vez que las tropas espafiolas evacuaron el suelo insular, dividido ahora en sendos gobiernos, dedicados a defender la inte­gridad deI territorio contra toda forma de imperialismo. La.

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reconciliaci6n entre ambos pueblos podia hacerse sobre clicha base sacramental concretada en un instrumento di­plomatico.

Pero, 1 ay!, Geffrard no tuvo el honor ni la satisfacci6n de elaborarlo, ya que fué derribado deI poder dos aÏios después de la liberaci6n deI suelo dominicano, en 1867.

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CAPITULO III

LA NUEV A REPUBLICA DOMINICANA y LA

LUCHA DE FACCIONES

LAS CUERRAS CIVILES EN HAITi y EN LA REPUBLICA DOMINICANA. Los GO­

BIERNOS DE CABRAL, SALNAVE y BAEZ y SUS REc!PROCAS CONNIVENCh\.S.

Ambos Estados habrlan de pasar ahora por los momen­tos mas diffciles de sus existencias. Sus dirigentes. atrafdos por ambiciones personales y rivalidades de partido. se en­cùntraban. tanto en une coma en otro lado. en condiciones inveroslmiles de inestabilidad. En ambas partes la guerra civi.l hacfa estragos, en tanto aparecfa en el horizonte la sombra inquietante deI coloso norteamericano. que se aprestaba al cumplimiento universal de su «destino mani-festo». .

En Santo Domingo. el gobierno provisional de Santiago de los Caballeros. que habla firmado la suplica a la reina ne Espafia, cambi6 de jefes en el espacio de pocas sema­nas. Polanco. su presidente. habla sido eliminado. Salee­do. que le sucedi6, fué asesinado y reemplazado por Pi­mentel, y poco después, Pimentel cedla el puesto al gene·

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rai José Maria Cabral, designado, por un pronunciamiento, protector de la Republica. Su misi6n inmediata consistia en convocar una Asamblea constituyente, que procederia a la reorganizaci6n de las institùciones deI Estado. A este efecto, el general Cabral fué investido de poderes dictato­riales. Su gobierno no dur6 mas de tres meses, ya que tan pronto como la Constituyente se reuni6, en el mes de octu­bre de 1865, fué 0 bjeto de presiones militares por parte de los partidarios de Baez, quienes le obligaron a elegir a dicho famoso politico presidente por tercera vez.

Personaje habil y tactico astuto, Baez se habia mante­nido prudentemente apartado, en Curazao, a la espera de la ocasi6n que le permitiese volver a Santo Domingo y

acaparar el poder. Advirtamos que no tom6 parte alguna en la lucha de los patriotas que hab fan libertado el territo­rio dominicano de la ocupaci6n espafiola. Por el c'ontrario, durante los cuatro afios que dur6 la anexi6n se encontraba en Madrid como huésped dei gobierno espafiol. Habla conseguido hacer creer a la Corte que él era el unico hom­bre con suficiente inRuencia en la comunidad dominicana para atraer a los elementos hostiles y reunirlos en torno de un nuevo estado de cosas. La Corte 10 hizo mariscal hono­rario deI ejército espafiol y le adjudic6 una suculenta pen­si6n.

Con todo, permanecia alerta. Apenas supo que el mo­vimiento insurreccional estaba a punto de obtener el triun­fo, aprovech6 velozmente la oportunidad para abandonar a Espafia. Renunci6 a su mariscalato honorario y se vino a Curazao a seguir, de lejos, las peripecias que marcaron el fin dei régimen anexionista y la restauraci6n de la inde­pendencia dominicana.

No obstante su actitud equlvoca y sus pasos cautelosos, este hombre, que habfa dado durante su doble presidencia anterior la medida de su frenesl anexionista, fué llamado

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de nuevo a la presidencia constitucional de su patria. y esto luego de un movimiento que precisamente habla teni­do por objetivo restituir al pueblo dominicano el goce de sus prerrogativas de independencia poHtica. Contradicci6n y aberraci6n partidarias.

Una delegaci6n. encabezada por el propio Cabral. mar­ch6 a notificar a Baez su elecciém como presidente. El 8 de

diciembre de 1865 inaugur6 su tercer acceso al poder.

F orm6 su gabinete con los principales jefes polIticos dei momento, comprendido Cabral, al cual confi6 el ministe­rio de Guerra movido deI muy laudable prop6sito de agru­par en torno de él las fuerzas de opini6n y acci6n capaces de dar prestigio a su gobierno y asegurarle una cierta ga­

rantla de permanencia.

Pero. 1 ay!, el 23 de abril de 1866. un movimiento revo­lucionario, conducido por Luper6n. estall6 en el Cibao. Un segundo le sigui6 en el Oeste. y luego, otros en el Sur y Este. Baez, vlctima inclusive de sus propios ministros, vi6 defeccÎonar a su ejército, y ante la derrota, se refugi6 en el consulado francés, el cual, discretamente, 10 hizo tansbordar a un barco que partla. ante la borrasca, con rumbo a Curazao.

Un triunvirato, compuesto por los generales Pimentel.

Luper6n y Garda. se encarg6 deI Poder ejecutivo durante pocas semanas, procediendo a la disoluci6n deI Congreso y convocando a una nueva asamblea para cubrir la vacante presidencial, producida por la fuga de Baez. Pero como cada unD de los miembros deI triunvirato era candidato a la presidencia, esta1l6 una viva rivalidad entre ellos que los impulsé a llamar a un cuarto personaje para con/1arle la presidencia provisional. De comûn acuerdo eligieron a Cabral. quien una vez mas retomé el poder y no tard6 en

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:ser elegido presidente efectivo, el 21 de septiembre de 1866, por el voto directo de cuatro mil electores (1).

Era ésta otra presidencia efimera. Suscit6se un caos ininterrumpido de pronunciamientos

y una puja ardiente de apetitos por conquistar el poder. ]05 cuales dieron origen a un verdadero torrente de presi­dentes dominicanos. Habriase dicho que los candidatos a esta alta funci6n -todos generales- intrigasen perma­nentemente para derribar dei poder a quien el azar de las circunstancias acababa de elevar al pinaculo, en el dia mis­mo en que el triunfador dei momento ocupaba su sill6n presidencial. Semana a semana, y aun dia a dia, los moti­nes, los golpes de mano y les revueltas militares se per­seglllan en una carrera desenfrenada de violento delirio.

Desorden y anarqufa

En tales condiciones. José Maria Cabral volvi6 a la presidencia el 21 de septiembre de 1866.

Apenas elegido, debi6 enfrentar el ataque de nuevas Facciones, de las cuales la de Baez fué la mas obstinada y temible, con un punto de apoyo en la Frontera norte, don­de Salnave, Presidente de la Republica de Haiti, le ofreda complaciente ayuda.

Oesde el punto de vista que nos interesa especialmen­te. 0 sea, el que concierne a las relaciones politicas haitia­nodominicanas, la actitud de Salnave ante los gobiernos dominicanos c'onstituye une de los mas apasionantes pro­blemas de historia y psicologla de este periodo de des-6rdenes y confusi6n.

fi) SUMNER WELLES: Loc. cil., tomo I, p. 311.

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Salnave, como sabemos, conquisto el poder a fuerza de luchas y pruebas. Fué el tipo deI soldado de fortuna, cuya audacia, intrepidez y bravura fanatizaban a las mu­chedumbres, aureolando su persona con fascinantes le­yendas.

Era simple jefe de escuadron, en 1864, cuando provoca en el Cabo Haitiano, su ciudad natal. una sedicion, que fué rapidamente dominada. El frustra do agitador se retira a una de las islas vecinas. V olvio un ano después, fran­queando territorio dominicano, y sembro la semilla de la revuelta desde Ouanaminthe al Cabo Haitiano, donde se instalo y crea un reducto de la resistencia contra las tropas enviadas por Geffrard para reducirlo.

Bajo el mando supremo deI propio jefe del Estado, doce mil hombres sitiaron el Cabo, durante cuatro meses, sm poder apoderarse de la ciudad.

En el intervalo, los insurrectos, quienes mediante un golpe de audacia se habla apoderado de un barco deI go­bierno, La Voldrogue, y 10 transformaron en un guarda­costas, que protegî'a su comercio de cabotaje. Gracias a esta pequena unidad de guerra creyeron poder interceptar los convoyes dirigidos al puerto vecino deI Acul, abierto por Geffrard al comercio extranjero y donde el presidente habla establecido su cuartel general.

Produjose un incidente cuando la escuadra inglesa, que patrullaba en las aguas haitianas, impidio a La Voldrogue visitar un navlo inglés que transportaba provisiones para las tropas gubernamentales acampadas en el Acul. El eco deI incidente Bego al Comité revolucionario deI Cabo, el cual a manera de represalia, hizo invadir el consulado inglés de dicho punto y secuestrar a refugiados poHticos, algu­nos de los cuales fueron fusilados y otros enviados a la carcel. El ministro residente de S. M. B. en Puerto Prin-

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cipe, Sir Spenser St. John, informado de la gravedad de los acontecimientos, se dirigio a la bahla deI Cabo a bordo deI crucero The Bulldog, escoltado por la GaZatea, para zan jar el incidente.

El capitan Wake, deI Bulldog, intimo al gobierno revo­lucionario la devolucion de los refugiados apresados en el consulado en el plazo de veinticuatro horas, so pena de bombardear las fortalezas y los edificios publicos de la ciu­dad. El Comité no tomo en cuenta para nada el ultima­tum, y el Bulldog ejecuto su amenaza. El aviso rebelde fué reducido a la impotencia y las fortalezas bombardeadas. Pero en el curso de estas maniobras, el Bulldog choco con los arrecifes de la bahla y quedo varado. AI ver entonces el capitan Wake que el barco comenzaba a servir de blan­co a los insurrectos, hizo barrenar el navlo y 10 hundio.

El bombardeo, coma es dable suponer, habla provocado el panic'o en la ciudad, 10 cual fué aprovechado por las tropas gubernamentales para forzar la entrada de la plaza y tomar posesion de ella.

Antes deI derrumbe. el crucero norteamericano De Soto, que se encontraba de estaci6n en la rada. recogio a Sal­nave y sus amigos y los deposit6 en Montecristi. en la Re­publica Dominicana.

La oposici6n revolucionaria. sacudida y desconcertada.' no se dejo, con todo. abatir por el infortunio. Inici6 una ofensiva de propaganda y acuso a Geffrard de haberse hecho ayudar por los ingleses para vencer la insurrecci6n. denunciandolo ante la nacion como un jefe indigno que comprometla los intereses ciudadanos al aliarse supbreti-

ciamente con el extranjero. Entretanto. Delorme. en nombre deI Comité revolucio-

nario. remiti6 un memorandum al comandante Waker. deI De Soto, ofreciendo conduir un tratado de amistad y co-

IDS

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mercio con el gobierno de los Estados Unidos, cuyas bases resultarfan ventajosas tanto para los norteamericanos coma para los haitianos. Salnave, ademas, dirigi6 desde Monte­cristi una nota el 11 de noviembr.e de 1865 a Chase, Presi­dente de la corte suprema de los Estados Unidos, en la cual declaraba que se hallaba a punta de derribar el go­bierno de Geffrard cuando éste hizo intervenir, en su pro­vecho, a la Marina inglesa y que no hubiera sido posible se acordase a Geffrard el auxilio inglés sin haberse enten­di do éste con el Foreign Office sobre la base de conceslo­nes territoriales. Oicha polftica, ë no era, acaso, contraria a la doctrina de Monroe?

Agrega, a mas, el rudo agitador, que se hallarla en situa­ci6n de volver a emprender su actividad revolucionaria y derrocar el gobierno de Geffrard si los Estados Unidos aceptasen sostener su causa, proveyéndolo de armas y mu­niciones, en l'etribuci6n de 10 cual garantizaban a los nor­teamericanos el establecimiento de una estaci6ri naval en el Muelle Saint-Nicolas.

Salnave rogaba a Chase transmitiese su oferta al gobier­no de Washington con el mayor secreto, pues si Geffrard llegaba a descubrirla y conocer la naturaleza se apresura­ria a concluir, por su parte, una alianza similar con Gran Bretana (1).

El Departamento de Estado no respondi6 a Salnave. Con todo, no dej6 de inquietarse por el grado de veracidad que podrfan contener las acusaciones dei jefe insurrecto. Lord Clarendon, a cargo de las relaciones exteriores dei Reino Unido, no tuvo di6cultad ninguna en desmentir las acusaciones de Salnave.

La verdad es que la gesti6n iniciada por Delorme en nombre dei Comité revolucionario deI Cabo y el memorim-

(1) LOGAN: Op. lac. ci!.. p. 322-323.

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dum de Salnave al Presidente de la suprema corte de los

Estados Unidos. constitufan los primer os pasos peligrosos efectuados directa 0 indirectamente por polfticos ante la potencia americana. por los cuales se bastardeaba la sa­grada doctrina de la defensa de nuestra autonomfa nacio­naI. que prohibfa a una nacion extranjera poner el pie. bajo ningun tftulo. en nuestro territorio. Veremos coma el curso posterior de los acontecimientos hanl que Salnave. jefe revolucionario desterrado. aSI coma de Salnave. Pre­sidente de la Republica. el mismo conductor al cual la am­bicion de poder arrastrara a una polîtica de concesiones territoriales en favor de los Estados Unidos con objeto de conseguir el apoyo norteamericano para conquistar el po­der 0 conservar su posicion de jefe dei gobierno.

En efecto. aunque Geffrard hubiese salido victorioso de la campana dei Norte, el hecho de haberse prestado. por complacencia. al concurso que la marina inglesa le prestara 0 no voluntariamente, y gracias al cual pudo de­rrotar a los rebeldes en 1865. habla debilitado sensible­mente su posicion. La desaprobacion de su poHtica le ena­jeno doquiera rencores y enemistades, que se concretaron en disputas armadas en las Gonaives. Saint-Maré y Aux Cayes. y hasta encontro enemigos entre quienes se encon­traban a su lado, coma el Cuerpo de tiradores, que era su guardia favorita. Antes de cumplirse un par de anos deI asunto deI Cabo. viendo el cumulo de insurrecciones, Gef­frard dimiti6 en fecha 13 de marzo de 1867.

Aun cuando las fuerzas revolucionarias que decidieron a Geffrard a dimitir fuesen de entidad diversa. la mas com­pacta era la dei Artibonite. comandada por Nissage Saget. El Senado se apresuro a elegÎr a éste coma sucesor deI pre­sidente que habla dimitido. pero declino dicho honor por­que se sentfa incapaz de vencer la hostilidad que la desig­naci6n despertarfa entre los otros competidores; el mas

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temible de los cuales. de retorno deI exilio, era Salnave, quien habla entrado triunfante en el Cabo Haitiano.

F ormôse un gobierno provisorio de veintid6s miembros, cuya falta de salidez era notoria y que prontamente cedi6 el lugar a un triunvirato compuesto por Salnave, Saget y Chevalier. Pero la popularidad de Salnave era tal. que cuando apareci6 en Puerto PrIncipe, la multitud, embria­gada de alegrla y poseida de entusiasmo, 10 aclam6 coma Presidente de la Republica.

Poco después. una asamblea constituyente, que habla sido convocada al poco tiempo de la calda de Ceffrard. confirm6 a Sylvain Salvane en el puesto que las aclamacio­nes populares le hablan adjudicado. El 14 de junio de 1867 fué elegido Presidente efectivo de la Republica por un perlodo de cuatro anos.

Lo que represent6 esta presidencia en los dos anos y medio que durô. puede expresarse en tres palabras: una continua batalla. Nunca, desde que se liberara de la escla­vitud colonial, conoci6 el pals horrores y pérdidas mate­

riales como entonces. y nunca la inestabilidad y la angus­tia hicieron mas precaria la vida de ese pueblo, sometido al arbitrio de la victoria 0 la derrota de los partidos. pero siempre solicitado para empunar las armas en defensa de su hogar y amenazado por unD u otro de los contendien­tes. Por doquiera que fuese, de norte a sur. de este a oeite. ardiô la guerra intestina; apenas se pacificaba una regi6n. se levantaba otra en armas. «Cacos antisalvanistas)) contra IIzandolitas)) gubernamentales. de norte a sur. de este a oeste y viceversa. Pero en todas partes, Salnave se hallaba presente. y en el primer pIano de la acciôn. entre la explo­si6n de los proyectiles y la acre humareda de la p61vosa. intrépido, feroz, incansable. Y sus ardientes y fanaticos partidarios. inflexibles aun ante la derrota y el peloton de

lOB

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ejecuclOn, exaltaban el coraje de los suyos con la excla­macion invariable de: « i Viva Salnave !»

La naci6n entera se sumi6 en una batalla interminable àurante dos afios y medio.

Una noche, con todo, el 18 de diciembre de 1869. el enemigo, audaz y temerario, desembarco en Puerto Prin­cipe, en plena capital, frente al palacio nacionaI. en un sitio que era campo atrincherado, erizado de fortalezas. Se combati6 en las calles, casa por casa, a la luz de los incendios, hast a que la artilleria de una unidad de guerra, tomada por los insurgentes hizo volar el polvorin dei pa­lacio.

El Presidente, cercado, evacu6 la plaza, seguido de un pequefio numero de amigos, y atraves6 la Frontera, siendo pronto arrestado por las bandas de Cabral. las cuales 10 entregaron a sus enemigos triunfantes y éstos 10 fusilaron sobre las ruinas humeantes dei palacio nacional.

y pese a todo, la leyenda logr6 legar a la posteridad ei famoso grito de: « i Viva Salnave!», que encarn6 el fana­tismo suscitado por el ardor y la impetuosidad deI famoso caudillo que fué Sylvain.

Pero, por desgracia deI pais, los dos afios y medio de agitaciones y conmociones dei gobierno de Salnave dieron origen a desordenes financieros y econ6micos de extra­ordinaria intensidad en la comunidad haitiana. En una y

otra parte hubo necesidad de encontrar dinero para sol­ventar las necesidades de la guerra, y la prensa de fabricar papel moneda debi6 funcionar sin cortapisas. De modo que los reducidos reservos dei pais se hundieron en el abis­mo de las inversiones improductivas.

No puede menos de admitirse. sin posibiIidad de dis­cusi6n, que todo esto cifi6se al plan de 10 que puede de­nominarse la poHtica interna de Salnave. Pero también la repercusi6n de tal estado de cosas incidi6 en un sensible

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empobrecimiento de nuestro comercio exterior. a la vez que creo desconfianzas acerca de la validez de nuestros compromisos internacionales.

Por otra parte. ë cual fué. propiamente hablando. la: orientacion de la polltica exterior de Salnave. sobre todo en 10 que respecta a las relaciones haitianodominicanas en la fase hist6rica en que Geffrard y la evolucion de los acontecimientos la habian dejado?

Creo que toparfamos con un rompecabezas si hubiése­mos de limitarnos al seco analisis de los documentos rela­tivos a este perfodo. particularmente confuso. de la historia dt: ambos pueblos. A mi parecer resulta conveniente su­mar al testimonio escrito el intento de penetraci6n psico­l6gica deI personaje que fué c;entro de los acontecimientos. si es que tal tentativa puede realizarse a través de~ tiempo.

Primeramente. hemos visto que Salnave. jefe insurrecto. desterrado en Montecristi. se hab fa dirigido al Presidente de la corte suprema de los Estados Unidos para iniciar conversaciones en torno a una cesion. temporaria 0 defini­tiva. deI MueHe Saint-Nicolas al gobierno norteamericano para que éste estableciese alH una estacion naval. a cam­bio de 10 cual el gabinete de Washington le proveena de un embarque apreciable de armas y municiones para derrocar a Geffrard. Representaba el ofrecimiento de un desespe­rado. que trata, a cualquier costo. que 10 refloten. como quien dice. La oferta era. de cualquier modo. escandalosa. aunque estuviese apoyada, y poco menos que avalada. por la firma de Démesvar Delorme. el mas grande intelec­tuaI de su tiempo. ccO témpora! 0 mores!»

Pero he aquf que Salnave. elegido Presidente de la Re­publica el 14 de junio de 1867. en la plenitud de sus res­ponsabilidades y atribuciones. tomo la decisi6n de enviar una misi6n a Santo Domingo. a los pocos dfas de ser elec­ta. para proponer un tratado de paz. amistad y comercio

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al gobierno dominicano. presidido en la ocasi6n por José­MarIa Cabral.

Extraemos la relaci6n de dicho importante aconteci­miento dei diario oficial dominicano El Monitor, dei 20 de­julio de 1867. y Le Moniteur, diario oficial haitiano. deI 19 de octubre de dicho ano.

((Haitl y la Republica Dominicana. nEl domingo 14 deI corriente. el vapor haitiano La Li­

berté apareci6 en nue stras aguas llevando a bordo a los: seiiores Linstant Pradine. Ultimo Lafontant. C. Leconte. D. Doucet. Saint Aude. padre. y D. Pouilh. quienes. en canicter de delegados de su gobierno. acuden ante el nues­tl"O con el objeto de proponer las bases preliminares para un tratado de paz. amistad y comercio entre ambas repu­blicas de esta isla.

nPor intermedio deI piloto que Bego a bordo. los dele­gados dirigieron al ministro de Relaciones Exteriores una llota en la cual anunciaban su presencia y el objeto de su misi6n. El vapor. durante este tiempo, se mantuvo dando bordadas mar adentro. y. antes de enviarle la respuesta, el Presidente de la Repubica quiso usar de la cort.esla de en­viar a dichos senores una comisi6n para cumplimentarse­por su feliz llegada y ofrecerles sus servicios personaIes.

»A este efecto. Zafra y Madrigal. que fueron encarga­dos de cumplir con la comisi6n. se dirigieron a bordo, acompanados de un edec€m. y. tan pronto coma anunciaron a los delegados el objeto de su visita. el vapor La Liberté entr6 en el rio Ozama, y, después de haber amarrado, lZO,

en su proa. el pabe1l6n dominicano. y salud6 la plaza con veintiun caiionazos. Nuestras baterlas respondieron al ins­tante y. en el interln.el pabe1l6n haitiano Rame6 sobre la torre de la fortaleza ((El Homenaje».

lIEn este momento, los delegados haitianos recibieron la respuesta deI despacho que hablan dirigido al ministro de

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Relaciones Exteriores, y, se aprestaron al desembarco. Al descender a la chalupa, el vapor les hizo un saludo de sie­te canonazos. Posteriormente se dirigieron al alojamiento que se les habla preparado, luego de haber concurrido a un banquete espléndido. que nuestro comun amigo. Sulley Dubreuil , tuvo la amabilidad de ohec'erles en su casa.

))A la manana siguiente. los delegados haitianos se pre­sentaron en el palacio. siendo recibidos. con la mas exqui­sita cordialidad por el ministro de Relaciones Exteriores.

))Luego de cumplidas las obligaciones de protocolo. vol­vieron al dia siguiente. y el senor Linstant Pradine . diri­giéndose al general Cabral. pronunci6 el discurso siguiente:

ll Presidente : ))Una polftica perversa ha mantenido alejados, hasta este

momento , a dos pueblos. a los cuales. necesidades y aspi­raciones comunes deberian haber acercado . Emisarios deI desorden y artifices de tinieblas, han tratado deexplotar esta polftica en beneficio de sus ambiciones personales. El primer pensamiento dei general Salnave al recibirse de la presidencia que los Constituyentes acaban de conferirle. ha sido cambiar este esta do de cosas e inaugurar una polf­tica leal. de buena fe y honestidad. En consecuencia . nos ha comisionado ante vos. Presidente. para llevar a vuestro gobierno y al pueblo dominicano palabras de paz y con­cordia. Ha hecho aun mas: uniendo a las palabras los he­chos. nos ha ordenado volver a iniciar negociaciones que acontecimientos criticos hablan interrumpido . Nuestra mi­sion en este pals representa, pues, el mas formaI desmen­tido que puede darse a los rumores de alarmas que los in­trigantes difunden para perturbar la tranquilidad de los pa­dficos habitantes de la Republica Dominicana.

» 1 Ojalâ pueda nuestra mision significar el corriienzo de una nueva era para ambas Republicas. permitiéndoles des­arrollar libremente. en la paz. su comercio. industria y pros-

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peridad. Este es el anhelo de todos los habitantes de la Re­publica de Haiti, que espero habra de ser correspondido por Vuestra Excelencia y el pueblo confiado a vuestra pa­tri6tica inquietud.

»El general Cabral respondi6 en estos términos: »Senores: ))Vivir en armonla con todas las naciones y en paz J

buenas relaciones de amistad con Haitl. constituye uno de los mas vehementes anhelos deI pueblo dominicano. Me congratulo sumamente de las diligencias a cuyo cargo os haIIais. con el objeto de establecer la mas cordial inteligen­cia entre ambos palses. merced a la inciativa que ha toma­do el actual Presidente de la Repuplica Haitana. Espera que no se presentara ninguna dificultad para que los preli­minares de paz y de amistad destinados a estrechar. cada vez mas. los lazos de amistad que existen entre uno y otro pueblo. de intereses idénticos. puedan quedar definitiva­mente establecidos.

»Estimo en su sinceridad los sentimientos que me ma­nifestais de parte deI Pr.esidente Sa!nave. garantizandoos que encontrara siempre en mi gobierno la mlsma corres­pondencia de buenas relaciones.

»Sed bienvenidos. senores delegados. y contad con la cordial acogida que merecéis de nuestra parte. y. sin lugar a dudas. también de parte deI pueblo dominicano.))

A continuaci6n. el gobierno nombr6 una comisi6n com­puesta por Thomas Bobadilla, Pedro Antonio Bobea. Ma­nuel Maria Valverde. Juan Bautista Zafra, Carlos Nouel y Juan Ram6n Fiallo. quienes. con el caracter de delegados de la Republica Dominicana. fueron encargados de confe­renciar con los haitianos para sentar las bases preliminares deI tratado de paz y amistad entre la Republica de Haitl y la Republica Dominicana.

Mientras tanto. el general Cabral. en el deseo de usar

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'TOMO III'<l

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de gentileza con los delegados haitianos, les ofreci6 un ban­quete en eI palacio, un jueves por la noche, y en eI trans­curso dei cual se pronunciaron brindis muy significativos, que corresponde reproducir:

Uno de ellos fué el deI general Cabral. expresado en los siguientes términos:

((Sefiores: si hay algUn pueblo que debe naturalmente inspirarnos algun interés por las circunstancias de la posi­ci6n que ocupa, ese es, sin contradicci6n, el pueblo haitia­no, destinado a vivir en estrechos lazos de amistad con· nosotros, y a defender, en nuestra compafifa, los derechos sagrados de independencia y libertad. Brindo. por tanto, por la feIicidad deI pueblo haitiano.))

Linstant Pradine, respondi6 a dicho brindis de la si-­guiente manera:

«Sefiores: los pueblos no pueden prosperar sino en el sene de la paz, porque s610 a su sombra se desarrollan sU' comercio y su industria. Haitianos y dominicanos 10 han comprendido asf y esto es 10 que explica nuestra misi6n ante la Republica Dominicana y la generosa recepci6n que nos habéis hecho. Brindo, por tanto, por la prosperidaà' dei pueblo dominicano y la salud dei Presidentè Cabral.)I·

Y, como era de uso en di cha época, un gran numero de brindis fueron ofrecidos por diversas personalidades para· celebrar el feliz acontecimiento.

Las negociaciones entre los delegados haitianos y do­minicanos dieron por resultado la firma de un tratado so­lemne de paz, amistad y comercio, suscrito el 26 de julio. de 1867 entre la Republica de Hait! y la Republica Domi­nicana, con las estipulaciones siguientes contenidas en su­artlculo 5.

Art. 5.-A mbas partes contratantes se obligan a man­tener, con todas sus fuerzas y poder, la integridad de sus' respectivos territorios, y a no ceder, comprometer ni aUe--

llA

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nar en Javor de ninguna potencia extranjera, la totalidad 0

parte de SUs territorios 0 de las islas adyacentes que de­penden de él.

He aqul algo concreto y conforme al pensamiento tra­dicional deI pueblo y los dirigentes haitianos, a partir de los orlgenes de nuestra nacionalidad y hasta que contingen­cias internacionales determinaran a Geffrard a aceptar el hecho de una Republica Dominicana copartlcipe deI terri­torio de la isla, de acuerdo a limites que se fijarlan pos­teriormente.

Este tratado. sancionado y ratificado por los Poderes publicos en Santo Domingo, ponla fin a quince anos de luchas sangrientas sostenidas por cinco jefes de gobierno haitiano contra el pueblo dominicano y sus jefes, y, por cuanto la iniciativa deI acuerdo provenla de Haiti. la mis­ma habrla parecido reflejar el pensamiento de quien fué su autor.

Pero. nada de ello habla en verdad, por 10 menos en 10 que respecta a la aplicaci6n deI artlculo 5, cuyo texto he­mos transcrito; en este punto es donde la personalidad de Salnave desconcierta al historiador.

El hombre que. al comienzo de su carrera militar, ha­bla ofrecido unaestaci6n naval a los Estados Unidos. no habla cambiado. (Qué m6viles 10 hablan impulsado. por tanto, para enviar una misi6n especial a Santo Domingo con el objetivo principal de ligar, mediante un tratado so­lemne, a ambas republicas, a fin de que tanto una coma otra parte contratante no pudi-ese ceder. alquilar 0 enaje­nar la menor parte de su respectivo territorio a una poten­cia extranjera ~

Aun cuando esta importante convenci6n de jase de ser ratificada por los organismos publicos de Haitl, no a causa de objeciones de principio, sino porque la inestabilidad de los grandes poderes del Estado, en constante desequilibrio

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de bido a los des6rdenes de la guerra civil, les impidiera acordarles el sello de la validez, no dej6 de suscitar, por ello, la atenci6n deI Departamento de Estado y justificar su actitud de no acordar la menor c'onsideraci6n a las ofer­tas persistentes y reiteradas d'e Salnave de alquilar, ceder o enajenar una parte dei territorio haitiano en beneficio dei gobierno de los Estados Unidos.

Puede atm afirmarse que, durante los dos y medio lar­gos afios de incesantes bata!las que fueron el balance de la presidencia de Salnave, no tuvo éste mâs polîtica exte­rior que la de hacerse ayudar por los Estados Unidos de América para vencer a sus adversarios, mediante conce­siones territoriales que se acordarlan a los norteamericanos. A bundan las pruebas irrefutables acerca de todo esto y ofrec'emos una amplia demostraci6n de las mismas.

Pero, entonces, (. c6mo explicar su iniciativa para enta­blar, apenas elegido presidente, las negociaciones que se encargaron a la misi6n Linstant de Pradine?

A mi parecer, podemos arriesgar una hipotesis basada en las relaciones personales de amistad 0 enemistad polî­ticas que vinculaban, tanto a Salnave como a Geffrard. con los iefes polîticos dominicanos. Parece como que la proximidad de la frontera que separaba a Haiti de la Re­publica Dominicana hubiese sido durante largo tiempo el eie de las combinaciones pollticas, de las cuales se servian los revolucionarios haitianos y dominicanos para provo car tentativas insurreccionales contra uno u otro de los gobier­nos establecidos en ambos palses, y que si dos tentativas eran paralelas en uno y otro territorio, en un momento dado, habla compromiso de ayuda mutua para que triun­fase uno de los movimientos. aSI coma entre los dos ides de Estado habla compromisos de defensa mutua y de re­presi6n de las citadas inciativas insurreccinales. Con todo, sucedi6 a menudo que el jefe dei Estado haitiano tuvo un

Ils

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interés determinado en provocar el derrocamiento de su colega dominicano por intermedio de tal caudillo, enemi­go deI régimen, asilado 'en Haiti, 0 result6 ser, también, a menudo, el jefe deI Estado dominicano quien jugaba di­

cha pasada a su colega haitiano. Dependian de estos tri un­Fos y derrotas el juego de las amistades 0 enemistades entre politicos dominicanos 0 haitianos, y su repercusi6n se haci'a sentir en las relaciones de los dos paises.

Es ev id ente que todas estas combinaciones mas 0 me­nos turbias se hacian a través de emisarios 0 comunicacio­nes verbales, sin de jar vestigios de las huellas documenta­les que el historiador utiliza para explicar hechos 0 diligen­cias aparentemente rodeados de misterio.

De este modo, en 10 que respecta al casa que nos ocu­pa, debemos preguntarnos cuales fueron las relaciones en­tre Salnave y Cabral, antes y durante sus respectivas pre­sidencias en 1867?

Durante la lucha enc'arnizada que algunos patriotas do­minicanos libraron contra la anexi6n de su pals por Espa­fia, encontramos a José Maria Cabral, en -el primer pIano de la acci6n, junto a Francisco dei Rosario Sanchez, jefe deI movimiento armado contra los espafioles y héroe de­nodado que combati6 contra los «vendedores de su patria, al extranjero (1). F ué aquél uno de los que desembarcaron en Jacmel, en 1861, de vuelta deI destierro, para solicitar et apoyo de Geffrard en la batalla que pensaban librar contra las tropas espafiolas. Sabemos c6mo Sanchez sucumbi6 en la peligrosa empresa, fusilado por sus propios compatriQ~ tas, de acuerdo con el ocupante espafiol y en nombre de S. M. T. C. Cabral sobrevivi6 a las peripecias de la larga lucha y result6 uno de los beneficiarios de triunfo final. Lo

(1) Ramon Lugo Lova/on, Sanchez. edilor~al Montalva. Ciudad Trujillo, R. D. Dos vol.. toma Il. p. 25 y siguientes (1947).

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hemos visto, por tres veces. acceder al poder supremo, entre 1865 y.l867.

En 1866 10 encontramos disputando con Salnave en las circunstancias siguientes:

El 9 de noviembre de 1865. tal como dejamos dicho. Salvane fué depositado en Montecristi por el barco de gue­rra norteamericano De Soto. Su permanecia 'en el suelo dominicano fué consideraba indeseable por Baez, quien. el 8 de diciembre, presta juramento como Presidente de la Republica ante la asamblea constituyente, por tercera vez (1). Baez. que habla entabla do negociaciones con Gef­frard. bajo los auspicios de Seward, secretario de Estado norteamericano, y con el proposito de poner fin definitiva­mente a las dificultades haitianodominicanas y de promo­vel el reconocimiento de la independencia dei Estado domi­nicano. se apresuro, por cualquier contingencia imprevista. a apresar a Salnave. Pero, las negociaciaciones entre Baez y Geffrard se frustraron porque este ultimo experimentaba una especi'e de repugnancia en renunciar solemnemente a las pretensiones haitianas sobre el territorio dei Este. sin tener el convencimiento profundo de que su interlocutor permanecerla fiel al compromiso de no ceder jamas al ex­tranjero una parcela de dicho territorio, invocando cualquier .pretexto que fuese (2).

Mas aun. Resolvio apoyar la revuelta' de Cabral c'ontra Baez. A manera de represalia, este ultimo. liberto a Salnave para que el guerrillero hostigara a Geffrard.

De modo que. en 1866. el tablero polltico haitianodo­minicano ofreda el cuadro siguiente. Geffrard vela su pre­sidencia amenazada por la ayuda acordada a Salnave por Baez, mientras que éste se sentla condenado a la derrota

.(11 V. Supra, p. 206. ~2) LUDWELL LEE MONTAGNE: Loc. cit .• p. 92.

liS

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por el apoyo que Geffrard p,restaba a Cabral. Este duelo terrible tuvo como resultado la dimisi6n de Geffrard, el 27 de marzo de 1867, de cuya sustituci6n se hizo cargo ,salnave, el 14 de junio siguiente, y la fuga de Baez, a qui en 'sucedi6 Cabral el 21 de septiembre de 1866.

Con tal planteamiento deI problema, la gesti6n iniciada por Salnave de enviar una misi6n a Santo Domingo para proponer a Cabral un tratado de paz, amistad y comercio {el cual, al ser aceptado, fué suscrito por los comisionados de ambos palses y ratificado por los Poderes publicos do­minicanos, sin que 10 fuera por los de Haitl) no constituy6 !Sino el espectacular decorado de un magnlfico bluff. Sal­nave no era sincero desde el momento en que mientras sus emisarios oficiales saHan fia dores de su buena fe. tramaba la cafda de Cabral, ayudando en la Frontera, a Baez, a de­rrocar al presidente dominicano.

Bajo la mascara de los principios racionales de solida­Tidad insular y de defensa comun de la autonomfa de cada una de las Republicas. vivfa el juego de los antagonismos y rencores personales. La simple existencia de un acuerdo secreto entre Baez, el anexionista irreductible, y un jefe cualquiera deI Estado haitiano, implicaba una adhesi6n ta­cita a su Frenes! de enajenaci6n territorial ante todo gran pals. La tendencia que acus6 desde los orlgenes de la cri­sis haitianodominicana. los ofrecimientos sucesivos del pro­tectorado 0 anexi6n deI territorio de su patria. que hizo tan­t.:> a Francia como a Inglaterra, y a Espafia como a los Estados Unidos. indicaban, de manera demasiado osten­tosa. su ideologla polItica como para que una alianza con él tuviese otro significado que una aprobaci6n de su sistema e ideal de gobierno.

Ahora bien, también Salnave. bajo una forma menos evidente. ostentosa y agresiva. se hallaba guiado por senti­mientos mas 0 menos similares. Penetrado de las ambicio-

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nes de los Estados Unidos por poseer una estaci6n naval en las Antillas, se obstin6 encarnizadament-e en ofrecer el Muelle Saint-Nicolas al Departamento de Estado, sea a ti­Lulo de arriendo temporario y por un plazo limitado, sea como concesionario por perlodos mayores de tiempo, 0

sea, finalmente, en carâcter de c'omprador definitivo. Ya hemos mencionado su primera tentativa de mercader de su tierra, cuando no era sino un insurrecto asilado en pais extranjero. Mâs tarde, al ser designado jefe deI Estado. re­nov6 dichas tentativas.

En efecto, en agosto de 1868. m,antuvo una entrevÎsta confidencial con Hollister, que acababa de Hegar a Puerto Principe en calidad de ministro residente de los Estados Unidos, de resulta.s de la cual el diplomâtico hubo de soli­Litar de sus jefes se le permitiera viajar a Washington para efectuar una comunicaci6n importante, a sus superiores, considerando, seg6.n escribia a Seward, el secretario de. Estado, que no podla confiar a los azares de la correspon­dencia la noticia que tenia que anunciar.

El secretario de Estado se abstuvo de acordar el per­miso pedido y Hollister envi6 un mensaje.ro, con la propo­s.ici6n siguiente, al Departamento de Estado: el gobierno hûitiano estaba dispuesto a ceder al gobierno norteameri­cano la ciudad deI Muelle Saint-Nicolas y una extensi6n de tres leguas en torno, a condici6n de que el gobierc.o norteamericano se encargase de pagar las obligacionelt haitianas de la deuda francesa, garantizar la independencia de Haiti y defender al gobierno de Salnave de sus eneml­gos interiores y exteriores.

Seward respondi6 a dicha proposici6n que no veia la forma de intervenir directa ° indirectamente en la guerra civil que asolaba a Haiti. «Deseamos, agregaba, ardiente­mente que la paz y el orden reinen en el pais y que se {"stablezca en él un buen gobierno republicano. No tene-

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mos ningun deseo de realizar adquisiciones territoriales en Hait!.))

A pesar de esta respuesta categ6rica. Hollister insis­tié para que el ofrecimiento de Salnave fuese aceptado. Entonces. Seward ((perdi6 la paciencia y declar6 que era inutil examinar en detalle dicho proyecto. cuyo objetivo palma rio era efectuar un primer paso hacia el protectora­dv de Haiti. que el Poder ejecutivo no estaba constitucio­nalmente calificado para establecerlo y el Congreso nunca 10 sancionaria».

La combinaci6n se frustr6. TaI coma el historiador Ludwell Lee Montagne 10 hace

notar. ((los haitianos durante sesenta y cuatro anos. se han hecho una reputaci6n de aislacionistas que el acto de un solo hombre no puede neutralizar».

De todos modos. Salnave no perdi6 la esperanza de ob­tener el fin que perseguia. 0 sea. el de conservar el po der mediante la derrota de sus adversarios gracias a la inter­venci6n norteamericana. de la tuaI esperaba dinero. ar­mas y municiones que conseguiria cediendo en venta 0

arriendo deI Muelle Saint-Nicolas. Basset crela aun que Salnave tenla posibilidades de que

las cosas se volviesen militarmente en su favor. Pero. puso en guardia el Departamento de Estado. contra la adquisi­ci6n eventual deI Muelle Saint-Nicolas. pues conoda. dijo. el sentimiento universal de los haitianos contra cualquier alienaci6n de su territorio (1).

Por otra parte. esta probado que Salnave gozaba de la simpatla manifiesta de los agentes norteamericanos en Puerto Prfncipe y los onciales de marina. cuyos barcos

(1) LUDWELL LEE MONTAGNE: Op. lac. cit .• p. 101-103. El autor cita coma referencias el intercambio de notas entre los agentes norteame­ricanas en Puerto Principe y el Departamento de Estado. Di.pa/che. Haiti Ill.

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surcaban las aguas haitianas. Encontramos testimonio de ello en los respectivos informes que dirigian a sus superio­res jerarquicos.

He aqul, por ejemplo. un pasaje extraldo de una carta <le Hollister. dei 10 de agosto de 1868 al secretario de E.stado Seward:

Senor: »Tengo el honor de informar que la situaci6n aqul es

muy critica . . .

»Pido como favor especial. hecho al Presidente Sal­nave y a ml mismo. en el interés de ambas republicas. que obtengais dei ministro de Marina ale je dei servicio activo a M . Medville . dei navlo de guerra de los Estados Unidos , el Penobscot. por un perlodo de dos anos. Os puedo ase­gurar que este pedido se funda en razones de civilizaci6n y humanidad.

»Salnave es el unico hombre en Haiti con capacidad para gobernar el pais. La clase baja 10 ama y 10 considera su amigo y protector. Se ha visto obligado a hacer 10 que hicimos nosotros mismos durante la rebeli6n de los estados d·el Sur. fusilando coma traidores a ciertas personas que valla mas ver muertas que vivas .. . »

Todavla el 9 de septiembre de 1868. Hollister. después de haber efectuado una gira de inspecci6n por los consu­lados norteamericanos establecidos en los diferentes puèr­tos de la Artibonita y dei Norte . a bordo de un aviso de guerra de su patria. se detuvo en el Muelle Saint-Nic·olas.

«He pensado . escribi6 al secr.etario de Estado . que os resultarfa grato conocer las observaciones que el comodoro lrwing. dei G etfysburg y yo hicimos en este puerto y sus alrededor·es . durante las pocas horas que pasamos en éI. Anhelaba que el gobierno conociese la opini6n de un ofi­cial de marina honesto y capaz. tal coma supongo 10 es el

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comodoro lrwing. y he cr·eido que era conveniente seguir sus consejos y efectuar sondajes en el puerto , principalmen­te en los puntos que no aparecen sefialados en las vie jas cartas francesas. »

Sigue una larga y minuciosa descripci6n deI Muelle S aint-Nicolas y sus alrededores. destacando 10 excelente de su posici6n estratégica y las ventajas de toda suerte que podria sa car de ella la marina militar que poseyese el do­rninio de la zona. El informe finaliza diciendo:

(( T uve oportunidad de comprobar que la 'firmeza y los juicios deI capitan lrwing. aquî y en todos los lugares que estimamos util visitar. me han ayudado muchîsimo en el c umplimiento de mi misi6n. 0 sea, la de apaciguar a los partidos en disputa y dar a un gobierno amigo toda la asis­tencia que podfamos razonablemente ofrecerle.))

y he aqul un informe dirigido por el teniente coman­dante Selfridge, deI vapor norteamericano Nipsis, al mi­nistro de Marina con fecha 14 de julio de 1869:

(( El reconocimiento deI gobierno de Salnave y el apoyo moral que le hemos dado, como jefe constitucional de Hai­tl. han creado sentimientos de simpatîa hacia los Estados Vnidos y la inRuencia norteamericana prepondera entre los partidarios de Salnave.

nPero la oposici6n al actual gobierno y el odio de los ·((Cacosn han aumentado propo>Tcionalmente . Los ((Cacos n 'Son un partido , representado en el norte por el Presidente N issage Saget. y en el sur por el Presidente Domingue .. Saint-Marc es el punto de apoyo deI primero y Aux Cayes el deI segundo, Aux Cayes se halla sitiado desde hace varios meses porel Presidente 5alnave.

nLos recursos deI gobierno de Salnave han sido des­pilfarrados en expediciones sin éxito 0 a manos de funcio­narios corrompidos e incapaces. El partido de Saget. cefiido a una guerra defensiva y sostenido por los derechos de

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aduana que provee el comercio dei puerto de Saint-Marc. se encuentra, financieramente hablando, en buena posici6n_ Este partido ha adquirido ultimamente dos vapores, el Quaker City y el FZorida, que formaban parte de la marina norteamericana. Ultimamente he encontrado al Quarker City desplegando pabell6n inglés y dirigiéndose a Saint­Marc.

La lIegada de ambos vapores y el revés de Salnave ante la ciudad de. Aux Cayes, han provocado panico financiero. aunque el papel moneda dei gobierno careciese de valor. habiendo pasado de 200 a 700 en pocos dias (700 d6lares el). papel moneda por un d6lar en oro).

nEs probable, que, de no recibir ninguna ayuda externa, Salnave sea derrocado, desapareciendo con él la influencia que los Estados Unidos han adquirido.

»Si el deseo dei gobierno es poseer un puerto en la isla de Haiti, sea por medio de un contrato de arriendo. sea mediante una adquisici6n. no conozco puerto en las Anti­lias que, por ias facilidades de su acceso y defensa. salu­b~idad deI clima y situaci6n estratégica, resulte superior al puerto de Nicolas Molé (1). situado en el extremo noroeste de Haiti. Ahora es el m.omento de abrir negociaciones al' respecto.

»Salnave necesita dinero y la donaci6n de uno 0 dos viejos monitores apresuraria la conclusi6n de las mismas.

»Ingleses y franceses verian con mal ojo que tomasemos posici6n de Nicolas Molé. desde donde se dominada et acceso a Jamaica.

»El encargado de negocios de Inglaterra no ha vacilado en decirme que aconsejaria a su gobierno aceptase la pose­si6n entera de la isla de Haitl. por los Estados Unidos. pero que se opondrfa a que obtuviésemos el dominio de una·

(1) «Môle. Saint-Nicolas.

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pequena parte de la isla. En otros términos. los ingleses es­tarian encantados de vernos emprender la ingrata tarea de introducir el orden en la isla. haciendo de ella un mercado mas vasto para sus productos. pero no querrîan vernos con un punto de la misma en las manos. el cual podrîamos de­fender con facilidad y. en caso de guerra. seria una punta de lanza dirigida contra sus Bancos.

))Mi corta permanencia en la isla me impide hablar con

la autoridad necesaria al respecto. no obstante 10 cual no vacilo en hacer conoc'er mi opiniôn personal. que es la si­guiente: Si los Estados Unidos se anexasen alguna vez a Haiti. de acuerdo a la opiniôn 0 la politica de un partido. se encontraran con un Helefante)). respecto dei dÎnero y

la sangre que esta isla habra de costarnos)) (1). Pero. sucedi6 que a medida que transcurria el tiempo.

mas diflciles se hadan las condiciones en que Salnave ejercfa sus poderes. A fin de 1869 su situaciôn se habia empeorado considerablemente. Sus enemigos sitÎaron su capital a la espera de poder tomarla por asalto. Entonees decidi6 nombrar al general Tate. enviado extraordinario y ministro plenipotencÎario en Washington. para negociar una alianza ofensiva y defensiva con el gobierno Federal y contratar un importante empréstito en el mercado norte­americano. de acuerdo a condiciones que se debatirîan posteriormente. pero cuyo substrato debîa quizas fundarse en la cesi6n deI Muelle Saint-Nicolas. aunque dicha estipu-

(1) Documentas diplpmaticos comunicados por el SeClretario de ESlado en la apertura de la tercera sesion dei cuarto Congreso de los Estados U nldo •.

Gracias a la amabilidad dei senor Mentor Laurent hemos podido consultar una colecci6n de estos documentos. traducidos al francés. sin nombre de autor. La traducei6n. confronta da con los originales. ha demostrado ser fiel. Suponemos que haya sido el gobierno de Nissage Saget el que emprendi6 la tarea de haeer traducir y difundir dichos documentos durante su larga batal\a diplomatiea con el Departamento de Estado en los anos 1870 y 1871.

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laci6n no fuese mencionada en las instruC:ciones que tene­mos ante la vista.

En efecto, un incidente acaecido en el se no deI Consejo de Secretarios de Estado, en su sesi6n deI 15 de diciembre de 1869, ha hecho llegar hasta nosotros el original deI acta de esta reuni6n, en el curso de la cu al se decidi6 aprobar las gestiones hechas por el general Tate, relativas a la pro­posici6n de alianza ofensiva y defensiva que el general se hallaba autorizado a conduir con el gobierno norte­americano.

He aqu! el escrito:

((Libertad - 19ualdad Republica de Hait!

Consejo de los Secretarios de Estado Sesi6n deI 15 de diciembre de 1869 presidida por el Presidente de Haitl.

Se hallan presentes: Los secretarios de Estado en el departamento deI In­

terior, de Agricultura y Polida General; los secretarios de Estado en los departamentos de Justicia, Instrucci6n Publica y Cultos y de Relaciones Exteriores y Comercio.

El Presidente de Hait! da comunicaci6n a un despacho del general Alexandre Tate, ministro plenipotenciario de Hait! en los Estados Unidos de Norteamérica, con fecha 27 de noviembre ultimo, advirtiendo a Su Excelencia acerca de las noticias desfavorables al gobierno que han llegado a los Estados Unidos, deI eco que han tenido en los peri6di­cos y las diligencias que ha efectuado para desvirtuarlas o. cuando menos, para atenuar sus malos efectos.

Habla, a la vez, de la recepci6n cordial y la acogida favorable de que ha si do objeto en los Estados Unidos y

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de la benévola disposici6n deI gobierno de Washington. hacia el gobierno de Haiti.

A mas ofrece explicaciones relativas al navîo Atlantic y pide 2.700 piastras fuertes para trescientos proyectiles que ha adquirido con destino a los canones de dicho navlo.

El Consejo decide que esta suma, junto con otra nueva de 2.000 piastras fuertes, sea expedida por el ministro de Finanzas y que se autorice ademas al general Tate a ad­quirir un nuevo barco de guerra a cuenta del Estado y a gîrar contra el gobierno, a quince dlas vista, por el primer servicio que habni de abonarse.

Por ûltimo, el ministro plenipotenciario, a través de este mismo despacho, habla deI tratado a conduir entre los go­biernos de los Estados Unidos y Haiti, convenio de alianza ofensiva y defensiva, por el cual deberan resultar ventajas redprocas para ambos pafses y piensa que para realizarlo el gobierno debera acordar un puerto de la Repûblica de Hait! al gobierno norteamericano, como punto de aprovisio­namiento en tiempos de guerra, donde podrfa instalarse un dep6sito de carbôn, un mu elle de arena y otras manufactu-. ras necesarias para su armada y que podrian ser igualmente de gran utilidad para nuestro pais.

El Consejo, después de tomar debido examen de todo, clelibera y decide que el ministro plenipotenciario y enviadÛ' extraordinario de Washington proseguira con las negocia­ciones para conduir el tratado. tal como el gobierno esta ya legalmente autorizado a hacerlo. acordando los ;citados privilegios. por un tiempo limitado. susceptible de reno­vaci6n; dicho instrumento deberâ ser sometido, en su de­bida oportunidad, a la sanci6n deI cuerpo legislativo para gozar de su entero y legitimo efecto.

Cerrado y suscripto dia. mes y ano, igual que en la otra parte.

Para extractar. conforme al registro: S. Salvane.-El mi-

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nistro de Finanzas y Comercio: De Selva.-El mInlstro de Interior y Agricultura, a cargo de la Policîa General; M . . Montasse.-El ministro de Justicia y Relaciones Exteriores: D. Labonte .-EI ministro de Guerra y Marina : Innocent Coco.

El incidente al cual hicimos alusiôn anteriormente y que nos facilitara la conquista deI texto original de la delibera­'ciôn dei Consejo de los seeretarios de Estado, en su se­~iôn deI 15 de diciembre de 1869, se produjo de la siguiente manera:

Auguste Vallés, secretario adjunto deI Consejo de los sec'retarios de Estado, que habla redactado el acta. pene­trado de las consecuencias que resultarî'an de la aplicaciôn de las medidas adoptadas por el Consejo en esta sesiôn deI 15 de diciembre de 1869, en 10 que respecta al proyecto de al;anza ofensiva y defensiva haitianonorteamericana, se apoder6 de la minuta de la audiencia. dispar6 un pistole­tazo en la sala dei Consejo y pudo, en tal modo, provocar un estado de confusiôn en el recinto que le permiti6 des­aparecer llevandose consigo el documento.

Por otra parte, el acta. no obstante su can~.cter de au­tenticidad irrecusable, y tal como estaba redactada (l) no ha reve!ado sino un minimo aspecto de la verdad. La deli­beraci6n del Consejo, que estaria destinada a pasar a la pos­teridad, no ha descubierto si no una parte insignificante. aunque bastante plausible de las negociaciones en danza. Ninguna menciôn se hace en ella de la clausula relativa a

(1) La pieza era propiedad de} senor Jeremie, vinculado a la fa­milia Valles, quien hace mencion de ella en el opûsculo titulado; Souvenirs d'une enfance heureuse, p. 120-122; el autor la deposit6 en el museo deI Petit Séminaire deI Colegio de Saint-Martial. < Podré per­mitirme indicar que el destino verdadero de este documento, como el de tantos otros, deberla ser el Museo Nacional 0 la Biblioteca Na­cional?

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las cuotas dei empréstito. las cuales eran. sin embargo. el principal objetivo al que estarÎan subordinadas las con­secuencias imprevisibles de la famosa alianza.

Afortunadamente los archivos publicos y priva dos nor­teamericanos nos permitiran puntualizar mejor dichas ne­gOClaclOnes.

Asi. tenemos que el 6 de diciembre. Tate. al proponer la alianza ofensiva y defensiva citada. de acuerdo a los términos indicados en el acta, solicit6 un empréstito de ·doce millones de d61ares de los cuales diez servirlan para pagar los servicios atrasados de la deuda francesa y los dos restantes pasarfan al servicio en curso.

Por otra parte. en el Journal deI secretario de Esta­do Fish. se especifica que el puerto. al cual se refiere el proyecto. no es otro que el deI Muelle Saint-Nicolas.

Es evidente que si la proposici6n haitiana habla de ser tomada seria mente en consideraci6n. deberla tener en cuen­ta la presentaci6n de contraproposiciones por parte deI gobierno norteamericano. Pero 10 cierto es Que no fué ni siquiera discutida. Al dfa siguiente. 7 de diciembre. el ga­binete norteamericano. luego de ser consultado. rechaz6 el ofrecimiento haitiano, haciendo saber que las presentes <condiciones de inestabilidad deI gobiemo haitiano des acon­sejan entablar cualquier clase de negociaciones con él (1).

Antes este contraste. Tate se dirigi6 a la casa ((Jay Co­okell. la cual acept6 el principio de asumir las obligaciones deI empréstito mediante la garantla de ambos gobiemos; los valores no deberlan sobrepasar los cinco 0 seis milIones de d61ares. con la condici6n previa deI que el tratado de alianza fuese aceptado por el gobiemo norteamericano.

Resulta ocioso agregar que el 19 de diciembre de 1869. Salnave. vencido por sus adversarios desembarcados en

(1) LOGAN: Op. cit.. p. 336. Notes from Il.

li9 TOMO III.-9

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Puerto Prfncipe -tal como lo hemos relata do anteriormen­te- y perseguido hasta mas alla de la frontera haitiano­dominicana del sudoeste, fué arrestado por Cabral y entre­gado a sus enemigos, quienes )0 fusilaron el 15 de enero de 1870.

Asf termin6 la carrera de este famoso soldado, quien, durante dos anos y medio de gobierno, no c'onoci6 otro ob­jetivo que la necesidad apremiante de derrotar a sus ene­migos, dominado por el exclusivo prop6sito de hacerles la gtlerra, sin tregua ni reposo, la guerra a la cual pretendi6 inclusive, con negligente imprudencia, asociar al gobierno norteamericano ofreciéndole el cebo de una cesion terri­torial en contra de la arraigada hostilidad deI sentimiento' nacional.

y aSI termino igualmente el duelo implacable entre Sal­nave y Cabral, oposici6n que no fué fruto de un contraste de ideologfas 0 principios, sino que naci6 deI hecho de que sus respectivos poderes, a uno y otro lado deI Hmite, du­rante sus discutidas presidencias, fueron minados y ataca­dos por la alianza de sus enemigos redprocos que se pres­taban auxilio mutuamente a 10 largo de la frontera.

AsC pues, Salnave, traicionado por la adversidad, des­apareci6 de la escena. Qued6 Cabral. desempenandose ahora como insurrecto y pr6ximo a ser sosteni.do por Nis­sage Saget, que acababa de ser elevado a la primera ma­gistratura de HaitI. Podrla disponer entonces de mayor li­bertad de movimientos y de mayor numero de medios para triunfar de su eterno competidor, Buenaventura Baez, que detentaba ahora el poder supremo en Santo Domingo.

La respuesta a estos interrogantes sera ofrecida por los acontecimientos que, durante mas de un ano, amenazar€m muy seriamente a nuestra independencia nacional.

y ahora. en el momento en que deseamos esforzarnos por dilucidar los enredados y confusos problemas deI pe-

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rlodo que habremos de abordar. advertimos que, tanto en las paginas que siguen coma en las anteriores. no nos inte­resa saber cual. entre los polîticos dominicanos, se halla 0

hall ara mas cali6cado para aspirar a la presidencia de su patria; no es esta nuestra tarea. Ademas, desde el punta de vista historico no corresponde nos interesemos por la presencia de tal 0 cual personalidad dominicana en el po­der. sino en la medida en que sus actividades y compro­misas internacionales hubiesen podido afectar la libre ex­pansion de nuestra autonomia. <;onsiderando la existencia de dos paÎses en una misma isla, sobre un terre no que deberlan condividir, ya que es a este ultimo avatar, de un territorio compartido, al cual !leva el proceso de los aconte­cimientos a partir de 1859.

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CAPITULO IV

JOSE MARIA CABRAL, NISSAGE SAGET, VENTU RA BAEZ y EL IMPERIALISMO

AMERICANO

BUENA­NORTE-

Asî. pues, en enero de 1870, Cabral. desembarazado de Salnave. podia sentirse libre de los impedimentos que este ultimo creaba a sus maniobras revolucionarias; contaba ahora con el apoyo del nuevo gobierno haitiano presidido por Nissage Saget, quien fuera colocado a la cabeza deI gobierno provisorio el 27 de diciembre de 1869. y elegido en forma definitiva Presidente de la Republica por las Cama­ras reunidas en asamblea nacional el 19 de marzo de 1870.

Quizas Cabral hubiese podido realizar sus objetivos con las fuerzas de que disponfa y el posible concurso de todos los adversarios coligados de Baez. Pero otro elemento aca­baba de entrar en juego. el imperialismo norteamericano. el cual quena aprovecharse de todas las ventajas que le ·ofrecîa el presidente en ejercicio.

La situaci6n cambi6 completamente de faz. pero no por­que el gobierno norteamericano tuviese mas simpatî'a por Baez que por Cabral, 0 cual significana ceiiir la cuesti6n al pIano sentimentaL que se halla completamente fuera de sitio en este punto. Lo que habla en tratos eran negocios,

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busines, entre compafieros de juego que disputaban mu­tuamente y las discusiones se encendîan en torno de cifras que se elevaban a millones de dolares.

Por otra parte y al igual que Bilez. también Cabral. du­rante sus cortas alternancias de presidente efectivo y presi~ dente eliminado. pero aspirando siempre a recuperar su posicion, se hallo comprometido en gestiones ante Washing­ton para vender 0 arrendar la bahîa de Samana sin de jar de conocer el fin ûltimo en que desembocarî'an tales tratos.

(Qué quiere decir eso? En los avatares de este hombre de gobierno hay una tai contradiccion de actitudes y sen­tlmlentos que nuestro juicio choca con dificultades consi­derables para estimar su verdadero valor en funci6n de sus actos.

(No es. acaso. cierto que 10 encontramos en 1861 entre los generales nacÏonalistas alineados bajo la bandera deI grupo de patriotas que Sanchez condujo a la batalla para expulsar a los espafioles dei suelo dominicano? é No parti~ cip6 sin desmayos en la larga lucha de los que nunca des­esperaron de librar a su patria deI dominio extranjero? y entonces. (como comprender que al llegar el triunfo para los insumisos y los reivindicadores. de los cuales fuera una de las figuras mas notorias. 10 encontramos dispuesto a ne­gociar con los norteamericanos la enajenaci6n de una parte deI territorio. trato que, de acuerdo a la propia sentencia deI secreta rio de Estado. Seward.. no era sino un primer paso hacia el protectorado e inclusive hacia la total anexion del paîs? (Como explicar sus afinidades polîticas con Gef­Erard, el cual se hallaba, precÏsamente. atormentado par la idea de impedir la intrusion de toda gran patencia en los asuntos pollticos de ambas repûblicas, al punta de propo­ner, tanto a Inglaterra y Francia coma a los Estados Unidos. la ,neu,b-alîzaci6n de la isla? Las dos wandes nactones eurapeas aceptaron la idea, en tanto que Washington la

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rechaz6. Entonces Geffrard acord6 su apoyo a Cabral, cuyo nacionalismo le debfa haber inspirado connanza para que recobrase su preeminencia polftica y garantizara de este modo. segûn su criterio, la integridad deI territorio insular ante la codicia extranjera.

Pero pronto Cabral vi6 una vez mas a Baez alzarse en contra de él, a Bilez, cuyo largo cuarto de siglo de activida­des poHticas fuera nelmente consagrado a servirse deI po­der, para asuntos de dinero. prendando parte 0 la totalidad deI territorio de su paIS, con el objeto de alcanzar fines per­sonales.

Tales fueron el terre no y la materia deI nuevo duelo que, entre 1865 y 1871. enfrentara a ambos hombres.

Pero, a nnes de 1866. cuando Cabral. después de haber desalojado a Baez, volvi6 a la presidencia, debi6 afrontar la mas espantosa situaci6n econ6mica. El erario estaba exhausto. Las campinas devastadas, las ciudades parcial­mente en ruinas y el comercio empobrecido. no ofredan sino escaslsimo recurso a la contribucion fiscal. Este conjunto de circunstancias condujo probablemente a Cabral a inter­cambiar con el c6nsul norteamericano. j. Somers Smith. en el primer contacto entre ambos. las palabras siguientes;

cc-General. <. cu al es el estado de vuestro pals? -pre­gunt6 el consul.

Jl-Estamos muy pobres. senor cOnsul. y no sabemos qué hacer. (p odrlais prestarnos alguna ayuda? -respondi6 el Presidente)) (1).

Fué este el punto de partida de negociaciones que. mas tarde. conducirian a ofrecer a los Estados Unidos en cesion temporaria la bahia de Samana y sus alrededores.

(1) Diâlogo transcripto por J. Somers Smith en su informe al De­partamento de Estado. Hatch report. p. 159. Cf. TANSILL: Loc. cil .• p. 233. Informe de Smith al Dep. de Estado: Sanlo Domingo Consu­lar esp., voL 5. M. S.D pt. State.

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En efecto. el 8 de noviembre de 1866, José Garda. ml­nistro de Relaciones Exteriores. escribiô a Seward. secreta­,rio de Estado. solicitando un empréstito de un millôn de dôlares, de acuerdo a <ljustas. equitativas y razonables con­.dicioneSiJ.

Somers Smith apoyb el pedido agregando que se trataba de uno a dos millones de déIaTes, destinados en parte e revalorizar el pa pel moneda dominicano, fuertemente de­preciado y a comprar diez mil fusiIes y municiones a mas de ci en piezas de can6n de diversos calibres.

El gobierno dominicano ofreda coma garantia deI em­préstito la explotaci6n de minas de carbôn y las defensas de la bahîa de Samana. denominadas ((LevantadoJ) y ({Ca­renero)). para hacer uso apropiado de las mismas y por un perlodo que se determinarfa de mutuo acuerdo.

Aun cuando desde hacîa alg6.n tiempo el gobierno norte­americano se hallase completamente ansioso por obtener una base naval en las Antillas y estuviese decidido a adqui­rirla (1), ha1l6 que la propuesta era insuficiente e imprecisa.

En homenaje a la verdad. conviene especificar que Ca­bral no hacîa mas que volver a emprender negociaciones iniciadas por Baez. su predecesor.

Por otra parte, sabemos igualmente que la actitud deI gobierno norteamericano en este asunto de la base naval en el archipiélago antillano y particularmente en la isla de Haitl. pareda vacilante tan s610 a primera vista. si debemos atenemos al rechazo obstinado que el Departamento de Estado hizo de los reiterados ofrecimientos de Salnave y

(1) Sir Spencer St. John. ministro residente de S. M. 8.. informô al F. O. acerca de una entrev;sta mantenida con Peck, ministro norte­americano en Puerto PrIncipe. en el curso de la cual el colega Je con­Feso que Seward. de visita a Puerto Principe durante su crucero pot las Antillas, en 1866. le dijo. de la manera mas formai, .Necesitamos una eslaciôn naval en las AntiIlas. Debemos tenerla y la tendremos». F. O. 115{450. segun Tansill, p. 229.

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a las dedaraciones oficiales dei gobierno norteamericano. reproducidas anteriormente. 0 sea que Washington no desea­ba otra cosa de Hait{ que el progreso de la naci6n bajo un gobierno republicano estable.

Creemos que esta posici6n negativa de la diplomacia norteamericana frente a las solicitaciones de Salnave carac­terizaba mas bien su desconfianza hacia la doctrina funda­mental de Haiti, que era siempre hostil a la intrusiôn de una naci6n extranjera en el suelo nacional.

Ocurrfa, en verdad, que sus agentes, tai como 10 hemos demostrado con amplitud. no hablan dejado nunca de se­nalarle la permanente aversion deI pueblo haitiano, a toda cesi6n. aun de tipo temporario. de una parte de su territo­rio a cualquier potencia extranjera.

Oichos sentimientos no podian inspirar sino actitudes de prudencia y cautela a todo negociador que hubiera de­bido tratar con cualquier gobierno haitiano sobre la base de una cesion eventual deI territorio. cosa que no sucedÎa. por el contrario. con los poHticos dominicanos, siempre dis­puestos a hacer garantizar con el consentimiento de sus compatriotas sus ofrecimientos de cesiones territoriales.

Ahora bien. en este ano de 1866, una recrudescencia de la fiebre expansionista habla atacado a las esferas guber­namentales de Washington: era el dia siguiente de la reconstrucci6n de la unidad deI paÎs y se aspiraba a realizar planes de grandeza nacional. La victoria reciente deI Norte contra el Sur, que acababa de salvar y consolidar la Union. volvia a estimular la codicia de los hombres de gobierno. El generai Andrew Johnson, sucesor de Lincoln. habla re­unido en torno de él un gabinete movido de su misma pa­sion para Ianzar el paÎs hacia nuevas conquistas. De aqui. pues. que la nec'esidad de contar con una serie de bases navales en toda la regi6n meridional de las costas norte-

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amencanas. pareciera imponerse a la atenci6n de los diri­gentes.

El Departamento de Estado habia entablado en esta época negociaciones. tanto con 108 poHticos dominicanos como con el gobiemo danés, en procura de la adquisicion de las islas Virgenes. a la vez que sondeaba al gobiemo de Madrid para la compra eventual de las islas Culebra y Cu­lebrita, situadas entre Saint-Thomas y Puerto Rico.

Ya. el 9 de enero de 1866. el secretano de Estado. Se­ward. emprendi6 un viaje de reconocimiento por las aguas dl: las Antillas. visitando la isla danesa de Saint-Thomas y dirigiéndose en seguida a Santo Domingo y Puerto Prin­cipe.

Pero con motivo de las prevenciones que tales diIigen­ci as suscitaban entre las grandes potencias europeas. el go­bierno de Washington trataba de que las conversaciones con los dominicanos se efectuasen con 8uma discrecion. enéa­reciendo dicha observancia a sus agentes en el lugar. Pero éstos, movidos por consideraciones de Indole particular. cumpli'an su misi6n con un celo y ardor que tenfan bastante deI apostolado. faltando agregar que este apostolado se basaba en un increible frenesi de especulaci6n.

Una banda de aventureros habla invadido a Santo Do­mingo. Provenientes deI continente, como ya 10 hemos se­fialado, habian participado en muchas empresas turbias 0

en golpes de mano audaces. en especial en la guerra recien­te contra Méjico. Su principal objetivo en el nuevo campo de acci6n ofrecido a sus actividades, era el lucrarse rapida­mente sirviendo como intermediarios entre los dominicanos y los capitalistas de los Estados Unidos para tratar asuntos industriales y bancarios y obtener explotaciones mineras. o bien, conseguir grandes empréstitos oficiales para el go­biemo dominicano, mientras se trataba de alcanzar la pro­pina deI arriendo 0 la venta de determinadas partes deI

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territorio deI Estado a la espera que la potencia americana pudiese anexarse la totalidad.

Tai fué, por ejemplo. el papel que se habia asignado el famoso general Cazneau. con la colaboracion de su es­posa. Cora Montgomery y el refuerzo deI general 8abco*ck. En cuanto a los demas ... No yale la pena que los nom­bremos.

Una porcion de perdidos, llenos de deudas y cnmenes ... He aquf en qué condiciones y en medio de cual atmos­

fera envio Johnson un mensaje el 30 de enero de 1866 al Congreso, para recomendar que la independencia de la Re­publica Dominicana. presidida por Buenaventura Riez. fuese reconocida por los Estados Unidos. A la vez sometia al referéndum deI Sena do la elecciôn que habla hecho deI general Cazneau. como comÎsionado y consul general de los Estados Unidos en Santo Domingo.

El nuevo diplomatico. sin esperar siquiera que su nom­bramiento fuese confirmado por el Senado. se apresurô en sefialar al Departamento de Estado, coma la polîtica norte­americana en su actitud de simpatîa hacia la Republica Dominicana. habîa sido un acontecimiento significativo en el estrechamiento de los lazos que. en adelante. vincularian a unD y otro pais. ({Concesiones mineras, escribfa. y de otros materiales de gran val or han sido ya acordados a nuestros conciudadanos. No es exagerado afirmar que la oportunidad deI acto (es decir. el reconocimiento de la independencia dominicana) haya sella do el destino de la Reptlblica Domini­cana coma un Estado amencano».

Pero el Senado rehuso aprobar el nombramiento deI ge­nerai Cazneau. cuya mala reputacion no era secreto para nv.die. Sin embargo. y pese a este handicap, el personaje no dejo de continuar haciendo estragos en los medios do­minicanos. Entre tanto. Buenaventura Riez se vio obligado a abandonar la presidencia a su sucesor José Marfa Cabral.

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designado primeramente presidente provisorio y el cual tomo las riendas deI poder, una vez mas, el 23 de agosto de 1866.

Cazneau se puso en relaciones de inmediato con el nue­vo jefe deI ejecutivo para inducirlo a seguir las directivas de su predecesor en 10 concerniente a los proyectos relativos 10 aporte deI capital norteamericano a la economîa domi­nicana. unico medio, segUn él. de galvanizarla.

Pero el pa pel de este gran maniobrero permaneda os­curo. Solo actuaba entre bastidores, ya que, en su lugar, el Departamento de Estado acababa de confiar a la direc­cion deI consulado general de los Estados Unidos en Santo Domingo, a J. Somers Smith. A partir de entonces el agente oficial tomo en sus manos las negociaciones en curso, cele­brândose, con tal motivo, entre él y Cabral el diâlogo que hemos citado anteriormente.

ASI, pues, las negociaciones volvieron aemprenderse en el sentido que indicamos. Cabral. segûn interpretamos, con una prudencia calculada. no quiso ohecer si no el arriendo tem'porario, y. a corto plazo, de una parte de la bahîa de Samanâ. mediante un empréstito de dos millones de dolares. mientras que el gobiemo norteamericano se obstino en ob~ tener la cesion definitiva de toda la bahla para hacer uso discrecional de ella. de acuerdo a las necesidades de su marina y su poHtica.

Por otra parte. Cabral acababa de sufrir un contraste ante el Congreso. cuando éste rehuso aceptar el contrato de em­préstito que el agente presidencial habla negociado en Pa~ rÎs, en noviembre de 1867, con la ((Maison de Banque Francaise Emile Erlanger & CO». De acuerdo a los términos de dicho contrato, la citada banca acordaba un empréstito de diez millones de francos a la Republica Dominicana. cobrando una comision de aIrededor de un 16 por 100 du­Tante un penodo de veinticuatro anos.

Dicha transaccion. por onerosa que fuese. tenÎa. por 10

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menos. la ventaja de no atentar contra la soberanfa dei tè­nitorio dominicano. ,

Por otra parte, a los conflictos particulares a los cuales Cabral debîa hacer frente. se sumaba la creciente inquietud que éste experimentaba acerca de la duraciôn y estabili­dad de su gobierno, comprometidas por los amenazadores manejos revolucionarios de los partidarios de Bâez. acan­tonados en la parte septentrional deI terrÏtorio. prôxima a ln frontera haitiana. Los insurgentes habîan establecÎdo su cuarte! general en el Cabo Haitiano, con la complicidad formai de Salnave, e! cual. pese a la iniciativa que habla tomado, en junio de 1867. de solicitar la conclusion de una alianza haitianodominicana. poco después de su acceso al poder, no dejaba por eso de tramar la carda dei presidente dominicano y apoyar la conspiraciôn de Baez, el acérrimo enemigo de Cabral.

Ante una situaciôn tan alarmante, por partida doble. è como habrla Cabral de dominar las exigencias cotidianas y funcionales de una Administraciôn de Estado cuyas finan­zas casi exhaustas no podîan ya responder a sus objetivos precisos f Entre otras cosas, era necesario contener la ola creciente de las emisiones de papel moneda, valor cada vez mas depreciado. pero, también, cada vez mas necesario para contrarrestar las deficiencias de un tesoro permanente­mente agotado. Habla, ademas. que resistir a la presi6n de una economfa inmovilizada por privaciones e insuficiencias, y. para colmo, aterrorizada por la amenaza creciente de ê gitaciones revolucionarias.

è Qué podrîa hacerse fuera de obedecer al imperativo de las circunstancias y a la seducciôn de los medios de. r1-quezaf

De este modo, Cabral, que hasta entonces habîa resis­tido. daudicô. Cedi6 a las instancias de sus amigos y al

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oConsejo de los generales Pimentel y Luperon. que eran sus principales sostenedores en el Cibao.

As!. en los primeros dî'as de enero de 1868. despacho -il Pablo Pujol. su ministro de Finanzéts y Comercio. a Washington. para renovar las negociaciones financieras con el Departamento de Estado. La actitud era tardla e incfec· tiva, porque para entonces los levantamientos revoluciona­Tios habî'an tomado tal expansion y consistencia en el Ci­bao. que los menos clarividentes podlan predecir con faci­lidad el triunfo de quien los fomentaba.

Como quiera que fuese. el plenipotenciario dominicano propuso a Seward un tratado seglin el cual los Estados Uni­dos gozanan. durante un perIodo de veinte a cincuenta anos. deI derecho de soberanfa exclusiva sobre las aguas y la penlnsula de Samana. en pago de 10 cual entregarlan Înmediatamente al gobierno dominicano una suma de un minon de dolares y una contribucion anual de trescientos mil dolares mientras durase el tratado. a mas de una de­terminada provision de armas y munÎciones.

Ademas. una clausula especial prevela la intervencion norteamericana para defender la independencia de Santo Domingo contra la amenaza de cualquier potencia extran­jera que atentara contra la ejecucion dei tratado.

Seward descarto, de inmediato. la clausula especial, ex­poniendo consideraciones historicas y constitucionales que impedfan a los Estados Unidos. seglin dijo. comprometerse en ninguna alianza para la defensa de otro pals. aunque en 10 que respectaba a la situacion dominicana, sus simpa­tlas se inclina ban por anticipado hacia el mantenimiento deI statu quo en la posicion internacional de Santo Do­mingo.

Desde el punta de vista de la clausula financiera. con­.sentirlan voluntariamente en pagar al gobierno dominicano un millen de dolares, de los cuales la mitad. 0 sea. qUl-

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nientos mil d61ares, senan entregados cuando se ratificase el acuerdo por los organismos dominicanos designados al efecto, y el resto se pagarîa en armas y municiones con la c0ndici6n de que la perunsula y la bahîa de Samana, com­prendidas sus dependencias. debenan ser cedidas. con ple­na soberanla, a los Estados Unidos. y si dicha cesi6n era. irrealizable a causa de alguna interdicciôn constitucional. solicitaban se les concediese un contrato de arriendo por" noventa y nueve afi08.

Ambas tesis. confrontadas. parecian irreducibles. Em­pero, los negociadores. en un clima conciliatorio. hicieron concesiones mutuas que desembocaron en el plan siguiente :

Pujol aceptô la clausula financiera mediante la cuaJ. doscientos mil dôlares serIan entregados al gobierno domi­nicano. antes de la ratificaciôn deI tratado por los organis­mos constÎtucionales deI pais. y luego solicitô que la dura­ciôn del acuerdo se admitiese por noventa y nueve afios.

Aser aceptadas dichas condiciones por una y otra par­te. no quedaba sino estampar las fir~as respectivas en el instrumento diplomatico, cuando la presiôn revolucionaria precipitô la calda de Cabral, a fines de enero de 1868.

El partido rojo. 0 sea. el partido Buenaventura Baez. triunfô. La balanza poHtica llevô al poder al hombre de las transacciones territoriales incondicionadas. por cuarta vez. Llamado desde Curazao, sitio favorito de sus exilios expec­tantes. retornô en medio de las aclamaciones de la mu­chedumbre. cumplimentado por haber sabido ex pulsar deI sillôn presidencial a ese Cabral. a quien se acusaba de ha­ber ([ querido disponer de una parcela del territorio nacional en favor deI extranjero)).

Sin embargo, el hecho notorio era que Buenaventura Bâez. aun antes que hubiese trÎunfado de Cabral. habla iniciado tanteos ante el Departamento de Estado. pero no para ofrecer el arrendamiento, sino la venta efectiva de la

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reglon de Samana, en el caso que su tentativa revoiucio­naria 10 condujese a la victoria.

En efecto. (no podra considerarse signifieativo 10 dicho a Somers Smith por Ramî'rez Baez, el ministro de Relacio­nes Exteriores del gobierno provisorio formado a la carda d~ Cabral, en espera de la Ilegada de Buenaventura Baez de Curazao. cuando este singular personaje predijo que «en pocos aiios, la isla -se trataba de Haitî'- asî' como Cuba y Pu~rto Rico estan destinadas a formar parte de la gran Republica (norteamericana).

Tan pronto como Buenaventura Baez inaugurô su cuar­ta presidencia, el2 de mayo de 1868. iniciô conversaciones con Somers Smith. a quien envio a Félix Delmonte. su mi­nistro de Justicia e Instruccion publica. para proponer se renovasen las negociaciones entabladas anteriormente por el secretario de Estado adjunto. Frederik W. Seward. en el curso de su visita a Santo Domingo. en enero de 1867. y sobre las bases que éste habla propuesto. siempre que el gobierno de Washington mantuviese aun los prop6sitos enunciados por su representante. Smith quiso caldear el interés por el asunto. al rojo vivo. y ofrecio mandar a su propio hijo. en la primera oportunidad. en mision especial a Washington. a fin de lIevar 10 mas rapidamente posible. no s6lo los documentos que habrî'an de suscribirse. sino las primeras sumas que se entregarian como consecuencia de la conclusion deI tratado.

Smith habla echado manos demasiado lélpidamente a la obra. Debio frenar su entusiasmo. al considerar que la di­ficultad de los medios de transporte no le permitirian trans­mitir las proposiciones dominicanas al Departamento de Estado tan pronto como hubiesen sido sus deseos. Pero su correspondencia con dicho organismo es Indice deI ardor y el celo con que afronto dicha empresa.

Asî' fué como. el 19 de junio. hizo saber a Se ward que

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Baez solicitaba dos millones de délares. de los cuales. la mitad pagaderos de inmediato, en moneda contante y so­nante, y la otra parte. convertibles en efectos negociables, para librar la bahfa de Samana a la soberarua de los Esta­dos Unidos. Agrege que si Washington aceptaba las con­diciones propuestas. el presidente dominÏcano desearîa que se acordasen plenos poderes al agente norteamericano y que tres navîos de guerra se expidiesen a aguas dominica­nas para sostener al gobierno al ser puesto el palS frente al hecho consumado. luego de redondeada la venta (1).

Infortunadamente. Seward no se haUaba domina do por una tan apremiante necesidad de reabrir las negociaciones sobre la cuesti6n de la bahfa de Samana. y, a mas, en ese momento. la polltica norteamericana de adquisiciones te­Tritoriales se encontraba entorpecida por diversos impedi­mentos.

Una cierta sensaci6n de disgusto prevalecia en Wash­ington. El Poder ejecutivo enfrentaba. en el mundo parla­mentario. un clima de sospechas y hostilidad. Los miem­bros deI Congreso se hallaban decididos a eiercer un con­trol severo soble las actividades financieras de la adminis­traci6n. Esta actitud de recelo origine una especie de malestar publico que gravit6 sobre las negociaciones em­prendidas por el Departamento de Estado, con potencias extranjeras. para la adquisici6n de determinadas partes de su territorio. En efecto, el tratado firmado con Rusia. el 30 de marzo de 1867, para la compra de Alaska; el acuerdo con Dinamarca. deI 14 de octubre deI mismo ano. para la adquisici6n de las lslas Vfrgenes, aguardaban aun la san­ci6n de la ((Comisi6n de aprobaci6ml. a fin de proceder a liquidar definÎtivamente las condiciones financieras conve­nidas entre una y otra parte.

(1) Segûn TANSILL, op. cit., p. 261, quien da como referencia: .Santo Domingo, Cons. Desp. vol. 5, Smith to Seward, may 18, 1868 •.

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A mas. la atm6sfera polftica se hallaba gravida de re­eriminaciones. que jas y c6lera. Algunos de los miembros mas notorios deI Congreso eran atacados abiertamente por el Presidente Johnson. quien, en conversaciones publicas, exhalaba su indignaci6n contra sus maniobras. mientras éstos. por su parte, acusaban al Presidente de violar la cons­tituci6n con su comportamiento intempestivo.

Luego de acumular una serie de cargos contra la con­ducta del jefe deI Ejecutivo. quisieron obligarlo a compa­recer ante la Suprema Corte de Justicia. Johnson escap6. por poco. al voto deI Congreso que debfa enjuiciarlo, ya que la mayorra obtenida contra el Bill d'impeachment fué de un solo voto.

Tai era, por tanto, el nuevo medio polltico en cuyo sena resonaban las apremiantes demandas de Buenaventura Baez, apoyadas par J. Somers Smith para la reapertura de conversaciones en toma a la enajenaci6n de la penfnsula de Samana.

Pero, una formidable pantalla se tendfa entre el dima polftico de Washington y el de Santo Domingo, alzada, primero, por la distancia que separaba a ambas capitales. y luego. por las dificultades y la incertidumbre de las co­municaciones que contribufan a desvirtuar y ensombrecer el contenido y color de las informaciones.

A estas causas ffsicas hay que agregar otras de orden moral.

En Washington habfa hombres que se hallaban dividi­dos. pero alH, todos. de un modo u otro, tenî'an una cierta noci6n de la que era su deber, 0 sea, defender el honor 0

promover el bienestar de su naci6n, ya impidiéndola hun­dirse en el cri men de la in just ici a 0 en el abuso de la fuer­za, ya exaltando su grandeza mediante el estîmulo de nue­vas conquistas territoriales.

Entre los hombres que se obstinaron en glorificar los

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imperecederos valores de fraternidad e igualdad humanas, se erguî'a Charles Sumner. de alta talla moral. quien con­duda la batalla contra la politica inaugurada por Andrew Johnson. cuyas tendencias y fines ultimos. eran la reinte­graci6n solapada de los antiguos rebeldes en la plenitud de sus derechos de clases para burlar la obra de la re construcci6n. Charles Sumner encabezaba la coalici6n que acusaba a Johnson de violar la enmienda 14" de la Cons­tituci6n y se esforzaba por conducirlo ante la Suprema Corte.

Habî'a también a orillas dei Potomac el grupo de impe­rialistas afanados en favorecer la expansi6n de los Estados Unidos a expensas de las pequenas comunidades deI Ca­ribe.

Conviene advertir acerca de estos imperialistas que. des­contados aquellos cuyos apetitos monetarios eran el unic'o m6vil de acci6n. habla muchos animados de un incoerci­ble fervor patri6tico.

<. Qué podrfamos decir. en cambio. de los politicos de Santo Domingo. el mas notorio de los cuales era Buena­ventura Baez. en torno deI cual gravitaba un enjambre de hombres perversos -nacionales y extranjeros-, avidos y

ansiosos de enriquecerse en cualquier forma, prontos a al­canzar 0 ac'oger las combinaciones mas insospechadas. con tal que pudieran sacar de ella gruesos beneflcios? F ueron los mas decididos en precipitar la conclusi6n deI asunto dominicano. atentos a los escandalosos provechos perso­nales que di chas importantes operaciones podian pro cu­rarIes.

19ualmente. hubo un contraste extranamente sugestivo , entre el ardor creciente de los especuladores de Santo Do­mingo y la actitud circunspecta de los hombres de gobier­no de Washington.

Se hubiera dicho que la contemporizaci6n dei Departa-

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mento de Estado exasperaba la impaciencia de los domi­mcanos.

El 18 de julio de 1868. Smith informaba, efectivamente. a Seward, que Baez se hallaba a tal punto determinado a Iiquidar rapidamente la venta de Samana, que solo soli­citaba un compromiso de «sostén moral y material», pu­diendo ser arreglada ulteriormente la cuestion monetaria.

Sin aguardar la respuesta a su comunicaci6n, Somers Smith insistiô acerca de la urgencia de aceptar las solici­des de Buenaventura Baez.

Por otra parte, en los Estados Unidos mismos. un emi­sario. el coronel F abens, de nacionalidad norteamericana. miembro de la ((gang» que dominaba a los detentores dei poder en Santo Domingo, provisto de las mas efusivas re­comendaciones de Maria Gautier, ministro de Relaciones Exteriores. trataba febrilmente, en los corredores dei Con­greso y el Departamento de Estado, de Ilevar adelante, con la mayor celeridad posible, la operaciôn anexionista.

No obstante esta fuerte e ins6lita presi6n. Seward mos­trabase lento para decidir.

Por ultimo, en octubre de 1868, Baez y su ministro de Justicia, Delmonte. propusieron a Smith pedir al gobierno de Washington publicase una «Declaraci6n)) en la cual lm; Estados Uni dos harîan saber que toma ban a la Repu­blica Dominicana bajo su protecciôn, a la vez que ocupa­Tian la babla de Samana y todos los otros puntos de utili­dad militar que juzgaran conveniente. T ambién deberfan l1evar barcos de guerTa a aguas dominicanas para proteger sus nuevas dependencias.

Luego, el gobierno dominicano solicitarîa la admisiôn de su pals, como un estado mas de la Uniôn (1).

Este paso de Baez constituîa. en verdad, una maniobra

(1) Informe de Smith a Seward. Sonto Domingo. .Consular Desp. V"l 5, M. S. Depart. 51. •.

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destinada a resolver simultaneamente el problema de la in­seguridad de su gobierno y a procurar al pals una era de prosperidad. de la cual sus amigos y éi serian los primeros beneficiarios.

Ahora bien. Baez s610 dominaba una parte deI ternto­rio dominicano. Toda la regién deI Cibao, vecina de la honte ra haitiana, se habla aizado contra él. Cabral, su ir~educible enemigo, aliado con Luper6n. trataba de desalo­jdrlo deI poder. El movimiento era moral y materialmente sostenido por Nissage Saget. el nuevo jefe de Estado haitia­no, quien 10 abasteda en forma sustanciai de hombres. dinero. armas y municiones. Apoyada en la hontera haitia­nodominicana. la rebelién tenia una movilidad funcional que hada diffcil poder reprimirla radicalmente. Estaba nu­trida, ademâs. de una idea nacionalista que la hada sim­pâtica a milIares de dominicanos. Pero 10 que impedfa su triunfo era precisamente la intervencion norteamericana que provela a Bâez de armas, dînero y munîciones.

Se enfrentaban, por tanto, dos fuerzas antagonicas. la mas poderosa de las cuales era la de Baez. que disponla de- Formidable capital.

A este respecto el consul Smith ha anotado el episodio siguiente:

«En noviembre. me hizo buscar el senor Baez. Tomé la c'ostumbre de movilizarme tres 0 cuatro veces diarias. El 8 6 JO de noviembre de 1868. respondi a su Hamada y

mantuvimos la conversaci6n siguiente: «-Necesito que ha gais algo por mf-me dijo. lJ-Dfgame qué-respondL »-Necesito que ha gais llegar una propuesta a vuestro

gobierno. »-Formuladmela. Enviadme al senor Delmonte, quietl

me explicani en qué consiste. Y 0 encargaré a mi hijo que

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la lleve a destino. siempre que toméis a vuestro cargo los gastos deI viaje.

)-COnsul-replic6-. Somos muy pobres. No tengo un solo dôlar. Pero. después que concluyamos el asunto se­réis reem,bolsado de todos los gastos que hayais hecho pO! nosotros.

»-No sé-respondf- si mi gobierno se hallani dispues­to a pagar el viaje de nuestro mensajero. De cualquier modo que sea, trataré de hacer 10 que pueda en vuestro beneficio.

»F UI a ver a un amigo que tuvo la generosidad de pres­tarme mil dolares. con los cuales hube de cubrir los gastos dei viaje de mi hijo a Washington. La proposicion de que era portador inspirô parte dei mensaje que el Presidente Johnson dirigio al Congreso en diciembre de 1868.» (1).

Al ver como se presentaba la situaci6n. al final de este ana de 1868. el secretario de Estado. Seward. abandon6 todo escnlpulo y retorno a su idea favorita de expansion territorial bajo una u otra forma. por cuanto la situacion que los dominicanos le ofredan era excepcionalmente ten­

tadora y. a mas. Salnave. en la misma época. 10 acosaba desde el otro lado con proposiciones casi idéntic~s. resol­vit instar al Presidente Johnson a solicitar la autorizaci6n deI Congreso para actuar.

Asi se comprende la iniciativa que el jefe deI Ejecutivo hiciera suya en su mensaje deI 9 de diciembre de J 868 al Congreso. cuyas lîneas siguientes son reve!adoras de las nuevas direcciones de la poHtica antillana de Washington.

«No esta lejos el dIa -decfa Johnson- en que este go­bierno habra de encontrar necesario prestar ayuda efectiva a los problemas que plantean internacionaImente las dos r~publicas de la isla de Santo Domingo. y los cuales se presentan hoy con mayor virtualidad que antiguamente los

(1) Senate Repport., n," 234. 41° Congres., 2& .e.ion.

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de Cuba. El asunto reviste suma importancia para vosotros. ya que me sÎento felÎz de haber visto llegar el momento en que una propuesta de anexi6n de ambas republicas de la isla de Santo Domingo recibira la adhesi6n de los pueblos Înteresados y despertara la satisfacci6n unanime de las otras naciones extranjerasll (1).

En definitiva, este mes de diciembre de 1868 se senal6 por una intensa actividad diplomatica entre Washington y Santo Domingo. relacionada con la nueva fa se que mos­traba el problema dominicano.

Buenaventura Baez. para demostrar el apoyo popular que contaba su propuesta de anexi6n, inform6 a Smith que estaba preparado para realizar una consulta a la naci6n por medio de un plebiscito. Pero. por otra parte, era necesario prever y sofocar las tentativas de alteraci6n deI orden. so­licitaba el envIo, a aguas dominicanas, de tres barcos de guerra para apoyar la actitud deI gobierno. en tanto, con la entrega de trescientos mil d6lares podrla afrontar la even­tualidad de desembolsos anexos a tan grande empresa.

El 22 de diciembre. Delmonte, para confirmar la deci­si6n de su gobierno. quiso saber. por medio de Smith, qué pensarÎa Washington en el caso que las diferentes provin­cias dominicanas izasen el pabell6n norteamericano en el mastil de los edificios administrativos. a modo de ratifica·. ci6n de su unanime deseo de anexarse a la Uni6n.

Ante dicho apremio, Somner Smith. que careda de ins­trucciones al respecto. decidi6 consultar con su gobierno.

Pocos dias después. el eco deI mensaje de Johnson al Congreso lIeg6 a la Republica Dominicana. Baez aprove­ch6 la ocasi6n para felicitar al poder ejecutivo norteame­ricano en los términos siguientes:

cr El gobierno de la Republica Dominicana ha experi-

(1) Senate Repports. n." 234. 41· Congres •. 2" sesion.

ISO

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mentado inenarrable satisfacci6n al penetrarse de las ideas expresadas por Vuestra Excelencia en vuestro ultimo men­saje al Congreso, en relaci6n con la gran medida polltica que debe adoptar inmediatamente el gobierno de Washing­ton en 10 concerniente al porvenir de Santo Domingo. T e­nemos el honor de anunciar a V uestra Excelencia que nun­ca los sentimientos de una naci6n han sido tan adecuada­mente interpretados como en esta oportunidad y que tales son los sentimientos de una inmensa mayorla de nuestro pals que ha estado durante demasiado tiempo, y constan­temente, agobiada por la anarqula.»

En efecto, a ambos lados deI Atlantico antillano, a orillas deI Ozama, asi como en los bordes deI Potomac, la temperatura anexionista se hallaba sobremanera caldeada. Baez anhelaba culminar su empresa y Seward se hallaba igualmente resuelto a realizar su viejo sueno de dominio deI archipiélago antillano. S610 faltaba conquistar una ma­yoria legislativa en el Congreso, donde las dificultades se hallaban lejos de haber sido allanadas. Con todo. algunos leaders hablan sido ganados por la causa expansionista, especialmente el general N athaniel P. Banks, presidente de la Comisi6n de Relaciones Exteriores de la Camara de, Representantes. è No habla, acaso, presentado a dicha asam­blea una resoluci6n, el 12 de enero de 1869, por la cu al pedia que fuese acordado al Presidente de los Estados Uni­dos la autorizaci6n para «extender a los gobiernos y pueblos de Haiti y Santo Domingo la protecci6n de la Uni6n fede­raI, para establecer en dichos palses instituciones republi­canas permanentes, si 10 solicitasen al gobierno norteame­ricano, 0 que se halle convencido el Presidente de que di­chos paises consienten con entera voluntad en solicitar la protecci6n norteamericana? En dicho caso: 1.0 el Presiden­te comunicara al Congreso toda informaci6n rdativa a la acci6n que deseare emprender a tal efecto; 2. 0 no cum-

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plira acto alguno. relativo a erogaciones deI erario publico. y en conformidad con la presente resolucion. sin haber so­licitado previamente la autorizacion deI Congreso» (1).

La resolucion deI general Banks provoco viva discusion en la Camara y fué. por ultimo. rechazada. Un mes mas tarde. la siguio la deI parlamentario Orth, con objetivos si­milares, y que resulto también rechazada.

Pero tales contrastes no desanimaron a Seward. Afir-· mado en sus propositos dirigio un informe. a fines de enero, al Presidente Johnson, en el cual le comunicaba que hablan sido he chas al gobierno norteamericano firmes proposicio­nes de venta de la bahla de Samana y bases navales en Haitl, sin haber sido tomadas en consideracion estas ulti­mas. Pero, eminentes personalidades, llegadas de Santo Domingo, aSI coma de Haitl, han sido encargadas de soli­citar el protectorado norteamericano para dichos palses, 10-cual no es mas que un expediente para ocultar el pedido' de anexion de ambas republicas a los Estados Unidos. Dicha ase:rcion esta garantiiada por documentos oficiales, custodiados en este Departamento bajo el rubro de «Se­creto» (2).

Estos testimonios no fueron sometidos al examen de los miembros deI Congreso, a causa de su caracter confi-· dencial, 10 cual redundo en un debilitamiento de los me­dios de defensa de la tesis sostenida por el Poder ejecuti­vo, de donde originose un nuevo handicap para la satis­faccion debida a los anexionistas dominicanos y norteame­rIcanos.

Habrase advertido que, en esta fase de las negociaciones. norteamericanodominicanas, la anexion de Haitl habla sida· seriamente considerada por el gobierno de los Estados Uni-

(1) Cf. 40° Congress, 34 sesion. (2) Report Book., 1868.1872, 10 vol. M. S. Deparment of State.

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dos, el cual, finalmente , pare da acoger las gestiones su­brepticias. cautelosas y reticentes. que emprendia Salnave ~ contemponl.neamente c'on los especuladores de Santo 0 0-mmgo.

Pero. la amenaza de la anulaci6n de nuestra indepen­dencia tom6 caracteres alarmanks cuando , en marzo de 1869. Ulyses S. Grant y su equipo vieron garantizado su; ascenso constitucional al poder.

El general Grant habia Hegado a la presidencia de los Estados Unidos aureoleado con el prestigio de héroe na­cional. Fué el soldado afortunado que en Vicksburg. en Appatomax. habia conducido a los nordistas a la victoria y contribuido asi a la salvaci6n de la Uni6n federal. Er éxito de la campana presidencial revestia ante sus oios. coma ante los oios de .una gran parte deI pueblo, no tanto· un triunfo deI partido republicano cuanto una especie de a poteosis personal. Y si el régimen constitucional norte­americano. que acuerda al iefe deI Estado poderes y auto­ridad tan considerables. no tuviese en las atribuciones par­la mentarias el contrapeso que restableciera el equilibrio entre una y otra fuerza directora de los asuntos de la co­munidad. Grant habrfa podido. quiza. ser arrastrado. e n el eiercicio de su mandato p l'esidencial. hacia una forma cualquiera de cesarismo. Y se hubiese sentido tanto mas' inclinado hacia ello cuanto que sus actividades. limitadasc hasta ahora al dominio militar. aSI coma su gusto y adistra­miento en el ej.ercicio deI rn.ando , por una parte . y por la otra. · sudesconocimiento de los asuntos administrativos y su ineptitud para penetrar en la complejidàd de los engra­najes delestado rnoderno. 10 indudan a cumplir actos ple­nos de sentido autoritario y a tomar decisiones ins61itas. A cargo de un papel para el cual era manifiesta su insuficien­cia e indigno deI destino demasiado generoso. al cual cir­cunstancias excepcionales 10 hablan Hamado. es merece-

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-dor deI juicio severo que Henry Adams emitiô sobre él. 0

,sea, que «era imposible seguir el proceso deI pensamiento deI general. No se estaba siquiera seguro de que pensa­

,se ... » (1). Oebemos admitir, con todo, que tuvo el acierto de ro­

dearse de un competente consejo de ministros, aunque sus miembros fuesen poco apropiados para frenar, a veces, su propensiôn a actuar personalmente. Uno de sus colabo­radores mas notorios fué Hamilton Fish, quien sucediô a Seward en la direcciôn deI Oepartamento de Estado. El 'nuevo jefe de la diplomacia norteamericana era un grande y rico abogado neoyorkino que habla cumplido brillante carrera adminÎstrativa antes de haber sido requerido, mal de su grado, por otra parte, a prestar el concurso de su ex­periencia y talent os al gobierno deI Presidente Grant .

En todo caso, éste era el clima polftico y espiritual en el que habrfa de desenvolverse una nueva fase deI imperialis­omo norteamericano.

En efecto, hasta el advenimiento de Grant, la poHtica de expansiôn territorial habfa revestido un caracter de in­certidumbre, fluctuaciôn , y hasta titubeo. Seward, quien se habla mostrado como su paladfn, no ,encontrô en Johnson al jefe entusiasta y obstinado, dispuesto a asumir responsa­bilidades de una acciôn coherente, y menos aun si era ésta arriesgada. Por el contrario , Grant, era el hombre de las decisiones audaces, de la voluntad porfiada y deI punto de vista unilateral.

ASI, al ser puesto al corriente de la cuestiôn dominica­'na , tal como se la expusieron quienes velan en la anexiôn ·de dicho territorio los medios mas segu'ros y expeditivos para llegar a adquirir gran fortuna bajo la ensena deI pa-

(1) Citado por ANDRÉ MAUROlfS en su Historia de los Estados Uni­dos . Edici6n de la «Maison Française», tomo Il, p . 150.

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triotismo y la grandeza nacional, resolvié lanzarse de lleno en la aventura, pero no por gusto personal por los nego­cios dudosos que desdoran a quien los combina, sino, sim­plemente, porque era incapaz de ver las cosas con claridad y dominar las intrigas y manejos que se tejîan en torno de él. Debemos agregar que el trîo nefasto, de Cazneau, F a­bens y Baez, autor de todas las tramoyas de Santo Domin­go, habîa encontrado en el circulo mas inmediato de Grant a un socio importante, que era el propio secretario privado deI presidente, el general Babco*ck, cuya colaboracién de­bîa rendir una cosecha fructHera en la macabra empresa. Este joven oficial ejercîa una influencia oculta, pero eficien­te, sobre el jefe deI Estado, inspirando sus actos, exaltando sus deseos y disculpando sus debilidades, sin separarse nunca de su lado, y sin ofrecer, con todo, otra impresién que la de un fiel servidor de su voluntad. En la realidad de los hechos, era un verdadero director de orquesta polî­tic:o, cuya varita magica conducîa a un grupo de ejecutan­tes, dedicados a dar una versién precisa de una partitura oficial.

En su troupe habla conseguido alistar a personalidades de primera fila, pertenecientes a las altas esf,eras de la po­lftica, el ejército y las finanzas, tales como el ministro de Guerra. Rawlins. el almirante Porter, los parlamentarios John A. Logan y Ben Butler. el general Nathaniel P. Banks. los banqueros de la casa «Spofford. Tileston». etc.

Pero. al otro lado de la barricada. habîa también ad­versarios resueltos a combatir este apetito imperialiista. Era un grupo reducido de hombres. provenientes de los le jan os horizontes deI tradicionalismo liberal y el idealismo repu­blicano, que habfan sido antano ardientes pioneers deI abolicionismo. propugnando la aplicacién deI principio ins­-crito ,en la «Declaracién de Derechos». acerca de que «to­<los los hombres nacen iguales y han sido dotados por el

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Cleador de ciertos derechos inalienables coma la vida. la libertad y la persecuci6n de la dicha».

En tal caracter. permaneci,eron insobornables y fueron rigidos guardianes deI respeto debido a la dignidad de la persona humana en cualquier lugar 0 latitud que fuese. Sumergidos entre la masa indHerente de la naci6n y des­perdigados en el sena deI partido republicano. tres de ellos se senalaron por su oposici6n a la brutalidad deI exp an­sionismo norteamericano; eran Justin S. Morril, senador por Vermont; Carl Schurz. senador por Missouri. y Charles Sumner. senador por Massachussetts.

Este ultimo fué el mas grande de todos por la unidad y rigor de toda una vida consagrada a la defensa de la jus­ticia y el derecho. por la rectitud y la intransigencia de un caracter hecho de la mas austera disciplina y por el inc'om­parable brillo de un talento templado en el contacto con las antigüedades clasicas y enaltecido con la sabiduria bî­blica. Habia logrado establecer su autoridad moral sobre la mas s61ida de las reputaciones de integridad. ciencia y con­ciencia. Aportaba al partido republicano el prestigio de una carrera de mas de veinticinco anos de notabillsima lu­cha polltica dedicada al triunfo de las ideas encarnadas por Jefferson y Lincoln. conducta que habla hecho de él el chairman de la comisi6n de Relaciones Exteriores. en la cual imponla el indiscutido ascendiente de su mérito y

valor. Fué en tales circunstancias cuando. en una tarde de

1'1 primera quincena deI mes de enero de 1870. después de cenar en companla de varios amigos. Charles Sumner fué honrado gentilmente con la visita deI Presidente Grant. con el cual mantenfa las mejores relaciones deI mundo desde hada mucho tiempo.

La conversaci6n se mantuvo en el acostumbrado tono cordial; poco antes de despedirse. el Presidente hizo sa··

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ber a su anfitri6n que habria de someter al Senado un tra­tado que acababa de concluir con la Republica Dominica­na, a 10 cual el chairman de la comisi6n de Relaciones Exteriores respondi6 que acordaria la masescrupulosa atenci6n al citado convenio, desde el doble punta de vista de su condici6n de hombre publico y de republîcano fiel a la disciplina de su partido.

Dicho tratado, en verdad, habla sido conduldo en forma .algo extrana.

En febrero de 1869, Seward , antes de abandonar la di­recci6n' dei Departamento de Estado, habla escrito a 50-mers Smith que, de acuerdo a sugestiones deI general Banks, jefe de la comisi6n de Relaciones' Extenores de la Camara de Representantes, se habla confiado a F abens una misi6n para examinar la verdadera situaci6n de la Republica Do­minicana e informar sobre la misma al gobierno.

è Constitula esto la prueba de un engafio acerca deI ver­dadero car acter de F abens, 0 se gestaba un acto de baja ley para cuyo cumplimiento se escogfa a un pillo redoma­do? De uno u otro modo. F abens que, en estos momentos, desarrollaba en los medios polfticos norteamericanos una misi6n no menos turbia que le habla sido confiada, esta vez, por MarIa Gautier , el ministro de Relaciones Exterio­res de Baez, para sondear las verdaderas intenciones deI Departamento de Estado acerca dei proyecto de anexi6n de la penInsula de Samana a Washington, se dirigi6 gus­toso a Santo Domingo para servir coma elemento d.e enla­·ce entre alllbas partes, absorbido en una empresa cuyo éxi­to le pareda decisivo.

Somers Smith interpuso ante su jefe reservas expresas acerca de la insuficiencia moral de F abens, poco calificado para representar el pa pel que se le habla asignado y trat6 ,directamente el asunto con Baez, quien deleg6 a Félix Del-

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monte. su mmlstro de Justicia. el encargo de componer el informe que se habrfa de enviar a Washington.

No resulta necesario advertir que d informe resultô en­teramente favorable al proyecto y presentô la venta de Sa­mana como un excelente negocio para una y otra parte.

Por su lado. aunque Somers Smith le hubiese rehusado toda colaboraciôn. F abens multiplicô sus actividades. pero no sôlo en el sentido de la compra de la penfnsula de Sa­mana por los Estados Unidos. sino de la anexiôn de todo el territorio de la Republica Dominicana a la Uniôn. Su informe deI mes de abril de 1869 sobre la adhesiôn unani­me deI pueblo dominicano a la idea anexionista. cayô en un medio febrilmente receptivo.

Mas tarde. Grant asumfa la sucesiôn de Jonhson. y Fish" la de Seward.

Asf. pues. F abens. a través de informes sucesivos. qui­S0 acelerar la conclusiôn deI asunto y solicitô. de acuerdo con Baez. que una personalidad mas -altamente calificada que él. viniese al lugar. a fin de tomar las decisiones ne­cesarias para un rapido arreglo deI asunto.

De inmediato. Grant designô al general Babdock. a quien diô instrucciones especiales para verificar in situ en qué medida se podfa conceder crédito a las aserciones ade­lantadas por los emisarios precedentes. El general Bab­co*ck. acompanado de Fabens. que habla vuelto a los Es­tados Unidos. emprendiô su viaje de examen y explora­ciôn a Santo Domingo. la tierra prometida para los son a­dores de riquezas. en el mes de julio de 1869.

Demas esta decir que las autoridades dominicanas le brindaron la mas calurosa acogida. Inmediatamente puso manos a la obra. No se viô perturbado por las opiniones y consejos de Smith. quien se obstinaba en sefialar su des­confianza respecta de los maniobreros polfticos y financie­ros. que se movlan con ritmo febril. Por el contrario. el co-

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misionado oficial deI Presidente Grant testimoni6, en se­guida, su afecci6n hacia el consorcio que encabezaba Bilez, eligiendo a Cazneau como intérprete, ya que no hablaba el espafiol, a partir de cuyo punto podla decirse que la cooperaci6n entre los especuladores habla alcanzado su plenitud y su completa capacidad de rendimiento.

La primera diligencia de Babco*ck fué echar las bases de un proyecto de tratado destinado a ser sometido a la aprobaci6n deI Presidente Grant y deI secretario de Esta­do, Fish. Sus objetivos eran los siguientes:

1. ° Anexi6n de la Republica Dominicana a los Estados Unidos.

2.° Entrega inmediata de una suma de $ 1.500.000 des­tinada a pagar las deudas de la Republica.

3.° Entrega de $ 150.000 para proveer a las inèvitables erogaciones de la Administraci6n dominicana, y de $ 50.000 destinados a cubrir las compras de armas y mu­nlClones.

4.° El gobierno norteamericano se comprometerîa a asegurar al gobierno de Santo Domingo contra toda agre­sion 0 maquinaci6n de origen extranjero, mientras dura­sen las negociaciones (1).

Quedaba entendido que el Presidente Grant usarla de toda su influencia para asegurarse discretamente una ma­yorla favorable a la anexi6n en el Congreso. Ninguna co­municaci6n oficial sobre los términos deI proyecto se ha­rIa a los miembros deI Congreso mientras no hubiese se­guridad de conquistar los votos de la mayorla, y, en caso que el Senado fuese hostil a la anexi6n de la totalidad deI territorio, dicho primer proyecto serîa sustituldo por el de

(1) Los datos relativos a esta fase de las negoCtaClOnes dorninica­nas han sido tornados, en gran parte, de TANSILL. Op. loc. cit., p. 339 a 469.

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la cesi6n de la penfnsula de Samana, por una suma de $ 2.000.000.

Tan pronto como el general Babco*ck, edecan y agente especial de S. E. el general Grant, en la Republica Domi­nicana, hubo estampado su firma a tftulo de delegado nor­tcamericano al pie deI proyecto deI tratado, junto a la de Maria Gautier, ministro deI Interior y de la polida genc:­raI, encargado de la cartera de Relaciones Exteriores de la Republica Dominicana, embarc6se en Santo Domingo con rumbo a Washington; era el 6 de septiembre de 1869.

Pero, si debemos atenernos a las confidencias de ciertas personalidades deI conjunto de amigos y acompafiantes de Grant, parecena que el proyecto deI tratado, tal coma fué compuesto y presentado, a tftulo confidencial, al Consejo -de ministros, no hubiese obtenido la aprobaci6n unanime ciel ministerio. Plante6se en su torno cierta disidencia que oblig6 al general Grant a confiar una segunda misi6n a Babco*ck en la Republica Dominicana.

En esta ocasi6n llev6 coma escolta a otros dos oficales: Rufus Ingall y Delos B. Sackett. Este ultimo, acostumbra­do a las sutilezas de la lengua castellana, era el intérprete de la misi6n. Llegaron a destino el 18 de noviembre de 1869.

La misi6n tenia el encargo de negociar dos tratados, une de ellos relativo a la anexi6n de la Republica Domini­cana, mediante la entrega de la suma de $ 1.500.000 des­tinada a liquidar su deuda publica, aparte de 10 cual el ge­neral Babco*ckestaba autorizado para emitir un cheque de $ 100.000 contra Nueva York para cubrir los gastos inme­diatos deI gobierno dominicano, y otro de 50.000 d61ares que se pagarfa en suministros militares.

El otro tratado se referfa al arrendamiento de la pen­insula de Samana durante un penodo de noventa y nue­ve afios, de acuerdo a una anuaIidad que se convendria

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entre ambos gobiernos y el privilegio de un derecho pleferencial de compra por $ 2.000.000, en casa de pre­sentarse dicha oportunidad en el curso deI perîodo de arrendamiento.

Ambos tratados deblan llevar la firma, no ya de Bab­.co*ck, sino deI agente comercial norteamericano debida­mente autorizado a tal efecto y dei plenipotenciario do­.mlnlCano.

Aun cuando el puesto de agente comercial estuviese desempefiado en dicho momento por el mayor Perry, sus­tituto de Somers Smith, que habla sido llamado a Wash­ington y cuya persistente antipatfa por la banda de Caz­neau, Fabens y Baez, 10 transformaba en un elemento pe­ligroso, debemos reconocer que no mostro excesivo entu­siasmo por colaborar con los negociadores. Acaso debiose a esta actitud que no desempefiase sino un papel insigni­fic'ante en las negociaciones que se desarrollaron dIa a dfa entre los plenipotenciarios de ambos pafses.

Por ultimo, el 28 y 29 de noviembre de 1869, ambos t~atados fueron firmados, por cuanto Baez habla obtenido deI Senado dominicano la autorizacion necesaria para el ,cumplimiento de dicho solemne acto. Inmediatamente, Babco*ck enhego lasuma prevista de $ 150.000 al gobier;. no dominicano y el cuatro de diciembre, los tres generales norteameric'anos, Bàbco*ck, Ingalls y Sackett, marcharon a tzar el pabellon de los Estados Unidos sobre la penlnsula ,de Samana, propiedad ahora de Norteamérica por un pe­'rlodo de noventa y nueve afios.

Pero en el curso de las negociaciones que condujeron a la conclusion deI doble tratado, se descubrio el convenio que ligaba a la Republica Dominicana con la firrna «Har­mont & CO», de Londres, en virtud de la cual dicha casa se comprometfa a conceder un empréstito al gobierno do­minicano de f 400.000, de acuerdo a determinadas condi-

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ciones contractuales. Harmont pretendia haber entregado ya 5.. 50.000 de dicha suma, a su asociado en la operaci6n. pero om.itfa seiialar que no habla cumplido con las obliga­ciones deI contrato de empréstito en 10 relativo al valor restante.

Cala de su peso que cualquiera fuese el futuro que aguardara a la independencia polltica de la Republica 00-minicana, los compromisos asumidos con anterioridad al tratado de anexi6n permanec'erian validos, salvo en 10 que concerni'a a los acreedores deI antiguo Estado, y el pa go de la deuda respectiva.

F ué 10 que se convino de una y otra parte. Por ultimo, en la segunda quincena de diciembre. ics

comisionados volvieron a Washington con los instrumentos dipIomaticos que el Presidente Grant someti6 a la aprecia­ci6n de su gabinete el 21 deI mismo mes.

Aun cuando el Presidente hubiese deseado rodear la conclusion de los tratados de un cierto secreto, hasta los primeros dfas de enero de 1870, la prensa neoyorkina y WaU Street, estallaron de alegria al exaltar el gran ~xito que la Administraci6n nacÎonal acababa de obtener, cele­brando las perspectivas aparentemente magnfficas que se a brian a la industria y al comercio norteamericanos con la adquisici6n de nuevas posesiones territoriales en la cuenca de las Antillas.

Pero no fué éste el sentimiento de Charles Sumner, el jefe de la Comisi6n de Relaciones Exteriores dei Senado, qui en habla recibido abundantes informaciones acerca deI tema y se haUaba en posesi6n de detalladaa noticias acerca de la desvergonzada participaci6n que algunos gangsters hablan tenido en la conclusi6n de los tratados.

En el esta do de esplritu que indicamos se encontraba d gran leader liberal dei Senado, cuando en los primeros dî'as dei ano 1870, Grant y Sumner mantuvieron en casa de

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este ultimo la entrevista a la cual nos referimos anterior­mente.

lnevitablemente. la divergencia deI punto de vista de ambos debi'a suscitar un choque, acentuada por el con­t/aste severo de estos hombres êon diferente apreciacÎon de 10 que representaba el deber dvico.

Pero en esta entrevista no hubo de plantearse. por par­te de Grant. nad a que no fuese una recomendaci6n a una solicitud de benévolo interés acerca de un proyecto que acariciaba profundamente y. por parte de Sumner, nada que escapase a una promesa de examinar imparcialmente y con estricta probidad los documentos en cuesti6n.

Aun êuando mas tarde. la vehemencia de las pasiones y el acaloramiento de la acci6n, produjeron la ruptura entre ambos hombres y el Presidente reprochase al senador faltar a su palabra al no haber sostenido y defendido los tratados. tal coma 10 habîa prometido, resultaba inverosimil suponer que Sumner, conocido por su fino escrupulo y aguda pers­picacia. hubiera podido empefiarse en defender tratados cuyo texto le eran aun desconocidos. Habrfa sido una fri­volidad y una demostraci6n de complacencia el hacèrlo ... y nadie suponia a Sumner capaz de tal cosa.

La verdad es que tan s610 al dia siguiente de la famosa visita. pudo conocer los documentos sometidos a la apre­ciaci6n de la comisi6n de Relaciones Exteriores deI Sena­do. Los textos fueron examina dos con el mayor cuidado y desaprobados casi unanimente por los miembros de ese or­ganismo. a excepcÎon deI senador Morton. qui en se abstuvo de todo comentario.

La comision informo al Senado. el cual inici6 el debate ~wbre la cuestiôn. a fines de marzo de 1870.

Charles Sumner rompio el fuego denunciando la falta èe oportunidad de ambos tratados. 108 cuales arrastrarhn a Estados Unidos a complicaciones con otras potencia!

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poseedores de colonias en las Antillas. forzando al gobierno norteamericano a tomar parte en las luchas intestinas do­minicanas y a arriesgar vidas y dinero de los Estados Uni·

dos en aventuras sin gloria. Insisti6. por ultimo. sobre la in­jl1sticia que representaria privar a la gente de color que formaba la poblaci6n de dichas islas. de la posibilidad de desarrollar sus aptitudes para el gobiemo propio.

El senador por Massachussetts tenla tanto mas derecho a hablar enérgicamente contra esta forma de filibusterismo internacional cuanto que habla mantenido una conversaci6n significativa con Fabens. inopinado enviado extraordinarlO y plenipotenciario de la Republica Dominicana en Wash­ington.

He aqui tal coma fué ésta reproducida por el New York Tribune:

(cEl senor Sumner pregunt6 a Fabens si pensaba que la anexi6n se circunscribirfa solamente a Santo Domingo:

»-1 Oh. no! -respondi6 al plenipotenciario dominica­no-. (Debemos) tener también a Haiti.

»-c Sera eso todo? llFabens penso que no podîamos detenemos en Haiti; ya

que la naturaleza de las cosas nos obligara finalmente a absorber a Puerto Rico. Jamaica. Cuba, las islas de Sota­vento y, por fin. todo el archipiélago de las Antillas» (1).

Esta dnica manifestacion en tomo a las ambicÎones que ~e cobijaban detras de los tratados en discusi6n. fortaleci6 aun mas a Charles Sumner en su oposicion a la poHtica im­perialista. llevândole a encamar la resistencia nacional con­tra el expansionismo dei Poder ejecutivo.

El 15 de junio de 1870. después de enconado debate, el Sena do rechazo ambos tratados; la votaci6n indic6 la presencia de veintiocho votos a favor y veintiocho en con-

(1) Citado por TANS ILL. pag. 394.

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tra. siendo que para obtener mayorla se habrî'a necesitado el voto favorable de los dos tercios de la Alta Camara.

El contraste exasper6 al Presidente. quien supuso res­

ponsable directo del mismo a Sumner. Empero. no s610 no dej6 de sentir se derrotado en su affm de conquista. sino que sinti6 aun redoblado su ardor en la batalla por anexar la Re­publica Dominicana a cualquier costo. no obstante la des­aprobaci6n de dicha poHtica por el Senado. Comenz6 a dirigir nuevas maniobras de corredores en el Congreso y cit6. en repetidas oportunidades, a varios senadores repu­blicanos a la Casa Blanca, para deslumbrarlos con las ven­tajas que la comunidad norteamericana obtendrla con la anexi6n. Y, tal vez, como si el asunto estuviese ya conclw­do, crey6se obligado a ejecutar las clâusulas de une de los tratados por la cual se prescribla la asistencia militar que debî'a ac'ordar a Bilez para impedir que la interferencia de aigunas fuerzas interiores 0 exteriores derribasen a éste del poder.

F ué aSI c6mo la Marina militar norteamericana resolvi6 instituir una escuadra permanente en aguas dominicanas para dar caza a las naves sospechosas y perseguir a aque­lIas que los adversarios de Bâez habîan armado para limpiar al palS deI régimen de traficantes que 10 gobemaba. Recor­daremos. a este prop6sito. las 6rdenes que el ministro de Marina Roberson habla enviado al comandante Owen el 13 de Julio de 1869. cuando s610 se hablan iniciado las primeras conversaciones entre dominicanos y estadounidenses. en tomo a la conclusi6n de los tratados.

uMinisterio de Marina, 13 de Julio de 1869.

»Senor: »Deberéis permanecer en Samanâ 0 en las costas de San­

tf> Domingo por todo el tiempo que el general Babco*ck se

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halle en este sitio. al cual prestaréis el apoyo moral de vues­tros éanones.

)JEI general Babco*ck se dirige a Santo Domingo en el Tysbee, con instrucciones dei Presidente. que vos le ayu­daréis con todas las fuerzas a vuestra disposici6n a cum­pli!» (1).

Se di6 entonces la orden de perseguir y destruir Le Télégraphe, un barco insurrecto. al cual. siguiendo instruc­cÎones de Bâez. la Marina norteamericana declar6 pirata y que resultaba urgente hacer desaparecer a cualquier costo. Se pudo. en efecto. alcanzarlo, cuando se hal1aba ya des­armado en el puerto de una posesi6n inglesa de las An­tiIJas.

De este modo nos encontramos con que, aun antes que existiese ninglin convenio concluîdo entre Bêlez y Grant. éste ejerda en provecho de aquél una polida de los mares contra los enemigos deI dictador dominicano. con el fin de sostenerlo en el poder y obtener que vendiese su pafs al extranjero a fuerza de corrupci6n y de todo medio coerci­tivo.

Por otro lado, Nissage Saget, Presidente de la Repu­blica de Haitf. tenia la gran fortuna de acreditar. en Wash­ington. en calidad de ministro plenipotenciario y enviado extraordinario. a Stephen Preston. que se reve16 como un diplomatico de selecci6n por su destreza y agilidad de inte­ligencia. Despleg6 una actividad tan intensa como discreta. para tratar que el Sena do no aceptase los tratados firmados.

Su s61ido conocimiento deI inglés le permiti6 intimar

(1) Esta correspondencia forma parte de los documentas onciales que fueron comunicadas al Senado. a pedido dei senador Summer y pu­blicados en el "Congressional Record (4 J 0 Congres •• 3 sesi6n).. Stephen Preston los hizo traducir al francés y prepar6 con ellos un follcto que se distribuy6 en Haïti. El senor Mentor Laurent tuvo la bondad de faci­lilarme algunos ejemplares de dichos rarfsimos opusculos. gentileza par la eual no sabrla c6mo testimoniarle mi agradecimiento.

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'Con el mundo de la prensa y la politica y establecer firme

relacion con personalidades que apreciaron su tacto y con­

sagracion a la causa de los intereses de su pa~s. Charles Sumner 10 honro con su amistad y le facilité

la ocasion de frecuentar los medios opositores, a los cuales

informo ampliamente sobre la verdadera situacién domini­eana.

De este modo, podemos afirmar que, tanto en el terreno -diplomâtico como en el de la estrategia poHtica, Nissage

Saget combatfa a Baez, no por antipatfa personal 0 por el extravagente deseo de intervenir en los asuntos internos de un paIs vecino, sino porque se habla dado cuenta de que la anexion dominicana por parte de los Estados Unidos re­p:esentaba la pérdida inevitable de la independencia hai­tiana. è Y qué podfa él hacer contra el coloso nortemeri­cano fuera de entorpecer su acci6n mediante un âgiI juego de acosos y una serie de diestros movimientos?

El secretario de Estado Fish. cuenta en su diario, que mostro a Boutwell, ministro dei T esoro, la fotograHa de un cheque de $ 20.000 a nombre de Preston y destinado a ali­mentar la campana de oposicion a la firma de los pactos entre Estados Unidos y Santo Domingo (1).

No pongo absolutamente en duda la veracidad de esta noticia; por el contrario, cree que habrîa que quintuplicar o elevar ann a mayores cifras la suma insumida por Saget para hacer frustrar el complot Bâez-Grant contra la inde­pendencia deI pueblo haitiano. Y si se ca1cula la repercu­sion que tales gastos han tenido probablemente en la econo­mla haitiana, . trastornada y empobrecida por dos anos y medio de gueTTa civil, no sabrfamos como avaluar el sa­crificio hecho por Saget para salvar a la patria haitiana deI

(1) LOGAN: Loc. cit .• pag. 347.

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mâs grande peligro que haya arrostrado desde la gueTTa de la independencia.

No es posible poner en duda la existencla en ese enton­ces, de un complot bien organizado contra la autonomla de Haiti; los documentos aparecidos en el Congressional Re­cord 10 comprueban en forma fehaciente.

He aqul, por ejemplo, 10 que el vicealmirante Lee, co­mandante de la flota deI Atlântico, escribi6 a Geo M. Robeson, ministro de Marina, al pie de su informe deI 8 de enero de 1871, redactado a bordo de la nave almirante Severn en aguas de la bahla de Santo Domingo;

(L •• con la anexi6n de la Republica Dominicana, el pro­blema de las fronteras quedarâ perfectamente resuelto, al resultar natural e inevitable una revuelta de los habitantes de Hait! en favor de la anexi6n a los Estados Unidos)); todas las circunstancias parecen favorecer este paso)) (1).

è Se necesitan pruebas mâs concluyentes? Para el casa que hubiese necesidad de recurrir a elementos sobreabun­dan tes de informaci6n acerca deI frenesl expansionista que padedan los medios de gobierno en el periodo que trata­mos, no habrîa mâs que remitirnos al proceso de los acon­tecimientos que siguieron al rechazo deI proyecto de tratado por el Senado, en junio de 1869.

El Presidente Grant no podla consolarse de la derrota sufrida ante el Senado. TaI como 10 safialamos en las pâ­ginas precedentes, multiplic6 sus intervenciones ante los miembros deI partido republicano para contar con la posέbilidad de proseguir, de una u otra manera, con su poHtica de anexi6n de la RepublÎca Dominicana. En diciembre de 1870. en su menas je anual de apertura del Congreso. resol­vi6 insistir en el punto.

(1) Cf. 41° Congreso, 3." sesi6n. Documentas ciel Poder Ejecutivo, nûmero 17, pag. 56.

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Después de enumerar las ventajas econ6micas de toda especie que los Estados Unidos extraerian de esta adqui­sici6n, advirti6 que. tan pronto como se supiese que el poryecto habla sido dennitivamente abandonado por la Uni6n. se veda a cualquier potencia europea instalarse en el sitio y se asistirfa a la transformaci6n de la bahfa de Sa­mana en puerto franco de un intercambio intensîsimo de valores econ6micos. El orador requiri6 deI Congreso se le autorizase a enviar una comisi6n examinadora a la Repu­blica Dominicana para que la misma, a través de un informe objetivo. se pronunciara acerca de la validez deI proyecto de anexi6n.

Al plantearse el problema en tal modo. suscit6se un debate de amplitud insospechada. en el transcurso deI cual. adversarios y prosélitos de la polltica de Grant. defendie­ron con vehemencia su posici6n. En tal oportunidad Charles Sumner pronunci6 su célebre discurso. inspirado en el tema deI primer Libro de los Reyes (capîtulo vigésimoprimero. versîculo 1.2 y 3). conocido con el tîtulo de «Naboth's Vi­neyard» (((La vina de Naboth»):

(cY ocurri6 -dice el texto bfblicOr- que Naboth. de la tribu de Jezrael. posefa una vina que estaba situada en Jezrael. cerca deI palacio de Achab. rey de Samaria.

»Y Achab se dirigi6 a Naboth. y le dijo: »Dame tu vina para que yo haga un huerto. ya que la

tienes muy c'erca de mi casa. y. en cambio. te daré una vina mejor. 0 si te parece. te la pa garé con dinero.

»Y Naboth dijo a Achab: »El Senor me prohibe entregarte la heredad de mis pa­

dres.» El orador extrajo deI simbolismo bîblico la lecci6n moral

que su elocuencia punitiva administraba a quienes. en el mar Caribe. se obstinaban en enajenar la heredad de sus padres.

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Nunca la voz humana sobrepas6 las alturas patéticas que alcanzo Charles Sumner. cuando puso de relieve las condi­ciones vergonzosas de la operaci6n financiera que su gran pais se hallaba a punto de contratar con los «lacayos)) (1) dominicanos. de los cuales. Bilez, era el prototipo. AcusO al Presidente Grant de haber empleado las fuerzas militares norteamericanas para mantener a dicho dictador en el poder y de ha ber amenazado la autonomla de la Republica de Haiti. ya que en su mensaje al Congreso el Presidente se rehri6. por dos veces. a la necesidad de induir «la Isla de Santo Domingo» en la Uni6n Federal, trat{mdose. por tanto. de la anexi6n de la isla entera y no solamente dei territorio dominicano.

El senador por Massachussetts concluy6 por advertir que no era necesario conceder al Jefe de Estado la autoriza­ci6n de enviar a Santo Domingo la comisi6n de estudio tratada. ya que el general Grant disponfa. constitucional­mente, de los poderes necesarios como para crear cual­quier comisi6n que desease en el ejercicio de sus altas funciones. sin necesidad de la intervenci6n deI Congreso.

No obstante la profunda impresi6n producida en la asam­blea legislativa por el magistral discurso de Charles Sumner. el Senado decidi6 aceptar el pedido dei Poder ejecutivo.

Entab16se nuevo debate apasionadoen la Camara de Reperesentantes, que condujo al mismo resultado, de modo que. por resoluci6n conjunta de ambas Camaras, el Presi­dente fué autorizado a designar una comisi6n especial para estudiar los recursos. poblacion. deudas y objetivos dei pueblo dominicano, a mas de su voluntad a favor 0 en con­tra de su ingreso en la Union Federal norteamericana.

De inmediato el Presidente formo dicha comisi6n, inte­grandola con el doctor Samuel G. Howe. Benjamin F. Wade

(1) El término es de Charles Sumner.

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y Andrew F. White. presidente de la Universidad de Cor­nell. a los cuales sumo a Frederick Douglass. prominente hombre de color que habla sido liberado de la esclavitud y cuya cultura y talentos eran en todas partes conocidos.

Esta delegacion. acompafiada por numerosos periodis­tas. parti6 de Nueva York el 17 de enero de 1871 y lleg6 a la bahla de Samana el 24 dei mismo mes.

Pero. antes de referirnos al trabajo de la comision. con­viene senalar la reclamacion incisiva que nuestro ministro Stephen Preston dirigio al secretario de Estado. Hamilton Fish. a proposito deI parrafo dei mensaje presidencial don­de se hada mencion de la «Isla de Santo Domingo)) como adquisicion anhelada por los Estados Unidos.

La nota dei ministro de Haitl al secretario de Estado deda:

«Washington, 8 de diciembre de 1870.

»Senor secrefario de Estado: «Tengo el honor de dirigiros la presente para soUdtar

vuestra alta y seria atenci6n acerca de! parrafo deI mensaje que Su Excelencia, el Presidente de los Esfados Unidos, ha dirigido al Congreso el 5 deI corrienie:

"'solicifo que se autorice al Poder Ejecutivo medianfe una decisi6n de ambas Camaras deI Congreso, a nombrar comisionados que se encarguen de negociar un iratado con la.'! autoridades de Santo Domingo. para la adquisici6n de dicha isla.

La Irase diada deI mensaje deI Presidente de los Eslados Unidos, en la cu al se pide al Congreso autorizaci6n para convenir un tratado destinado a la anexi6n de la isia de Santo Domingo (nombre que dahan antiguamente a Hait! los europeos y con el cual es generalmente conocida en los Esfados Unidos) me ha causado la pro/unda y dolorosa

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sorpresa que podréis imaginaros. Mis junciones de repre­sentante de Haitf, acreditado ante vuestro gobierno, me imponen la obligacion de dirigirme ante V. E. para rogaT me explique el sentido de dicha jrase, que me parece en­cerrar una amenaza implicita contra la independencia de Haiti, punto en el cual los haitianos son extremadamenle susceptibles.

El proyecto de destruir la autonomia de mi pals solo pue­de basarse en un grueso error, tanto mas penoso cuanto aue es cometido por la gran Repûblica de la América ,Jel Norte, a la cual consideramos nuestra aliada y una polencia (jue, en caso de necesidad, nos protegeda contra la anexi6n de los gobiernos europeos.

Me resultaria sobremanera grato transmitir a mi gobier. no, al mismo tiempo que el mensaje dei Presidente de los Estados Unidos, las explicacz'ones sobre el tema que V. E. querra ojrecerme, y las cu ales, segûn 10 espero. seran de nafuraleza sujiciente como para calmar legitimas ansieda· des y prevenirnos de juturas y enjadosas complicaciones.

T engo el honor de saludar al senor secretario de Es· iado con los sentimientos de mi mas alta consideracion y

repetirme su obediente servidor. Firmado: Stephen-Preston

Hamilton Fish respondi6 a dicha comunicaci6n con la siguiente nota:

((Washington, 12 de diciembre de 1870. Departamento de Estado

))Senor Ministro: » T engo el honor de anunciar recibo de vuestra carta de!

8 deI corriente, a propôsito de un pasaje relalivo a la rsla de Santo Domingo, contenido en el mensaje deI Presidente

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cie los Estados Unidos al Congreso. con motivo de la aper­tura de la presente sesiôn legislativa y las aclaraciones que soliciMis a dicho respecto.

llEn respuesta a vuestra carta, tengo el honor de infor­maros, que el mensaje deI Presidente al Congreso no ha sido considerado nunca como pieza susceptible de ofrecer un texto que pueda estar sujeto a discusiôn con el repre­sentante de un poder extranjero, y en la presente circuns­tancia no existen razones para desviarse de dicha regla.

nUn mensaje presidenciaI es un intercambio de comuni­caciones entre dos ramas dis tintas deI gobierno, y como laI, representa estrictamente y exclusivamente, un documento privado, sobre el cual ningûn poder extranjero puede invo­car excepciones. Si las recomendaciones contenidas en aI­gun mensaje fuesen adoptadas por el Congreso y se trans­formaran en leyes, entonces un poder extranjero. en el temor que sus derechos 0 infereses resultasen afectados, podria justamente y por intermedio de su representante en ésta, formular objeciones a las medidas propuestas. Pero no habiéndose presentado, por el momento, dicha eventua­lidad, vuestra intervenciôn ha de ser considerada, cuando Tnenos, prematura.

Firmado: Hamilton Fishll (1)

Ciertos historia dores norteamericanos encuentran que la respuesta de Fish. aunque caustica. era correcta (2). Es verdad que. en principio, un mensaje del Presidente de los Estados Unidos dirigido al Congreso, representa un asunto de polîtica interna. Sin embargo, resulta igualmente inadmi­sible que si uno de dichos mensajes encerrase una amenaza contra los Întereses superiores, el honor y la seguridad de

(I) Cf. 41° Congreso, 3.a sesi6n. Senado, Documentos dei Poder Ejecutioo, num. 17, pags. 38 a 41.

(2) LOCAN, p. 346.

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una potencia extranjera. el representante de la misma en Washington no pudiese elevar la mas solemne protesta con­tra seme jantes abusos de lenguaje. Tenemos la conviC:ci6n de que. si en lugar de Haiti se hubiese tratado de Inglaterra o Francia. la respuesta de Fish habria sido otra.

Como quiera que fuese. para componer el informe que se le habîa solicitado. la comisi6n de estudios pas6 setenta dras en la isla. tom6 contacto con las autoridades y perso­nalidades dominicanas. consult6 a los comerciantes y gentes de negocios e inform6se acerca de las condiciones agrkolas y las posibilidades econ6micas dei pals. Sus investigaciones se extendieron hasta Puerto Principe. donde recibi6 el cor­tés sa}udo dei gobierno y una acogida bastante frla por parte de la poblaci6n.

Finalizada su tarea. volvi6 a Washington el 26 de marzo. Su informe fué de todo punto de vista favorable a las aser­siones contenidas en el mensaje de} Presidente en torno a (lIa productividad dei sueio. el vâlido estado sanitario de ]a Repûblica Dominicana y la unanimidad deI pueblo do·· minicano en su anhelo de anexarse a los Estados Unidosn.

El Presidente someti6 las conclusiones dei Informe a la apreciaci6n dei Congreso e] 5 de abril de 1870.

Pero 10 que el gobierno buscaba con el envlo de la co­misi6n de estudios a Santo Domingo. segÛn creemos runda­damente, era menos el deseo de fortificar la actitud tomada en la cuesti6n dominicana respecte de los intereaes norte­americanos que el anhelo de Grant de sentirse personalmen­te exculpado de los cargos que se le habian Eormulado. y, por cuanto todas las acusaciones y 80spechas sobre co­rrupci6n. que paredan haber tomado estado pûblico. que­daban virtualmente desmentidas con el informe de la co­misi6n. el Presidente. fatigado por la aspereza de la lucha entablada. resolvi6 abandonar el asunto.

Puede decirse que. a partir de entonces. la batalla con-

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tra la anexlon de la Republica Dominicana a los Estados Unidos quedô virtualmente ganada por la oposiciôn.

No obstante esto. la oposiciôn no cejaba en su empeno, pues. aun antes de que volviese la comision. Charles Sum­ner. el 27 de marzo de 1871. después de examinar el legajo de los documentos referentes a la cuesti6n dominicana y

sopesar administrativamente su contenido. someti6 una se­rie de resolucÎones a la votacion dei Senado. en las cuales se atacaba al gobierno por haber enviado a las fuerzas nor­teamericanas a inmiscuirse en los asuntos internos de dos paîses vecinos. demostrando como tales empresas consti­tuîan actos de guerra cumplidos sin la previa autorizacion deI Congreso. Califico dicho comportamiento de tendencia monarquica. de practica autocrâtica en violacion de los prin­cipios republicanos solemnemente proclamados en la Cons­tituci6n. y efectué menci6n especial deI incidente relatado en el informe dei vicealmirante Poor al ministro de Marina. que deda:

(lA bordo de la nave Severn de los Estados Unidos.

))Cabo Haitiano. Haitl. 12 de febrero de 1870.

»EI Severn y el Dictador Ilegaron a Puerto Prfncipe el 9 dei corriente.

)lDespués de haberme puesto en contacto con nuestro encargado de negocios y nuestro consul, fuI a visitar. en compaTifa de ambos Euncionarios y de mi jefe de Estado Mayor. capitan Cadwell. al presidente provisorio.

»Luego de cambiar las corteslas de uso. manifesté a SU' Excelencia que si no se oponfa aprovecharfa mi visita para hacerle conocer el objeto de mi viaje a Puerto Principe. T ransmitf entonces al Presidente las instrucciones recibidas de mi gobierno. las cuales consistian en informarle que. habiéndose entablado negociaciones entre los gobiernos de

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Estados Unidos y la Republica Dominicana y estando de­terminado el gobierno de Washington, durante todo el plazo de dichas negociaciones, a usar de su completo poderia para impedir cualquier intervenci6n, tanto de los haitianos como de toda potencia, en los asuntos de la Republica Domini­cana, cualquier acto de agresi6n bajo pabell6n haitiano 0

de cualquier OtTO pals. cometido contra los dominicanos durante el periodo de dichas negociaciones, seria conside­rado como dirigido contra los Estados Unidos y provocana un acto de hostilidad en respuesta.

)lEI Presidente y el secretario de Estado expresaron la esperanza de que las relaciones amistosas que existen ac­tualmente entre los gobiernos de Haiti y los Estados Uni­dos, no se verlan ihtenumpidas. Agregaron que, aun cuan­do tuviesen conciencia de su flaqueza, conodan sus dere­chos y los mantendnan, 10 mÎsmo que su dignidad, y que se debî'a permitirles ser los unicos jueces de la polî'tica a seguir.

llMas tarde me enteré, en forma extraohcial, que las au­toridades haitianas se hallaban disgustadas y considera ban 10 acontecido coma una amenaza de los Estados Unidos, apoyada con la fuerza.))

Contra dichas violencias y ultrajes al Derecho, suhlev6se la concÏencÏa puritana de Charles Sumner, animada de la alti vez y serenidad de toda alma que defiende la causa deI débil y el oprimido. Poco importaba, por ende, que el se­nador se concÏtase el odio y la persecuci6n de Grant y que fuese destituido de su cargo de chairman de la comisi6n de Relaciones Exteriores del Senado por una mayorfa eo­barde, complaciente y d6cil a las censuras del Presidente; se mantuvo firme ante ia tormenta y, finalmente, venci6, ganando la batalla contra las potencias deI mal y la perver­sidad.

La autoridad de su verbo, el vigor de su acci6n y la

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altura de su personalidad. asociadas al coraje, la abnegaci6n y la perspicacia de los sena dores Schurz y Morrill agitaron a la opinion publiea, permitiéndoles ganar a la mayona dei Senado y hacer frustrar los esfuerzos dei Poder ejecutivo en fayoT de su poHtica de anexion dominicana.

Ahora bien, al otro lado, la diplomacia haitiana. des­plegando la actividad mas intensa gracias a la perspicacia y la intransigencia patri6tica deI gobierno de Nissage Sa­get, cumpli6 el gran cometido de ayudarle a la oposici6n a conseguir el maraviIloso resultado poHtico, que salv6 la in­dependencia dominicana y la nuestra deI mas grande peligro a que hubiesen estado sometidas.

Por segunda vez, en menos de diez afios, defendimos la integridad dei terntorio domirncano contra los mismos do­minicanos; por segunda vez pactamos con los patriotas de Santo Domingo para salvar a su pals dei yugo extranjero en contra de quienes quenan vergonzosamente vender su nonor y dignidad por un plato de lente jas.

Y, con todo, por singular ironla dei destino, si existe un pueblo odiado a orillas dei Ozama, ese es aun el nuestro. el pueblo haitiano.

cPor qué? 1 Ah, dejemos la respuesta de este oscuro interrogante

al misterio de los complejos psicol6gicos !... Recordemos, eon todo, el tributo rendido por el gran

historiador norteamericano Rayford W. Logan, a la saga­ddad de la acci6n haitiana cuando escribe:

((El solo esfuerzo de Haiti no ha salvado la integridad de la Republica Dominicana. pero ha contribuî"do. en no pequefia medida, al manternmiento de la independencia de dicho pais. "

De cualquier modo, el gobierno de Puerto Principe no considero que la cuesti6n estuviese liquidada por completo, por cuanto Baez permaneda aun en el poder y Grant no

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habla expresado ning6n renunciamiento publico a 10 que fué su idea favorita, estimandose que, aunque amortecido. su plan est ab a todavfa vivo.

La diplomacia haitiana intenté todavfa gestiones ante el Departamento de Estado para solicitar una mediaci6n entre Puerto PrIncipe y Santo Domingo y alcanzar un entendi­miento fecundo entre ambos gobiernos. pero la tentativa no condujo a nad a concreto.

Entretanto. la reelecci6n de Grant. en 1872. pareci6 intensificar las aprensiones de los haitianos por el resguardo de su autonomia. aun cuando el Presidente norteamericano hiciera la formai declaraci6n de que habla resuelto renun­ciar definitivamente a en tablar negociaciones sobre la ane­xi6n del territorio dominicano.

Pero la- actitud de Baez no fué la misma; c;eyé aUanar las dificultades deI problema arrendando la penfnsula de Samana a una companîa norteamericana para que explotase los recursos del suelo y subsuelo de la regi6n. Mas tarde juzg6 oportuno iniciar una campana electoral para su re­eleccién como presidente. promoviendo una revisi6n de la­carta fundamental dei pais.

La desgraciada decisi6n le valié el estallido de un nuevo movimiento revolucionario. mucho mas peligroso que la hostilidad endémica de Cabral, jde que. demasiado a me­nudo, era derrotado por las tropas gubernamentales.

La nueva insurrecci6n esta1l6 el 25 de noviembre de 1873. en Puerto Plata, bajo el mando deI general Ignacio Gonzalez, quien habla constituido un gobierno provisorio para tratar de librar al pais del sÎstema dictatorial de Buena­ventura Baez. El Presidente trat6 en vano de galvanizar a sus partidarios para perpetuarse en el poder. pero, al final. viose obligado a ceder y entre go su renuncia al cuerpo legislativo el 2 de enero de 1874.

Las tropas revolucionarias y el gobierno provisorio hi-

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cieron su entrada cn la capital en ese mismo mes de enero· en medio deI entusiasmo general.

Poco después fueron decretadas elecciones en todo ef pals para la reuni6n de una asamblea nacional. T odas las regiones tomaron parte en la mîsma, aûn las dei Sur, donoe Cabral contaba aûn con algunos prosélitos. También él' creyô oportuno adaptarse al nuevo gîro que habîan tomado IOl! acontecimientos.

En tai modo, la asamblea nacional procedi6 a la reforma'. de la constituci6n el 28 de febrero de dicho ano.

El general Ignacio Gonzalez obtuvo una mayoria abru­madora de votos y fué elegido Presidente de la Repûblica.

Al otro lado de la frontera, acababa de operarse igual­mente un cambio polItico. El general Michel Domingue. que habla sido la segunda figura de la larga y sangrienta revoluci6n contra Salnave, habîa sucedîdo a Nissage Sagel­en la presidencia de la Repûblica de Haïti.

El doble cambio polftico contribuyo a tranquilizar la' atmosfera de las relaciones haitianodominicanas. Nuevas' negociaciones de paz y conciliaci6n se entablaron entre' ambos gobiernos, concluyéndose un tratado de paz, amis­tad, comercio, navegaci6n y extradici6n entre la RepubIica de Haiti y la Republica Dominicana, firmado en Puerto' Principe el 9 de noviembre de 1874 por los plenipotencia-­rios debidamente autorizados por las altas partes contra­tantes.

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CAPITULO V

LA ERA DE LAS CUESTIONES DE LIMITES

El tratado de paz. amistad. comercio. navegaci6n y ex­tradici6n haitianodominicano deI 9 de noviembre de 1874. disponfa. entre otras cosas. que:

ArtIculo 1.° La Republica de Haiti y la Republica Do­minicana declaran solemnemente ser las uni cas posesoras de la soberanîa de la isla de Haiti 0 Santo Domingo.

Art. 3.° Ambas partes contrat antes se obligan a mante­ner, con todas sus fuerzas y poderlo. la integridad de sus respectivos territorios y no ceder. comprometer 0 alienar en favor de ninguna potencia extranjera. ni el todo ni nin­guna parte de sus territorios 0 de las islas adyacentes que pertenecen al mismo.

Se comprometen igualmente a no solicitar ni consentir ninguna anexi6n 0 dominaci6n extranjera.

Art. 4.° Ambas partes contratantes se comprometen for­malmente a establecer de la manera mas conforme a la equidad y los intereses reciprocos de los dos pueblos. las Hneas de hontera que separan a sus posesiones actuales.

Dicha necesidad sera objeto de un tratado especial y

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se designarfm, 10 mas pronto posible, comisionados a tai efecto.

Art. 12. Para dar testimonio dei espîritu de armonta y

101" sentimÎentos fraternales que animan a ambos gobiernos y que deben contribuir para estrechar cada vez mas los lazos que unen a ambos pueblos, las altas partes contratan­tes han decidido que, apenas se permitaefectuar la valua­ci6n estadîstica de los beneficios que la Repûblica de Haitl extrae de la libertad de comercio de sus fronteras, con las de la Repûblica Dominicana, se efectuara una restituci6n de los derechos de aduana, en provecho de la ûltima y en un pie de absoluta equidad.

Por iguales motivos, el gobierno de Haitî. en caso que hubiese lugar para ello y prosperasen en 10 sucesivo los negocios de ambas Repûblicas, se reserva, de acuerdo a comprobaciones estadi'sticas, el privilegio recÎproco de re­clamar igual favor sobre el r,eintegro de derechos de adua­n .. de la Repûblica Dominicana.

No obstante esto, a partir de la ratificaci6n der presente tratado, la Repûblica de Hait! pondra a disposici6n de la Republica Dominicana una suma de ciento cincuenta mil piastras enespecias 0 en letras de cambio, sobre Europa 0

las Antillas, para atender a las necesidades de los servicios publicos.

Esta suma se computani por entregas anuales a pagar por anticipado durante ocho aiios; mientras tanto se efec­tuanin estudios estadlsticos por ambas partes, con el objeto de fijar con exactitud la cifra deI reintegro y sin perjuicio

(1) Co/ecci6n de Tralado. de la Repûblica de Ham, publicada por el Ministerio de Relaciones Exteriores, toma 1, p. 1/6 y siguientes.

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de los anticipos que hubiese podido hacer anterÎormente la R epublica de Haiti a la Republica Dominicana.

El tercer artlculo de este tratado concreta los anhelos que acaricÎô siempre Geffrard y por los cuales librô Nissage Saget los duros combates que hemos tratado de poner en relieve.

Da cuenta de la concesiôn que nos vimos obligad09 a hacer en aras deI proceso de los acontecimientos. Y. por cuanto no habla triunfado la idea de los fundadores de la nacionalidad haitiana. de que la totalidad deI territorio de la isla deber1a servir coma campo de expansiôn deI pueblo dominicano y base de defensa de nuestra her.edad. convenla asimilar la ruda lecciôn de la experiencia y asocÎar al pueblo dominicano al sentimiento de una defensa comun de su independencia y la nuestra.

Pero otra ensenanza emanaba aun de las dramaticas contingencias que los hombres de gobierno haitianos ha­bian enfrentado durante los diez anos de lucha ultimos, en su empeno de dar estructura a una accÎôn constructiva en sus suenos de grandeza.

Advirtieron la extrema penuria en que se hallaba el era­rio dominicano, y con la cual deb1a tropezar toda adminis­traciôn deI pais. por Integra 0 dudosa que resultase su mo­ralidad. DÏcho mal endémico provenla de la inestabilidad crônica que aquejaba al suelo. devastado por la guerra. y Jo mismo. evidentemente, aconteda deI la do haitiano. Pero aqul. la administraciôn se viô favorecida por el mayor in­cremento que habla tomado la economfa nacional. el cual permitla. después de cada crisis revolucionaria. resta ble­cer con mas prontitud la situaciôn genera!.

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De modo que, cuando las autoridades haitianas pi die­ron, de comun acuerdo. a las dominicanas que abandona­ran, pese a cualquier perspectiva sonriente que se pudiera presentar, el proyecto de enaj.enar su territorio para no comprometer la autonomla de la isla, hubo necesidad de mbitrar un medio para ayudarlos a satisfacer las erogacÎ-:>­nes deI servicio publico.

El espiritu deI articulo 12. deI tratado de 1874. corres­pondîa a este proposito. Habremos de ver. con todo, mas tarde, la forma en que dicho acto de prevision. convertido. a mas. en obligacion contractual. estuviere a punto varias veces de arrastrarnos a una guerra con nuestros vecinos.

Las estipulaciones relativas a una entrega anual de cien­to cÎncuenta mil piastras fuertes. durante ocho ai'ios. se inspira ban en una tal preocupacion de impedir a los hom­bres publicos de Santo Domingo se comprometieran nueva­mente en negociaciones peligrosas. tanto con compaTifas extranjeras c'omo con ciertas potencias avidas de expan­sion territorial. que dio origen a una correspondencia entre Stephen Preston. nuestro ministro plenipotenciario en Wash­il'gton. y Nissage Saget. jefe de nuestro gobiemo en 1871. luego de la crisis diplomatica expuesta en el capItulo pre­{'edente.

He aquî. entre otras cosas, 10 que decfa Preston en una carta fechada en Washington el 22 de enero de 1871:

1( ... Estimulemos , por todos los medios. a los dominica­nos a desembarazarse de Baez y de los norteamericanos, y nrmemos de inmediato con ellos un tratado de alianza, delimitemos nuestras fronteras, hagamos una union adua­nera y. considerando que los dominic'anos han sido siem­pre i~pulsados a la anexion por necesidad de dinero con que satisfacer los gastos de su administraci6n. ayudémos­\1"1;;. aun a costa de los mas grandes sacrificios ... ll

El mismo Preston, el 7 de enero de 1871. descontando

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Con todo, en 1898, luego de nuevas negociaciones entré Santo Domingo y Puerto Principe, se firm6 y ratific6 entre ambos Estados un nuevo acuerdo que puso en vigor el tra­ta do de arbitraje dei 3 de julio de 1895 y aeord6 al juez y

ârbitro la extensi6n de los poderes que reclamaba.

A dicho efecto, Dalbémar Jean Joseph fué designado< nuevamente para defender ,el punto de vista haitiano en Roma. En tal canicter mareh6 al Vaticano sin eneontrar alH a la delegaci6n dominieana, la cual aun no habia sido< designada.

De eualquier modo, la diplomaeia hatianodominieana no permaneei6 inactiva. Numerosas comisiones téenicas se dirigieron hacia la linea de fronteras para convenir un sis­tema de reglamentaci6n de los puntos en litigio , pero sin llegar a ningun resultado.

Por ultimo, el 18 de abril de 1898, luego de una entre-· vista entre los presid.entes Heuraux y Sam, en Jacmel. am­bos gobiernos concluyeron un acuerdo, en el cual. se con­vino que , si al eabo de un ano el Santisimo Padre no pro ­nunciaba su senteneia, las dos partes contratantes consenti­rian en r.esolver el problema de las fronteras, en la forma sÎguiente :

«Por un lado , Haiti se eeniria a la frontera de 1874, sus limites y linderos, e idemnizaria a la Republica Domini­cana con la suma de $ 1.000.000 (un mill6n de d6lares), y, porel otro, el gobierno dominicano consideraria la eues-­tion definÎtivamente terminada y entregaria a los propieta­rios haitianos, cuyos bienes hubiesen sido confiscados en. 1844, en el momento de la separacion, una suma de $ 300.000 (trescientos mil d6Iares) .

» ... Para demostrar, en forma concluyente, su espiritu de concilia ci on y lealtad, Haiti entrego inmediatamente a

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sene de dificultades al decidir reiniciar las relaciones nor­males y padficas entre ambos Estados sobre la base de la aceptaci6n de sus respectivas soberanlas.

Pero, dos afios después de la conclusion deI tratado, un Taovimiento insurreccional derrib6 a Michel Domingue dei poder. La verdad es que éste se habla entregado a un equlvoco negocio de empréstitos que suscit6 la animosi-2ad general contra él. y, al escandalo monetario, sumose la violencia de las sangrientas medidas de represion que se ejecutaron contra los principales jefes de la oposicion. ASI fué como el 15 de abril de 1876, en el momento en que Domingue y su ministro Septimus Rameau se preparaban a transferir a Aux Cayes la sede deI gobierno, transbor­dando enormes cofres de numerario, en Puerto Principe, fueron asaltados por la muchedumbre y result6 muerto Rameau y herido el propio Presidente.

El gobierno hundi6se en el ludibrio y la reprobacion generales.

El grupo poJ(tico que tom6 el poder a la carda de 00-mingue, encabezado por Boisrond Canal. ahora Presidente. repudi6, tratandolos de sospechosos. todos los compromi­sos de la administraci6n precedente. Y aunque el. tratado haitianodominicano de 1874 hubiese sido garantizado con todas las formalidades constitucionales y su ratificacio'n obtenida de acuerdo a las normas establecidas par los usos y costumbres administrativos de una y otra de las partes c<mtratantes, las Camaras legislativas votaron. el 9 de oc­tubre de 1876, una ley donde se declaraba que «con el rt'stablecimiento de la Constituci6n de 1867, realizada por el triunfo definitivo de la revoluci6n. dejaban de regir de hecho, desde su origen. todos los actos definidos coma "leyes, decretos y resoluciones" dados a partir deI 14 de maya de 1874, aSI como los contrat os de resultas de los cuales los intereses deI Estado hubiesen sido lesionados)).

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«El gobierno dominicano creyô que el tratado de paz de 1874 no -escaparîa a esta decision legislativa, y desean­do saber a qué atenerse, encargô a su representante en Haiti solicitase la ejecucion dei artkulo 12 dei tratado. relativo a la percepcion de los derechos de aduana entre ambos paîses.

)jEI gobierno de Haiti respondio que los antIcIpoS que ben-ehciaban a la Republica de Santo Domingo. en virtud del articulo 12. debian cesar hasta tanto se determinase quiénes eran benehciarios de la libertad de comercio en la frontera. El encargado de negocios dominicano en Haitî, Carlos Nouel. abandono entonces a Puerto Principe para no volver mas. En el mismo ano. a tîtulo de represalia, el gobierno de Santo Domingo hizo reformar la Constitucion dominicana de tal suerte que nuevamente se hizo mencion, en el capitulo territorial. de los antiguos Hmites de 1777.)) (1).

Las relaciones diplomaticas entre ambos paîses que­darîan rotas hasta 1880.

En dicho ano se hrmo una convencion entre el gobierno de Puerto Principe y el de Santo Domingo en la cuaI se estipulo. en su articulo 2. que las altas partes contratantes estudiarian los puntos deI tratado de 1874 susceptibles de ser mejorados y modihcados.

Resulta oportuno advertir que, entre 1876 y 1880. una serie de jefes militares, conexcepciôn deI probo Ulises Espaillat. habian ocupado la presidencia provisoria 0 efec­tiva de la Republica Dominicana. Sus poderes discrecio­nales era tan eHmeros coma draconianos; unos a otras se sucedian con desconcertante rapidez. El propio Buenaven­tura Bâez. el anexionista irreducible, habla vuelto a ocu­par el sillon presidencial por quinta vez y por un plazo de algunas semanas.

(1) A. POUJOL, Le Différend entre Haïti et Saint.Domingue. Paris. A Pédone, editor, 1900. p. 49.

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En tales condiciones se concibe que una paz sincera y duradera con Haitl. de acuerdo a los términos deI tratado

de 1874. no tenîa mayor suerte de establecerse. En unD y otro lado anidaba la desconfianza; el retorno a la acti­

vidad de los partidarios de la anexion. suscitaba en los medios haitianos legî'timas aprensiones. en tanto los do­minicanos se lamentaban. con razon 0 sin ella. de la corn­plicidad que los agitadores de su palS encontraban en los gobiernos haitianos. siempre dispuesto a abrir la Frontera a los caudillos revoltosos.

Por encima de todo vibraban las que jas fundamentales suscitadas por la falta de pago de las sumas previs tas en el artIculo 12 deI tratado de 1874 (1). dentro de una econo­mfa mermada por los trastornos civiles e inmovilizada por la angustia financiera.

Pero, en 1882, bajo el gobierno haitiano de Salomon y el domincano de Ulises Heuraux. obtuvose una modifica­ci6n deI tratado de 1874, salvo en 10 concerniente a los de­rechos adquiridos. Se habla logrado acuerdo sobre los di­ft"Tentes textos a modificar. cuando los plenipotenciarios dominicanos pretendieron interpretar el artiCulo 4 deI citado tratado en un sentido dei todo sorprendente. Se les antojo hacer admitir que los términos (posesiones actualesl) deblan entenderse, no en el sentido de "posesiones de una y ofra de las partes contratantes en el momento de la firma dei trarado, sino en el momento dei ano /856, en que los

(l) Durante la administracion de Boisrond Canal, el gobierno domi· nicano no estuvo representado en Puerto Principe". (Sin embargo, co­misionados dominicanos vinieron a Puerto Pr[ncipe a redamar, sin obtenerlas. las gumas estipuladas en el artlculo 12 dei tratado.)

Cf. D. JEAN JOSEPH, Question Dominicaine. Nos limites Frontières. Puerto Principe. Imprenta Vda. Chenet, 1893.

Lastima que un publicista tan inteligente y escrupuloso. camo Jean Joseph no haya determinado el nombre de los comisionados y las fechas de sus mÎsiones.

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ejércitos haitiano y dominicano se hallaban en plenas hos­tilidades" .

El plenipotenciario haitiano objet6 que las expresiones ('posesiones actuales)) no podfan, evidentemente, decir y

significar otra cosa que «los territorios que se poselan efec­tivamente y que estaban colocados bajo la jurisdiccion de une y otro Estado en el momento de la firma deI tratado df' paz; en otros términos, que el ati possidetis de 1874 estaba irrevocablemente aceptado por ambas partes para delimitar las fronteras entre ambos palses».

La Repûblica Dominicana respondi6 a dicha declara­cion alegando que:

u 1.0 En primer lugar, por intermedio de sus plenipo­tenciarios, T ejera, Cestero y Castro. las palabras upose­siones actuales» deI tratado de 1874 se refertan a las po­sesiones a las cuales los dos pueblos tenfan verdadero de­recho. fundado en los tltulos legftimos que entre las na­ciones democrélticas amantes de la justicia. dan realmente 1'1 propiedad, y no a las posesiones ocapadas en la época en que el tratado habîa sido firmado.

))2.0 En seguida expreso, pOT intermedio deI Congreso nacional. que por posesiones aciuales se deMan entender las fijadas por el statu quo post bellum en 1856, las ûnicas sobre Jas cuales se podfa invocar razonable y equitativamen­te el uti possidetis deI artIculo 4 deI tratado mencionado.

))3. 0 Por ûltimo, a través deI organo de su ministro de Relaciones Exteriores (Memoria deI 27 de febrero de 1883). se establece que. por posestones actuales deben entender­se las posesiones que, de derecho, podrîan pertenecer a cada une de ambos pueblos» (1).

Llegados a este punto de oposici6n irreducible entre ambas tesis, la conferencia quedo interrumpida,

(1) A. PuJOL: Loc. cit,. p. 45.

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La negociaclon en torno al asunto solo se reinicio cua­tro anos mâs tarde. En efecto, el gobierno dominicano, luego de un intercambio de notas entre Gutiérrez, nuestro consul general en Santo Domingo, y el ministro de Rela­<.:iones Exteriores de dicho pals, envi6 un agente confiden­cial a Puerto PrIncipe, el general Eugenio Generoso Mar­-chena. quien renov6 la discusi6n sobre la base de que el gobierno dominicano consentirla. de comun acuerdo, tra­zar la Hnea fronteriza si: 1.° Haitl admitla el uti p08sidetis de 1856, y 2.°. si los territorios ocupados por Haiti, sobre los cuales ~a Republica Dominicana redamaba la posesi6n <.:omo heredera de su antigua metr6poli, en virtud deI tra­tado de 1777. de Aranjuez, entre Espana y Francia. se con­sideraba como de dominio de Santo Domingo, no ob stan te 10 cual. la Republica Dominicana los transferiria a Haiti mediante el pago de una indemnizaci6n adecuada.

Finalmente. el gobierno de Santo Domingo pedia se le Înformase de manera precisa la forma y plazo en que el gobierno haitiano equilibraria la balanza de pagos de los -ocho anos que vencieron el 8 de febrero de 1883, de acuer­do a las obIigaciones dei artkulo 12 dei tratado de 1874.

La respuesta del gabinete haitiano fué tan cortés como 'firme, en el rechazo de todas las pretensiones dominicanas. La cuesti6n quedô aSI durante varios anos, sin de jar de po­ner en peligro la paz entre ambos Estados debido a la mul­tiplicidad de incidentes que se produdan a 10 largo de las fronteras. mal definidas e inciertas.

Dicha peligrosa situaci6n no dej6 de preocupar a las 'autoridades de unD y otro pals, las cuales trataron de en­-contrar una comun soluci6n honorable. Para tal fin, y con ·el objeto de convenir un modus vivendi, los jefes de Es­tado de entonces, Ulises Heuraux y Florvil Hippolyte. man­tuvieron oordiales entrevistas, especÎalmente en Thoma­:zeau, una aldea de Haiti proxima a la Frontera, el 5 de fe-

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brero de 1890, donde se convino proseguir con el examen de la espinosa cuestiôn de las rronteras, a fin de aplicarles las modalidades de una reglamentaciôn que satisficiera a una y otra parte.

Pero, poco después de esta entrevista, Antenor Firmin,. ministro de Relaciones Exteriores, quiso someter a tarifas. aduaneras a las mercandas dominicanas que pasaban por­la frontera, en razôn de que una medida similar habîa sido tomada contra los productos haitianos por parte de Santo­Domingo.

Dicha decisién provoc6 a orillas del Ozama gran efer-­vescencia. El Presidente Heuraux pidiô un voto de confian­za a las Camaras para poder afrontar cualquier eventuali­dad, en razôn de la tensién que, segUn él, existfa entre­ambos paîses. Luego. el ministro de Relaciones Exteriores: dominicano envié una nota en forma de ultimatum al gobier­ne haitiano, pidiendo: 1.°, que el gobierno de Haitî decla­rase que el tratado firmado en 1874 se hallaba todavla en vi­gor; 2.°, que se reconociese deudor de $ 823.477,79 a la. Repûblica Dominicana, y 3.", que se comprometiese a in-­demnizar a los ciudadanos dominicanos que hubiesen sido· afectados por la medida de aplicar la ley de tarifas aduane-­ras a las mercadenas provenientes de la Repûblica Domini~­cana.

El gobierno de Puerto Principe conservô enteramente' su sangre frla ante la intempestiva y fingida côlera de­los dominicanos y rechazo, con energia, todas sus exi~­

gencias (1). EI encargado de Negocios dominicano, Coen. propuso,

entonces, se designase comisarios haitianos y dominicanos' para que se encargaran de sugerir un sÎstema de reglamen--

(1) Cf. L'Exposé de la Situation aux Chambres Législatives de! 1891.

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taciôn pacifica que resolviese el conflicto, proposiciôn que fué aceptada por el gobierno de Puerto Principe con el agregado, empero, de que, si en los prôximos seis meses de negociaciones no se llegaba a resultados positivos, cada una de las partes se hallaria en situaciôn de retomar su li­bertad de acciôn.

Coen aceptô dichas condiciones en nombre de su go­bierno.

El gobierno de Puerto Principe se apresurô. por tanto. a nombrar cinco comisionados que partieron para Santo Domingo en la segunda quincena de noviembre de 1890. con instrucciones formaies de no entablar conversaciôn nin­guna antes de ser confirmada la iniciativa de Coen.

Los comisionados haitianos, recibidos con la mayor cor­tesla en la capital dominicana. se enteraron. con gran sor­presa, que el gobierno ignoraba las gestiones iniciadas por su representante en Puerto Principe.

Ante dicha desaprobaciôn, Coen dimitiô de inmediato y los comisionados haitianos emprendieron el cami no de regreso a Haiti. sucediéndose un nuevo estancamiento en la discusiôn de fronteras y una nueva crisis en las relaciones diplomâticas entre ambos pafses ...

Finalmente. en 1895. luego de un intercambio de pun­Los de vista. ambos gobiernos consintieron en someter al a,.bitraje de Su Santidad el Papa Leôn XlII, la interpretaciôn del artIculo 4 del tratado de 1874, sobre el significado dei término «posesiones actuales».

La Convenciôn de Arbitraje firmada el 3 de julio de 1895 por las partes. incluia en sus artIculos 8 y 9 las conside­raciones siguientes:

«Art. 8." Si el punta es resuelto en favor de la naciôn haitiana. el gobierno dominicano se obliga a trazar la llnea de Frontera definitiva. de modo que queden en favor de Haitf, todas las posesiones que ocupaba en 1874.

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)JArt. 9." Si el arbitro decide la cuestion, de acuerdo a la interpretacion sostenida por el gobierno dominicano, en­tonces éste, considerando que Haiti ha poblado siempre y

ocupado el territorio en litigio, y que la Republica Domini­cana se hallaria actualmente en la imposibilidad de indem­nizar a los propietarios haÎtianos de bienes situados y es­tablecidos en dicho territorio, asi' como de ocupar y poblar el mismo con familias dominicanas, se obliga a convenir con el gobierno haitiano, en uso de la autorizaci6n expresa que le ha concedido el pueblo soberano, a de jar a Haiti. de acuerdo a estricto derecho. en posesi6n deI territorio ocu­pado en 1874, a cambio de una adecuada compensaci6n pecuniaria 1).

Las altas partes contratantes se apresuraron a nombrar a los plenipotenciarios encargados de representarlos ante Su Santidad el Papa Leon XIII, arbitroelegido para de­cidir en la interpretacion dei articulo 4." dei tratado de 1874.

El gobierno haitiano designo a Démesver Delorme, en­viado extraordinario y ministro plenipotenciario de Haitî en Berlfn y Roma, y a Dalbémar Jean Joseph, envia do ex­traordinario y ministro plenipotenciario en Santo Domingo.

El gobierno dominicano deleg6. por su parte. a dos comisionados especiales. E. T ejera y De F arenbach.

A partir dei ano siguiente de 1896. los plenipotenciarios respectivos de une y otro gobierno presentaron al Soberano Pontifiee los memoriales y documentos apropiados para sostener las tesis que debîan defender en nombre de sus respctivos palses.

Pero he aqui que, anticipandose y en la forma mas Înesperada deI mundo. el comisionado Delorme. sin haber recibido aun las instrucciones especiales de Puerto Principe, se apresuro el 10 de agosto de 1895, a dirigir una carta al cardenal Rampolla, sec'retario de Estado dei Vaticano. en ln cual solicitaba ((el arbitraje dei Santo Padre no solamente

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para resolver la interpretaciôn dei tratado de 1874, sino aûn para decidir, en general, acerca de todo 10 relativo a la de­limitaciôn de las fronteras».

El paso era tosco y faIto de 16gica, considerando que Delorme, sin duda alguna, no se encontraba todavla ni siquiera en posesion de los plenos poderes que 10 habi­litaban para tomar posiciôn coma delegado de Haitî ante e! Vaticano, ya que éstos solo fueron firmados eI 2 de agosto de 1896. Si se consideran los medios de comuni­cc::ciôn que existîan en aquella época, con los cuales se imumla, por 10 menos, una quincena de dîas, para realizar por vIa transatlântica, un intercambio de correspond.encia entre Haitl e !talia, la iniciativa deI plenipotenciario haitia­no era personal y prematura, y constitula un acto de indis­ciplina d.e incalculable alcance. Esta falta diô origen, en efecto, a todas las engorrosas negociaciones posteriores du­rante las cuales no pudimos ya mas volver a ocupar la ex­celente posiciôn perdida.

AsI, pues, cuando el gobierno de Puerto PrIncipe fué informado deI grave error cometido por su plenipotenciario. se apresuro a desautorizar a Delorme y reIevar a éste de sus funciones, quedando Dalbémar Jean Joseph coma umco encargado de nuestra mision especial ante el Vaticano.

Las memorias y contramemorias de las delegaciones fueron puestas, entonces, a consideraciôn deI Pontifiee. Pero el juez y ârbitro, Su Santidad Le6n XIII. declinô el pape! que ambos gobiernos le rogaban desempei'iar, haciendo sa­ber que los poderes de interpretaciôn deI artlculo 4." dei tratado de 1874 eran demasiado restringidos y que él consen­tirîa solamente en actuar como arbitro, en eI casa que «ambos gobiernos. de comûn acuerdo y anima dos de un sincero deseo de paz, se decidiesen en concederle los mas extensos poderes)).

Una vez mas la cuesti6n quedaba en suspenso.

193 TOMO III.-13

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Con todo. en 1898. luego de nuevas negociaciones entre

Santo Domingo y Puerto Principe. se firm6 y ratific6 entre ambos Estados un nuevo acuerdo que puso en vigor el tra­ta do de arbitraj.e deI 3 de julio de 1895 y acord6 al juez y ârbitro la extensi6n de los poderes que reclamaba.

A dicho efecto. Dalbémar Jean Joseph fué designado. nuevamente para defender .el punto de vista haitianoen Roma. En tal carâcter march6 al Vaticano sin encontrar aIli a la delegaci6n dominicana. la cu al aun no habla sido clesignada.

De cualquier modo. la diplomacia hatianodominicana no permaneci6 inactiva. Numerosas comisiones técnicas se dirigieron hacia la lfnea de fronteras para convenir un sis~ tema de reglamentaci6n de los puntos en litigio , pero sin llegar a ningun resultado.

Por ultimo, el 18 de abril de 1898. luego de una entre­vista entre los presid.entes Heuraux y Sam, en Jacmel. am­bos gobiernos concluyeron un acuerdo . en el cual. se C:on­vino que. si al cabo de un ano el Santlsimo Padre no pro­nunciaba su sentencia. las dos partes contratantes consenti­rian en r.esolver el problema de las fronteras . en la forma siguiente:

(( Por un lado, Haiti se ceniria a la frontera de 1874. sus limites y linderos. e idemnizaria a la Republica Domini­cana con la suma de $ 1.000.000 (un mill6n de d61ares). Y.

por el otro. el gobierno dominicano consideraria la cues­ti6n definitivamente terminada y entregaria a los propieta­rios haitianos. cuyos bienes hubiesen sido confiscados en 1844. ·en el momento de la separaci6n . una suma de: $ 300.000 (trescientos mil d6Iares).

n ... Para demostrar. en forma conduyente. su espfritu de conciliaci6n y lealtad. Haiti entreg6 inmediatamente a

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su vecino un adelanto de fond os de $ 400.000 (cuatrocien­tos mil dôlares))) (1).

Seglin rumores que prevale dan en los medios bien infor­mados, se aseguraba que el recibo enviado por el general Heuraux al gobierno haitiano mencionaba que la totalidad àel valor deI millôn de d6lares le habla sido remitida.

De cualquier modo que fuese, Sumner Welles es qui en afirma esto (1).

Pero la verdad ,es que dicho trato resultô una operaciôn en la cu al el recibo de dinero contante fué considerado de capital importancia, ya que en dichos momentos la angustia financiera de la Republica Dominicana habla alcanzado su p1.'nto culminante. El papel moneda que circulaba se ha­llaba profundamente depreciado y el poder adquisitivo de la poblaciôn habla bajado en forma alarmante. Por otra parte, la deuda flotante. acrecida con ~eiterados emprés­titos en el mercado local y a corto plazo, y la imposibilidad de asegurar el servicio de los intereses que se adeudaban. hablan paralizado gravemente el crédito deI gobierno.

Pero el producto de la transacci6n no podla representar sino la calda de algunas gotas de agua en el desierto deI infortunio publico. Las sumas recibidas de Haitî, con motivo de la convencion de Jacmel, se agotaron prontamente. Ulises Heuraux dirigio entonces la mirada hacia los Esta­dos Unidos. donde esperaba realizar alglin negocio con la cesi6n de la penlnsula de Samana. Lanzo la propuesta cau­telosamente y con enganos a Grimke. consul de la Union en Santo Domingo.

En el curso de una conversaci6n con dicho funcionario. declar6 que habîa sabido que el gobierno de Washington

(1) JOSEPH JUSTIN: Le Différend entre la République d' Hïti et la République Dominicaine. Question de Limites Frontières. Imprenta H. Amblard. 1912. Puerto Principe, p. 48.

(1) SUMNER WELLES: Naboth'n Vineyard, tomo II, pâg. 528.

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te nia necesidad de una estacion carbonera en las aguas antiHanas y le insinuo que los Estados Unidos no tenian mas que tomar por la fuerza la peninsula de Samana. de acuerdo a una practica habituaI en las grandes potencias. de modo que si su paÎs perteneda a dicha categorfa de naciones po­dîa actuar en tal manera.

Surge de esto que la tactica deI dictador dominicano es­taba destinada a cubrir su impotencia frente a la opinion publica. hostil a toda cesi6n voluntaria del territorio. y, al mismo tiempo, se presiente que una operaciôn deI tipo de la que sugerîa con el pretexto de su incapacidad para re­sistir la misma, abriria frente a él la perspectiva deI enten­dimiento con Washington. después que el hecho estuviese consumado. recibiendo una compensaciôn pecuniaria apro­piada.

Resulta innecesario agregar que el Departamento de Es­ta do prest6 oidos sordos a este Hamado desesperado (1).

A mas, los trabajos de la delimitaci6n de fronteras. de acuerdo al protocolo de la Convenciôn de Jacmel. habfan comenzado poco después de la firma deI acuerdo; se los inici6 en el sudoeste. en las Anses-a-Pitre. Pero los técnicos de uno y otro pais no pudieron entenderse sobre el terreno de operaciones. y nuevamente los trabajos fueron suspen­didos.

Con motivo de estos incidentes se decidi6 que una nueva entrevista entre los jefes de Estado de Haiti y Santo Domin­go, se realizara para puntualizar las dificultades surgidas con motivo de la aplicaci6n deI acuerdo. La ciudad deI Muelle. o. mas extensamente. la bah!a deI Muelle Saint­Nicolas fuéelegida coma sede para el encuentro entre am­bos mandatarios. acompaiiados de sus respectivos séquitos. en naves de guerra que debîan transportarlos hasta dicho

{Il SUMNER WELLES: Op. loe. cit .• tomo Il. pâgs. 528 y 529.

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punto. La reumon se efectuô en eI crucero haitiano La Crëte-â-Pierrot, firm{mdose al término de la misma una convenciôn que interpretaba la anterior, de Jacmel. y cuyo principal articulo decia:

Art. 1.° Cada une de los gobiernos hara trazar por sus comisiones técnicas, el m.apa 0 piano de las fronteras que. segun el mismo, regfa al firmarse eI tratado de 1874. Ambos pianos seran comunicados recfprocamente. con brevedad. para ser estudiados y discutidos. y, en caso de desacuerdo entre las dos partes contratantes. se tratara de consultar la posibilidad de un arreglo.

En caso de no presentarse posibilidad ninguna de solu­ciôn, las partes contratantes convienen someter los puntos de divergencia al arbitraje previsto en el artîculo 7 .. de la convenciôn dei 18 de agosto de 1898.

Esta clâusula de la convenci6n originô las cartas creden­ciales de los comisionados A. Pujol y Thomasset. de Haitl. y el senor de Moya. de Santo Domingo.

Otro incidente, digno de ser senalado. se produjo en la bahla dei MueHe Saint-Nicolas. con motivo deI encuentro d~ los presidentes Sam y Heuraux.

La cita entr.e ambos mandatarios, acompanados de sus ministros de ReIaciones Exteriores. se habia fijado para las oc ho del 28 de mayo de 1899. en la rada deI Muelle Saint­Nicolas. Ulises Heuraux solicit6 que Powell. ministro ple­nipotenciario de los Estados Unidos en Puerto Principe, le viese a la una de la manana en dicho punto. para darle una importante noticia. pedido éste que aceptô el diplomatico complacido.

En dicha entrevista secreta, Heuraux, después de haber expresado su opiniôn acerca de muchos temas de gran im­portancia. relativos a la poHtica norteamericana en la cuen­ca de las Antillas, sugiriô, entre otras cosas. que el gobieno norteamericano culminara su reciente victoria .en la guerra

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hispanoamericana. anexandose a Cuba. Luego. abordando el te ma principal que habla inspirado probablemente su èesplazamiento. someti6 a Powell un proyecto redactado pOl él mismo. de su puno y letra. y en el cual decfa:

Articulo 1. ° La Republica Dominicana acuerda a los Estados Unidos. en la eventualidad de una guerra entre la Uni6n y cualquier otra potencia extranjera. el derecho ex­clusivo de servirse de los puertos dominicanos.

Art. 2.° Ambos palses se obligan a impedir que expe­c!ici6n revolucionaria 0 filibustera alguna pueda partir de sus puertos respectivos para atacar al une 0 al otro.

Art. 3.° Ambos palses se obligan a impedir la venta. dentro de su territorio. de barcos. municiones 0 material de guerra destinado a los fines citados.

Art. 4.° Dicha obligaci6n se extendera también a Cuba y Puerto Rico. mientras ambas islas continuen bajo el con­n 01 de los Estados Unidos.

Art. 5.° Los Estados Unidos se comprometen a impedir ccmoralmente y materialmente» todo ataque contra la Re­publica Dominicana y se constituyen en arbitros de toda controversia internacional en la cual la Republica Domini­cana se encuentre implicada. Los Estados Unidos se com­prometen también a ccproteger moralmente» el criterio de la Republica Dominicana.

Art. 6.° En caso que el presente Tratado llegase a tras­cender 0 se transformase en un motivo de hostilidad para la Republica Dominicana de parte de cualquier naci6n ex­tranjera. los Estados Uni dos se comprometen a emplear sus fuerzas armadas para quebrar toda tentativa destinada a impedir su realizaci6n.

Art. 7.° Los Estados Unidos se compromet en defender la independencia dominicana y la integridad deI territorio dominicano.

Art. 8.° La Republica Dominicana confirma su volun-

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(ad de permitir a los barcos de guerra de los E.stados Uni­dos, servirse de las aguas territoriales dominicanas para -defenderse contra todo ataque llevado por otros barcos enemigos de los Estados Unidos.

Art. 9.° La Republica Dominicana se compromete a dausurar sus puertos para los barcos oficiales de toda po­tencia que se halle en guerra con los Estados Unidos (1).

Tai fué ,el proyecto redactado por Heuraux, quien pidi6 'a. Powell, secretamente, 10 transmitiese a Washington. Este 'ultimo se apresur6 de inmediato a obedecer la sugesti6n. Day, el secretario de Estado. rechaz6 brutalmente la propo­~ici6n deI dictador dominicano y censur6 a Powell por ha­l)érsela transmitido.

Se habni notado que, en su proyecto, Heuraux no men­cion6 ninguna obligaci6n pecuniaria a cargo de los Estados Unidos, con excepci6n de (cuna protecci6n moral» que se acordana al crédito dominicano . Pero dicha protecci6n mo­ral. en medio de la bancarrota en que se encontraban las hnanzas dominicanas, equivalla a un practico reflotamiento econ6mico, que el dictador aprovecharla con largueza para procurarseel dinero de que necesitaba angustiosamente.

Esta tentativa , disfrazada de protectorado , fué, que nos­otros sepamos, la ultimaemprendida por nuestros vecinos antes de la doble intervenci6n norteamericana en los asun­tos de ambos pafsès en 1915 y 1916.

Se puede decir igualmente -saltando el ofrecimiento i.ns6lito y desatendido de Michel Domingue, quien no era entonc'es mas que ' el jefe revolucionario de una pequenlsim'! parcela deI territorio haitiano, y cuya propuesta fué rapi­damente rechazada por los Estados Unidos (2)- que de

(1) Cf. SuMNER WELLES: Op. loc. cit ., tomo II. pags. 531 a 534. (2) Sabemos en qué consisti6 su proyecto, que fué presentado de

este modo: Articulo 1.° El Estado dei Sur declara solemnemente colocarse bajo

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Salnave a Salomôn ningûn hombre de gobierno, ningûn polltico con conocimiento de sus responsabilidades y asis­tido por los ideales de los fundadores de la nacionalidacl

haitiana, ha sido vlctima deI frenesî. tan f<kil de descubrir, que ha aquejado, al otro lado de la Frontera, y hasta 1899 a personajes ansiosos de ponerse, bajo un pretexto cualquiera y especialmente bajo el de la presi6n pecuniaria, a remol­que de los Estados Unidos.

y en 10 que respecta a la iniciativa de Salomôn, posee· mos el testimonio de su puno y letra. en el cual explica. si no justifica, su acci6n.

En un gran sobre, en el cual habla puesto probablemen­~e la pieza original de su proyecto y que fué encontrado vado por Edmond Mangones, el actual poseedor de mu­chos documentos personales de Salom6i. leemos 10 si­guiente:

«En /883, cuando el extranjero, la mayor parte de sus agentes internos y los principales capitalistas estaban deT lado de los insurrecfos y los representantes de lnglaferra, .41emania y Francia (exceptuando el de los Estados Uni­dos) me habian enviado un ultimatum, pensé que la sai va-

el protectorado deI gobierno de los Estados Unidos de la América deI Norte. como aliado naturaI.

Art. 2.° A la espera que la potencia citada transmita al Estado meridional su aceptacion, se ruega a sus consul es tomar las medidas que aconseja dicha oferta, tal como si estuviese aceptada, para poner frt;no a las depredaciones dei general Salnave y proteger los interese. de sus compatriotas.

Art. 3.° El Estado meridional de Hait! promete y se obliga emplear sus buenos oficios ante el Norte y la Antibonita para integrar parte dei protectorado con las otras partes dei territorio ocupadas por la revolu­cion. Cf. Le Moni/eur deI 15 de enero de 1915.

Fué el propio Domingue, en su caracter de Presidente de la Repû­blica. quien firmo el tratado de 1874, por el cual las Repûblicas de Haiti y Santo Domingo se comprometian a no alienar parte alguna de sus tl'rritorios respecti .. os al extranjero.

i Incoherencia y estupidez!

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clOn de la Republica imponla el acta que se encontrarû­dentro de este pliego, y la cu al habra necesidad de debaUr, discutir y modi/kaT.

llAnte estos tiempos de abuso DE. LA FUERZA. DE LA FUER­

ZA QUE SE IMPONE AL DERECHO, correspondera. al pOTvenÎT decir si estoy equivocado.

Firmado: Salomon.

(y cuâl era la situaci6n deI gobierno en .este preciso momento?

La insurrecci6n, cuyo reducto principal se encontraba en el sitiado Miragoane. amenazaba con extenderse hacia el sur y el sudoeste. Jérémie y Jacmel se hallaban ya en es­ta do de revuelta.

Un motfn estall6 el sabado 22 de septiembre de 1883. en plena capital. con el ataque por sorpresa de algunos j6ve­nes simpatizantes de la revoluci6n, contra el registro deI distrito, en el curso deI cual el general Penor Benjamfn, jefe del puesto y comandante del distrito, result6 muerto.

La defensa de la autoridad fué inexpiable; rebas6 la medida comun. El populacho se lanz6 desenfrenado contra k,s barrios opulentos y comerciales, ac'usados de apoyar a los adversarios deI gobierno. Dos dfas de incendios y pilla­jes, agravados con derramamientos de sangre fueron el saI do de esta tentativa insurreccional. En tal momento, los re­presentantes de los gobiernos europeos, lanzaron el ultima­tum a que aludimos.

Pero las tribulaciones de Salomon habfan comenzado mucho antes del 22 de septiembre de 1883, ya que la ins­cripci6n en el sobre no ha determinado, por una parte, en qué fecha fué ésta escrita. ni conocemos, por otra, con toda exactitud el contenido dei sobre. Empero poseemos Euficientes datos coma para permitirnos, poco a poco, res­tablecer los hechos segun su orden cronol6gico.

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El gobierno de Salomon era heredero de una controver­-s;a muy seria entre Boisrond Canal y los ingleses. è En qué consistia ésta?

'Se trataba de una formidable reclamacion diplomatica deI gobierno de Londres por razon de $. 682.000, en favor de la senora de Maunder, la cual explotaba la concesion de un corte de madera en la isla de la T ortuga, como here­dera de los derechos de su mari do fallecido.

t De qué se culpaba a la Republica de HaitP De tratar de obtener simplemente el pago de 10 que se le debÎa. La senora de Maunder, haitiana de nacimiento, concesionaria de la explotacion de la isla de la T ortuga, adeudaba al Es­tado las cuotas de pago de los anos 1870 a 1875. Para cobrar la deuda. el Estado haitiano lanzo orden de embargo sobre la madera y otras existencias pertenecientes a la explotacion de la isla y pidio a los tribunales anulasen la concesiôn. El gobierno inglés pretendi6 ver en esta medida. que cualquier particular habrîa tomado para proteger sus derechos, un grave perjuicio para los intereses de su cliente. y tratando de arrancar una indemnizaciôn a los haitianos, recurrio a las amenazas)) (1).

En efecto, en 1877, Lord Derby, ministro de Asuntos Extranjeros de Gran Bretana. instruyo al mayor Stuart. su representanteen Puerto PrIncipe. para que insistiese en el pago inmediato de 35.000 libras esterlinas. 0 sea. mas de 140.000 d61ares, pudiendo el resto de la reclamaci6n ser sometido a una sentencia arbitral.

En el curso de los anos sucesivos. hasta 1882, el gobier­no haitiano trat6 vanamente de hacer que se admitiera a una pro min ente figura francesa como arbitro. Busca enton­ces de interesar en la cuesti6n, al gobierno norteamericano

(1) J. N. Lt-CER: Haïti, son Histoire et ses Détracteurs, Nueva York y Washington, «The Neale Publishing Company», 1907, p. 229.

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y solicit6 los bue nos oncios deI Departamento de Estado para llegar a una soluci6n amistosa en el asunto Maunder, considerando que la presi6n inglesa ejercitada sobre Puerto Principe se interpretaba como una amenaza contra la auto­nomîa deI pals.

Conviene agregar que, en el înterin. habîa estallado en Miragoane la insurrecci6n de Bazelais, y que Salomon acusaba al consul inglés, Hunt, de favorecer los movimientos de sus enemigos.

Fué en dichas circunstancias cuando, el 29 de mayo de 1883, Salomon mantuvo con Langston, ministro norteameri­cano en Puerto PrIncipe, una conversaci6n que debîa igno­rar tanto su ministro de Relaciones Exteriores. como Pres­ton, su ministro plenipotenciario en Washington. Confeso entonces que habîa albergado serios temores acerca de ·las intenciones de Gran Bretafia sobre su gobierno y la autono­mla de su pals. Dicha inquietud 10 movio a proponer a los Estados Unidos estrechase. aun mas, sus relaciones con HaitI. encontr{mdose dispuesto, para ello, a proponerles la -cesion de la isla la T ortuga. Pidio a Langston, a tal efecto. sometiera sus puntos de vista a la consideraci6n del Depar­tamento de Estado.

El diplomatico se di6 prisa en informar a su superÎor jerarquico.

El secretario de Estado F relinghuysens. respondi6 que la nueva pol!tica del gobierno norteamericano se oponfa a la arlquisici6n de ninguna parcela de territorio que no perte­neciese al continente.

Ante dicho rechazo. Salom6n se alarmo mas. en con­sideracion de 10 que él suponfa una amenaza ereciente de los ingleses en contra suya.

Mantenla bloqueados los puertos de Jacmel. Jérémie y Miragoane, y, en tales circunstancias, un barco inglés el Alps, de la llnea ({Atlas)), quiso forzar la entrada dei

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puerto de Jérémie y fué recibido a caiionazos por las bate­rias que impedian el acceso al puerto. Una fragata de la divisiôn de Jamaica quiso obligar al gobierno haitiano a reparar el pr.etendido ultraje hecho al pabellôn inglés y a pagar una indemnizacion a la compaiiîa «Atlas)) por los da­nos causa dos al navio.

Salomon acuso al consul inglés Zora b y a las autoridades danesas deI puerto de Saint-Thomas de abastecer a los re­beldes con armas y municions que se entregaban a navlos de bandera inglesa y extendiendo iguales reproches a las autoridades de Kingston. en Jamaica. las cuales toleraban igualmente que se abasteciese a los insurrectos.

El gobierno de Puerto Principe. ansioso de reaccionar ante 10 que suponia una prevenciôn de los ingleses contra las autoridades haitianas. sondeo a Paris acerca de la even­tualidad de una alianza francohaitiana que pudiese actuar como escudo ante la amenaza britanica. Tai fué el intento· de Fouchard. ministro de Relaciones Exteriores. cuando es­cribio, en noviembre de 1883 a Villevaleix. nuestro repre­sentante en Francia. la carta de la cual reproducimos el siguiente significativo parrafo; ..

((Los movimientos de Inglaterra en contra de nuestro pais nos obligan a contraer una alianza, mas 0 menos es­trecha. con alguna gran potencia. A falta de Francia, hacia la cual todo nos impulsa, nos veremos obligados a contraer un matrÎmonio de conveniencias con los Estados Unidos.»)

En la misma fecha. Fouchard hizo saber a Preston, nues­tro ministro en Washington, que habla entablado negocia­ciones con Langston, el ministro norteamericano en Puerto Principe, para que éste pidiese a su gobierno colaborara con las grandes potencias europeas en el objetivo de ga­rantizar la neutralidad haitiana.

Preston respondi6 que dicho proyecto careda de toda posibilidad de éxito.

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Finalmente. cl 8 de noviembre de 1883, Salomon mantu­vo una nueva conversaci6n conndencial con Langston, en presencia dei comandante P. H. Cooper, de la marina nor­teamericana. En el curso de dicha entrevista, destacé la gran importancia que tendria la bahla deI Muelle Saint- Nicolas, con motivo de la apertura deI canal de Panama. «Puede abrigar, anrm6, a mas de cien naves de guerra. Situada en la ruta obligada que toda nave que, partiendo deI Este. tome el rumbo deI canal, en direccion al océano Padfico, llegara a transformarse en un punto estratégico de primer orden. t Sera por ello que la Republica de Haitl teme un golpe de mano de Inglaterra sobre la bahla deI Muelle Saint-Nicolas! èSera, acaso, por 10 cual los ingleses también toleran que los rebeldes haitianos se sirvan de las posesiones britanicas de Inague, las Islas T urcas y la Jamaica para hostigar a mi gobiemo y crearle dincultades diplomaticas con la corte de Saint-James?»

Ante tal circunstancia, Salom6n pensé que una estrecha cooperacién entre los Estados Unidos y Hait! podfa enta­blarse de acuerdo a las condiciones siguientes:

1.° Garantia de la autonomia e independencia de la Republica de Haiti.

2.° Pago a la Republica de Haiti de una suma de ..... . que servirîa para cubrir las deudas haitianas.

3.° Cesién a Haiti en un plazo de ...... de dos cruceros y dos canoneras.

4.° Empleo de agentes idôneos dei gobierno norteame­Ticano e intervencién de los mismos, si resultase necesaria, para el arreglo de las dificultades diplomaticas e interna­cionalesen las que Haiti pudiera hallarse implicado.

En caso que la bahla y la penlnsula deI Muelle Saint­Nicolas no resultasen apropiadas para los fines perseguidos. podria proponerse un acuerdo para la utilizaci6n de la isla de la Tortuga.

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El presente proyecto es susceptible de ser modificado luego de conversaciones que podrian celebrar un agente especial y el Presidente de Haiti en Puerto Principe.

El presidente finalizo la entrevista reafirmando su fe en la eficacia de la doctrina de Monroe.

Poco después de esta conversaci6n confidenciaI. el co­mandante Cooper, remiti6 la minuta respectiva a Chand­ler, ministro de Marina. Este, a su vez, comunic6 los datos a F relinghuysen, quien di6 conocimiento de los mismos, en consejo de ministros, a Arthur, Presidente de los Estados Unidos.

El gobierno norteamericano rechazo la oferta, advirtien­do. de aéuerdo a las instrucciones que F relinghuysen remiti6 a Lanston, que ((la polftica naval de los Estados Unidos no considera efic'az ningûn intento de expansion territorial què requiera el mantenimiento de fuerzas navales por encima de los llmites de nuestras necesidades nacionales. Tales adquisiciones territoriales para instalar una simple estaci6n carbonera, como es la que se propone, representarlan res­ponsabilidades que superarîan su posible utilidad. Los Es­tados Unidos no han crefdo nunca que resultase nec·esario para su subsistencia nacional mantener fortalezas inexpug­nables a 10 largo de las grandes rutas romerciales (1).

TaI era, al menos, la concepci6n de la polltica del mo­mento, bajo la administraci6n del Presidente Arthur. quien habla cambiado las directivas, bastante vacilantes. por otra parte, que le hablan impreso Se ward y Hamilton Fish. an­teriormente. aSI como la mis ma cambiarfa. a su vez, con Jùmes G. Blaine. bajo la administraci6n deI Presidente Ha­rrison, que quiso acaparar el Muelle Saint-Nicolas en 1891. y si nuestro proposito fuese demostrarlo, venamos facilmen­te como habia también de adaptarse a los meandros de la

(I) RAYFORD W. LOGAN; Loc. cit .• pâgs. 369 a 3i?

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polltica internacional para imponerse en la cuenca de las. Antillas. y, aun en otras partes, bajo una forma u otra, cuando los Estados Unidos pusiesen sus fuerzas armadas. navales y aéreas a la altura de las mas grandes potencias mundiales.

De cualquier modo que se hayan presentado estos epi­sodios. hemos querido puntualizar las unicas desviaciones,. muy mal conocidas por otra parte, de la doctrina haitiana. que ha permanecido intangible desde 1804 a nuestros dfas. en tomo a la inalienabilidad de nuestro territorio en todas las épocas y ante cualquier trance.

y nuestra respuesta personal al interrogante implkita­mente contenido en la inscripcién de la cubierta dei sobre, que quizas inc!uyese su proyecto de tratado, acerca de 10 que la posteridad pensarfa de su iniciativa, es que Salomon habfa quebrantado el ideal dessaliniano y cometido la mas imprudente de las gestiones. pesa a todas las consecuen­cias adversas que podria haber tenido de no haber actuado de esa manera.

Empero. queremos apresurarnos a agregar, de inme­dlato, que la iniciativa de Salomon no tiene. con todo, para­lelo con el frenesi anexionista que hemos visto posesionar­se de ciertos jefes dominicanos, los cuales resultaban, en primer lugar. hombres de negocios; tampoco puede ser comparada con las diligencias insistentes y peligrosas de Salnave. Pero no por ello dej6 de ser su iniciativa temeraria y pudo conducir a consecuencias ruÎnosas. que hubieran deshonrado su memoria para siempre. Por eso la condena­mos. deseosos de examinar todos estos sucesos pollticos. con abso!uta objetividad.

* * *

Para volver al punto en que no! detuvimos en torno a

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la historia de las negociaciones haitianodominicanas acerca de las cuestiones de lÎmites de 1899, senalaremos que des­pués de la conclusion dei nuevo acuerdo de! Muelle Saint­Nicolas, de! 28 de mayo de dicho afio, sobrevino un acon­tecimiento que puso de inmediato en discusion la validez de los dos ûltimos acuerdos que tratamos. 0 sea los de Jac­mel y dei Muel!e Saint-Nicolas.

En efecto, el 26 de julio de 1899, Ulises Heuraux cayo muerto bajo las balas de sus adversarios, en Moca.

El 3 de enero de 1900, en una comunicaci6n efectuada ante el consejo de gobierno por el Dr. Henriquez y Carva­jal. ministro de Relaciones Exteriores. las dos convenciones citadas fueron declaradas nulas, bajo el pretexto de que Ulises Heuraux habfa hecho uso abusivo de los poderes que el pueblo, reunido en plebiscito, delegara en el Poder ejecutivo. El gobierno de Don lmenez. de acuerdo al infor­me que le someti6 el 25 de julio de dicho ano. sobre el mismo tema, Manuel de 1. Galvân, adopt6 las conc!usiones que constituyeron una nueva fa se de la cuesti6n de limi­tes (1) ..

Volvieron a entablarse entre ambos gobiernos conver­saciones constructivas. después de largo perîodo de estériles discusiones, y. finalmente. se convino en someter la cuesti6n de la validez de las convenciones de 1898 y 1899 al arbitraje dei Presidente de los Estados Unidos de la América deI Norte.

Solicitada y aceptada la mediaci6n dei jefe de Estado norteamencano. se lleg6 al modus vivendi consignado en una carta deI 25 de septiembre de 1912, remitida por el ministro norteamericano acreditado en Puerto Principe al canciller de Haitf:

(1) MANUEL ARTURO PENA BATLLE: Historia de la cuestiôn fronteTÎ. teria dominicohailiana. casa editora Luis Sânchez Andùjar. Ciudad Tru· jiiio. R. D .. 1946, toma I. pâgs. 423 a 437.

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« El gobierno de los Estados Unidos -escribia el diplo­matico- ha decidido considerar como honte ras provisorias y de facto, sin perjuicio de los derechos y obligaciones de ambos Estados y hasta tanto se arregle la disputa de limites, la lfnea indicada sobre el mapa de HaÎtf y Santo Domingo. preparada por la segunda divisiôn de informaciôn militar deI Estado Mayor General, en Washington. 1907-1908, hojas nûmero 6 Montecristi y nûm. 7. Barahonall (2).

NingÛn estatuto de arreglo para poner fin a la vieja con­troversÎa durante los aiios que siguieron a la firma deI mo­aus vivendi. propuesto por el arbitro de Washington, se convino entre Haiti y Santo Domngo, hasta que ambas re­pûblicas fueron ocupadas militarmente por las fuerzas ar­madas de los Estados Unidos en 1915 y 1916.

Pero, no obstante la situaciôn anormal en que los dos Estados se encontraban, con su libertad de accion merma­da, ya que la Repûblica Dominicana estaba regida por un gobierno militar norteamericano y el gobierno haitiano, controlado por un alto comisario. también de los Estados Unidos, el ministro de Relaciones Exteriores de Santo Do­mingo, el coronel Rufus H. Lane. U. S. M. c.. creyô opor­tu no reabrir la controversia con el objeto de pr.evenir in­fortunios y aun un conflicto armado entre ambos paises, segÛn 10 que a6rm6.

Justin Barau, ministro de Relaciones Exteriores de Haiti. Tespondio que ,el gobierno haitiano se hallaba también 'sumamente deseoso de llegar a liquidar esta engorrosa cues­tion de limites. pero a condicion que una y otra parte se sometiese a las estipulaciones de los artlculos 8 y 9 deI tratado de 1895, que eran:

HArt. 8. 0 Si el punto es resuelto en favor de la nacion

(2) THOMAS PRIœ: Contribution a l'Hill/oire d'Haïti. La quelltion de frontières entre Haïti et Santo Domingo. Puerto Principe, 27 de ju­lio de 1927, pag. 6. Sin pie de imprenta.

209 TOMO III.-14

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haitiana, el gobierno dominicano se obliga a trazar la Hnea de Frontera definitiva, de manera que queden en manos de Haiti las posesiones que ocupaba en el ano 1874.

»Art. 9.° Si el arbitro decide la cuesti6n de acuerdo a la interpretaci6n sostenida por el gobierno dominicano, éste, con autorizaci6n previa de la naci6n, se obliga a convenir de modo de de jar a Haiti en posesi6n, con estricto derecho, deI territorio que ocupaba en 1874 a cambio de una equi­tativa compensaci6n pecuniaria» (J).

Esta actitud concreta y precisa de Barau di6 lugar a un cambio de puntos de vista entre las tres capitales. Puerto. PrÎncipe, Santo Domingo y Washington, que aport6 poco a la soluci6n del problema, el cual sigui6 en el mismo es­tado de mutua insatisfacci6n, a pesar de que en la zona de fronteras lûs incidentes, las refriegas y las disputas po­nîan en peligro permanente la paz entre los dos palses.

Por ultimo, después de un acuerdo entre el gobierno de­Washington y los jefes dominicanos, los Estados UnidoSi pusieron fin a la ocupaci6n militar de la Republica Domi­nicana y celebraron elecciones generales que llevaron al poder al general Horacio Vasquez el 22 de julio de 1924.

Este gobierno nacional, libremente elegido en un paîs que acababa de volver a tomar la direcci6n d.e su propia vida publiea. se sinti6 con autoridad suficiente coma para inaugurar una serie de conversaciones con el gobierno hai­tiano. presidido ahora pûr Louis Borno, de resultas de las cuales se lleg6 a un acuerdo para encontrar una soluci6n practica al problema fronterizo.

Apartando las pretensiones exageradas de una y otra parte. haciendo tabla rasa de toda intempestiva susceptibi. lidad y desanando aun la calera de los nacionalistas de

(l) THOMAS PRieE: Loc. cit .• p. 6.

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ambos palses. llegôse a conduir un tratado definitivo de Ir mites el 21 de enero de 1929.

La economîa de dicho tratado reside en el hecho que las dos partes contratantes. después de haberse entendido so­bre el trazado de la llnea de honteras, declaran en el ar­ticulo 17:

«Art. 17. El gobierno de la Repûblica de Hait! y el gobierno de la Repûblica Dominicana. renuncian en 10 su­cesivo y para siempre, formai y definitivamente. a toda reclamaciôn pecuniaria de cualquier tipo que sea. que los Estados dominicano y haitiano tengan que formularse en forma redproca.

((Sin embargo, el gobierno de la Repûblica de Haiti se obliga a tomar a su cargo el pa go de toda indemnizacÎén que haya que pagar a los haitianos por las propiedades que les fueron confÏseadas en '844 en territorio dominicano.»

Esta ûltima clausula se refiere a la suma de $ 300.000 (trescientos mil dôlares) que se habfa computad6 a la Re­pûblica Dominicana par el tratado de 1898, conduîdo en Jacmel.

Finalmente, las dos partes contratantes borraron de un pJumazo el recuerdo de todo 10 que Haitî habla desembol­sado para custodiar las posesiones de 1874, tanto. segÛn Abel Nicolas Léger. «los $ 626.000 pagados bajo el rubro de reintegro de derechos de aduana, induido en el articu-10 12 dei tratado de paz de 1874» (1). coma los adelantos de , 400.000 entregados a cuenta dei millôn convenido en favor de la Repûblica Dominicana en el tratado de 1898,

(1) Cf. Un estudio muy bien compuesto de Abel Nicolas Léger, publicado en los nûmeros dei 6, 7 y 8 de mayo de 1929. dei Nouvellis­te. de Puerto Principe.

(2) A. POUJOL: Le Différend entre Haïti et Saint-Domingue au sujet de leurs frontières nationales, Paris, A. Pédone. 1900, p. 31.

Lours MERCIER: Le Calvaire d'un Peuple, en Le Temps Revue. num. 479, dei 10 de noviembre de 1937.

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de Jacmel, y los $ 300.000 que nos .encargamos de entregar a los haÎtianos cuyas propiedades fueron tomadas en 1844.

y esto sin citar las sumas gastadas ocultamente para impedir la anexiém de la Republica Dominicana por parte de Espaiia 0 de los Estados Unidos.

Alexandre Poujol. que fué uno de los tres 0 cuatro es­pecialistas con mayor versacion en el estudio de la histo­ria haitianodominicana, evalua en $ 4.000.000 las sumas invertidas por los haitianos en el sostén de los rebeldes de Santo Domingo, al abastecérselos de armas, mumClOnes y otras vituallas para que pudiesen librar al pais de las tIopas espaiiolas.

é y quién podni valorar el monto de 10 que nuestro te­soro debio entregar para sostener a Cabral y sus amigos. durante los tres aiios. en su lucha contra la pasion ane­xionista de Baez!

Aparte de la consideracion de los sacrificios pecunia­rios. deplorose mucho en Haiti: el abandono de mas de 50.000 Kms. cuadrados de territorio, consentido por el ne­gociador haitiano, mal informado. a sus colegas domini­canos. durante las discusiones relativas a la conclusion dei tratado de 1929. Probablemente la exactitud de estas recla­maciones. verificada seis an os mas tarde por el generalisi­mo Rafael Leonidas Trujillo. el sucesor de Vasquez, llev6 a éste a aceptar una revisi6n dei tratado de 1929 y a reem­plazar algunas de sus clausulas relativas a la materialidad deI trazado de la llnea fronteriza por otro instrumento di­plomatico que fué suscrito el 9 de marzo de 1935 por Sténio Vincent y Rafael Leonidas Trujillo y Molina. Presidentes de las Rep6blicas de Hait! y Santo Domingo. respectÎva­mente.

Asl terminé la controversia de limites haitianodomini­canos, iniciada en 1867 con el tratado de dicho ano y ter­minada en 1935 mediante el acuerdo que mencionamos.

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Habrîamos podido creer que, a partir de esta fecha, no existiesen mâs motivos de disputas, querellas y alarmas en­tre estos paises, cuyos gobiernos acababan de ofrecer tes-­timonio tan brillante de comprensi6n, cordura y perspicacia. Desgraciadamente no fué asi, y las esperanzas que alentâ­ramos al respecto resultaron vanas.

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CAPITULO VI

EL EXOOO RURAL DE LOS PROLET ARlOS HAlTIA­NOS HACIA TIERRA DOMINlCANA A CONSECUEN­ClA DE LA PRESlON DEMOGRAFlCA. EL PORVENIR

La decepci6n se produjo pronto y en forma dramâtica. Provino dei gran error que el comun de los haitianos ha mantenido durante mucho tiempo sobre 10 que supone sea la unica causa de los motivos de disputa que nos han en­frentado con los dominicanos, y que, la mayor parte de nosotros relaciona con la imprecisi6n de los lImites territo­riales entre ambos pafses.

Resultaba, por tanto, evidente que un cuadro de reIa­ciones pacfficas y amistosas entre uno y otro pueblo debla surgir de la soluci6n encontrada, en 1935, a la vieja quere­lla que, con tanta insistencia, los habla hecho litigar y luchar mutuamente.

i Grave quimera! La verdad que debemos tener la sangre frla de enfren­

tar con la mayor perspicacia y discernimiento, es que las relaciones con nuestros vecinos se rigen por condiciones diversas, una de las cuales es, sin duda, 10 incierto de los lImites que separan a cada uno de los territorios. Pero hay igualmene en juego factores tan decisivos, y quizâ aun

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mas amenazadores. que dominan nuestros contactos con los vecinos. Los fundamentales son de orden econ6mico y psicol6gico.

Hemos sido siempre y somos todavfa, los mas fieles pro­veedores de mano de obra agrfcola en la comunidad domi­nicana. La densidad de nuestra poblaci6n impulsa a los übreros haitianos. como una fuerza mecanica. hacia las tierras vecinas en busc a de trabajo. Y a ese éxodo. prime­ro irregular y. después. supuestamente reglamentado. 10 ahmentan de continuo. en forma solapada. explotadores desvergozados que favorecen un desplazamiento clandes­tino de masas sin organizaci6n. atrayéndolas con el senue-10 de altos salarios. pero conduciéndolas. en verdad. a desempenarse en forma disfrazada de peonaje servil.

Ademas. el prejuicio de raza. latente 0 formai. confiere al elemento haitiano que emigra al paiS dominicano. un es­t..ltuto de inferioridad. dentro de la jerarquîa de los tintes de piel.

Este doble factor ·econ6mico y psicol6gico constituye el otro aspecte dei problema de las relaciones haitiano­dominicanas. Su inRuencia. manifiesta 0 subterrânea, des­empeilanl el mas importante de los papeles en los conRic­tos que han trazado la curva de las relaciones entre haitia­nos y dominicanos en estos ultimos veinte anos.

El mas grave de dichos conRictos sobrevino menos de tres ailos después de la firma deI acuerdo de 1935.

En efecto, en los primeros dÎas de octubre de 1937. una noticia sobrecogedora se expandi6 en Puerto PrÎncipe. Se sllsurraba que la soldadesca dominicana acababa de reali­zar innumerables hecatombes de campesinos de Haiti. cer­ca de la Erontera deI norte.

è SerÎa cierto? é Serla posible? Y. (pcr qué? se pre­guntaba uno. ansioso.

La noticia parecfa tan extravagante coma inveroslmil.

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tanto mas cuanto que los medios o6ciales guardaban el mas completo mutismo. Al no publicarse ningUn desmentido. la inquietud y la colera cre cier on en proporciones.

(Ollé habla sucedido t è No era, acaso, cierto que desde hada mas de dos anos las relaciones politicas entre ambos gobiemos paredan reposar sobre bases solidas y serias~

Podiamos citar como testimonio irrecusable de inteli­gencia cordial, el reciente tratado de 1935, que habîa sido concluÎdo entre ambos gobiemos sobre la base de conce­siones mutuas. Podîa une aun citar las visitas repetidas de ambos jefes de Estado a las capitales de los palses vecέnos, como otras tantas demostraciones de amistad haitiano­dominicana. (Qué pudo haber .. por tanto. sucedido para dar origen a esta matanza colectiva de haitianos en la Re­publica Dominicana?

La certidumbre de dicho rumor confirmose por las no­ticias espantosas q~e provenîan deI Cabo Haitiano. en cuyo hospital hablan comenzado a ser internadas impor­tantes comitivas de supervivientes, con horribles heridas de arma blanca. El cura de Ouanaminthe. ciudad fronteriza. a orillas dei Massacre. y el obispo del Cabo Haitiano. Mon­senor Jan. quienes recibieron las con6dencias de los mo­ribundos y habfan visto el des6le de los mutilados. apor­taron el testimonio vendico de la horrible camicerîa.

ê Qué habla sucedido? Nadie podfa decirlo, y todavîa hoy, ruera de un reduci­

dfsimo numero de personas que han estado vinculadas a la génesis deI abominable drama y que tienen todavfa so­brada razon para guardar silencio. no hay quien éonozca los entretelones de este siniestro episodio.

En cuanto a nosotros, nunca sabrfamos olvidar la refle­xion que oÎmos a una personalidad dominicana en el curso de nuestra mision diplomâtica en Santo Domingo:

H-Nosotros. los dominicanos--decîa este personaje-

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aceptamos nuestra parte de responsabilidad en este des­graciadisimo asunto. Pero 10 que usted no sabe, senor em­bajador, es que poseemos documentos auténticos que ates­tiguan la participaci6n formaI, aunque indirecta, de emi­nentes personalidades haitianas en la perpetraci6n deI drama.ll

Ahf es donde esta el secreto, y por eso, no conoc'emos los verdaderos origenes de este at'errador suceso, hasta tanto los poseedores de los documentos citados no con­sientan en publicarlos.

De cualquier modo, gracias a informaciones de autenti­cid ad irrefragable, a las revelaciones que periodistas e in­vestigadores norteamericanos han podido recoger, a pesar de los obstaculos que se les presentaron, y a testimonios concordantes c'on las autoridades haitianas de la regi6n ftonteriza, pr6xima a las localidades donde se cumpli6 la terrible carnicerfa, poseemos datos suficientes coma para elaborar un juicio provisorio y personal sobre el asunto.

T enemos, asI. que, a partir de la segunda quincena de septiem bre de 1937, comenzaron las matanzas de haitianos en un sitio de la Republica Dominicana pr6ximo a los pue­blos diseminados a 10 largo de las fronteras septentrionales. Tratabase, seglin se deda. de bandas de cuatreros que hablan forzado la Hnea fronteriza y que habfan sido muertos por los campesinos. vlctimas de sus fechorlas. al sorpren­derlos en actitud de pillaje en sus campos.

Nada de muy extraordinario habla en esto. fuera dei hecho que particulares se hicieran justicia por SI mismos. al verse lesionados en sus intereses. en lugar de recurrir a la autoridad competente en demanda de justicia. Pero la repetici6n de los hechos. a cortos intervalos. ofreda, con todo. la impresi6n de un movimiento orquestado.

Veremos. por otra parte. que el tema dei abigeato. ser­vira coma justificativo oficial de la defensa dominicana

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por las muertes colectivas cumplidas en su territorio. sin Que el gobierno haya querido nunca establecer la verdad de estos actos a través de un juicio contradictorio 0 de una investigacion a cargo de una comision interamericana.

Pero. he aqui que, en la noche deI 2 de octubre de 1937, seglÎn un informe oficial de Arnold Fabre. consul haitiano en Dabajon. poblacion dominicana situada sobre la orilla derecha deI Massacre. a menos de un kilometro de la localidad haitiana de Ouanaminthe. Juego de un mitin popular organizado en el sitio. en honor dei generallsimo Leonidas Trujillo Molina, que se hallaba en gira por la region, comenzo una matanza de haitianos al arma blanca. Mujeres. ancÏanos. ninos y hombres validos. todos fueron pasados a cuchillo. En la tnigica noche prod6jose un usal­vese quien pueda)) general entre los residentes haitianos de Dabajon y los alrededores. los cuales. heridos 0 indemnes. cruzaron el rîo para alcanzar Ouanaminthe, donde se diô la alarma. Una vez que se prestaron alH los primeros auxi­lios a los heridos. se traslado a éstos al hospital dei Cabo Haitiano.

Del 2 al 4 de octubre. durante treinta y seis horas, la sinfonîa roja prodigo pesadamente la tristeza de los sollo­zos, los lamentos y las boqueadas de agonÎa de los haitia­nos a través de las localidades de Abucate, Guayobin. Ba­robanico. Dabajon. Corazon. Savanenetta. Vijabao. Monte­cnsti, Puerto Plata. Villa Vasquez. Copey. Guayacano. Mao Incorez (seccion rural de Santiago de los Caballeros). Pelader, Mamaya. Sarabonita, Esperanza, Courabo. Alta Manillo. Lagounabel, Lablonice. Monceau, Santo Preto, Mamell. La Loma. Carabe, Tres Cabanas, Sacillo. Mao. San Francisco de Macoris. Bouga, 19no. Bidia. Bac. Ricongo. Tobia, Punto Rousso. Teobas. Coaguano. Laluma. Laca­bille, Calbounaire. Herardo. Guayacan. Djabonice. Blanco. Mamon. Lorsacello. Santiago de la Cruz. CaramoniI. Lacriu,

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Baroul (secciôn de Gourabo), Banica, Lacouno, Monte San­ta Cruz, Guyabin, Loninbe, Labouka, Las Matas, Paraboni­ta, Corosse, etc. (1).

Resulta imposible determinar con exactitud a qué nu­mero se elev6 la cantidad de personas muertas, ya que nin­guna investigaciôn oficial 10 ha fijado.

Unos calculan que hayan sido 12.000; otros, 15.000, 20.000 ô 25.000. En la medida en que los calculos parciales nos puedan acercar a la verdad, podemos limitarnos a la cifra de 12.136 muertos y 2.419 heridos que se escaparon.

< y cual fué la reacci6n haitiana ante la brutalidad tra­gica de estos sucesos, no la de la opini6n publica, que al­canz6 el paroxismo deI odio y la indignaci6n. sino la dei gobierno, custodio responsable deI honor y la dignidad de la naci6n?

A 10 que parece, una sensaciôn de estupor gano las esferas oficiales, y a ésta sigui6 un movimiento de indeci­si6n acerca de la actitud a tomar.

Evidentemente, todo 10 que habla pasado allende la Erontera carecfa de otra significaci6n que no fuese el de un desafî'o. una provocaci6n a la guerra. Ahora bien, ni el gobierno ni el pueblo haitianos estaban preparados para afrontar un conflicto armado·.

A partir de la intervencion norteamericana en los asun­tos de HaitI. nuestra fuerza armada se redujo a una orga­nizaci6n policial, de alrededor de dos mil quinientos hom­bres. Al final de la ocupaci6n, el armamento de dicha fuer­za se hallaba en desuso y resultaba prckticamente inade­cuado e insuficiente; a mas las finanzas publicas, muy re­ducidas, imponian obligaciones contractuales que no per­mitlan realizar ninglin gasto por encima de las normas dl"

(J) Esta lista de Jas localidadcs dominicanas donde se realizaron matanzas. ha sido e1aborada a través de informacÎones y de los sobre­vivientes.

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un presupuesto mezquino. En tales condiciones. é cômo encarar la posibilidad de entrar en campana contra un ad­versario cuyas fuerzas eran numéricamente superiores. y que se hallaba. evidentemente. preparado para dicha even­tualidad?

Aun cuando tenga une el derecho de suponer que los Estados Unidos no hubieran permitido que las dos naciones antillanas. cuyo suelo acababan de ocupar para restablecer el orden y la seguridad pûblica. chocaron entre si en un cofl.icto armado. no hay duda ninguna que el genocidio perpetrado configuraba perfectamente un casus belli.

Sin embargo. y aun admitiendo una plausible interven­ciôn norteamericana para impedir las hostilidades entre Haitf y Santo Domingo. la misma no habrî:a podido evitar el efecto de una invasiôn relampago que diese el predomi­nio de la accién y el éxito inicial al ad versa rio mejor pre­parado (1).

Atento, p~obablemente, a todas estas consideraciones. Sténio Vincent. el Presidente de la Repûblica, recurrio tan solo a los medios pacificos para resolver el angustioso pro­blema que se presentaba.

En primer lugar, ordené a Evremont Carrié, ministro de Haiti en Ciudad Trujillo, que se hallaba en uso de li­cencia en Puerto Principe. retornase a su sede de inme­diato.

De vuelta en la capital dominicana. Carrié mantuvo una conversaci6n con el cancilIer de Santo Domingo. y. siguien­do instrucciones de su gobierno. firmé un acuerdo con el ministro de Relaciones Exteriores. por el cuai se deberîan emprender de inmediato investigaciones para descubrir a

(1) Un testigo digno de fe nos ha asegurado haber vista, en los primeras dîas de octubre de 1937. fuerza militares. calculadas en cin~o mil hombres, acampadas en Dajabon.

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los responsables de los sucesos deI 2 al 4 de octubre y en­tregarlos, coma correspondfa, a la justicia.

No obstante esto, sea porque hubiese reRexionado sobre la ineficacia de dicho acuerdo para arribar a una repara­ci6n satisfactoria, sea porque hubiese cedido a la presi6n de la opini6n publica contra 10 que suponfa Haqueza oficial, sea, en fin, porque se hiciese eco de la reprobaci6n uni­versaI de los crfmenes perpetrados en la Republica Domi­nicana, Vincent cambi6 de tactica y aopt6 una determina­ci6n mas firme y conforme con el objetivo que persegula.

El 12 de noviembre de 1937 solicit6 los buenos oficios de los Presidentes Roosevelt, de los Estados Unidos; La­redo Bru, de Cuba, y Cardenas, de Méjico, para servir coma mediadores en su conRicto con Trujillo. Dichos jefes de Estado promovieron las respectivas gestiones ante la capi­tal dominicana.

El generallsimo objet6 que, hasta entonces, no existla, en verdad, un conHicto entre los dos gobiernos, ya que ambos hablan firmado, el 15 de octubre de 1937, un acuer­do en virtud deI cual el gobierno dominicano se compro­metla a buscar a los responsables deI crimen y entregarlos a la justicia, conforme a la ley.

El gobierno haitiano persisti6 en sus deseos de media­ci6n. El 14 de diciembre siguiente present6se a la Comi­si6n Permanente de Washington, institulda por el tratado Gondra, de Santiago de Chile, deI 3 de maya de 1923, y a la Convenci6n de Washington, deI 5 de enero de 1926, con el fin de solicitar el veredicto de dicho organismo, lue­go deI examen de los hechos que efectuarfa la Comisi6n de Investigaci6n, tal coma prevelan estas instituciones in­ternacionales para el casa de diferendos entre Estados ame­rIcanos.

Estados Unidos, Méjico y Cuba fueron elegidos para

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integar la Comisién investigadora prevista por el tratado de Santiago de Chile.

Haiti designé, para su representacién en Washington, a Dantés Bellegarde, Abel N. Léger y Edmé Manigat.

El gobierno dominicano se opuso a dicho procedimien­te,. Alegé que no existian nuevos factores que hicieran cam­bIar el acuerdo dd 15 de octubre de 1937, entre Haiti y

Santo Domingo, destinado a resolver el deplorable inciden­te fronterizo, buscando a sus responsables y entregândo­los a la justicia. No habla necesidad, dijo, de reemplazar. con la mediaci6n de las tres potencias, dicha forma de arreglo, adoptada por uno y otro gobierno. Pero, 6nalmen­te, pareci6 ceder y hallarse decidido a que 10 representase üna misi6n especial, cuando se produjo un verdadero gol­pe de escena (1).

En efecto, en momentos en que la Comisi6n organiza­ba sus labores, recibi6 el anuncio de que ambos gobiernos habfan encontrado una base de entendimiento directo.

(Qué habia sucedido ~ Gilberto Sanchez Lustrino, un bi6grafo deI generalisimo

1 rujillo, cuenta que uMonsefior Maurillo Silvani, nuncio apostôlico de Su Santidad el Papa, visité al Presidente Tru­jillo y le comunic6 el deseo deI Presidente Vincent de ne­gociar directamente con él un rapido arreglo de los inci­dentes fronterizos. La insinuaci6n fué favorablemente aco­gida por el generalfsimo, por cuanto equivalîa a reconocer 10 incorrecto dei procedimiento de la mediaci6n, triunfan­do, de este modo, el punto de vista dominicano» (1).

De creer a dicho testimonio, habria sido el propio Vin­cent quien, después de haber hecho 6rmar par Carrié. su

(1) Cf. GILBERTO SANCHEZ LUSTRINO: Trujillo, el Constructor de una nacionalidad, 1938, Cultural, S. A., Habana, p. 247.

(1) Op. IDe. cit., p. 247 y 248.

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mmlstro en Ciudad Trujillo. el acuerdo deI 15 de octubre de 1937, por el cual los gobiernos haitiano y dominicano llegaban a un entendimiento acerca de una manera de re­solver los sucesos fronterizos deI 2 de octubre, y movilizar el procedimiento interamericano institufdo por el pacto Gondra, solicitando los buenos oficios de los Estados Uni­dos, Méjico y Cuba, para dar al asunto una soluci6n de tjpo mas solemne, viniese a solicitar deI nuncio apost6lico, Monsenor Silva ni , su intervenci6n ante Trujillo para que éste aceptara retornar al procedimiento de las negociacio­nes directas. (Qué deberfamos pensar sobre actitudes tan contradictorias de un mismo individuo, en un plazo de tiem­po tan corto?

Albert C. Hiks. el mas férvido defensor de la causa hai­tiana en estos momentos dolorosos. se plante6 el mismo in­terrogante, y, en la imposibilidad de encontrarle respuesta satisfactoria, afirma que constitufa el mayor de los miste­rios (2).

Hasta este momento el enigma subsiste. Las negociaciones directas entre ambos jefes de Estado

finalizaron en un acuerdo, firmado y presentado a la Co­misi6n Permanente de Washington, la cual le dio sanci6n el 31 de enero de 1939. Su texto es el siguiente:

J.O El gobierno dominicano confirma sus sentimientos de pesar al gobierno haitiano, y le renueva su reprobaci6n por los deplorables sucesos de la frontera, durante los cua­les, personas de nacionalidad haitiana, residentes en el te­rritorio de la Republica de Santo Domingo. perdieron la vida, recibieron heridas 0 debieron abandonar territorio dominicano.

2.° Se obliga a pagar una indemnizacion de $ 750.000.

(2) ALBERT C. HICKS: Blood in the Streets. The Life and Rule of Trujillo, Nueva York, Creative Press Ine .• 1946. p. 118 y 119.

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que el gobierno haitiano se encontranl en libertad de uti­lizar en beneficio de las personas que hayan resultado per­judicadas en dichos incidentes.

El acuerdo recibi6 plena ejecuci6n en 10 que respecta a la entrega de los $ 750.000, debiéndose anotar, atm, que una primera parte de la suma fué pagada en el plazo indi­cado, y la otra. 0 las otras, fueron objeto de nueva transac­ci6n con estipulaciones que no han lIegado a nuestro co­nocimiento.

En todo caso, dicho dinero sirvi6 para crear tres cen­tros de colonias agrkolas, destinados a retener a los cam­pesinos de la regi6n limltrofe sobre el suelo haitiano, uno d~ elIos, situado en el cerro de los Commissaires; otro, en Dosmond, y el tercelO, en Biliguy, sobre la meseta central. entre Maissade y Saint-Michel de l'Atalay'e.

é T endremos que decir que la generosa solicitud que condujo a la creaci6n de estos centros desemboc6 'en un lamentable fracaso? Los campesinos, insatisfechos, deser­talOn de las colonias agrkolas, y -cosa extraordinariamen­te extrana-. comenzaron a emigrar nuevamente a la Re­publica Dominicana, y en forma c1andestina (1).

Podemos afirmar que la emigraci6n de las masas rurales haitianas al pals vecino es una de las cuestiones fundamen­tales en la relaci6n haitianodominicana; ella se agitaba en el fondo de la tragedia deI 2 de octubre de 1937, y ella constituye, hoy. y constituira siempre, el punto neuralgico de nuestras vinculaciones con los dominicanos.

Trataremos de intentar su examen un poco mas adehm­te. Entretanto, contentémonos con fijar la curva de los acon­tecimientos que siguieron a la ejecuci6n deI acuerdo deI 31 de enero de 1939.

(1) Cf. ANTHONY LESPES: Les sem*nces de la Colère. cdici6n .Henri Deschamps», Puerto Principe, 1949.

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En primer lugar, la segunda disposici6n deI pacto PO

!f'cibi6 aplicaci6n ninguna. Nadie ha oldo hablar nunc" de 1ft busqueda de los culpables ni de sus castigos, ni menos aun de la publicidad ejemplarizadora que hubieran mere­:;ido dichas penalidades.

Con motivo de estos acontecimientos. las relaciones en­tre ambos gobiernos se hicieron algo asperas. y el sacudi­miento emotivo que provoc6 la tragedia en Haïti. junto con las tergiversaciones de la diplomacia haitiana en el manejo de] asunto, origin6 una cierta agitaci6n revolucionaria COI'.­tra el gobierno de Vincent. La polida descubri6 bien pron­to. aqui y aU!, complots contra el gobierno de Vincent. Por ültimo. la propia guardia. dividida desde hada tiempo por Id polItica partidaria. se transform6 en un foco de conspi­radores.

No result6. por tanto. sorprendente que un atentado con·· tra la vida deI mayor Armand, jefe de los cuarteles donde se alojan los efectivos que resguardan el Palacio Nacional. y que c'onstitulan el ê.pOYO principal de Vincent. provocara una serie de detenciones de j6venes oficiotles. acusados de ser sus autores 0 c6mplices. Conducidos ante una corte marcial. fueron condenados a muerte 0 a otras penalidades. sin de jar de confesar algunos de el! os , en el proceso, que el golpe de Estado que proyectaban, tenla por objetivo 'sustituir a Vincent por el coronel Calixte, su jefe. en la pre­sidencia de la Republica (1).

Pero, ya en los primeros dias deI ano 1938, el COT rJTI el Calixte. baio la sospecha de haber participado de la cons­piraci6n. habia sido desplazado de la jefatura de la guar­dia y designado en un destino consular en Europa, antes de ser destituido y juzgado en contumacia.

El imbroglio polî'tico se hizomas oscuro y aHictivo al

(1) Colonel D. P. CALIXTE: Le ca/vaire d'un soldat.

225 'TOMO III.-15

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saberse que el coronel era huésped del general Trujillo. Su sola presencia en territorio dominicano dio origen a rumo­res sobre una invasion proxima deI territorio haitiano. a cargo de tropas mercenarias que él conducirfa.

La amenaza de trastornos civiles se acrecento. Unicamente se produjo una distension cuando Vincent.

que se encontraba al final de su segundo mandato. y a quien las Cama ras acababan de ofrecer la permanecia en el po der pOT un nuevo periodo. renunci6 solemnemente a la p!opuesta.

Entre los aspirantes al sillon presidencial surgio la figu­ra de E.lie Lescot. senador de la Republica. cuya candida­tura, considerando la atm6sfera polltica deI momento, su­pl1sose deberfa resultar simpatica, tanto a Vincent como a sus partidarios, por cuanto era amigo personal de aquél. Ademâs, è no era, acaso. el hombre mas calificado para mejorar nuestras relaciones con el gobierno dominicano. }a que era amigo. igualmente. de Trujillo?

El hecho es que, al ser elegido el l7 de abril de J 94 r. Presidente de la Republica, por unanimidad de votos, cre­yôse disminuiria la tensiôn existente en las relaciones hai­lianodominicanas.

Poco tiempo después, en efecto, el generallsimo Tru­jillo, que habîa abandonado momentaneamente la presiden­cia de su pals y se hallaba en viaje, rumbo a Santo Domin­go, proveniente de los Estados Unidos, aprovechô para desembarcar en el Cabo Haitiano, el 23 de mayo de 194J. y visitar a Lescot, quien, por su parte, se encontraba reali­zando una gira pOT el departamento del Norte.

Grandes fiestas fueron organizadas en honor de ambos hombres, los cuales, en los banquetes que se les brindaron. intercambiaron votos fervorosîsimos de amistad. Por la no­che, el visitante se embarcô de vuelta. en su yate Ramfis:­que 10 aguardaba en la bahla deI Cabo.

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De este modo. las relaciones entre ambos hombres y palses parecieron afirmarse y marchar hacia un porvenir de paz efectiva.

Entretanto. algunos incidentes entre haitianos y domi~ nicanos se produjeron en la Frontera deI norte. los cuales determinaron al Presidente Lescot a enviar aIll a dos in~ vestigadores. los senores Noël y Rouzier. que desempena~ ban los cargos de ministro de Obras publicas y subsecre~ tario de Interior. respectivamente. y quienes. de vuelta de su misi6n. inspiraron el texto dei comunidado siguiente. apa~ recido en el Moniteur Officiel deI 9 de septiembre de 1941 :

((Los ministros Noël y Rouzier se hallan de retorno de su misi6n al Norte. El informe preliminar que han sometido al Presidente Lescot demuestra que han comprobado la existencia de verdaderas bandas de merodadores. las cua­les. después de sustraer animales en territorio dominicano. vienen a venderlos en Haiti"; esto provoca. a menudo. in­cidentes entre dichos merodeadores y los cria dores de ga­nado. Tales hechos resultan intolerables. Revelan que son producto. en gran parte. de individuos interesados en crear fricciones entre ambos gobiernos. como 10 comprueba el hecho de que algunos de ellos. sin domicilio en la regi6n en que residen. han desaparecido al arribo de las autori­dades haitianas. En consecuencia. el Presidente Lescot ha impartido instrucciones formales para que todo el peso de la ley sea aplicado por las autoridades militares haitianas. de comun acuerdo con las de la Republica vecina. contra los autores de estos piIlajes. con el objeto de poner fin a sus actividades.))

Este comunicado fantastico habrla podido ser firmado. mejor dicho. deberla haber sido firmado por ministros domi­nicanos. Apareci6 menos de dos anos después deI acuerdo deI 31 de enero de 1939. ratificado por la Comisi6n Per~ manente de Washington. para destruir 10 que el mlsmo

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generaHsimo Trujillo se habla visto obligado a admitir, 0

sea, la plena responsabilidad deI gobierno dominicano por

los actos perpetrados el 2 de octubre de 1937. en el suelo

de su pals. En consecuencia. se invitaba a éste a renuncÎar a la tesis que habfa sostenido precedentemente, y que con­

slstfa en Întentar pro bar que los crfmenes cometidos no consistfan sino en una simple defensa de los granjeros do­minicanos contra los ladrones deI pals vecÎno.

Primeramente exami..nemos el caracter intnnseco de ese comunicado que vali6 a Lescot las felicitaciones calurosas de M. ]. Troncoso de la Concha, Presidente de la Republi­ca Dominicana (1).

(Qué era 10 que habian comprobado los emisarios de Lescot? è Que existfa una banda de merodeadores dedica­da a robar ganado dominicano para venderlo en Haiti? Pero e se trataba de auténticos haitianos? (Quién los habla iden­tinc'ado? é No formaban parte. mas bien. de la categorfa equlvoca de gentes nacidas sobre la Frontera. que invoca­ban una u otra nacionalidad. seg{rn las circunstancias. y

cuya facilidad para servirse deI idioma local tanto como deI espafiol. les permitia moverse en las espesuras de las selvas limltrofes con la facilidad de quienes conocen sus menores secretos?

Admitamos que se tratase de auténticos haÎtianos, (como podfan ejercitar impunemente el hurto de ganado sin haber podido ser nunca aprehendidos por las polidas de Haitf 0 Santo Domingo? è Y por qué ambas polidas no se habfan puesto de acuerdo para perseguir conjuntamen­te a esos delincuentes? è Era necesario que aguardasen en la Frontera la llegada de dos ministros de Lescot, de Puerto Principe. para desaparecer como por ensalmo? Y, nnal-

(1) ABELARDO R. MANITA: T rujil/o, editorial .EI Diario de Santiago», Republiea Dominieana. 1945. p. 151.

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mente, tratandosede ladrones, creemos que en uno y otro lado de la Frontera, cualesquiera fuesen sus nacionalida­des y su numero, representaban un desaHo al c6digo pe­

nal. é Qué necesidad habfa, entonces, de hacer viajar a dos ministros y obligarlos a desempenar una misi6n especial

contra merodeadores, los cuales, en cualquier parte deI

mundo estan sujetos a ser perseguidos 0 cazados por guar­dias especializados en la represi6n de la delincuencia?

El comunicado nos parece, en una palabra, un produc­

to de cancilleria, ad USUm delphini. Es la cuota de adelanto

de un pacto ideado por gentes que hubieran querido ayu­darse mutuamente a sortear los escollos de alguna empre­sa diHcil.

Pero, 1 ay de aquellos que se comprometen con el T en­tador manteniendo reservas y pensamientos ocultos! Creen po der desligarse de la imprudente promesa cuando se ha­

lIan ante la inminencia de tener que realizar 10 inaudito.

Entonces advierten la temeridad deI compromiso y tratan de escapar de las garras adversarias.

1 Demasiado tarde!

La fuga de las horas acorta el término deI plazo. El acreedor se inquieta. La impaciencia revela su estado de espfritu ...

1 Ay deI cuitado !

En el pIano de la realidad concreta, tenemos que, lue­go de nueva elecci6n, el generalfsimo Trujillo volvi6 a to­mar las riendas deI poder en 1942. Poco tiempo después formul6, ante un corresponsal de la «United Press», las siguientes declaraciones que cayeron coma un mazazo:

«Hay muchos rumores acerca de conRictos entre Haiti y Santo Domingo; puedo asegurar que son falsos. Ambos

pafses viven en la mejor armonfa. La prueba es que, el ano

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pasado, fui yo quien financi6 la elecci6n de Elie Lescot, el nuevo Presidente de Haiti)) (1).

è Qué podîa haber pasado entre las fiestas deI Cabo. el comunicado deI 9 de septiembre de 1941 y la declaraci6n de 1942 t

i Misterio! Nada quedaba ahora de la antigua armonîa y ami stad

entre ambos hombres, ni de su fraterna y ostensible cama­raderîa. Al contrario, de ahora en adelante s610 habrîa la hostilidad sorda, la animosidad cruda. la colera vengativa.

El Il de septiembre de 1942. el gobierno haitiano pro­mulg6 un decreto ley que reglamentaba la emigraciôn hai­tiana. Esta qued6 sometida a ordenanzas que anulaban la posibilidad de someterse a explotaci6n la mano de obra haitiana, como tenlan por costumbre hacerlo algunas com­panlas azucareras allende la frontera. La noticia produjo cierta perturbaciôn en el mercado de trabajo de Santo Do­mingo; era el momento en que la venta interna ci on al del azucar sufrÎa la ley de las restricciones determinada por las condiciones de la guerra mundial. La reacciôn dominica­na no tard6 en manifestarse en contra de los obreros haî­tianos residentes en Santo Domingo. Se lîmitaron sus posi­bilidades al constrenir su libertad de desplazarse de un lugar a otro. y se les redujeron los salarios. condenândolos, virtualmente a servil peonaje.

Fué éste une de los aspect os de la guerra econômica. A mâs. en octubre de 1944. otro rumor siniestro cundiô

en Puerto PrIncipe. Se decîa que las autoridades acababan de descubrir un complot contra la vida deI Presidente Les­cot. Se efectuaron detenciones y encontrândose armas y ml.miciones en posesi6n de los acusados. con la marca de

(1) Cf. ALBERT C. HfCHS: Op. lac. dt., p. 181.

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fabrica, segun se decia, dei material de guerra ent~egado par los Estados Unidos a la Republica Dominicana bajo el signo dei «Préstamo y Arriendo». Algunos de los acusados fueron condenados a muerte por un tribunal militar. y eje­cutados.

Desde entonces, las desavenencias entre Santo Domin­

go y Hait! adquirieron caracter de extrema agudeza. Nada de extrano hubo, por tanto. en que. luego de un discurso

pronunciado por Lescot en las GonaÏves, se difundiese por todo el pals la copia fotostatica de una carta suscrita por Truiillo al orador. en respuesta a dicho discurso.

En di cha carta. cuyo texto no ha sido nunca desmentido. que nosotros sepamos. el remitente recordaba al destina­tario sus relaciones de negocios. los préstamos de dinero y

hs obligaciones que se deblan el une al otro. Esta primera publicacion clandestina fué seguida por otras relativas a tratos pollticos y financieros entre ambos hombres.

Dichas revelaciones arruinaron totalmente el crédito mo­ral c?cl Presidente Lescot, al punto que. al estaUar. en los primeros dias de 1946. una huelga de estudiantes en Puer­to Principe. encontro terreno favorable para una expan­sion subversiva. El malestar. complicado con reclamos de reivindicaci6n social. se extendi6 en profundidad hast a desembocar en una verdadera cri sis revolucionaria; Lescot ·se via obligado a dimitir y march6 al exilio.

Tai fué el final de un desaffo que puso knock-out a uno de los contrincantes. cuya performance parcda tan promi'So­Tia al comi~nzo de su carrera.

Pero. a esta altura del relato. se nos disculpara si que­Temos detenernos en un punto. 0 en una serie de puntos. que no han dejado nunca de inquietar hasta al menos pers­picaz de los espfritus de nuestro pals.

He aqui a dos hombres pollticos. Rafael Leonidas Tru-

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jillo Molina y Elie Lescot, ligados, durante anos, por la amistad mas expresiva y férvida, inca paz de ser alterada por nada. ni siquiera por la trftgica matanza de 12.000 hai­tianos, episodio que pareci6 desembocar en un conRicto armado entre sus respectivos pafses. He aqui a dos hom­bres cuya correspondencia ha sido indice de connanza re­dproca e intimidad profunda y demostraciôn de los servi­cios que se rindieron en un orden particular de actividades polfticas; (cual fué, en el momento dado, la causa insôlita y perentoria que los enfrentô y llevo a que se cruzaran mu­tuamente el mas dramatico de los desaHos?

Nos preguntamos tuales podrîan ser las pro mesas he­chas por Lescot a su amigo, el generalîsimo Trujillo, cual la naturaleza deI compromiso 0 los compromisos que ha­bfan asumido para realizar sus ambiciones de Presidente de la Repûblica de Haitf, gracias al concurso deI jefe do­minicano, y por qué se habrîa sustrafdo después a ellos, en el caso que los tales existiesen.

Nadie ha podido responder a estas fundamentales pre­guntas. Y los dos viejos amigos han guardado silencio des­pués del duelo que los coloc6 al uno frente al otro, en la actitud de encarnizados enemigos, resignados. con toda. a mantener silencia sobre sus agravios Intimos, a modo de homenaje supremo rendido a la validez de pactos solemnes.

è Podremos permitirnos discutir una de las hipôtesis que gano fortuna en los medios intelectuales. gracias a la cual se trat6 de encontrar una soluci6n al enigma t

Supûsose que el pacto en danza se referfa a un proyecto de fed'eraci6n. en el cual, cada uno de los presidentes, se­ria jefe. a la vez. de una y otra naci6n. ya que no habrîa

sino un solo presidente para ambas repûblicas,fundidas ahora en una ûnica nacionalidad.

Evidentemente que el proyecto citado no es obra sino

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de nuestra pro pla imaginacion creadora, ya que no hemos

visto su esquema por ninguna parte. Empero, se aproxima mucho al anhelo publicamente

expresado por el general Nemours, presidente. entonces. deI Sena do , quien fué invitado en la entrevista de Cabo Haitiano dei 22 de mayo de 1942. por el generalisimo Tru­jillo para visitar la Republica Dominicana. Nemours acep­

t6 la invitaci6n, autorizado, dijo, por el jefe de Estado

haitiano.

Viaj6, por tanto, al pais vecino y retorn6 desbordante de entusiasmo.

En la pagina de guarda dei curioso librito que escribi6

a su retorno y que titul6 Les Présidents Lescot et Trujillo, tr!:ollScribi6 el poema siguiente:

Sur le rythme nouveau du monde occidental, Frémissantes au vent de la mer caraïbe, Ecoutez donc chanter. dans le ciel tropical Saint-Domingue, Haïti, les deux lyres latines.

Ecoutez les hauts faits de leurs deux Caudillos, Forgerons d'Idéal. Grands Princes d'Amérique, Jefes, Conquistadors ardents et magnifiques, dont les noms sonnent clair: Lescot et Trujillo (1).

A 10 cual agreg6 como prefacio: «En razon de sentirme orgulloso de ser haitiano y de

h<lber querido siempre una Haiti rica prospera y respetada,

(1) .Al nuevo ritmo deI mundo occidental - y estremecidas por el viento deI mar Caribe, - escuchad. pues, bajo el cielo tropical -cantar a Santo Domingo y Hait!, las dos liras latinas.

»Escuchad las hazafias de sus dos Caudillos, - Forjadores de Ideal, Soberanos de América, - Jefes, Conquistadores. ardientes y magnl­licos - cuyos nombres suenan alto: Lescot y Trujillo."

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y acanClar el sueno de dos republicas que compartan la isla, unidas fraternalmente en la Confederaci6n Quisque­yana, preludio y anunciaci6n de la Confederaci6n Antilla­na, quiero hacer conocer a mis compatriotas todas las co­sae buenas que he admirado durante mi corta permanen­<:ia en la Republica Dominicana.» (1).

y, al desarrollar el pensamiento maestro que acariciaba, el general, historiador y poeta, escribi6 en la pâgina de su libre :

«Me acuerdo de una visita hecha hace veinte anos a las montanas. Al llegar al puesto de Los Pinos, un grito de admiraci6n escapô de mi pecho, seguido de otre de asom­

bro; aIl! se me hizo observar que esa manchita azulada que vislumbraba hacia el Este, en la lejania, era la bahia de Puerto PrIncipe, y esa otra manchita azulada que se

divisaba a oriente era la bahia de Neybe. Con una sola mirada abrazaba a am bas naciones. Al crearlas vecinas, la naturaleza las ha hecho tan unidas que ya nada podrâ se­pararlas.

»Tuve la visi6n de una Hait! y una Republica Domini­C6na mas grandes, las cuales, unidas por un vrnclllo fede­ml y trafados de alianzas, consfituÎrÎan la Confederaci6n QUÎsqueyana. Quisquega la Tierra Grande, la mas compac­ta y poblada de las islas de las A ntillas. Este suena f(ran­dioso no es, para ml, un suefio vano; habrâ de ayudamos a construir una bril!ante y sôlida realidad» (2).

Poco después, el presidente deI Senado de Haitl. insis­tiô en su idea. Al visitar la vieja basflica de Ciudad Tru­jillo, donde se hallaban depositadas las reliquias de Cris­t6bal Colon y reposan los restos de algunos grandes domi-

(1) GENERAL NEMOURS: Les Présidentes Lescot et Trujillo, Puerto P,incipe, 1942. Sin pie de imprenta.

(2) El subrayado es nuestro.

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nicanos, evocô la memoria del Dr. Alejandro Llenas, quien fué su,padrino y vivi6 mucho tiempo en el Cabo Haitiano. Hizo notar que «también él (el Dr. Llenas), elevandose por

encima de las fronteras trazadas por la mano deI hombre,

ya que no eran éstas fruto de la naturaleza, sofiaba en una

,Confederaciôn Quisqueyana que agruparla a am bas nacio­

nes, unidas, por ûltimo, en abrazo estrecho y definitivo.

))Este sueno también fué el de mi padre. Y sigue sien­,d.:> el mlo. No ha sido fruto deI azar el hecho que mi padre

camai y mi padre espiritual. haitiano el uno y dominicano .el otro, los dos médicos y los dos grandes amigos, se encon­traran y tratasen ya camo compatriotas de tierra. bajo el

signo de una gr an naci6n comun, y saludasen en la imagi­naci6n, antes de poder hacerlo en la realidad. a Quisque­

'ya, la patria grande de los habitantes de nuestra Îsla)) (1). Nemours se ha cuidado de hacer observar que este en­

suefio era personal y herencia deI padre, pero nos pre­

guntamos si no veîa él, también, llegado el momento de rea­lizarlo, al hacer una exaltaci6n tan llrica y entusiasta deI mismo. (HabrÎase atrevido este hombre. que tenîa el h~.­

bito de jactarse de su sentido de la disciplina. a formulrl' tales declaraciones. con el cargo que ocupaba, al frente de

nuestra mas aIta asamblea. si no se hubiese creîdo parti­

cipe de una comunidad de sentimientos con los «dos Cau­

dillos, forjadores de Ideal. los Presidentes Lescot y T ruji-110, soberanos de América»?

Con todo, nos vernos obligados a formular alguna3 reser­','as frente al Ilrico Frenes! deI general Nemours. No sabe­

mos si se creîa con el derecho de annar su lira para expre­sar sentimientos que, hasta entonces, ninguno de los héroes

(1 y 2) El libro de Nemours debi6 apareeer poco antes que Pena BatUe pronuneiase su diseurso. Lleva el colof6n de 1942. pero ningun dato 'na fijado el momento exacto de su aparici6n; para eomplicar aGn mâr.

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cuyos méritos celebraba, habia proclamado. Pero tenemos la persuasion de que, en 10 que respecta al generalisimo Trujillo, cometio un gran error.

Casi al mismo tiempo de aparecer el libro dei generaI Nemours -0 por 10 menos en igual ano (1)- un êalihca­do intérprete dei pensamiento (genial) deI Presidente Tru­

jillo, el senor A. Pena Batlle, ministro dei Interior de San­to Domingo. puso de relieve la verdadera doctrina po­litÎca de su jefe, en el famoso discurso que pronuncio en

Villa EHas Pifia, transcrito en La Naci6n deI 16 de noviem­

bre de 1942, y. acerca deI cual hemos hecho algûn comen­

tano critico en el curso de esta obra. ({Necesitôse la vision genial deI Presidente Trujillo

-ahrma A. Pefia Batlle- para que el gobierno dominica­no planteara la cuestion con absoluta hrmeza, arrostrando

todas sus consecuencias, y la presentara, ante los ojos deI

mundo, tal como debfa. en realidad, ser, es decir, con

toda su aplastante integridad social. El generalîsimo Tru­jillo ha comprendido que el trazado matematico de una lî'nea de fronteras no resolvena para nada. ni el mas sim­

ple de nuestros problemas de c'onvivencia; ha compren­

dido que la obtencion deI trazado de la llnea no represen­

taba sino el punto de partida de una obra de construccion social, larga y engorrosa, que no podria ser consumada

mientras existan prôximas a la Frontera, en el interior de la isla, dos fuerzas opuestas, entre las cuales no hay posi­bilidad ninguna de fusiOn, y que contienden mutuamente

sobre el suda de la isla donde el destino y los imperati­vos hist6ricos les han co/ocado» (1).

este pequefio problema bibliogrMico, el autor ha escrlto una dedicato­ria en el ejemplar que tuvo a bien remitirnos, con la fecha deI 9 de diciembre de 1941. Evldentemente. se ha equivocado de afio.

(1) Ver nota 1 y 2 de la pâgina anterior.

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Después de proclamar la pureza y hom*ogeneidad deI

tronco racial de la comunidad dominicana, el orador sub­rayo que la polftica dei Presidente Trujillo no tiene sino un objetivo, que es el de preservar a su pueblo de la con­

iaminacion de las masas haitianas. Continuo con su dialéctica revelando que «el haitiano

que nos importuna y nos pone en guardia es el que cons­

tituye la illtima expresi6n social. allende las fronteras. un

tipo humano francamente indeseable. de raza completa­mente africana. que no puede representar para nosotros

ningûn estimulante étnico.» No sabemos si A. Pefia Batlle se halia realmente segu­

ro de que la Repûblica Dominicana sea una comunidad

de raza blanca. En todo caso, tanto para justificar su doc­trina coma la de su jefe, cita, con propiedad. las preven­ciones que. sobre el peligro negro, formulara el Instituto Brookings, en base a investigaciones efectuadas por el se­

fior Dana G. Munro, de la Universidad de Princenton, en la Repûblica Dominicana.

«He aquf, dice el informe dei Instituto (l), una ola de color que asciende y sumerginl a toda colonia blanca que no se halle cuidadosamente preparada y protegida.»

De modo que, en virtud de todas estas consideracio­nes, se tomaron medidas de prevision social y étniea para defender la comunidad dominieana de la contaminaeiôn de las masas negras de Haiti. Esta doetrina constituye, en

efecto, la poHtica de fronteras dominicana. Entonees, é dônde ve Nemours la posibilidad de fusion

(1) Refugee Settlement in the Dominican Republic. A surVey conducted under the auspices of the "Broo~ings Institu­

tion", Washington, 1942, p. 46. El primer capltulo dei informe que contiene la observacion que

extractamos aqul. ha sido escrila por Harvey B. Smith. Se halla ates· tado de extravagancias etnogrâficas y errores hist6ricos.

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de ambas entidades étnicas, cuyo evangelio ha predicado con tanto fervor? En realidad ni vemos c6mo concibe que el generalfsimo Rafael Leonidas Trujillo Molina, caudillo

y campe6n de la comunidad «blanca» de Santo Domingo.

haya podido ser, al mismo tiempo, presidente de la comu~

nidad negra de Haitî. donde la proporci6n de descendien~

tes de ((raza completamente africana» esta valuada en un

93 por 100? Hay una tal antinomia entr~ estas dos proposiciones

que la posibilidad de su integraci6n en los hechos es un atentado contra el buen sentido y una ofensa tanto a la personalidad como a la doctrina deI generalîsimo Trujillo.

Por otra parte, la defensa de la comunidad dominica­na contra el peligro negro es tan apremiante que ha susci~

tado rigurosas medidas legislativas, incluldas en la ley de 1939, sobre inmigraci6n, la cu al establece que todo indi~

vi duo que desee residir en territorio dominicano, pagara

un derecho de $ 500, si no es de raza caudisica 0 america­na aut6ctona.

Empero, la misma ley autorizaba a las fabricas azuca~ reras a reclutar la mana de obra negra, durante la zafra, por intermedio de un decreto especial deI poder ej ecutiv 0 ,

y a condici6n de repatriar a los inmigrantes el terminar sus

faenas. Pero, a veces, dichos in migrantes viajan con sus esposas, las cuales son aceptadas. Supongamos que, du­

rante su permanencia en territorio dominicano éstas den a luz alg6n descendiente; en tal caso, ê éste no resultarla ipso facto ciudadano deI pals, en virtud de la constituci6n nacional, que consagra el principio deI jus soli para todo ir,dividuo nacido sobre el suelo dominicano? Dicho prin­

cipio constitucional, {en qué forma amenaza, por tanto, a la hom*ogeneidad deI pueblo dominicano t

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As! pues, una Eederacion haitianodominicana, baio el nombre de Quisqueya es, en dennitiva, una utopla. Uto­

pla en 10 que respecta a Santo Domingo y utopla deI lado haitiano.

Si la sustancia de este libro aspira a probar algo, es que, nosotros, los haitianos, nunca hemos aceptado perte­necer a una categorfa menor 0 accesoria de laespecie hu-­

mana. y, a través deI prodigioso alumbramiento de una

serie de acciones brillantes, insertamos en la matriz de los hechos, nuestra voluntad de ser hombres. y, por mInima que haya podido ser nuestra contribucion a una nueva con­

cepcion de 10 humano, participamos, con todo, en la ela­boracion deI proceso historico y cientlfico que relega al ba­ratiHo de los trastos sin valor las teorî'as y presunClOnes, ya prescriptas, acerca de razas superiores y razas inferio­res. T ermin6 el tiempo de poder hablar de ello y menos aun con el Horecimiento de las investigaciones cientî'ficas en torno al problema y el punta que se hall an dichas com­probaciones que han sido ratificadas, ademas. por el des­pertar de los pueblos en el planeta.

é Sera necesario repetir que no creemos que la fracci6n humana que forma la gran mayona de nuestro pueblo, el etnos haitiano, sea absolutamente inferior, en nada, a nin­g6n otro etnos deI mundo, y menos aûn, al dominicano?

Desde el comienzo de nuestra nacionalidad hasta el pun­to en que hemos llegado en nuestra vida de hombres libres, en el afio de gracia de 1953. hemos consagrado ciento cin­

cuenta anos de luchas, esfuerzos, angustias y sacrificios de toda suerte para constituir nuestra comunidad nacional. de­fender su existencia y conservar su integridad contra todas las formas deI imperialismo.

Creemos que en esta radical aventura. no hemos dejado de hacer honor a nuestro nombre y al de la humanidad.

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Pero. si de una multitud gregaria. tratada tan s610 como maquina de rendimiento econ6mico. hemos hecho surgir una agrupacion humana. con todos los atributos de nobleza que implica esta transformaci6n. pero también c'on todas las

dificultades de 'equilibrio entre triunfos y derrotas inheren­

tes a la existencia de todas las sociedades humanas. é por qué se nos ha de impedir esperar de nuestros propios es­fuerzos la soluci6n de problemas que constituyen el grue­so legado de tres siglos de abominaci6n y servidumbre?

Hace ciento cincuenta afios surgieron de esta multitud gregaria los gigantes y muchedumbres an6nimas que hi­cieron de nosotros 10 que somos; é por qué. entonces. esta rr.ultitud «francamente africana» -para hablar como Arthur Pefia Batlle-. agrupada. moldeada. transformada en po­tencia de solidaridad y hom*ogeneidad nacionales, no podra hacer nacer, al ritmo de las mutaciones mundiales. las cate­godas sociales que resolveran los problemas de nuestra comunidad?

è Habra necesidad de ratificar aqul que los antepasados que se rebelaron victoriosos contra el sufrimiento y la de­gradacion infligidos a la naturaleza humana transmitieron a sus descendientes la fuerza y priviIegios de un poder in­destructible de creaci6n y continuidad humanas?

Los intelectuales deI Ozama se complacen en creer que la comunidad dominicana es de {(raza blanca, mestiza 0

autoctonall. El desprecio 0 las prevenciones que ostentan por los datos mas elementales de la etnologla, indican que se trata de una tendencia especÎfica de su mentalidad. Su poposici6n, en este sentido, se halla tefiida de subjetivismo pasional.

Lo que mas podri'a decirse de este asunto, es que jus­tific'a la humorada de Mussolini. en el sentido de que la noci6n de raza es cuesti6n de sentimiento.

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Las anrmaciones tan solemnes coma pueriles que siem­bran en sus discursos y libros. a este proposito. se hallan <:uajadas de términos raros. pedidos en préstamo a la jerga cientî'fica. y destina do a describir el traje de ArlequIn con el cual su comunidad esta recubierta.

Con todo. si existen algunos datos ciertos de los cu ales se pueda extraer una imagen verldica de la nacion domini­cana. desde el punto de vista etnogninco. se hallarî'an con­signados en el «Album de Oro)). publicado en 1935 por el gobierno dominicano y que es el primero y mas completo de los cuadros estadî'sticos realizados 'en tomo a las diversas modalidades de la vida de este pueblo.

En 10 que se refiere a numero y movimiento demogra­nco. la naci6n ·estaba compuesta. segUn se anota. con fecha 13 de mayo de 1935. de 1.479.417 habitantes. divididos en Jas siguientes categorias ((raciales)): 998.733 mestizos. 287.160 negros, 192.733 blancos y 339 amariIlos. De esta cifra total deducimos el numero exacto de la poblaci6n dominicana: 994.420 mestizos, 227.160 negros y 184.741 blancos.

Dichos guarismos revelan que la poblaci6n negra alcan­za casi a la tercera parte de los habitantes y que los mes­tizos Forman la gran mayoria deI pals.

Deploramos tener que contradecir la peregrina anrma­ci6n dei estadistico que se atreve a interpretar de la si­guiente manera las cifras que él mismo ha enunciado:

«La poblaci6n total de la Rep{lblica. escribe. correspon­de a un 25 por 100 solamente de raza negra (anotemos. por FavOT. el solamente, <: no es delicioso?) (1). consideran-

(1) Si este quebrantamiento de la verdad es un tributo rendido al racismo norteamericano, advertiremos que, en los Estados Unidos. desde el punto de vista jurîdico, el Censo considera coma Negro a todo in­dividuo que tenga un porcentaje. por minimo que sea, de sangre ne­gra. En tal modo, un mestizo de blanco y nt'~TO 0 de negro e indio, es considerado Negro. Cf. Florence Murray. The Negro hand Boolt, 1947, p. 1.

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do que el 75 por 100 de los habitantes pertenecen a las ra­zas blanca. india y mestiza.ll

Pero en ninguna parte enumera el elemento amero­indio coma entidad étnica. por la sencilla razon de que es practicamente inexistente en la isla. Ya hemos dicho que no hay mas de 10.000 amero-indios en todas las Antillas.

Y. a mas, (qué entiende él por «raza mestiza»;' Es 10 que nos ÎnteresarÎa saber desde el punta de vista etnogra­fico. por cuanto si los 227.150 ne gros no se hallan ni este­rilizados ni confina dos en la estrecha red de un régimen de castas, coma los intocables. no hay duda que. en el mes­tizaje que se indica debe haber alguna mezcla de «sangre negra)), tanto mas cuanto que de 1.479.417 habitantes, J .215.792 viven en zonas rurales.

Si pensamos que, entre 1935 y 1950. fecha dei ultimo anuario estadfstico oficÎaI. la poblaciôn ha aumentado con­siderablemente, hasta alcanzar los 2.121.083 unidades. ten­dremos que el numero de negros habnl crecido en propor­ciôn. salvo que se hayan producido las dos causas de dis­minucion 0 aniquiIamiento que acabamos de enunciar. En tales condiciones. (como puede considerarse la comunidad dominicana una nacion de «raza blanca 0 mestizall, segUn la define la jerga oficial;'

Por el contrario. el dato que provee la observacion mas simple. cuando se trata de analizar los elementos constituti­vos de la sociedad dominicana. es el lugar que ocupa eT elemento negro en la jerarqula de las capas sociales que la forman. Dicho elemento nos parece relegado al ultimo esca­Ion social. Se halla compuesto, por 10 que sabemos, en gran numero, por gente humilde: jornaleros, obreros. labriegos. criados. etc., que no gana, por tanto. sino salarios reduci­dîsimos.

Antano tuvo representantes en las mas altas esferas de

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la vida publica, coma en el caso de un Ulises Heureux.

que gobern6 el pais durante diecisiete anos, 0 un Luper6n. que cont6 entre los mas denodados defensores de la auto­

nomla. y tantos otros, cuyos nombres hemos citado en este libro. Pero. en la hora actual, sa]vo en las profesiones Iibe­

raIes y el comercio. donde pueden encontrarse aun aIgu­

nos raros espedmenes de este tipo, no creemos que contri­buya siquiera a formar una minori'a de re]ieve dentro de ]a

cIase media.

P.edimos disculpas por no poder aportar pruebas decisi­

vas sobre 10 que aqui decimos, considerando que no existen estudios ni publicaciones. que nosotros sepamos, acerca de este tema socio]6gico; nuestras afirmaciones reposan en impresiones recibidas durante nuestra misi6n diplomatica en tieua dominicana.

En todo caso, para el observador extranjero, dicha im­

presi6n toma apariencia bastante concreta cuando le toca asistir a una revista de trop as dominicanas -desde que se ha establecido alH el servicio militar- y puede comprobar, por ejemplo, que la importancia deI elemento negro, en ]a formaci6n de ejército, como masa. es notoria. mientras resulta c'asi invisible en las manifestaciones sociales y mun­

danas de una gran poblaci6n de 120.000 habitantes. como Ciudad Trujillo.

A falta de datos estadfstÎcos y estudios especiales sobre el tema. el observador se ve obligado a juzgar por 10 que ve personalmente.

Por otra parte. el elemento negro aumenta cÎrcunstan­cialmente de numero, todos los anos, en la época de la cosecha de la cana de azucar. que transforman a dicha ma­teria prima en azucar en bruto y refinada. Se denomina a esta operaci6n la zafra.

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Pese al numero de 371.053 agricultores (1) y 1.215.792 habitantes, en las zonas rurales y a la cantidad de obre­ros ne gros dominicanos, la ma no de obra local no alcanza para satisfacer las necesidades de catorce 0 mas ingenios. cuyas plantaciones se extienden a 10 largo de 1.\ 08.204 «(tareas» (2). El mercado de trabajo apela, por tanto, anual­mente, a la inmigracion de la mano de obra extranjera considerable, en los meses de enero a junio, durante la zafra. Las islas inglesas de la cuenca de las Antillas y la Republica de Hait!, proveen la totalidad de dichos brace­ros, los cuales. especialmente los haitianos, son negros en un ciento por ciento.

é Cual podria ser exactamente la cifra anual? No sabrla­mos decirlo. Nadie se ha cuidado de publicarla en Santo Domingo ni en Haiti'.

Entre nosotros cree que nunca se considero con seriedad dicho punto, salvo en 10 que respecta a estos ultimos aiios.

En la Republica Dominicana, por su parte, nadie tiene interés en hacer publico 10 que se considera como un mal. al que todavla no se ha encontrado remedio. Con todo, el servicio riguroso de los documentos de identidad. al otro l~do dei Cibao. y el no menos riguroso dei control de los braceros en los ingenios. no pueden de jar de haber provisto la cifra exact a de los inmigrantes haitianos (3).

Pero la cuesti6n se complica cuando. al numero oficial de los que atraviesan publicamente la frontera. provistos de pasaportes 0 autorizaciones legales. se agrega la masa dan-

(1) Cifras de 1935. (2) No sabemos la proporClOn que guarda la tarea con la hectarea. (3) Tenemos derecho a suponer que. luego dei ultimo acuerdo.

firmado el 5 de .enero de 1952 y ratificado en abri! de dicho ano. entre ambas republicas. y pOl el cual se reglamenta la emigracion anual de los braceros haitianos al territorio de Santo Domingo, puedan gozar éstos de un tratamiento acorde con las estipulaciones consignadas en dicho instrumento diplomâtico.

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destina que se infiltra en los territorios vecmos, a través de los atajos y senderos de una Frontera de montafia, bos­cosa y singularmente extendida. Y dichas masas son aco­gidas con plâcemes y estimulos, ya que, en los momentos en que suelen llegar, la demanda de mana de obra es ur­gente e imperativa.

Pero los inmigrantes que ingresan fraudulentamente a territorio dominicano, atraidos por el sefiuelo de pingües

salarios, carecen de todo estatuto legal y eran. hasta ahora. considerados en una forma especial entre los trabajadores extranjeros. Los ingenios que los empleaban les concedian

un estatuto suis géneris que los convertla en propiedad de la empresa, No tenia el derecho ni la libertad de abandonar los lugares donde trabajaban y menos aun el de poder sus­

traerse a las faenas que les habîan sido asignadas. La policîa lo~ apresaba apenas los hallaba fuera de los lindes deI in­

genio, ya que no podîan invocar la posesi6n de otros documentos personales de identidad (cédula nacional), fue­

ra dei permiso de residencia entregado por el jefe de la empresa en que trabajaban.

Se les pagaba a gusto de la empresa, y una vez termi­

nada la zafra. el empleador podia suspender todo salario.

Entonc'es, el desgraciado inmigrante se veîa obligado a aceptar cualquier tarea, con cualquier salario, para no pe­

recer de hambre, y si no encontraba nada a su alcance se transformaba. forzosamente. en mendigo 0 vagabundo. Y la ma no pesa da dei gendarme caia entonces sobre él para transformarlo en c'arne de carcel en caso que su revolver. demasiado expeditivo, no 10 enviase al osario comun a reunirse con sus iguales.

Tai era el drama de la inmigraci6n anual haitiana en suelo dominicano. por 10 menos hasta el ultimo acuerdo.

El instrumento diplomatico de abril de 1952. (hara cesar

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este estado de co sas ? Lo deseamos de coraz6n. pero sin abrigar la certeza de que se cumpla. El interés de las gran­des empresas capitalistas. agrîcolas e industriales. represen­tadas por los ingenios azucareros. es dominar el mercado deI trabajo utilizando el mayor numero posible de traba­jadores. con el menor salano posible. sin obligaciones ni responsa bilidades ningunas.

La inmigraci6n clandestina resulta la moda mas c6moda para lIegar a este resultado. Existe permanentemente a todo 10 largo de la frontera una cantidad considerable de gente humilde que se halla siempre dispuesta a de jar se conchabar c1andestinamente para trabajos. aun de salario reducido. en tierra dominicana. Pertenecen al contingente innumera­ble do los desocupados cr6nicos 0 indefinidos. producto de ur, triple f~n6meno biol6gico, econ6mico y ecol6gico.

La poblaci6n haitiana. que en tiempos de la independen­ciao era de quinientas a seiscientas mil aimas. ha lIegado a los tres milIones, un siglo y medio después. 0 sea que ha sufrido un aumento de mas de cinco veces la cifra inicial. dentro de una misma area habitable de menos de 27.000 kiJ6metros cuadrados.

Hemos restringido voluntariamente la superficiè de te­rritorio habitable por cuanto el sector de isla que nos co­rresponde es, en sus dos terceras partes. montanoso. cor­tado por estrechos valles. Debido a la secular falta de pre­visi6n de un sistema de cultivos estupido, hemos desmonta­do sÎstematicamente un numero considerable de estas sie­rras. 10 cual favoreci6 la erosi6n graduai de muchas partes deI territorio que, en tiempos anteriores. ·eran florecientes. A medida que la erosi6n avanza, la productividad de la tierra disminuye y su capacidad de nutrir a los habitantes desciend.e en proporci6n, 10 cual contrasta con el ritmo acelerado con que multiplica la poblaciôn, tal como si ésta

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progresase en razon directa con el enrarecimiento de los medios de subsistencia.

Se calcula que, en ciertos centros regados 0 irrigados, el numero de habitantes por kilometro cuadrado se eleva a mas de doscientos. De modo que el triple postulado que presentamos adelanta una consecuencia inevitable: la eva­sion de los hombres hacia zonas donde la vida resulta me­nos dura, ya que no mas facil.

Asf se explica la emigracion en masa de los haitianos .a Cuba, entre 1916 y 1920, cuando la época deI boom deI azucar, deI mismo modo que se explica la obstinacion de nuestros compatriotas en franquear, a cualquier precio, la frontera haitianodominicana, sea por VIa legal 0 clandesti­na y aun después de la matanza de 1937. La aspera bus­queda de los me di os de subsistencia sigue camino paralelo al valle de la muerte. 1 Dichosos de aquellos que luego de haber bordeado el abismo consiguen forzar los obstaculos que conducen a una vida menos inquieta y menos peli­-grosa!

He aquf, en nuestra opinion, los sorprendentes términos en que se presenta el problema de las relaciones haitiano­dominicanas segun los datos de la historia, la geograffa, la etnologfa y la economfa polftica, y los cuales hemos tratado de- poner a luz en la presente obra.

è Existe, acaso, un tratado que por 10 bien arreglado que sea pueda presumir de resolverlo?

El convenio deI 21 de abril de '952 es el décimoctavo instrumento diplomatico (1) (tratados solemnes de paz y ami stad perpetuas, acuerdos, protocolos, modus vivendi, etcétera) que hemos conclufdo con nuestros vecinos.

è Habra de aplicarse con leal espfritu de concordia y de

(1) Cf. Recueil des Traité. de la République d'Haïti. Publicaci6n dei Ministerio de Relaciones Exteriores. Imprenta dei Estado, 1945.

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aspiraciôn mutua a la paz y armonÎa entre ambos pueblos f o bien, (no sera sino un nuevo chiffon de papier?

El porvenir tiene la palabra.

Pero resultana sumamente imprudente no prepararse para hacer de este porvenir 10 que deberÎa en realidad ser

o significar: el respeto recÎproco de cada una de las dos nacionalidades, de acuerdo a sus propias posibilidades.

A este respecto no resultara ocioso recordar -toda la materia de este libro es indice de ello-- que la diplomacia

dominicana posee sutilezas y habilidades que derrotan las mas razonables previsiones y el mas robusto de los opti­mlsmos.

è Se me permitira, aquI. evocar algunos recuerdos per­sonales para corroborar ese punto de vista y atestiguar su verdad?

En el curso de mi mision de casi dos ailos en la Repu­blica Dominicana, en caracter de embajador de la Re-· publica de Haitf, bajo el gobierno de Dumarsais Estimé. recibî, tante deI generalfsimo Rafael Trujillo Molina, Pre­sidente de la Republica vecina. como deI pueblo domini­cano. demostraciones de estima y simpatfa que aun despier­

tan mi reconocimiento.

Durante estos dos ailos las relaciones entre ambos pue­

bios habîan vuelto a tomar su caracter normal y parecÎan desarrollarse en un pIano de la buena vecindad: intercam­

bio de gentilezas. demostraciones mu tuas de procederes correctos. testimonios de entendimiento cordial.

De pronto. la tormenta estallo bruscamente con motiva deI asunto deI coronel Astrel Roland.

e Qué habla pasado? El coronel Roland era un destacado oficial dei ejército

haitiano que desempeilaba en Quito. capital deI Ecuador. el puesto de encargado de negocios. Acusado de haber in-

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tentado provocar desordenes para derribar al gobierno, al cual representaba en su cargo diplomatico, fué relevado de sus funciones.

En tales momentos recibl orden de advertir al gobierno dominicano que el pasaporte diplomatico que usaba el coron el habla sido anulado. En consecuencia, la cancillerla haitiana solicitaba deI gobierno dominicano no concediese hospitalidad en su territorio al antiguo diplomatico, p"lra evitar la eventualidad de los desordenes que podrlan prodll­cirse entre nosotros, ante la presencia deI coronel al otro lc.do de la Frontera.

La diplomacia dominic'ana se mostr6 muy reticente ante nuestro pedido y en menos de una semana después de mis gestiones ante la cancillerla dominicana, el coronel se en­contraba en Ciudad Trujillo, donde comenz6 una campana radiotelef6nica de extrema da violencia contra el gobierno haitiano.

La refutacion de Puerto PrIncipe no tard6en llegar por la misma VIa. Y la querella entre un funcionario y su go­bierno, degener6 en guerra frla entre Haitl y la Republica Dominicana. Hubo necesidad de recurrir al Organismo de los Estados Americanos y llevar el asunto ante dicha asam­blea, la cual. mediante sus buenos oficios, consigui6 impedir que la guerra radiof6nica se transformase en un conflicto sangriento' entre ambos paIses.

(. Qué decir a esto? é Qué podla haber tras ese incidente trivial? (. Acaso la paz, entre ambos pafses, reposa sobre bases tan fragiles que incidentes de este tipo pueden po­nerla en peligro peri6dicamente? é La gesti6n diplomatica haitiana result6 tan ins6lita que no pudo aceptarsela, al otro lado de la frontera? Pero dos anos antes, al producirse una amenaza de invasi6n de la Republica vecina por los deste­rrados dominicanos concentra dos en Cayo Confites y Cuba.

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.el &,obierno deI generallsimo, t no habla, acaso, dirigido ~una solicitud parecida a la cancillerla haitiana pidiendo ,.que nuestro territorio no sirviese de punto de apoyo para .la realizacion de los intentos hostiles de los enemigos deI ;régimen trujillista?

o bien, debemos suponer que la potencia militar domi­,nicana, consistente en un ejército, una marina y una avia­-cion capaces, segu.n se dice (1), de resistir a una coalicion ,de los dos 0 tres palses mejor equipados, militarmente ha­-blando , de la América central 0 antillana, padezca de un tal acrecentamiento de fuerzas inutilizadas en tiempo de ,paz que se necesite encontrarle un facil exutorio en una 'guerra rehimpago contra un palS vedno al cual se supone inca paz de resistir?

La verdad es que uno se pierde en conjeturas. De cualquier modo que fuere queremos hacer notar que

no existe tratado con virtudes intrfnsecas suficientes coma para estabilizar los impalpables designios de la d iplomacia .dominicana. Por tanto, la validez de los instrumentos di­plomaticos suscritos con los hombres de gobierno dei Oza­ma, reposa sobre la buena fe de los firmantes y su propo­sito de asegurar la fiel ejecucion de los mismos.

El tratado Ultimo, de abril de 1952, participa de la mis­ma inquietud y las mismas aprensiones que, en un cierto momento de su carrera, hicieron caer en desuso a los an­tenores.

Para que sea considerado coma prend a sincera de conci­liacion, coma verdadero testimonio deentendimn,ento armonico y como auténtico mensajero de amistad. serla necesario que quienes 10 suscribieron allende las fronteras, estuviesen deddidos a renunciar a las doctrinas de la su-

(1) Cf. The New YorJt Times , dei 28 de mano de 1953, c. 7. Do­minicans Thrive al cost of Liberty.

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perioridad de las razas y clases sociales y a inscribir en los habitos de su pueblo un sentimiento diverso deI odio y

desprecio al vecino. por la sencilla raz6n de que éste cons­tituye un etnos diferente deI que ellos presumen poseer. Habna necesidad de que pudiesen considerar. con alto espfritu. que todos los hombres. sin distinci6n ninguna. merecen ser honrados y respetados. porque cada unD de .ellos es heredero y depositario de la sagrada chispa que Ip. acerca a Aquel que nos ha creado hijos de la misma :sangre. seg6n la trascendente exhortaci6n deI ap6stol San Pablo. Se necesitarla que quienes invocan con tanta osten­taci6n su catolicismo de relumbr6n. se dieran cuenta deI .antagonismo que existe entre la prescripci6n deI Justo: «Amaos los unos a los otros». y su reprimible ardor de es­.davizaci6n y capricho ocasional de muertes colectivas in­·voc'ando la preeminencia de un cierto tinte de pi el.

F uera de dichas contingencias no hay perspectiva sino para la matanza y destrucci6n de una comunidad por parte de otra.

No querrla ser profeta de desgracias. Pero. tal coma le !Sucedi6 a Casandra. veo el horizonte ensombrecido por nubes gravidas de tormenta,

Ciudad Trujillo. 1948.-Pétionville. Haiti. 1953.

FIN DEL TOMO TERCERO

y DE LA OBRA

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INDICE

CAP!TULO PRIMERO:

Las negociaciones dominicanas con las potencias extran­jeras. La aparici6n en escena de los Estados Unidos de Norteamérica

'CAPITULO Il:

El gobierno de Fabre Nicolas Geffrard frente al problema dominicano. Las dificultades de una decisi6n. La ane­xi6n voluntaria de la Republica Dominicana a Espana

pags.

5

obliga al gobierno haitiano a tomar posiciones ... ... ... 64

CAPITULO III:

La nueva Republica Dominicana y la aspera lucha de fac­ciones. La guerra civil en Hait( y en la Republica 00-minicana. Los gobiernos de Cabral, Salnave y Baez y sus redprocas connivencias ... ... ... . ..

CAPITULO IY:

100

José Maria Cabral, Nissage Saget, Buenaventura Baez y el imperialismo norteamericano ... .., ... ... ... ... ... ... ... 132

CAplTULO Y: La .era de las cuestiones de limites ... ... .., ... ... ... ... ... 180

CAPITULO YI: El éxodo rural de los proletarios haitianos hacia tierra do­

minicana como consecuencia de la presi6n demografica. El porvenir ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... '" .. , 214

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